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Franco, conversaciones privadas



7 de enero de 1961:

Hablamos de las huelgas de Bélgica:


Creo que el conflicto se arreglará pronto, porque la opinión de ese país y la de todo occidente está convencida de que se trata de una huelga política en contra del sistema democrático; los socialistas han alardeado mucho en defenderlo, pero esto sólo lo hacen cuando se trata de su propia conveniencia. La ley de reformas económicas será decidida por el Parlamento, y como en toda democracia liberal el Parlamento representa la voluntad nacional, ante la que el pueblo y la opinión de los socialistas deben someterse; a no ser que sigan la táctica de las izquierdas españolas en los tiempos de la república; entonces se daba el caso de que cuando el triunfo era de las derechas, no se aceptaban la voluntad de la nación y se lanzaban a la toma del poder por medios revolucionarios, como sucedió en Asturias y Cataluña en 1934, aunque el patriotismo del Ejército no vaciló en cumplir con su deber, derramando su sangre y venciendo dichas revoluciones.”

Comenta Franco un artículo del conde de Montarco en el ABC de hoy titulado ‘Hacia un nacionalismo europeo’. Franco dice:

Si los gobiernos fascistas fueron eliminados tanto en Alemania como en Italia, no fue por haber fracasado sus doctrinas ante otras que agradaran más a la opinión pública y a las masas proletarias de estos países, como supone el autor. Fracasaron por haber perdido la guerra en forma tan desastrosa. De no ser por esto, hoy seguirían estos países con su régimen. Es verdad que el hitlerismo persiguió injustamente a los judíos, y tienen la responsabilidad histórica de los grandes crímenes cometidos con los de esta raza durante la guerra, lo cual produjo con razón el horror del mundo que se enteró de la matanza una vez terminó la contienda. Todo ello fue motivo justificado de la repulsión mundial a un régimen que no quiso evitar tan terrible matanza. Sin embargo, de los crímenes de los gobiernos comunistas no se habló, y se echó tierra encima. La matanza de Katyn y otras fueron olvidadas por la prensa aliada ya que Rusia había triunfado, contribuyendo eficazmente a la victoria de los aliados. En España no se pensó nunca en copiar a dichos regímenes, pues nosotros lo que hemos hecho es dar ocasión al pueblo para que elija a sus representantes en los sindicatos y en los ayuntamientos. Después, estos organismos y los provinciales elegirán sus representantes en las Cortes, nombrando a sus procuradores. Dimos preferencia al voto del jefe de familia, que es el que por haber formado un hogar tiene la verdadera responsabilidad en la marcha de la nación, y por ello puede elegir a los componentes de las corporaciones mencionadas. Somos una democracia organizada donde se garantiza la libertad para emitir el voto. No se coacciona a nadie en las elecciones de los diferentes colegios de médicos y abogados para la elección de sus representantes en las Cortes; los nombrados tienen libertad completa para la defensa de sus derechos y para la discusión de las leyes que elabora el Parlamento a propuesta del Consejo de Ministros; está además el Fuero de los españoles, que se cumple con todo rigor en el país, y la independencia del poder judicial, de la que pueden dar fe todos los magistrados de la nación y las numerosas sentencias del Supremo contra disposiciones ministeriales que se juzgan arbitrarias y que el gobierno tiene la obligación de cumplir y cumple a rajatabla. En España la garantía que tienen todos los españoles ante el abuso del poder público es absoluta, superando siempre a la que había en los gobiernos liberales que hemos tenido en este siglo y en el anterior, en los que las garantías constitucionales estaban casi siempre suspendidas y los sindicatos eran órganos revolucionarios que tenían en un puño a las masas obreras y para conseguir fines políticos las lanzaban a la lucha a mano armada contra el poder público, mientras los dirigentes, siempre a seguro y ocultos, esperaban tranquilos los resultados. Las leyes laborales que hoy rigen en nuestro país son las más adelantadas del mundo en beneficio de los productores, cuyo nivel de vida ha aumentado enormemente desde que existe este régimen; y cada vez subirá más, como el de los funcionarios y la clase media.”

Franco sobre la URSS y Rusia



Sobre la URSS y Rusia

8 de octubre de 1960:

Hablamos luego de política exterior. Le pregunto qué le habían parecido los discursos de Lequerica en los últimos debates de la ONU contestando a Kruschev. Me contesta:

