Buscar en este blog

Leni Riefenstahl, Conversaciones - Recopilación prensa


- Mientras practico alpinismo en las Dolomitas, comienza la guerra. Como reportera de guerra sigo a la Wehrmacht a Polonia. Después de cinco días en el frente, asisto a una masacre de civiles cerca de Konskie y abandono mi destino. Gran parte de la guerra estuve trabajando en la película Tiefland, una ópera ambientada en España y en la rebelión de un pueblo contra un tirano local. Este proyecto no es del interés de Hitler y no me ayudará en su realización. Hacia el final de la guerra, me caso con el coronel Peter Jacob. Adolf Hitler nos invita a Berghof, su residencia en los Alpes bávaros. Allí descubro a un hombre que vive un naufragio mental y físico. 

- Al terminar la guerra, los norteamericanos me arrestan y "desnazifican" en un campo. Finalmente me liberan, aunque poco después vuelvo a ser detenida y "desnazificada" una segunda vez, en esta ocasión por los franceses. Me divorcio de mi marido al salir del campo. 

- Visito por primera vez a los nuba, una tribu del sur del Sudán. Les hago cientos de fotografías , que serán publicadas en dos libros. Son hombres de otro planeta, extraordinariamente bellos, generosos, valientes. Hasta el año 2000 los visitaré decenas de veces. 

- Vivo con los nuba en un pueblo de las montañas, en Tador. Soy consciente de la presión a la que se ven sometidos estos pueblos. El Gobierno de Jartum lleva a cabo una guerra étnica para erradicar su cultura. 80.000 personas están en peligro. Pueblos enteros han sido desnutridos, sus hombres asesinados, sus mujeres violadas y casadas a la fuerza con soldados. El ejército dispara contra los aviones que les llevan ayuda contra la sequía. El gobierno del  general Al-Bashir hace todo lo posible para matarlos de hambre. Esto no es una catástrofe natural, es un exterminio. 

- Hitler no era un dios. Iba en un aeroplano, volando a Núremberg, en un avión absolutamente normal. Él no es un dios. ¿Quién dice que es un dios? Los periodistas lo dicen. No la película. ¿La película dice eso? En ella se ve un aeroplano; todavía no vemos a Hitler, nos imaginamos que él vuela a Núremberg en un avión. 

- Yo no tengo ideales, lo único que hice fue cumplir con mi deber. Sólo era eso. No embellecí las cosas de ninguna manera. Yo quería hacer un documental tan bueno como fuera posible, lo que significa filmar las imágenes con una dinámica cinematográfica pero sin un objetivo concreto; sólo lo que vi. No importa la clase de ideas que se tengan ni lo que se quiere expresar en la película. Es cuestión de presentar lo que se desarrolla frente a tu cámara, más que de trasladar ideas. 

- Yo siempre veo en la vida más lo positivo que lo negativo. La belleza atrae mi atención más que las cosas que no son bellas. Por eso me dedico más a las cosas bellas que a las feas, y por eso la belleza es siempre más visible en mis obras. 

- No soy una clarividente. No podía suponer en 1934 lo que iba a ocurrir durante la guerra, ni que habría tantas muertes. Es un sinsentido suponer que en el año 1934 se pudiera saber que cuatro años más tarde la gente estaría muriéndose. 

- La primera moneda cambió el carácter de los nuba. Desde ese momento, podían comprar cualquier cosa en el mercado. Empezaron a cultivar algodón y lo vendían en el mercado; obtenían dinero con el que compraban otras cosas. Todos quisieron tener dinero. Antes no había ninguna diferencia entre ellos. Sin dinero, todos eran iguales. Pero con la llegada del dinero, unos tenían más y otros menos, y de esta forma, de repente, algo que no conocían antes se levantó entre ellos; una cierta competitividad y una cierta envidia. Y eso cambió su carácter. 

- Donde la sombra de la civilización se extiende, la felicidad humana desaparece. 

- Cuando les enseñé las fotos de cómo eran antes, cuando iban desnudos, de repente se mostraron avergonzados. Les habían convencido de que era malo. 

                                                    - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

Recopilación en prensa:
























op.cero:


Muy Historia, Biografías:

Federico García Lorca, Conversaciones


- Mi infancia es aprender letras y música con mi madre, ser un niño rico en el pueblo, un mandón.

- Un día nos quedamos sin dinero Dalí y yo. Un día como tantos otros. Hicimos en nuestro cuarto de la Residencia un desierto. Con una cabaña y un ángel maravilloso (trípode fotográfico, cabeza angélica y alas de cuellos almidonados). Abrimos la ventana y pedimos socorro a las gentes, ¡perdidos como estábamos en el desierto! Dos días sin afeitarnos, sin salir de la habitación. Medio Madrid desfiló por nuestra cabaña.

- Considero que el teatro puede ser muy atrevido; pero con una norma: que sea para todo el mundo. Está bien algo de laboratorio de teatro experimental; pero toda obra de teatro no debe buscar limitaciones, sino ser ampliamente para todos.

- Yo siempre haré el teatro que me guste, el que siento; y lo haré como me de la gana.

- En Cuba di, más tarde, un curso de conferencias en la Sociedad Hispanoamericana de Cultura, que es la entidad que organiza los cursos más importantes a cargo de españoles capacitados en la especialidad de sus estudios. Allí las conferencias se pagan muy bien.

- Nadie es profeta en su tierra. Tengo un grupo de amigos, si es cierto, que toman con el cariño de las cosas propias mis triunfos en escena. Pero Granada, que es ciudad inteligente, es una ciudad muy fría... Lo que vale allí es el pueblo, son las afueras, el Albaicín, todo lo que hay de secular en la entraña de las gentes del pueblo. Es el pueblo ése de las calles. La ciudad es una ciudad acolchada, muerta... Ahora bien: todo carácter del pueblo vierte a raudales la simpatía...

- Yo creo que en el ocio surge la poesía más pura. Unos días escribo mucho, otros nada.

- Sería horroroso que saliera a la calle, al café, al casino, y hablara de literatura. Trabajar en casa y en la calle... ¡Ah no! Prefiero hablar de toros y de fútbol.

- El artista debe ser única y exclusivamente eso, artista. Con dar todo lo que tenga dentro de sí, como poeta, como pintor... ya hace bastante. Lo contrario es prostituir el arte. Ahí tienen ustedes el caso de Alberti, uno de nuestros mejores poetas jóvenes que, ahora, luego de su viaje a Rusia, ha vuelto comunista y ya no hace poesía, aunque él lo crea, sino mala literatura de periódico. ¡Qué es eso de artistas, de arte, de teatro proletario!... El artista, y particularmente el poeta, es siempre anarquista, sin que sepa escuchar otras voces que las que afluyen dentro de sí mismo, tres fuertes voces: la VOZ de la muerte, con todos sus presagios; la VOZ del amor y la VOZ del arte...

- Ahora nos ha venido fascista de Italia. Algo así como para arrastrarlo de las barbas... ¡Ya tenemos otro Azorín! (en referencia a Valle-Inclán).

- Azorín merecía la horca por voluble.

- No puedo tolerar a los viejos. No es que los odie. Ni que los tema. Es que me inquietan. No puedo hablar con ellos. No sé qué decirles. Sobre todo aquellos viejos que piensan que, por sólo serlo, están en todos los secretos de la vida. Eso que llaman experiencia y que tanto nombran los viejos, no la concibo. En una reunión de ancianos, yo no sabría decir una palabra. Me aterrorizan esos ojillos grises, lacrimosos, esos labios en continuo rictus, esas sonrisas paternales, ese afecto tan indeseado como puede serlo una cuerda que tire de nosotros hacia un abismo... Porque eso son los viejos. La cuerda, la ligazón que hay entre la vida joven y el abismo de la muerte.