“La primera réplica dirigida al jefe de la URSS ante los insultos y ataques que a él le había dirigido, me pareció bien, pues estuvo contundente y enérgico. Me agradó menos su intervención en el debate general, pues no pegaba con aquel ambiente. Debió ser más duro con la política internacional rusa y su dominio sobre los países satélites de la Europa oriental. Debió recordarles el exterminio de los tanques rusos con el heroico pueblo húngaro, que derramó su sangre por su independencia. Esa política es peor que la colonialista más exaltada pues resulta paradójico que cuando las grandes potencias europeas están concediendo la independencia a sus colonias en todo el mundo, se declare el señor Kruschev su defensor y tache de colonialistas a dichas naciones, cuando la URSS tiene bajo su dominio tiránico a media Europa, esclavizando a pueblos que no tienen  ninguna libertad. Debió recordarles la política rusa antes de nuestra guerra y los acuerdos del Komintern para implantar el comunismo en España en 1936, estableciendo el eje Moscú-Madrid para desde nuestra península poder extender la propaganda a Marruecos y la América española. Recordarles lo que dijo Stalin de que España sería la segunda república comunista de Europa; la creación de los frentes populares y la actitud de Stalin cuando pidió y obtuvo en Potsdam sanciones para nuestra Patria. Debió decirles cómo Rusia se apoderó por la fuerza de las naciones bálticas, de Polonia, Bulgaria, Checoslovaquia, Rumania, Hungría, etc., etc., extendiendo además la soberanía rusa al oeste de Europa; en fin, que pudo decir muchas cosas contundentes, más duras y claras. Tampoco me gustó el que en cambio hubiese recordado la ayuda americana, dando cifras de los dólares que nos han prestado. La ayuda fue bastante modesta y no valía la pena que la recordase con tanto detalle. Hubiese estado bien hacer alguna alusión agradecérsela, pero no con tanto lujo de detalles, como si eso hubiese sido exclusivamente la causa del resurgir de nuestra Patria. En cambio me gustó mucho el discurso del embajador de Filipinas, pues este diplomático se expresó en términos muy enérgicos, diciendo muchas verdades y extrañándose de que ninguna nación se atreva a recordar las atrocidades que ha cometido Rusia, esclavizando a las naciones del este europeo, teniendo la osadía de llamar imperialistas y colonialistas a las naciones de Occidente que se apresuraron a dar la independencia a la mayoría de los pueblos que habían civilizado.”


7 de octubre de 1961:
“Creo que hay que dar esperanzas a los pueblos de las diferentes naciones sojuzgadas y avasalladas por los rusos de que han de recuperar algún día su libertad; es lamentable la actuación de los políticos aliados que intervinieron en el armisticio del final de la guerra europea; demostraron no ser estadistas por haber tenido una falta total de visión política.”

26 de octubre de 1961:

“La Rusia de hoy no es como la de antes. Hay que reconocer que se ha transformado muchísimo, su cultura es grande. El ejército tiene espíritu y excelente armamento. El pueblo desea vivir mejor y compara su nivel de vida con el de los países occidentales. Por ello sus dirigentes ya no tienen a su órdenes un pueblo dócil que se somete a todo. Hoy los rusos tienen grandes deseos de prosperar, trabajar, estudiar, con un gran interés por ser más cultos, y con la esperanza y el deseo de vivir mejor. Saben el que más y el que menos cómo se vive en París, Londres o Nueva York, y mantienen la esperanza de llegar a esos niveles de vida o superarlos. Por todo esto al gobierno ruso le será cada vez más difícil seguir gobernando en forma despótica, prescindiendo de lo que opina o piensa el pueblo. Rusia a mi juicio comete un error al tener parte de su ejército en países satélites, que siempre han de mantener su deseo de ser independientes y odiar a sus invasores. En la última guerra mundial el ejército alemán perdió mucho de su poderío al tener que ocupar Francia, Bélgica, Noruega, Dinamarca, Yugoslavia, Grecia y demás países. Si este poderoso ejército hubiera estado reunido, hubiese costado gran trabajo a los aliados vencerlo, pero así, desperdigado en la forma que estaba, fue totalmente vencido; ejércitos y cuerpos de ejército fueron derrotados sin apenas combatir. Nosotros vencimos al ejército de Napoleón no en batallas campales, donde casi siempre nos derrotaban fácilmente, y sí en la guerra de guerrillas, en las que al enemigo se le hacía la vida imposible, y se daba cara a cuanto soldado francés se encontraba desperdigado en pueblos o caminos.”

“Hoy son frecuentes y bien visibles las divisiones en la Unión Soviética, y también entre ésta y otros países comunistas. Se desea adoptar una política distinta al comunismo de Lenin y de Marx con el convencimiento de que se necesita algo más práctico y flexible. El pueblo aspira a tener libertad en un grado más amplio; esto lo saben los dirigentes que no permiten la menor desviación para que así el pueblo continúe disciplinado y sometido al despotismo del que ocupa el poder y del partido comunista.”

31 de marzo de 1962:

Franco me habla del viaje de su médico, Garaizábal, con el equipo de fútbol que fue a jugar a Jena, en la Alemania Oriental. Dice:

“Fue como médico del equipo, y a su regreso me contó sus impresiones. Dice que notó un atraso grande y una pobreza en todos los sitios que visitó. Allí se observa lo mal que vive la gente y la falta de toda comodidad. Las mujeres van pobremente vestidas, siendo completamente distinto a su aspecto del de las demás mujeres de Europa. Se las ve desnutridas, y sus rostros tristes reflejan amargura. Muchos alemanes le decían que de buena gana hubieran aplaudido al equipo español, pero que no era posible hacerlo por el miedo a las represalias. Los hoteles eran fonduchas de la peor calidad por lo pobres y mal cuidadas. La suciedad enorme. Pocos coches y ambiente de tristeza y desolación. Esto es el comunismo.”


2 de junio de 1962

Hablando de la URSS, Franco me dice:

“Yo creo que si hubiese un plebiscito libre triunfaría el régimen actual, pues los rusos actuales no han visto otra cosa en su inmensa mayoría; no cabe duda de que el régimen de los zares no era beneficioso para el pueblo, y de que había muchos abusos. Lo que no me explico es la falta de libertad para que puedan viajar todo lo que les de la gana, y que no dejen que se les visite con libertad. Por algo será esta desconfianza.”