- La muerte... ¡Ah!... En cada cosa hay una insinuación de la muerte. La quietud, el silencio, la serenidad, son aprendizajes. La muerte está en todas partes. Es la dominadora... Hay un comienzo de muerte en los ratos que estamos quietos. Cuando estamos en una reunión, hablando serenamente, mirad a los botines de los presentes. Los veréis quietos, horriblemente quietos. Son piezas sin gestos, mudas y sombrías, que en esos momentos no sirven para nada. Están comenzando a morir... Los botines, los pies, cuando están quietos, tienen un obsesionante aspecto de muerte. Al ver unos pies quietos, con esa quietud trágica que solamente los pies saben adquirir, uno piensa: diez, veinte, cuarenta años más, y su quietud será absoluta. Tal vez unos minutos. Quizá una hora. La muerte está en ellos.

- No puedo estar con los zapatos puestos, en la cama, como suelen hacer los tofos cuando se echan a descansar. En cuanto me miro los pies, me ahoga la sensación de la muerte. Los pies así, apoyados en sus talones, con las plantillas hacia el frente, me hacen recordar a los pies de los muertos que vi cuando niño. Todos estaban en esa posición. Con los pies quietos, juntos, con zapatos sin estrenar... Y eso es la muerte.

- De repente mis amigos dejaran de serlo, si estuviera rodeado de odios o de envidias, no podría triunfar. No lucharía siquiera. Poco o nada me importa de que a la gente le guste o no le guste mi obra. No me importa por mí, pero me importa por mis amigos, por esa barra de muchachos que dejé en Madrid y por los que tengo en Buenos Aires. Sé que ellos se disgustarían si una de mis obras fuera silbada. Yo sufriría por su disgusto, y no por mi obra. Son mis amigos los que me han creado la obligación de triunfar. Y yo triunfo porque quiero que mis amigos no me pierdan el cariño ni la fe que depositaron en mí. De los otros, de quienes no me quieren o que yo no conozco, no me preocupo artísticamente.

- No puede imaginarse la vergüenza que me da el ver mi nombre así, en grande, expuesto al público. Tengo la sensación de estar desnudo ante la curiosidad de las gentes. No puedo soportar la exhibición de mi nombre. Pero debo tolerarla porque así lo exigen las necesidades del teatro. La primera vez que vi mi nombre así, en las calles, fue en Madrid. Mis amigos me llamaban alegremente, anunciándome que ya estaba en vías de fama. Pero a mí no me hizo gracia. Mi nombre estaba en las esquinas, ante la curiosidad de unos y la indiferencia de otros. ¡Y era mi nombre!... Eso, tan mío, puesto así, para que todos se sirvan de él. Y esto, que a otros daría tanta alegría, a mi me dio una pena profundísima. Era como si dejara de ser yo. Como si dentro mío se desdoblara una segunda persona, enemiga mía, para burlarse de mi timidez desde todos esos cartelones.

- La creación poética es un misterio indescifrable, como el misterio del nacimiento del hombre. Se oyen voces no se sabe dónde, y es inútil preocuparse de dónde vienen. Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir. Escucho a la Naturaleza y al hombre con asombro, y copio lo que me enseñan sin pedantería y sin dar a las cosas un sentido que no sé si lo tienen.Ni el poeta ni nadie tienen la clave y el secreto del mundo.

- En el trágico fin sólo desearía una perduración: que mi cuerpo fuera enterrado en una huerta; que por lo menos mi más allá fuese un más allá de abono.

- El toreo es probablemente la riqueza poética y vital mayor de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y que hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar. Creo que los toros es la fiesta más culta que hay hoy en el mundo.







El Espíritu deportivo, George Orwell 1945


A escala internacional, el deporte es realmente un simulacro de guerra. Pero lo más significativo no es el comportamiento de los jugadores sino la actitud del público y, tras este, la de los países, que enloquecen con esas competiciones absurdas y creen de verdad, aunque les dure solo un rato, que corriendo, saltando y dando patadas a una pelota se demuestra la valía de la nación.

Uno de los espectáculos más terribles del mundo es un combate entre un boxeador blanco y otro de color ante un público mixto. Pero el público del boxeo siempre es repugnante, y las mujeres en concreto se comportan de tal modo que creo que el ejército no les permite asistir a sus campeonatos.

El primer partido de fútbol importante que se jugó en España, hará unos quince años, terminó en unos disturbios incontrolables. Siempre que surge un fuerte sentimiento de rivalidad, la idea de jugar según las reglas se desvanece. La gente quiere ver a un equipo en lo más alto y al otro humillado, y se olvida de que una victoria lograda con malas artes o por la intervención de la muchedumbre no significa nada. Aunque no intervenga físicamente, el público intenta influir en el partido animando a su equipo y "picando" a los jugadores contrarios con abucheos e insultos. El deporte de élite no tiene nada que ver con el juego limpio. Su vínculo es con el odio, la envidia, la bravuconada, el desprecio de cualquier norma y un gusto sádico por contemplar la violencia; en otras palabras, es como la guerra pero sin disparos.

Los que mayor difusión han tenido han sido los deportes de confrontación más violentos, el fútbol y el boxeo. Está bastante claro que todo esto guarda relación con el ascenso del nacionalismo, es decir, con esa lunática costumbre moderna de identificarnos con amplios grupos de poder y verlo todo en términos de competición por el prestigio.

Al deporte se lo toma en serio en Londres y Nueva York, como se tomaba en serio en Roma y Bizancio; por el contrario, aunque en la Edad Media se practicaba, y probablemente con gran brutalidad, no se mezclaba con la política ni generaba odios entre grupos.

Alguien que quisiera acrecentar el cúmulo ingente de sentimientos hostiles que hay en el mundo hoy en día, difícilmente encontraría mejor manera que organizar una serie de partidos de fútbol entre judíos y árabes, alemanes y checos, indios y británicos, rusos y polacos e italianos y yugoslavos, a los que asistieran cincuenta mil hinchas por cada bando. No estoy insinuando, por supuesto, que el deporte sea una de las principales causas de la rivalidad entre países; el deporte a gran escala creo que es, sencillamente, una secuela más de las causas que han producido el nacionalismo. Pero enviando un equipo de once hombres con el cartel de campeones nacionales a presentar batalla a un equipo rival, y permitiendo que en ambos lados se perciba que el país que resulte derrotado "perderá prestigio", uno solo consigue empeorar las cosas. 

Bastante causas reales de problemas tenemos ya, y no necesitamos agravarlas animando a unos muchachos a pegarse patadas en la espinilla entre los rugidos de un público fuera de sí. 

Palabras nuevas, 1940, Mi país, a derechas o a izquierdas, George Orwell


PALABRAS NUEVAS, 1940

- ¿Cómo describes un sueño? Está claro que nunca lo haces, porque no existen palabras en nuestro lenguaje que transmitan la atmósfera de los sueños.

- Si los sueños fueran indescriptibles, quizá no valdría la pena darle vueltas al asunto. Sin embargo, como se ha señalado una y otra vez, la mente en estado de vigilia no es tan diferente de la mente durante el sueño como parece, o como nos gusta hacer creer. Es cierto que la mayoría de nuestros pensamientos conscientes son "razonables"; es decir, en nuestras mentes existe una especie de tablero de ajedrez en el que los pensamientos se mueven lógica y verbalmente. Empleamos esta parte de nuestras mentes para cualquier problema intelectual básico, y adquirimos la costumbre de pensar (esto es, de pensar en nuestros momentos ajedrecísticos) que eso es toda la mente. Pero, obviamente, no lo es. El mundo desordenado y no verbal de los sueños nunca se ausenta del todo en nuestras mentes, y si fuera posible efectuar algún cálculo, me atrevería a decir que nos encontraríamos con que la mitad del volumen de nuestros pensamientos conscientes es de este orden. No cabe duda de que los pensamientos oníricos intervienen incluso cuando tratamos de pensar verbalmente, influyen en nuestros pensamientos verbales y son en gran medida ellos los que hacen que nuestra vida interior sea valiosa. Examinemos nuestros pensamientos en cualquier momento escogido al azar. El movimiento principal será una corriente de cosas difusas; tan difusas que uno apenas sabe si llamarlas "pensamientos", "imágenes" o "sensaciones".

- Supongo que si un hombre no se ríe cuando está solo su vida interior debe de ser relativamente estéril.

- La solución que propongo es inventar palabras nuevas con la misma intencionalidad con la que inventaríamos componentes nuevos para un motor de coche.

MI PAÍS, A DERECHAS O A IZQUIERDAS, 1940

- Contrariamente a lo que suele creerse, el pasado no estuvo más lleno de acontecimientos que el presente. Si produce esa impresión es porque, cuando echamos la vista atrás, vemos solapadas cosas que ocurrieron con años de diferencia, y porque pocos de nuestros recuerdos nos llegan en un estado genuinamente puro. Es en gran parte a causa de los libros, películas y relatos surgidos tras la guerra de 1914-1918 que le suponemos ahora a esta un carácter épico y formidable del que carece la guerra actual.

- Si organizo con honestidad y hago caso omiso de lo que he ido sabiendo desde entonces, debo admitir que nada en toda la guerra me conmovió tan profundamente como lo había hecho el hundimiento del Titanic unos años antes. Este desastre, nimio en comparación, estremeció al mundo entero, y la conmoción aún no se ha disipado del todo. Recuerdo las terribles y detalladas crónicas que leíamos en torno a la mesa del desayuno (en aquellos tiempos era costumbre leer el periódico en voz alta), y recuerdo que, de toda la larga lista de horrores, el que más me impresionó fue que, en el último momento, el Titanic se irguió en vertical y se hundió por la proa, de modo que la gente que se aferraba a la popa fue impulsada hasta no menos de noventa metros por los aires antes de zambullirse en el abismo. Me provocaba un nudo en el estómago que casi puedo sentir todavía. Nada durante la guerra me provocó esa misma sensación.

- Estoy convencido de que parte de la fascinación por la Guerra Civil española que tenía la gente de mi edad se debía a que era muy parecida a la Gran Guerra. En ciertos momentos, Franco consiguió juntar los aviones suficientes como para librar una guerra de tipo moderno, y estos fueron los puntos de inflexión. Pero por lo demás fue una copia mala de la guerra de 1914-1918, el pedazo de frente de Aragón en el que estaba yo debía parecerse mucho a un sector tranquilo de la Francia de 1915. La artillería era lo único que faltaba. Incluso en raras ocasiones en que todos los cañones de Huesca y de las afueras disparaban simultáneamente, solo alcanzaban a hacer un ruido intermitente y poco impresionante, como el final de una tormenta. Los proyectiles de los cañones de 150 mm de Franco caían con bastante estruendo, pero nunca eran más de una docena a la vez. Sé que lo que sentí cuando oí por primera vez la artillería disparando "con rabia", como suele decirse, fue, al menos en parte, decepción. Era tan diferente del rugido formidable, ininterrumpido, que había estado esperando durante veinte años...

- No acabo de recordar en qué año estuve por primera vez seguro de que se acercaba la guerra actual. Después de 1936, claro está, era evidente para cualquiera que no fuese idiota.

- La noche antes de que se anunciara el pacto germano-soviético soñé que la guerra había estallado.

- Me encontré en el periódico la noticia del vuelo de Ribbentrop a Moscú. De modo que la guerra se avecinaba, y el gobierno, incluso el de Chamberlain, tenía asegurada mi lealtad. Ni que decir que tiene que esa lealtad era y sigue siendo un mero gesto. Al igual que con casi toda la gente que conozco, el gobierno ha rechazado de plano emplearme en ningún puesto, ni siquiera como oficinista o soldado raso. Pero eso no cambia los sentimientos de uno. Además, se verán obligados a hacer uso de nosotros tarde o temprano.

- No hay en realidad ninguna alternativa entre oponer resistencia a Hitler y rendirse a él, y desde una perspectiva socialista diría que es mejor lo primero.

- El patriotismo no tiene nada que ver con el conservadurismo.

- Solo la revolución puede salvar a Inglaterra, eso es obvio desde hace años, pero ahora la revolución ha comenzado, y podría avanzar bastante rápido si conseguimos que Hitler no nos invada. En dos años, tal vez uno, si conseguimos tan solo aguantar, veremos cambios que sorprenderán a esos idiotas incapaces de ver más allá. Me atrevo a decir que la sangre correrá por los sumideros de Londres. Muy bien, que así sea si es necesario. Pero cuando las milicias rojas estén acuarteladas en el Ritz, sentiré todavía que la Inglaterra que me enseñaron a amar hace tanto tiempo y por motivos tan diferentes persiste de algún modo.

- Aún hoy noto una ligera sensación de sacrilegio por no ponerme en posición de firmes durante el "Dios salve al Rey". Es infantil, por supuesto, pero prefiero hacer recibido ese tipo de educación que ser como esos intelectuales de la izquierda, tan "progresistas" que son incapaces de comprender las emociones más normales y corrientes. Es precisamente esa gente a la que nunca le ha dado un vuelco al corazón al contemplar la Union Jack, la que se acobardará cuando llegué el momento. Que cualquiera compare el poema que escribió John Cornford no mucho antes de que lo mataran ("Antes del asalto a Huesca") con el "There's a breathless hush in the Close tonight" de sir Henry Newbolt. Si dejamos a un lado las diferencias técnicas, que no son más que una cuestión de su época, veremos que el contenido emocional de los dos poemas es casi exactamente el mismo. El joven comunista que murió heroicamente en las Brigadas Internacionales era obra de la escuela privada hasta la médula. Había transformado sus lealtades, pero no sus sentimientos. ¿Qué prueba eso? Simplemente, la posibilidad de construir un socialista sobre el armazón de un Blimp, la capacidad de un tipo de lealtad para transmutarse en otro, la necesidad espiritual del patriotismo y las virtudes militares, para las cuales, por poco que les gusten a los blandengues de izquierda, no se ha encontrado todavía ningún sustituto.

Un premio para Ezra Pound, mayo de 1949, Orwell


   Creo que la Fundación Bollingen ha hecho muy bien al conceder el premio a Pound si creía que sus poemas eran los mejores del año, pero también creo que deberíamos tener muy presente la carrera de Pound y no pensar que porque haya ganado un premio literario sus ideas se han vuelto respetables.

   A causa de la aversión general a la propaganda bélica de los aliados, hubo, antes incluso de que concluyera la guerra, una tendencia a afirmar que Pound no era "verdaderamente" fascista y antisemita, que se opuso a la guerra por razones pacifistas y que, en cualquier caso, sus actividades políticas pertenecen solo a los años de la guerra. Hace un tiempo leí en un periódico estadounidense que los programas de Pound en la radio de Roma tuvieron lugar después de que "se alterara su equilibrio mental", y más tarde (creo que en el mismo periódico) leí que el gobierno italiano lo había chantajeado para que participara en dichos programas mediante amenazas a sus parientes. Son puras falsedades. Pound era un ferviente admirador de Mussolini desde los años veinte, y nunca lo ocultó. Colaboró en la revista Mosley, la British Union Quarterly, y aceptó del gobierno de Roma una plaza de profesor antes de que empezara la guerra. Hay que admitir que su entusiasmo era sobre todo por la variante italiana del fascismo. No parecía muy pro nazi ni antirruso, y el verdadero motivo de fondo era su odio a Gran Bretaña, Estados Unidos y "los judíos". Sus programas eran repugnantes. Recuerdo al menos uno en el que aprobaba la matanza de los judíos de Europa oriental y "advertía" a los judíos norteamericanos de que pronto llegaría su hora. Esos programas -que no he llegado a oír, sino que leí en el informe de la BBC- no daban la impresión de ser obra de un loco. Me han contado que Pound fingía un marcado acento estadounidense, sin duda con la intención de seducir a los aislacionistas y avivar los sentimientos antibritánicos. 