8 de noviembre de 1962

He querido saber si le había gustado el discurso que ayer pronunció en la ONU el embajador Lequerica, contestando a unas falsas acusaciones contra España hechas por el embajador soviético Zorin. Franco me contesta:

“Estuvo bien, pero hubiera debido estar más duro, atacar de una forma más contundente; hay un sinfín de pruebas de los muchos atropellos que los soviets hacen demostrando su imperialismo. El atropello de las naciones que están sojuzgadas sin contar para nada con la voluntad de los ciudadanos. Yo les hubiera recordado el telón de acero y el Berlin Oriental, con el “muro de la vergüenza”, los fusilamientos de Katyn, la dominación de Hungría contra el deseo de todos sus ciudadanos. En fin, simplemente hubiese citado la superficie de Rusia antes de la guerra, comparada con la que tiene ahora. Con los soviets no se puede ser diplomático, hay que ser duro con ellos, sin ninguna clase de contemplaciones, pues solo respetan la fuerza y a aquellos que no les tienen miedo.”

29 de noviembre de 1962

Pregunto al Caudillo si cree que Rusia va a evolucionar en su política internacional; Franco me dice que sí:

“Creo que el pueblo ruso no desea la guerra y no es ni mucho menos el pueblo aborregado e ignorante de épocas pasadas. Rusia quiere la paz y eso lo sabe Kruschev. El día en que al pueblo se le conceda libertad de movimiento para ir por el mundo donde le apetezca, como sucede en todos los países que no son comunistas, y lo mismo la entrada libre a las gentes de otras naciones, habrá más fraternidad con ellos y estarán perfectamente informados de lo que puede ocurrir en los demás países. En el asunto de Cuba, Kruschev claudicó por estar perfectamente informado que los Estados Unidos estaban decididos a ir a la guerra nuclear con el respaldo del país entero.”

24 de julio de 1963:

“¿Tú crees que en Rusia, si hubiera libertad, cambiarían de régimen? Lo modificarían y adoptarían muchas cosas que tienen los países capitalistas, sobre todo la libertad de trasladarse y viajar como se les antoje; y entonces compararían lo suyo con los regímenes de otros países y sin grandes trastornos irían modificando el suyo, pero nunca adoptarían la democracia tal como la entienden los países capitalistas, y de la que se aprovechan los comunistas para minar estos países y hacer propaganda de su régimen. Los rusos no pueden olvidar que la política que hacen sus jefes de gobierno les han permitido ser la segunda potencia del mundo, y con aspiraciones de ser la primera. La cultura ha aumentado de un modo enorme. Allí todo el mundo estudia, todos trabajan, y así progresan. Eso se consigue con un mando enérgico y con la gran disciplina que siempre han tenido en el pueblo ruso desde que dominan los soviets. El Partido Comunista predica la rebelión de las masas en el mundo democrático. Pero en Rusia solo se hace lo que el gobierno dispone, y el pueblo lo acepta sin la menor protesta.”

10 de febrero de 1964

Mizzian afirmó que Kruschev no es más que un instrumento del Partido y que no tiene más remedio que aceptar las decisiones de éste. El Generalísimo dice:

“Yo no creo eso, opino que el jefe del gobierno ruso tiene un mando enorme, aunque el Partido fiscalice sus actos y señale una directriz en la política soviética. Creo que los resortes del mando los tiene Kruschev como antes los tenían Stalin, Beria y Lenin. Lo que sucede ahora en Rusia es que por la mayor cultura del pueblo, la opinión pública influye más que en tiempos pasados en las decisiones del gobierno. Un gobierno al estilo de Beria o de Stalin no sería tolerado. Allí se dan perfecta cuenta de lo que sucede en el mundo y se critica los fallos del sistema ruso, como ahora sucede con la producción agrícola, con su gran déficit que constituye uno de los grandes fracasos del régimen comunista. Esto lo quiere corregir Kruschev permitiendo que los labradores trabajen la tierra por su cuenta, y admitiendo que los beneficios sean para ellos. Es decir, que no tendrán la propiedad de la tierra y pagarán al Estado por el arriendo de la misma. Lo esencial es que lo que recogen será exclusivamente para ellos. En muchos países capitalistas los propietarios están en condiciones mucho peores, pues tienen arrendados los terrenos, pagan muchos impuestos y a veces los beneficios no cubren los gastos. Rusia va adelantando mucho, ya no se puede gobernar como en la época zarista y en los años anteriores a la segunda guerra mundial.

29 de junio de 1965:

“El mundo entero se deslizará por cauces sociales. La política de Moscú se inclina a modificar sus métodos despóticos y trata de mejorar todo lo social, pues así se lo exige la opinión pública, reflejo del pueblo ruso, cuya alta cultura actual constituye una sorpresa para muchas naciones y no permite represiones del gobierno. Rusia está frenando su tiranía por exigirlo el pueblo, y tal vez veamos cambiar su régimen despótico y absolutista por otro más ponderado y eficaz para el proletariado.”