   Nada de todo esto es razón para no concederle a Pound el Premio Bollingen. Hay ocasiones en las que algo así podría haber sido indeseable -por ejemplo, cuando estaban gaseando a los judíos en camionetas-, pero no creo que esta sea una de ellas. No obstante, ya que los jueces han adoptado la postura del "arte por el arte", es decir, la de afirmar que la integridad estética y la simple decencia son cosas distintas, preocupémonos al menos de separarlas y no excusemos la carrera política de Pound basándonos en que es un buen escritor. Es posible que lo sea (aunque debo admitir que siempre me ha parecido totalmente espurio), pero las opiniones que han intentado propagar en sus obras son malvadas, y creo que los jueves deberían haberlo dicho con más firmeza al concederle el premio. 



Aquí la voz de Europa, Ezra Pound


Ezra Pound, Aquí la voz de Europa. Alocuciones desde Radio Roma, 1941-1943

- Yo nunca he pleiteado por la simpatía cuando no he sido comprendido.

- Un amigo me dijo que se alegraba de que yo tuviera las ideas políticas que tengo, pero que no conseguía comprender cómo yo, ciudadano de los Estados Unidos de América, podía tenerlas.

- Mi política me parece simple. Mi idea del Estado o del Imperio se parece a la de un erizo o un puerco espín: sólido y bien defendido. No me va la idea de que mi país sea como una sanguijuela, con endebles tentáculos y aquejado de úlcera gástrica y colitis.

- Aquello contra lo cual me hallo presto a combatir es la existencia de hebreos ex europeos que obtengan una paz peor que la de Versalles, con dos docenas de nuevos Dantzigs. En particular, a lo que me opongo es a que los Estados Unidos se hagan conceder pequeñas bases militares en Aberdeen, Singapur, Dakar, en Sudáfrica y en el Océano Índico, que, como otros tantos mocosos, se cuelguen de sus pantalones y conviertan desgraciada y matemáticamente seguro el estallido de otra guerra por los Du Pont, los Vickers... diez o quince años después. Y a este fin trabajan, sórdidamente, noche y día, los Roosevelt, los Morgenthau, los Lehman, por no hablar de los Warburg.

- Cuando antes toda América y toda Inglaterra abran los ojos y vean lo que están perpetrando los Warburg y los Roosevelt, tanto mejor será la próxima generación y para la actual.

- No quiero que mis compatriotas, entre los veinte y los cuarenta años, sean mandados al matadero por favorecer el tráfico de la droga y los otros tráficos ilícitos de los judíos británicos en Singapur y en Shangai. No es éste mi concepto del patriotismo americano.

- Una paz con bases americanas esparcidas por todo el planeta no sería una paz más verdadera que la de Versalles.

- Según lo que puede observarse, Roosevelt se encuentra en manos de los hebreos más aún de lo que lo estuviera Wilson en 1919. Soy contrario a su ingerencia en cualquier cuestión postbélica aún cuando me conste que la toma de posición sea puramente académica.

- Se puede hacer retroceder la fecha del comienzo de esta guerra hasta 1694: aquel 1694 en que se inoculó en el pueblo inglés el virus de la muerte, el invisible, silencioso virus más letal que el de la sífilis, cuando el Banco de Inglaterra empezó a imprimir dinero sobre la nada y a imponer tasas de interés sobre el mismo.

- Examinemos a todos los asesinos que han sido utilizados como chispazo de una guerra y a los que han sido explotados con la intención de provocar una guerra. Pongamos algo húmedo en la mecha. Unamos las dos cosas. Servirse de un pueblo, mandar a un pueblo a la guerra sin preparación significa destrozarlo.

- Francia se ha estrellado contra la imbatible Alemania. Inglaterra se ha echado sin estar preparada y el colmo de la impreparación es debido al éxito del trío Lehman - Frankfurter - Morgenthau. El éxito de conseguir la entrada de América en el conflicto y de berrear, ahora, clamando desastres.

- No soy un pacifista de aquellos que ganan premios. Existen momentos en los cuales una nación debe combatir, aunque no entrevea ninguna posibilidad de éxito, como ha hecho Finlandia contra Rusia cuando se ha visto amenazada de extinción.

- Un cretino, o un deficiente medio hipnotizado que vive en la Casa Blanca, ha amenazado con reducir al hambre al Japón, ha mandado unas notas majaderas, dignas de una colegiala, a Mussolini y a Hitler, ha amenazado con reducir al hambre al mundo, ha dicho un montón de bobadas a las Potencias del Eje y al Japón.

- Todos los que murieron en Dunkerque, murieron por el oro. Todos los que murieron en Dakar, murieron por el oro.

- Si Roosevelt no estuviese por debajo del nivel biológico en el cual el concepto del honor entra en las mentes, por debajo del nivel biológico en el cual los seres humanos conciben la existencia de algo llamado honor, el embustero debiera aparecer sobre la escalinata del Capitolio y hacerse el hara-kiri, expiando así los males que ha hecho recaer sobre el pueblo americano.

   He dicho que debiera suicidarse sobre la escalinata del Capitolio para expiar el mal que ha hecho al pueblo americano. Lo he dicho, lo repito y lo confirmo.

- Imaginemos la cuestión de la destrucción de la lengua, de la falsificación de todas las correspondencias de las bien alimentadas revistas, de la falsificación de las noticias de prensa y también de la guerra al conocimiento histórico.

- Nótese cuando las escuela americana empezó a desafinar, cuando los niños de las escuelas inferiores comenzaron a oír hablar de Lenin, Marx, Trotzky, en vez de Lincoln y Washington.

- La antimoral bolchevique procede del Talmud, que representa la más obscena doctrina de las codificadas por aquella raza.

- El Talmud es el único y exclusivo generador del Bolchevismo y si en los Estados Unidos existen algunos cristianos, harían bien en tomar en cuenta esta advertencia, harían bien en considerar la diferencia entre la parte griega y la parte judía de la Biblia.

- Existió un hombre llamado Pericles. Y existió un hombre llamado Aristóteles; existieron numerosos escritores, como Homero y Platón, los cuales dieron vida al modo de ser europeo; en suma, a la civilización europea; y todo ello logró infiltrarse en la isla que se encuentra a lo largo de la costa noroccidental europea y de allí se trasplantó al continente americano; todo ello tiene un origen mediterráneo.

- Pregunto yo ¿por qué fue crucificado Cristo? Fue crucificado porque trató de combatir contra una mafia.

- En Palestina, antes del año cero de la era cristiana, existían otras sectas místicas. Se dice que muchas de ellas tenían una existencia que superaba los doscientos años.

   No tomo en cuenta las cuestiones místicas y religiosas.

   Pregunto por qué los sacerdotes y los Levitas fueron tan inflexibles en el asunto de la crucifixión.

   Poncio Pilatos no podía resolver la cuestión. No tenía ningún interés en encontrarse con una revuelta en sus manos, y por eso se las lavó.

- Del Talmud proceden los bolcheviques. Del Talmud se deriva la voluntad de destruir a Europa, de arrasar a la Cristiandad, de institucionalizar el ateísmo, y es irónico o trágico el hecho de que los cristianos ingleses y americanos se encuentren doblemente ligados en una colaboración con la cruenta Rusia.

- El fariseo ha salido del campo abierto para conquistar todo el poder. El fariseo es el mal absoluto que eligió domicilio en Londres desde que el gobierno inglés indujo a los indios de América a matar a los pioneros y desencadenó a los mongoles y a los tártaros abiertamente contra Alemania, Polonia y Finlandia y, secretamente, contra todo lo que hay de honrado en América. Contra toda la herencia americana.

   Esta es mi guerra.

   La he hecho durante veinte años; y nadie la ha hecho antes que yo.

- Céline observa, también, que no ha encontrado nunca a un judío, por mísero e insignificante que fuese, que haya hablado nunca mal de Rothschild o de los soviéticos.

- En los Estados Unidos habrán de transcurrir más o menos veinte años para llegar al punto al cual había llegado Céline diez años ha, y llegarán con retraso.

- Yo llego con retraso.

- Céline niega que exista un odio fundamental e irresoluble entre franceses y alemanes. Y a la misma conclusión llegué yo tras haber pasado cuatro años en París. Existe, naturalmente, la voluntad de Roosevelt de reducir al hambre a los franceses de la Francia no ocupada, negándoles la leche en polvo y todo lo que necesitan los niños europeos.