Franco y Cuba


Sobre Cuba
Madrid, 11 de junio de 1960
Hablamos de la crisis cubana y Franco me dice:

“No creo que por ella llegue a estallar la guerra general; pero Fidel Castro no se hubiera atrevido a hostilizar a Norteamérica si no estuviera respaldado por Rusia; además, no controla las dos fuerzas esenciales de su país, que son la economía y el ejército; éste está en manos de su hermano y aquella de Ernesto Guevara. Sin controlar estas fuerzas no es fácil dirigir la política internacional de su país y se verá dominado por esos dos mandamás. Norteamérica no puede, como muchos creen, hostilizar abiertamente a Cuba, ya que tiene que mantener la base naval de Guantánamo y no puede correr el peligro de que otros países americanos se solidaricen con Cuba. Estoy convencido de que una vez más a los americanos les ha fallado el servicio de información, pues demostraron estar muy despistados sobre las intenciones y manera de pensar de los fidelistas y sobre la verdadera política del ex presidente Batista. En la época de éste había en La Habana un lujo enorme. Los barrios burgueses llamaban la atención por lo suntuoso y el despilfarro en todas las manifestaciones del bienestar. Ello era contemplado por las clases humildes de la capital y comentado por todo el país con gran indignación, dado el contraste de la mísera vida de éstas, especialmente en la zona oriental de la isla. A Fidel le fue fácil hacer propaganda en el pueblo y vencer militarmente a Batista, que ya había perdido su popularidad. Los americanos hubieran debido ver estas cosas y tomar una decisión enérgica a favor de los fidelistas, y no con medias tintas y recelos, por no estar enterados de lo que sucedía en Cuba. Rusia, en cambio, con sus agentes atizando el fuego del descontento y con el objetivo fijo de ganarse la simpatías de las clases populares cubanas, se introdujo.”

17 de diciembre de 1960

Comentamos los asuntos de Cuba, Franco dice:

Castro está arruinando a tan próspera nación haciéndola comunista, lo que no se imaginaron nunca los que le ayudaron a alcanzar el poder. Tengo noticias de que en la isla cada vez hay más descontento y de que se organizan guerrillas para oponerse a las fuerzas de Castro. La protesta de los obreros electricistas es un síntoma del ambiente de aquel país, donde cada vez el descontento es mayor, no creyendo que Rusia les preste una ayuda decisiva y completa.”

26 de enero de 1961

Le he dado cuenta de una información recibida de Washington en la que se recomienda que no se debe confiar en la nueva administración, pues aparte de la buena intención de Kennedy, no hay que olvidar a elementos jóvenes de inclinación socialista y amigos de ensayar teorías nuevas, como la función social del capital, la justa retribución de la riqueza, la tierra para el que la trabaja, etc., etc., que en Cuba no han dado el menor buen resultado. Franco me dice:

Desconfío mucho de esos elementos izquierdistas que quieren imitar a los comunistas para apaciguarlos, pero cuando éstos consiguen gobernar, como pasa en Cuba, son peores y más autoritarios que los gobiernos que han derribado. A mí eso no me asusta, y practico una política social en bien del pueblo y de la clase media, como se está aplicando con la colaboración de la Falange, pero no creo que esos radicalismos “castristas” den el menor bienestar al obrero, que ve destruidos sus sindicatos y resulta dominado por una feroz dictadura al servicio exclusivo de Moscú.”

6 de febrero de 1961

No creo eficaz en absoluto la invasión proyectada por desafectos al régimen castrista. Los que salieron de Cuba son en su mayoría propietarios y terratenientes que no gozan de simpatías en el pueblo cubano. Si los que desean ocupar Cuba tuviesen un programa social que ilusionase a grandes sectores de opinión de la isla, sería más fácil el éxito de la invasión proyectada. Además, el pueblo modesto está con la ilusión de que va a mejorar su situación, y aún no ha llegado al desengaño ni ha sufrido lo suficiente; le pasa lo mismo que al pueblo proletario español cuando la sublevación del general Sanjurjo, a la que no quise unirme porque estaba convencido de que el pueblo aún no estaba desengañado de la república. En cambio, cuando ocurrió el Movimiento el pueblo se unió a él, pues vio que nosotros defendíamos unas reformas sociales que se contenían en el credo de la Falange, e incluso en zona roja los soldados movilizados a la fuerza lucharon sin fe y sin entusiasmo.”

8 de mayo de 1961

“Castro lleva una política completamente equivocada. Injustamente se pone frente a la Iglesia Católica y persigue a sus ministros y sacerdotes, a las comunidades religiosas que tanto bien hacen al pueblo y algunos de cuyos miembros les ayudaron a hacer su revolución para vencer a Batista. La Iglesia en Cuba ha defendido, como era su obligación, su doctrina y sus dogmas, y Castro hubiera debido limitarse a corregir los abusos del régimen anterior, demostrando así que su deseo era ir contra toda injusticia social. Pero me parece una torpeza y una monstruosidad entregar su nación a los comunistas rusos y chinos, que procuran por todos los medios esclavizarla. Distribuir la tierra con mayor justicia, pero no arrebatarla a su legítimos dueños. Castro engañó a los que le ayudaron a hacer la revolución, que hoy se separan de él y algunos son enviados al paredón y llenan las cárceles. Nunca tuve fe en la invasión, pues sabía la enorme cantidad de armamento que recibió Castro de los países comunistas.”

8 de octubre de 1962

Hablamos finalmente de Cuba y de la visita de Ben Bella. Franco dice:

“No me han sorprendido sus declaraciones, porque este jefe argelino siempre se ha distinguido por ser filocomunista. Creo que Norteamérica hará todo cuanto le sea posible para hacer fracasar el régimen de Castro, ejerciendo una fuerte presión económica, que es el arma más adecuada en estos momentos.”