- En 1938 Céline escribía y publicaba que las democracias querían la guerra y que finalmente la tendrían.

- Seguramente las democracias han querido la guerra; es decir los usureros la han iniciado y sus esclavos la continúan.

- Durante sesenta años los hombres han realizado con los conejillos de Indias toda clase de experimentos. Resulta claro que se consigue dar vida a una raza eliminando las diversas infiltraciones extrañas. Una raza se obtiene homogeneizando los cruces interraciales.

- El paso sucesivo, el próximo movimiento mundial, es un paso hacia la producción de individuos racialmente perfectos.

- La idea ha sido lanzada. No conlleva privaciones para nadie. No se le ha ahorrado crítica alguna. Si es buena por lo que se refiere a perros y caballos, debe pensarse que la raza humana merece aún mayores atenciones que las que los aficionados ingleses dedican a los perros de carreras.

- Tal vez llegará un tiempo en que los estudiantes americanos me leerán a mí, o a Céline, o a alguno de estos escritores. Pero no penséis, sólo porque los buitres de línea tardan mucho en llevar las noticias, que en Europa no se escribe nada.

- Un gran escritor es aquel cuyas frases simples y punzantes quedan grabadas en la memoria.

- Debo reconocer que a propósito de Hitler se han dicho más mentiras que a propósito de cualquier otro hombre viviente, exceptuando a Mussolini.

- Por lo que se refiere a Mussolini, sé que se trata de mentiras. He vivido aquí durante diecisiete años, y en diecisiete años me he dado cuenta de que se trataba de mentiras; mentiras y amenazas contra Italia desde el Tratado de Versalles.

- A partir de la época de las Sanciones empecé a considerar a Alemania bajo otro ángulo visual. Hasta entonces había conservado sobre Alemania muchas de las ideas que se remontaban a 1914, salvo la de considerar a Alemania como el defensor de las comunidades europeas. Hasta entonces no me había asomado al palco de la orquesta. Hitler aportaba una mayor justicia, su voz ofrecía, por la radio, un panorama de Europa. Comencé a pensar en ello. Pues sí; tal vez me había retrasado en la lectura del "Mein Kampf".

- En 1942 Hitler dijo que Alemania debería considerar a Italia, a la Italia fascista, como un rayo de luz en un mundo a oscuras, que se está hundiendo. Así como yo la consideraba el único pedazo de tierra sólido. Pues bien, el Führer, Adolf Hitler, hizo algo mientras yo  me limitaba a observar y escuchar. Existen diversos grados de eficiencia.

- Por lo que se refiere al programa de Hitler, se trataba de lo que sabíamos y por lo que ninguno habíamos hecho nada; es decir, que la mejora de la raza humana merece más desvelos y atenciones que la mejora de caballos y los perros y también la mejora de las pécoras, cabras y sementales de mayores dimensiones.

- Este es el primer punto del programa nazi. Mejorar mucho y salvar la raza; la raza perfecta; es decir, obtener jóvenes sanos. Conservar lo mejor de la raza, conservar los mejores elementos. Esto significa lo eugenético en contraposición al suicidio racial y no gusta a las mentes cortas de los hebreos, que quieren destruir a todas las demás razas a las que ellos quieren sustituir y sumergir en la esclavitud de los salarios o en la esclavitud soviética bajo el dominio de los malditos fariseos, nutridos por una pandilla de Churchills, Edens y Staford Cripps.

- Algo ha sucedido en Europa y no sabéis qué ha sucedido. No sabéis que ha pasado. Y cada hora que pasáis para la continuación de esta guerra es una hora perdida para vosotros y para vuestros hijos. Y cualquier acción sensata que hagáis la hacéis en homenaje a Mussolini y a Hitler. Cualquier reforma, cualquier paso hacia el precio justo, hacia el control del mercado, es un acto de homenaje a Mussolini y Hitler. Ellos son vuestros jefes, aún cuando os imaginéis ser guiados por Roosevelt o adoctrinados por Churchill; en realidad seguís a Mussolini y a Hitler en todo acto constructivo de vuestro gobierno.

- En este momento, en este año, Inglaterra me interesa más que América. Intelectualmente Inglaterra está más adelantada que América. Y, más aún, Inglaterra es, todavía, la capital intelectual de América.

- Las prisiones inglesas nunca estuvieron tan llenas, como ahora, de presos políticos, culpables nada más que de sus ideas y de sus convicciones.

- Dos grandes naciones han aprendido algo que vosotros no habéis todavía aprendido y es, precisamente, la responsabilidad del individuo. Forma parte del conjunto. Y forma parte del conjunto en los términos del antiquísimo sentido común con respecto a la propiedad de la tierra.

- No está escrito en ningún lugar del cielo que el hombre que planta algo en la tierra deba ser una presa permanente de los usureros.

- No está escrito en ninguna parte que un sistema que induce a los hombres a volverse hacia la tierra para aumentar la producción agrícola deba ceder el paso a un sistema de usura, de aprovechamiento.

- Todos, incluidos los famosos diputados ingleses, saben que cualquier país sano prefiere el fascismo al comunismo, cuando ha conocido concretamente a ambos.

- El bolchevismo fue creado por millonarios judíos de Nueva York. En realidad combate la propiedad privada de la tierra y del espacio vital individual, lo que equivale a decir la propiedad de la cocina y del dormitorio de cada uno, así como del campo y del almacén.

- Inglaterra y los Estados Unidos debieran estar al lado del Eje en contra del terror rojo y todos los ingleses y los americanos lo saben.

- Arte, economía, patología. Debierais saber algo sobre estas materias. Debierais salir de esta guerra, quedar fuera de ella e impedir la próxima. Debierais cambiar el viejo pestilente sistema. Arte corrompido, patología artística, atraso universitario.

- La salud es más interesante que las enfermedades: la salud es total. La belleza es más interesante que el defecto. Nosotros, la mayor parte de nosotros, hemos sido arrastrados por la nariz, o, en todo caso los intelectuales han sido casi todos descarriados, no porque no tengan cerebro, sino por su parcialidad, en el sentido original del término. Los intelectuales son generalmente un fastidio porque se deslizan por el snobismo y por los matices.

- Los hombres honrados, cuando vean que un dogma o un estilo han sido falseados se convertirán en analíticos. Serán parciales. Los más generosos, fuertes y redundantes. Los mejores sí, los mejores se ocuparán de la salud.

- Pero aquello que en un hombre fuerte es temperamento, llega a ser, en un hombre débil, malestar , falta de equilibrio. Difícil de distinguir, hasta un cierto punto. Y el que sigue la corriente, primero aprende a tolerar la debilidad, luego se acostumbra a ella, y finalmente se abandona a la desolación.

- El mundo era más sabio cuando el culto de lo feo no había atraído la atención de nadie. ¡Oh! sobre todo de la pseudo-belleza de las cajitas de chocolatinas y de otras cosas similares, pues cualquier defección de la regla principal indica decadencia. es una falsa madurez. Es un fruto amargo que se pudre.

- Todos hemos visto cómo se calumniaba y ofendía al culto de la belleza. El esteta es un artista que no quiere sufrir. No quiere afrontar la fatiga necesaria para pintar un buen cuadro o escribir una buena novela o un buen poema. Todo es fragmentario. Nada es total.

- Por lo que sé, nadie más ha tenido el coraje de hacer notar que el Pabellón alemán en la Bienal de Venecia, desde hace cuatro años, era el mejor. Todos los míseros pintamonas de los otros pabellones, que vuelven a copiar a Monet y Renoir con sesenta años de retraso, quedaron asombrados de la solidez del esquema. Era, de hecho, tal vez el único pabellón no arruinado por los melindres. Algunos más, algunos menos.

- Estáis en la más negra oscuridad y en la confusión. Habéis sido llevados, contra vuestra voluntad, a la guerra y no sabéis nada. No sabéis nada de las fuerzas que la han provocado o bien no sabéis casi nada.