20 de diciembre de 1962

Hablamos a continuación del libro titulado El cuarto piso, escrito por el último embajador de los Estados Unidos en La Habana, con Batista, Earl F.T. Smith. Nos parece increíble la mala información del gobierno americano que ayudó  a derrocar a Batista, aún siendo éste un dictador despiadado y corrompido, y ayudando a Castro, sin ver que éste era un instrumento del comunismo soviético. Es imposible que la CIA no estuviese enterada.

Smith vio claro en la conspiración de Castro e intentó prevenir a su gobierno, pero los expertos del Departamento de Estado no le escucharon. El Departamento de Estado ignoraba que Castro estuvo envuelto en actividades comunistas en Bogotá (Colombia) ya por el año 1948. Comentamos muy extensamente este tema y el Generalísimo dice:

“Es un caso de despiste o mala fe en la administración norteamericana, pues estando al lado de Cuba, no se comprende que se ignorase la verdadera filiación de Castro. Viendo esto, no tiene nada de particular que en nuestra Guerra de Liberación creyesen de buena fe la información tendenciosa de que los comunistas españoles y los socialistas, entregados a Moscú, eran los verdaderos demócratas a quienes había que ayudar para que triunfaran y se proclamara en toda la Península Ibérica una república comunista presidida por Largo Caballero o por Negrín, lo cual también arrastraría a todo Marruecos al comunismo. Había que impedir el triunfo de los nacionales, pues según les hacían creer, éramos fascistas entregados a Hitler y a Mussolini; sin tener en cuenta, en su ceguera, que nosotros luchábamos contra el comunismo con la ayuda de los países fascistas, por ser los únicos que nos facilitaron armamento y ayuda. Pero sin condición alguna, lo que bien se pudo probar luego en nuestra neutralidad en la segunda guerra mundial, a pesar de las muchas dificultades con que tuve que luchar, por ejemplo, las opiniones de algunos que tú bien conoces, muy inclinados a nuestra intervención. Stalin entonces como Kruschev ahora, fueron los verdaderos enemigos de las naciones verdaderamente democráticas. Sin la ayuda que prestaron Francia y sobre todo Rusia a los rojos españoles, nuestra guerra hubiese durado tres meses, evitándose el enorme derramamiento de sangre que hubo en tres años y la consiguiente devastación en España. Pero esto a ellos no les importó nada. Se quiso que fuesen victoriosos y que el comunismo se implantase en España, Portugal y Marruecos. Los Estados Unidos e Inglaterra estuvieron completamente ciegos y aún no les ha caído la venda de los ojos, a pesar de la evidencia tan demostrada. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Por carencia de información o por influencia del ‘cuarto piso’ de los dos departamentos de Estado, se ignoró, o mejor dicho, se quiso ignorar, que nuestro Movimiento Nacional no era antirrepublicano ni falangista, ni siquiera militarista; estalló por estar convencida España y su Ejército de que con el Frente Popular se estaba implantando en la Patria el comunismo con la ayuda de Moscú y el partido comunista francés. La ceguera del servicio de información fue entonces igual a la de ahora con el régimen de Fidel Castro. 

21 de enero de 1965

Comentamos las críticas que la prensa cubana exiliada dirige contra el Generalísimo por las relaciones comerciales que España tiene con la Cuba de Castro, favoreciendo de esta forma al régimen comunista de este dictador. Franco dice:

“Los intereses materiales y morales que tenemos en este país son muy grandes para abandonarlos sin medir las consecuencias y sufrimientos que ello puede causar a nuestros compatriotas. Allí viven muchísimas familias españolas, y otras que sin estar nacionalizadas en nuestra Patria, están compuestas de hijos o descendientes de españoles. Nuestra obligación moral es no desampararlos. Si en Cuba faltan nuestros barcos, las consecuencias las pagarían dichos compatriotas. Esta situación cubana es una realidad que hay que mirar fríamente, sin pensar en forma romántica. Todo el mundo sabe que el gobierno de España es abiertamente anticomunista y que nosotros, si comerciamos con Cuba, no es por favorecer a esta nación, y sí a nuestros compatriotas que allí viven, y que no deseamos que se mueran de hambre. Hay que vivir la realidad y nuestra corrección con Cuba, es una de ellas, aun cuando moleste, y lo lamento mucho, a los cubanos exiliados en Miami, y otros sitios, a quienes deseo que puedan regresar pronto a su Patria.”

15 de febrero de 1965

He vuelto a recibir más protestas de los exiliados cubanos en Miami contra Franco, por mantener relaciones comerciales con Cuba. Me mandan varios periódicos en los que se ataca duramente al Caudillo, y entre otras cosas dicen: Fidel Castro mantiene en Cuba como instructores de espías, guerrilleros y perturbadores de todas clases, a esbirros como Vayo y Líster, que combatieron a la España actual con las armas en la mano, y hoy siguen combatiéndola con la intriga. Recibe a la Pasionaria con los más altos honores y mantiene en Cuba como huésped distinguido al secretario general del Partido Comunista español, Santiago Carrillo, quien comparece en programas de televisión y radio para denostar al régimen español y a Franco. Me dice:

“Los cubanos que están en el exilio no tienen en cuenta que hay muchos españoles que se ven obligados por diferentes razones a permanecer en Cuba;  y que incluso hay una enormidad de compatriotas de los exiliados que necesitan que España les ayude y defienda. Cumplimos con esa obligación moral y hacemos cuanto podemos; sin ese pequeño comercio no podríamos hacer nada. Hoy se nos escucha y estudian nuestras reclamaciones, lo que beneficia a los que no tuvieron la suerte de poder salir de aquel infierno. Las cosas no se pueden mirar tan egoístamente; si tienen importancia los que luchan en el exilio por la independencia de su Patria, a mi juicio la tienen más los que en la Cuba mártir tienen que sufrir la tiranía de un gobierno implacable que no cesa de hostilizarles de diversos modos. No rompiendo con ellos, se nos escucha, y en muchas ocasiones hemos conseguido la salida de españoles y cubanos, lo que no hubiera sido factible con nuestra retirada de aquel país.”