- Los europeos, que deben saber algo más que los gañanes de las fábricas americanas, fueron burlados porque eran ignorantes. Se pueden vender quince ediciones de un libro cada cuarenta años sin conseguir penetrar en la mentalidad de una nación.

- Mil años de pensamiento europeo sirvieron para formar lo que hay de mejor en la vida tal como nosotros la concebimos, o como la habíamos concebido antes de los dos últimos estallidos bélicos. Como tales estallidos, eran necesarios para dispersar las nubes, los hedores, las cadenas del monopolio.

- Europa combate por la vida honrada. Los incapaces combaten para impedirla.

- Vosotros debierais organizaros contra este sabotaje mundial: el sabotaje de todo aquello que resulte adecuado a la vida de un ser humano. Y debierais organizaros por un sentido de justicia. Vuestro sentido de la justicia ha sido corroído durante decenios. La corrosión resulta operativa, sobre todo, porque la gente no sabe, y el miedo es el resultado de la ignorancia.

-  El instinto británico ha venido a menos. Muchos ingleses padecen una tal depresión que se hallan prestos a preferir el suicidio. Quiero decir conscientemente, de facto. Y es un hecho que durante un determinado periodo han estado suicidando a su propia raza. Incluso abiertamente. Exaltando a las familias poco numerosas. Exaltando la limitación de nacimientos. Todo esto no conviene a la supervivencia.

- Los hombres combaten por culpa del carácter belicoso y de maldad. Esto puede, también, ser comprensible. Pero no es recomendable.

- Los actuales parlamentarios son de tal modo ignorantes que algunas personas han pensado que podría ser útil impartir una instrucción parlamentaria. Sostengo que los parlamentarios debieran someterse a un examen, por lo menos, en algunas de las materias sobre las cuales se piensa que van a ser llamados a votar.

- Una idea es coloreada por lo que contiene. Tomemos, por ejemplo, la más o menos teutónica idea del materialismo. Marx y Engels se divirtieron jugando con la filosofía de Hegel y desarrollaron lo que se ha dado en llamar materialismo marxista. Esto ha sido apresuradamente introducido en Rusia y, tras veinticinco años, ¿qué tenemos? Tenemos que aquellos esclavos aullantes se han lanzado a una cruzada puramente metafísica, típicamente rusa, locos como en los excesos medievales, absolutamente olvidados de las cuestiones materiales.

- Un materialista marxista, ¿prefiere las condiciones humanas al trabajo y el trabajo a las condiciones inhumanas? ¿Cuentan algo los progresos auténticos de las condiciones de los trabajadores alemanes, en un universo materialista? ¿O el materialista marxista prefiere al ruso trampeado en un estado metafísico, en el que nadie tiene un cuarto verdaderamente suyo?

- Estoy absolutamente a favor de la responsabilidad, de la responsabilidad personal. No logro comprender qué tiene que ver el principio del materialismo o de la metafísica con el fusilamiento de niños de tres años. No logro comprender la invasión de un país por otro.

Apuntes sobre la marcha, George Orwell

Apuntes sobre la marcha, 30 de marzo y 6 de abril de 1940

El otro día, al leer la afirmación del doctor Ley de que "razas inferiores como, por ejemplo, polacos y judíos" no necesitan comer tanto como los alemanes, súbitamente me vino a la memoria la primera imagen que vi al pisar suelo asiático (o, mejor dicho, justo antes).

   El trasatlántico en el que viajaba había atracado en Colombo, y la habitual multitud de culíes subió abordo para ocuparse del equipaje. Los supervisaban algunos policías, entre ellos un sargento blanco. Uno de los culíes se hizo cargo de un portauniforme metálico alargado, e iba llevándolo con tal torpeza que por poco no dio a alguien en la cabeza. Le soltaron un improperio por su negligencia. El sargento de policía se volvió, vio lo que el hombre hacía y le pegó una terrible patada en el trasero que lo mandó trastabillando al otro extremo de la cubierta. Entre los pasajeros, mujeres incluidas, hubo murmullos de aprobación.

   Transfiramos ahora esta escena a la estación de Paddington o al puerto de Liverpool. Sencillamente, no podría ocurrir. Un mozo de equipajes inglés a quien pateasen devolvería el golpe o, al menos, no cabría descartar que lo hiciera. El policía, por su parte, no le patearía por tan poca cosa, y desde luego no ante testigos. Pero, sobre todo, quienes lo presenciasen se indignarían. El millonario más egoísta de Inglaterra, si viera tratar a un compatriota suyo así, a patadas, se sentiría ofendido siquiera un momento. Y, sin embargo, aquellas personas -gente corriente, honrada, de clase media, con rentas de unas quinientas libras anuales- contemplaban la escena sin emoción alguna salvo una leve aprobación. Ellos eran blancos; el culí, negro. Dicho de otra forma: el culí era infrahumano, una clase distinta de animal.

   Si creyera que una victoria en esta guerra fuese a suponer, sencillamente, la inyección de savia nueva para el imperialismo británico, supongo que me alinearía con Rusia y Alemania.

   En la medida en que el socialismo no significa más que propiedad centralizada y planificación de la producción, todos los países industrializados serán "socialistas" dentro de poco.

   Parece evidente que Alemania avanza rápido hacia el socialismo; y, sin embargo, este proceso lleva aparejada una determinación clarísima, diáfana, de hacer de los pueblos sometidos una reserva de mano de obra esclava; algo bastante factible en la medida en que se dé crédito al mito de las "razas inferiores". Si judíos y polacos no son seres humanos, ¿por qué no expoliarlos? Hitler es, simplemente, el espectro de nuestro propio pasado irguiéndose contra nosotros. Es partidario de extender y perpetuar nuestros propios métodos precisamente cuando empiezan a avergonzarnos.

   Los hombres que conquistaron la India para nosotros -aventureros, puritanos de Biblia y espada, hombres capaces de liquidar a tiros a cientos de "nativos" y descubrir la escena en sus memorias con todo realismo y sin mayor escrúpulo que el que uno sentiría al matar un pollo- constituyen simplemente una raza extinguida. Las opiniones de la izquierda en la metrópoli han calado incluso en la percepción del anglo-indio medio. Son ya historia los días -que eran solo anteayer- en que uno enviaba a la cárcel al sirviente díscolo con una nota que rezaba: "Por favor, denle al portador quince latigazos". Hemos perdido, por la razón que sea, la antigua fe en nuestra misión sagrada. Cuando nos llegue la hora de saldar deudas, qué duda cabe que nos resistiremos; pero, a mi juicio, la posibilidad de que al final tengamos que pagar está ahí.

   Una vez empezada la guerra, eso que llaman "neutralidad" es imposible. Toda acción constituye un acto de guerra. Uno se ve forzado, quiera o no, a ayudar, bien a su bando, bien al enemigo. Pacifistas, comunistas, fascistas, etcétera, en este momento están ayudando a Hitler. Y están en todo su derecho, siempre que crean que la causa de Hitler es mejor y estén dispuestos a asumir las consecuencias. Yo, si me alineo con Gran Bretaña y Francia, es porque antes lo haría con los viejos imperialismos -decadentes, como con toda la razón Hitler los llama- que con esos otros recientes, completamente seguros de sí mismos y, por ello, completamente despiadados. No pretendamos, eso sí, -por el amor de Dios-, que vamos a esta guerra con las manos limpias. Si algo nos legitima para defendernos, es precisamente, haber cobrado conciencia de que no tenemos las manos limpias.

   Vivimos una pesadilla precisamente por haber querido establecer un paraíso terrenal. Hemos creído en el "progreso", hemos fiado en el liderazgo humano, hemos dado al César lo que es de Dios. Tal es, a grandes rasgos, la línea argumental.

   El ser humano no es un individuo, es un mera célula en un cuerpo perecedero, y de alguna forma lo sabe. Otra explicación no cabe para el hecho de que alguien acepte morir en combate. Decir que lo hace solo porque lo llevan allí es absurdo.

   En Un mundo feliz, Aldous Huxley caricaturizaba bien la utopía hedonística, prototipo de lo que parecía posible e incluso inminente hasta que entró en escena Hitler, pero eso no tenía que ver con lo que sería el futuro.


Por qué es importante Orwell, Christopher Hitchens


- Jamás quiso que se pensara que había diluido sus opiniones con la esperanza de ver su nombre difundido entre los lectores; esto, por sí mismo, es una pista de por qué Orwell todavía es importante.

- La imagen del escritor que vive en una buhardilla esclavizado por su trabajo, y que considera que su fracaso es una señal de sus elevados principios, resulta excesivamente familiar, y Orwell se burló a fondo de ella en su novela Que no muera la aspidistra.

- Solemos utilizar el término orwelliano de dos modos: describimos una situación como orwelliana cuando queremos dar a entender la existencia de una tiranía aplastante, del miedo y el conformismo; y describimos una obra literaria como orwelliana para reconocer que la resistencia humana a esos terrores es irreprimible. No está nada mal para una vida tan corta.

- Los tres grandes temas del siglo XX fueron el imperialismo, el fascismo y el estalinismo.

- Nosotros, que vivimos bajo el cálido y arrogante resplandor del poscolonialismo y de la pedantería de los estudios poscoloniales, olvidamos a veces nuestra deuda con la pionera insistencia de Orwell.

- Consideraba axiomático que el fascismo significaba la guerra... Pero fue en el frente español donde llegó al conocimiento del comunismo, y entonces comenzó un combate de diez años con los partidarios de esa doctrina, un combate que constituye, para la mayoría de nuestros contemporáneos, su legado moral e intelectual.

- Lo primero que sorprende a cualquier estudioso de la obra y la vida de Orwell es su independencia.

- Se ganó la vida a su manera y jamás tuvo que llamar amo a ningún hombre.

- Tuvo que vencer la desconfianza y el rechazo que le inspiraban los pobres, la repulsión hacia las masas "de color" desperdigadas por todo el imperio, su desconfianza hacia los judíos, su torpeza con las mujeres y su antiintelectualismo.

- Solo uno de sus prejuicios heredados -el del escalofrío generado por la homosexualidad- parece haberse resistido a ese proceso de aprendizaje autodidacta; ahora bien, Orwell solía describir esa "perversión" como una desgracia o malformación causada por condiciones artificiales o crueles; su repugnancia iba dirigida al "pecado" y no al "pecador" -siempre y cuando recordase hacer esa falsa distinción-. (Existen algunos indicios de una temprana experiencia desagradable en las monacales instituciones británicas pudo haber tenido algo que ver con su actitud posterior.)

- A pesar de que a los "moros" se les acusaba de muchas atrocidades y de que en el bando republicano se consideraba particularmente importante no caer prisioneros de ellos, en los escritos de Orwell no hay rastros de ninguna actitud xenófoba o -término de origen posterior- racista hacia los súbditos coloniales de España. (De hecho, Orwell pasó una o dos temporadas en Marruecos, escribiendo una novela, justo antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, y en su diario muestra una gran simpatía hacia los habitantes del país, incluidos los judíos y los bereberes.)

- Su investigación y notas para El camino de Wigan Pier habrían asombrado al mismísimo Friedrich Engels.

- Entre la izquierda política y cultural, la sola mención del nombre de Orwell es suficiente para provocar un escalofrío de repugnancia.

- Hubo un tiempo en el que la derecha y la izquierda de Gran Bretaña discutían sobre la "pertenencia" de Orwell. Por aquel entonces ambos bandos lo querían en sus filas.

- La prueba de la última década de la carrera de Orwell, marcada por el activismo y el compromiso con la democracia y la descolonización, y por la escritura de dos novelas con un permanente tono antitotalitario.

- En el momento de mayor popularidad de Gandhi, Orwell lo criticó por basarse en exceso en la "fuerza del espíritu" y en la no violencia, y por ser demasiado pasivo en su resistencia. Cuando Addis Abeba (capital de la antigua Abisinia, hoy en día Etiopía) se liberó del fascismo italiano, Orwell protestó por el hecho de que la bandera inglesa fuera izada antes que la de Abisinia. Jamás permitió que sus lectores olvidaran que formaban parte de un imperio que explotaba a las colonias, y llegó a escribir que Hitler por más que lo intentara, no conseguiría reducir al pueblo alemán al abyecto estatus de los criados indígenas.

- ¿Qué escritor puede releer su propia producción sin encontrar partes que le abochornan?... puede que una frase como "un humanitario es siempre un hipócrita" contenga una parte de verdad, y de hecho la contiene, pero no fuera de contexto... Tenemos también los famosos estallidos de mal genio contra los excéntricos, los vegetarianos y los homosexuales que desfiguran la prosa de Orwell y que probablemente merecen una crítica.

- Suele decirse, para intentar justificar a los intelectuales de los años treinta, que a estos les resultaba imposible saber cómo era realmente el estalinismo.. También se dice - o suelen decir los apologetas - que, cuando por fin averiguaron la verdad, fueron capaces de reprimir sus dudas por el bien de la causa. Lo sorprendente en el caso de Orwell es que jamás pasó por una fase estalinista, jamás tuvo que ser curado o purgado de una repentina "desilusión". Asimismo, mostraba poca paciencia con aquellos que mencionaban las ilusiones originales como excusas para ingenuidad posterior. Esto - que denota cierta superioridad moral- es sin duda una de las razones del intenso desprecio que Orwell despertaba entonces y despierta todavía.

- A diferencia de innumerables contemporáneos, cuyas deserciones del comunismo darían lugar más tarde a espectaculares confesiones y memorias, Orwell jamás pasó por una fase de rusofilia o de adoración a Stalin. A mediados de 1940 escribió que había aprendido a confiar en su intuición cuando se trataba de ciertas cuestiones:

       Desde 1934 sabía que la guerra entre Inglaterra y Alemania era inminente, y tuve la absoluta certeza de ello a partir de 1936. Podía sentirlo en el estómago, y jamás me engañaron, por un lado, los pacifistas y su cháchara, ni por otro, las personas del Frente Popular que fingían temer que Gran Bretaña se disponía a entrar en guerra contra Rusia. Tampoco me sorprendieron nunca los horrores como los de las purgas rusas, porque siempre había presentido que eso -no exactamente eso, pero algo parecido- estaba implícito en el dominio de los bolcheviques. 

- En España había presenciado las falsas denuncias y el montaje del estalinismo, y había estado muy cerca de ser una de las víctimas, mucho más cerca de lo que jamás llegó a saber.

- Aunque Orwell jamás se consideró un seguidor de León Trotski, basó su figura en Emmanuel Goldstein, el vilipendiado hereje de 1984.

- Orwell registró rápidamente el impacto de Retour de l'URSS, de André Gide, uno de los primeros autores que viajaron a Moscú para escribir alabanzas del régimen y regresaron asqueados.

- Orwell daba por sentado que se había producido una hambruna espantosa en Ucrania en los años treinta, algo que fue negado por muchos periodistas compañeros de viaje que sostenían haber visitado el lugar de los hechos.

- La mayoría de los antifascistas que querían luchar en España se incorporaban a, o eran elegidos para, las Brigadas Internacionales, que operaban bajo la estricta disciplina del Partido Comunista. El hecho de que Orwell se incorporase a un grupo disidente como el del POUM le permitió ver lo que realmente ocurría en Cataluña, la historia de una revolución traicionada.

- Orwell fue testigo presencial del intento de golpe de Estado comunista en Barcelona a principios de mayo de 1937, y unos documentos del Archivo Militar Soviético de Moscú que acaban de hacerse públicos dejan bien claro que en efecto se planeó un putsh a gran escala. Si este hubiera triunfado, se habrían llevado a cabo los preparativos para otro "juicio mediático" al estilo de las farsas de Moscú. En cualquier caso, el gran líder catalán Andreu Nin, fundador del POUM, fue secuestrado, salvajemente torturado y -como no se rindió- asesinado. Tras ello, los portavoces comunistas declararon que Nin se había escapado para unirse a los nazis.

- Orwell jamás lo supo, pero si él y su esposa no hubieran conseguido huir de España mientras la policía les pisaba los talones, es muy posible que los hubieran sentado en el banquillo como protagonistas de dichos juicios farsa.