Hitler y sus relaciones con España



Hitler y sus relaciones con España, 5 de julio de 1965

Hoy he dado a leer al Caudillo una copia de un artículo firmado por Georges Roux, publicado por Miroir de l’Histoire (julio de 1965, número 187).

Es un artículo extenso sobre Hitler y sus relaciones con España. Dice Franco:

“El Führer no intervino para nada en la preparación del Alzamiento, y si a los pocos días se decidió a ayudarnos fue por haberlo pedido yo, como tú sabes, como también lo pedí a Mussolini, al ver que Francia y Rusia estaban dispuestas a ayudar a los rojos con una enormidad de material de guerra, tanto del aire como terrestre. Puede que sea verdad lo que dice este artículo de que a Hitler le moviese más la política antifrancesa que el deseo de la victoria del bando nacional. De no ser por la ayuda de los aliados al bando contrario, la guerra no hubiese durado un mes, la hubiésemos ganado nosotros, que teníamos más moral, mejores mandos y representábamos al Ejército español con toda su tradición. En el bando contrario se quedaron los semicomunistas o los que no se atrevieron a decir que estaban con nosotros. Yo pedí ayuda a quien creí que me la podía dar más fácilmente. Lo hubiese hecho a Inglaterra de no saber que esta nación, por una mala información, estaba convencida de que nuestro Movimiento tenía como objetivo defender el fascismo y atacar a la república. Nosotros, como tú bien sabes, nos levantamos en armas contra el gobierno al ver que aquello degeneraba en comunismo y que preparaban un golpe de Estado para el mes de agosto; así lo afirmaban Largo Caballero y demás líderes en la prensa, en proclamas, etc., como puede comprobarse examinando la prensa española de aquellos días y la de los partidos comunistas del mundo entero. Lo que sucedió es que esto no se dijo, se ocultó, y se inventó la leyenda de que nosotros éramos aliados de Hitler y Mussolini, enemigos de los aliados y de la democracia. Y sí lo éramos, pero de la democracia que nada tenía de tal y no hacía otra cosa que permitir que se gobernase sin garantías constitucionales, quemar conventos, destruir el Ejército español, cometer crímenes, actos de bandidaje, etc. Contra aquella anarquía se sublevó el Ejército, pero no lo hubiese hecho si la república hubiera sido un régimen democrático y de convivencia. Los militares nos sublevamos para salvar a la Patria del caos e impedir que a la sombra de tal estado de cosas se implantase la república comunista. Un ejemplo claro de que los republicanos demócratas nada representaban en aquel régimen fue lo sucedido a la escuadra española, que salió de El Ferrol cumpliendo órdenes del gobierno, y a pesar de ello, en la travesía hacia los puertos del Estrecho, fueron asesinados salvajemente por las clases subalternas de la Armada desde el almirante jefe al más modesto oficial. La orden de esta matanza la dio el comité de clases de Marina, situado en Ciudad Lineal; a ninguna de las víctimas se le preguntó si estaba o no con el gobierno. Se les asesinó sólo por el hecho de ser jefes y oficiales de Marina y nada más que por eso.

No creo que nadie se quejara del comportamiento en España de los voluntarios alemanes, se portaron siempre heroicamente y fueron eficaces y correctos. Son de carácter distinto al nuestro, pero nuestras relaciones fueron siempre afectuosas. Conservo un gratísimo recuerdo de todos los generales extranjeros que tan eficaz y heroicamente lucharon en España para salvarnos del comunismo. 

Sobre la entrevista de Hendaya hay mucha exageración en lo que se dice en el artículo que comentamos. El Führer no me pidió en aquella ocasión que entrara en la guerra europea, pues siempre al hablar conmigo hacía alarde de que la guerra ya estaba ganada y que Inglaterra se rendiría al poco tiempo. Deseaba para mantener la paz una estrecha alianza con España antes de que lo hiciera Francia. Me ponderó el brillante papel que la Historia había reservado a nuestra Patria en el nuevo orden que se iba a organizar en Europa. Me negué diplomáticamente a ello, diciéndole que lo que España necesitaba era su reconstrucción, pues habíamos quedado muy quebrantados después de nuestra guerra. Le manifesté además mi absoluta convicción de que Inglaterra no estaba vencida y de que seguiría en lucha, en Francia, en la metrópoli o un sitio cualquiera de su gran imperio. Que no creyera que el pueblo francés estaba a su lado, “pues ahora siente más que nunca antipatía por las potencias del Eje”. En aquellos difíciles momentos, como en todo el tiempo que duró el conflicto mundial, no tuve otro afán que salvar la neutralidad de España. Estaba decidido a ello, costara lo que costase, y me hubiera defendido contra cualquier agresor, fuese Alemania o los aliados. Hubiésemos repetido la gesta de España contra Napoleón. Creo que Hitler se dio cuenta de mi manera de pensar y por ello nos respetó, lo mismo que Inglaterra y Norteamérica.”