- Aunque Orwell relata con un tono autocrítico ligeramente absurdo la confiscación de sus papeles y cartas en la habitación del hotel de su esposa, le habría sorprendido averiguar que dichos documentos fueron de hecho escudriñados minuciosamente en Moscú.

- Es cierto que Orwell fue uno de los padres fundadores del anticomunismo; que tenía un fuerte sentido del patriotismo y un instinto muy potente para detectar lo que podríamos llamar la diferencia fundamental entre el bien y el mal; que despreciaba el gobierno y la burocracia y que era un tenaz individualista; que desconfiaba de los intelectuales y académicos y tenía fe en la sabiduría popular; que sostenía una ortodoxia bastante tradicional en las cuestiones sexuales y morales, que despreciaba a los homosexuales y aborrecía el aborto; y que parece haber sido un defensor del derecho de la propiedad privada de las armas. También prefería el campo a la ciudad, y los poemas que rimaban.

- Cuando Nixon y Kissinger visitaron China, país al que en más de una ocasión habían amenazado con un ataque nuclear, y proclamaron que en adelante Washington y Pekín serian aliados contra el Imperio soviético, estábamos ante unas noticias que ya habíamos leído previamente, en las páginas de 1984 que describían los abruptos cambios de lealtad entre Oceanía, Eurasia y Asia Central.

- Orwell hizo más que inventar la expresión "guerra fría". En cierto sentido, fue uno de los primeros "guerreros fríos". Durante toda la década de los cuarenta se produjo una conspiración oficial para guardar silencio sobre el destino de alrededor de diez mil militares polacos, asesinados en los bosques de Katyn mediante disparos en la nuca administrados individualmente por agentes de la policía soviética. Se consideraba poco diplomático mencionar esta masacre, incluso después de que varios informes bien documentados se hubiesen hecho públicos. El ejército invasor alemán, que había puesto el crimen al descubierto, cargó con la culpa (y con la acusación, por parte de los abogados soviéticos , en Nuremberg). Orwell, Arthur Koestler y unos pocos más intentaron ventilar la cuestión durante la guerra y posteriormente, pero se encontraron con la indiferencia oficial y, de hecho, con la complicidad con la mentira soviética en las altas instancias del gobierno. Anthony Poewll captó muy bien la atmósfera moral que rodeó al incidente en su novela Los filósofos militares, una de las tres obras ambientadas en la Segunda Guerra Mundial que formaban parte de Una danza para la música del tiempo. Las autoridades británicas, tanto las laboristas como las conservadoras, se negaron a reconocer la culpabilidad soviética hasta julio de 1988, por temor a "calentar la guerra fría". La Federación Rusa aceptó oficialmente la responsabilidad en 1990.

- Orwell escribió su única introducción a la novela expresamente para edición ucraniana, y se vio desbordado por ofertas para traducirla al letón, al serbio y a otros idiomas. (Indicó  a su agente que no se cobrara nada por esas publicaciones.) Sin embargo, el destino de la edición ucraniana fue finalmente triste. Aunque llegó a cierto número de lectores, la mayoría de los ejemplares fueron secuestrados y confiscados por las autoridades militares estadounidenses en Alemania, quienes luego los entregaron al Ejército Rojo para su destrucción. Como se ve, el Ministerio de Información británico no era el único que consideraba necesario contribuir al cultivo del amour-propre por parte de Stalin.

- Esta Tercera Guerra Mundial, sostenía, ya había comenzado. Lo había hecho en la Navidad de 1944, cuando los soldados británicos habían abierto fuego contra una manifestación comunista en la plaza central de una Atenas recién liberada. Como padrino del anticomunismo, Burnham, poco antes de su muerte en 1987, recibió de manos de Ronald Reagan la Medalla de la Libertad.

   Orwell no sobrevivió para ver el macartismo, y había criticado fuertemente la política británica en Atenas, que veía como la imposición a los griegos de una indeseada monarquía reaccionaria. Sin embargo, desde un primer momento le desagradaron y produjeron desconfianza las ambiciosas teorías de James Burnham, y resulta bastante evidente que extrajo de ellas la sombría  predicción del mundo tripolar y militarizado que aparece en 1984.

- A Orwell también le desagradaba profundamente la propaganda sobrenatural, sobre todo en su versión católica romana, pero le gustaba la arquitectura eclesiástica y en sus escritos demostraba cierto conocimiento del Antiguo y el Nuevo Testamento.

- El autor aborrecía la crueldad hacia las criaturas que no pueden quejarse, pero consideraba que el vegetarianismo era más que ridículo. Los animales le gustaban mucho, pero solía representar a los fanáticos propietarios de mascotas como seres un poco despreciables. Tenía un perro llamado Marx, pero lo hacía trabajar en la granja. Adoraba la pesca, pero cuesta imaginárselo con una pecera en su casa. Amaba el paisaje, pero no quería que -como había ocurrido a lo largo de la historia inglesa- se despoblase el campo para dejar sitio a las ovejas, los faisanes o los ciervos. Y es que los frutos de la "Creación" tienen su lugar, pero ese lugar forma parte de un todo.

- En El camino de Wigan pier incluyó el feminismo en su famosa taxonomía de creencias extravagantes o absurdas, junto a los bebedores de zumos, cuáqueros fugados, los que calzan sandalias y otros personajes excéntricos. Por lo tanto, parece que para Orwell el supuesto equilibrio de poder entre ambos sexos favorecía suficientemente a la mujer.

- Orwell sentía repulsión por el control de la natalidad y el aborto. Cada vez que se veía obligado a tratar alguno de estos dos temas, evitaba un análisis profundo y se escabullía asqueado.

- Cada vez que emprendía el retrato literario de un futuro Estado tutelar de carácter absurdo, incluía, entre la lista de características distópicas, una referencia despreciativa a una clínica abortiva o de control de la natalidad.

- A lo largo de su vida, Orwell jamás dejó de disculparse por sus carencias como escritor de ficción. Y antes de morir, ordenó a sus albaceas que se aseguraran de que al menos dos de sus novelas -La hija del reverendo y Que no muera la aspidistra- no fueran publicadas nuevamente.

- Cerca del final de su vida, le escribió a Anthony Powell para comentarle con desesperación que sentía que había hecho un estropicio con 1984, obra que describía como "un desastre espantoso, una buena idea arruinada".

- Orwell, al igual que otros críticos del imperialismo, era propenso a acusar a las mujeres blancas de tratar mal a los sirvientes, de hacer que los hombres se volviesen todavía más racistas y de introducir, en ambientes coloniales ya demasiado tensos, el miedo histérico a la violación y el saqueo por parte e los nativos. Pero la antipatía de Orwell residía en un nivel más profundo.

- Dijo que con mucho gusto mataría a Hitler, pero que no podía odiarlo, pues le resultaba muy evidente que se trataba de un personaje extremadamente patético. Y a última hora modificó las pruebas de imprenta de Rebelión en la granja para que la historia dijese: "Todos los animales, excepto Napoleón, se echaron sobre sus vientres". El original rezaba "incluido Napoleón", pero los exiliados rusos le habían asegurado que Stalin había permanecido en Moscú durante el ataque alemán, y Orwell quería ser justo con él. Este es el mismo Orwell que en la Guerra Civil española no quiso dispararle a un soldado fascista mientras el hombre salía corriendo de la letrina e intentaba sujetarse los pantalones; el mismo Orwell que, en una época de extrema angustia financiera, sacrificó los enormes ingresos que hubiese obtenido gracias a su inclusión en la lista del Book of the Month Club porque se negó a aceptar pequeños cambios en la novela.

- Él, a través de su compromiso con el lenguaje como compañero de la verdad, nos mostró que las "opiniones" en realidad no cuentan; que lo importante no es lo se piensa, sino cómo se piensa; y que la política tiene una trascendencia relativa, mientras que los principios logran perdurar, al igual que lo hacen los pocos individuos irreductibles que se mantienen fieles a ellos.