Le digo que en el artículo que comentamos se dice que en las “memorias de la secretaria de Hitler” se manifiesta que a éste le causó una profunda desilusión la forma de actuar del Generalísimo; que le pareció ingrata y traidora. Franco dice:

“No creo que Hitler hiciese esas manifestaciones, pues tenía que comprender que por un motivo de gratitud no iba a meter a mi Patria en una guerra que causaría nuestra ruina y que no estaba decidida ni mucho menos. Siempre le agradecí la ayuda que nos prestó; pero nunca me consideré obligado a pagarle con la sangre del pueblo español jugándome la independencia de mi Patria. 

Es verdad que para defender a España de un posible atentado a nuestra neutralidad fortifiqué la región pirenaica, haciendo diferentes líneas de trincheras hormigoneadas y dividiendo la región en cinco sectores estratégicos, como dijo La Vanguardia en un artículo publicado por el general Díaz de Villegas, al que alude el que comentamos del señor Roux. Tú has visto estas fortificaciones, que nos fueron muy útiles en la lucha que tuvimos contra los rojos que creyeron que podían conquistar España al finalizar la guerra europea. Los alemanes en los últimos días de la contienda estaban muy apurados y tenían que recurrir a todos los que creyesen que podían ayudarles. 

También los aliados estuvieron a punto de violar nuestra neutralidad invadiendo las islas Canarias. Ello me tuvo muy preocupado. Afortunadamente desistieron de estos planes. Gracias a Dios conseguí lo que era mi mayor preocupación, tener a España apartada del conflicto. “

Unamuno y Millán Astray

"Millán Astray. Legionario. Luis E. Togores
La Esfera de los Libros.

¡Muera la intelectualidad traidora!

La imperturbable clase universitaria de la ciudad, en cuyo claustro de profesores se encontraban algunos de los nombres más prestigiosos de la intelectualidad española, se veía en la obligación de tomar partido en la Guerra Civil que había comenzado. El Rector de la Universidad, Miguel de Unamuno, se inclinó desde un principio por el bando sublevado, y con él una gran parte de sus profesores, como quedó demostrado al ser la primera persona que salió de su casa, nada más declararse el estado de guerra, el 19 de julio, para ir a sentarse ostensiblemente en una mesa de la terraza del café Novelty y así proclamar la tranquilidad que le inspiraba el nuevo estado de cosas. El 26 se incorporaba al nuevo ayuntamiento salmantino del que era concejal. Pronunció varios discursos y declaraciones a la prensa nacional e internacional a favor de los alzados, en los que demandaba la necesidad de luchar contra lo que se había convertido la II República, pues "hay que salvar la civilización occidental, la civilización cristiana".

En las visitas que los corresponsales extranjeros le hacían en Salamanca se manifestaba abiertamente en contra de la República: "Esta lucha no es una lucha contra una República liberal, es una lucha por la civilización". Estas declaraciones y su toma de postura provocaron su destitución de todos los cargos, incluido el de rector perpetuo por parte del gobierno Azaña, actuación administrativa carente de todo efecto al encontrarse Salamanca en manos de los nacionales.

El 20 de septiembre de 1936 se reúne bajo su dirección el claustro de la Universidad, que redacta un escrito en español y latín para todas las universidades del mundo bajo el título Mensaje de la Universidad de Salamanca a las Universidades y Academias del Mundo, acerca de la Guerra Civil Española, en el que se habla de cómo la civilización cristiana occidental, constructora de Europa, está en peligro de desaparecer a manos de un ideario oriental aniquilador. En esos mismos días, Unamuno preside una comisión depuradora del profesorado de la universidad por la que pasan docenas de expedientes que son solucionados, en algunos casos, de forma nada favorable al interesado.

Su actitud no dejaba de sorprender a muchos, y así declaró al corresponsal de Le Matin: "Yo mismo me admiro de estar de acuerdo con los militares. Antes yo decía: primero un canónigo que un teniente coronel. No lo repetiré. El Ejército es la única cosa fundamental con que puede contar España." En agosto de 1936 declaraba al International News: "Yo no estoy ni a la derecha ni a la izquierda. Yo no he cambiado. Cuando todo pase estoy seguro de que yo, como siempre, me enfrentaré a los vencedores."

A principios de siglo Unamuno es un socialista convencido, admitiendo, en 1918, haber roto con el materialismo marxista, aunque cuando se proclama la República admite, sin ser marxista, ciertas afinidades con el socialismo. En 1923 fue recluido en Fuerteventura por llamar a Primo de Rivera "fantoche real y peliculero tragicómico". Perseguido por la Dictadura, no tendrá reparos en asistir, el 10 de febrero de 1935, a un mitin falangista y luego comer con los organizadores y entrevistarse en su propia casa con el hijo del Dictador, José Antonio Primo de Rivera, mostrando su simpatía por el joven y recién nacido fascismo español, lo que, según algunos, le costó el premio Nobel de literatura, que quedó desierto en 1936.

El 18 de julio se sumó sin ningún tipo de matices al alzamiento como rector de la Universidad de Salamanca, mediante un texto redactado por Ramos Loscertales y corregido por él. Nada más llegar Franco a Salamanca, una de sus primeras audiencias fue recibir con todo afecto a Unamuno en su cuartel general, dada su calidad de máximo representante del mundo cultural salmantino y español.

Las versiones que se encuentran en los múltiples libros que reconstruyen el incidente son aparentemente coincidentes y, sin embargo, analizadas con detalle, muy distintas entre sí. Lo primero que llama la atención sobre las diversas versiones existentes dadas por historiadores radica en que prácticamente en ninguna se especifica su fuente de procedencia, el testimonio comprobado de un testigo presencial sobre la que se sustenta la misma. Así, nos encontramos que sobre algo tan aparentemente sencillo como la colocación de la mesa presidencial, existe abundante disparidad de versiones, alguna tan imaginativa como la de Paul Preston que, en su libro plagado de errores Franco Caudillo de España, sostiene en solitario que "Franco no estaba presente, pero lo representaban Varela y doña Carmen". Está claro que la mesa estaba ocupada por Carmen Polo, Unamuno, Millán Astray, el obispo Pla y Deniel y Pemán. Carmen Polo de Franco llegó tarde y, al parecer, Peman le cedió su sitio en la presidencia, y se sentó en un banco de la primera fila.

El primero que habló fue el catedrático de Historia José María Ramos Loscertales, citando El Criticón de Gracián y afirmando que los vascos eran "corpulentos sin sustancia" y los catalanes "bárbaros" por su habla. En estos momentos parece que Unamuno comienza a escribir a lápiz notas sobre esta intervención. Lo hace en el reverso de la carta sin firmar que le había enviado la mujer de Coco que llevaba dese hacía unos días en el bolsillo de su chaqueta. Mientras Pemán hablaba, siguió tomando notas, por lo que no le prestó la menor atención, como indica Vegas Latapié, gran admirador de Pemán. Las palabras que, al parecer, hicieron saltar y llevarona Unamuno a hacer uso  de la palabra fueron las del catedrático de literatura Francisco Maldonado.

Unamuno toma la palabra. En las notas que ha ido tomando se puede leer:

GUERRA INTERNACIONAL
OCCIDENTAL CRISTIANA; INDEPENDENCIA
VENCER Y CONVENCER
ODIO Y COMPASIÓN. Odio inteligencia que es crítica, y diferenciadora. 
Inquisitiva no inquisidora, que es ex...
LUCHA, UNIDAD, CATALANES Y VASCOS
CÓNCAVO Y CONVEXO
IMPERIALISMO DE LA LENGUA

Llega el momento de intentar saber qué es lo que verdaderamente dijeron cada uno de los protagonistas y valorar el ambiente en que se produjeron las palabras allí pronunciadas. De todos los testimonios existentes dejados por testigos presenciales comprobados, Carmen Polo, Unamuno, Millán Astray, Pemán, etc., el que resulta más fiable a nuestro criterio es el aportado por Eugenio Vegas.

El testimonio de Vegas resulta doblemente fiable: en primer lugar porque está probada su asistencia al acto en un lugar destacado, y, por tanto, próximo a la tribuna en la que ocurrió todo; en segundo, por ser abiertamente contrario a la figura de Millán Astray como encarnación del militarismo autoritario que impediría el regreso de la monarquía a España, encarnada en la figura de Juan de Borbón.

Salcedo, con reservas, sostiene que el discurso de Unamuno fue más o menos el siguiente:

Dije que no quería, porque me conozco; pero se me ha tirado de la lengua y debo hacerlo. Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo he hecho otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra civil. Nací arrullado por una guerra civil y sé lo que digo. Vencer no es convencer y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión; el odio a la inteligencia que es crítica y diferenciadora, inquisitiva, más no de inquisición. Se ha hablado también de los catalanes y los vascos, llamándoles anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñarnos la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis. Ese sí es Imperio el de la lengua española.

Vegas señala cómo en su interior estaba en casi todo de acuerdo con Unamuno, pero en aquel ambiente sus palabras eran explosivas. Asegura, sin la menor duda, Vegas que en la reconstrucción de Salcedo faltan dos partes de la intervención de Unamuno fundamentales. La primera referida a la fiereza y brutalidad de las masas populares en las dos zonas, con la única diferencia de que, en una de ellas, "las mujeres se ensañaban matando, mientras que en la otra acudían sólo a ver matar". La segunda, la cita al poeta y nacionalista filipino Rizal, hablando de su brutal e incivil fusilamiento por los militares en 1896. Sobre lo que acontenció, seguidamente recuerda una vez más Vegas:

Sobre todo, cuando de manera inesperada, en su característico juego de ideas y de palabras, sacó a colación el fusilamiento de Rizal, héroe de la independencia de Filipinas, como ejemplo de la brutalidad agresiva e incivil de los militares. Yo mismo sentí un cierto desasosiego al oír pronunciar con elogio el nombre de quien había luchado ferozmente contra España. Y fue exactamente en ese momento cuando Millán Astray se puso en pie y lanzó un grito, ahogado en parte por la gran ovación con que fue acogido. Pero yo le oí perfectamente decir:

- ¡MUERA LA INTELECTUALIDAD TRAIDORA!

Admito que muchos no pudieran oír la última palabra de la frase por el tumulto que se desencadenó. Entre las imprecaciones, las amenazas y los insultos, llegó a percibirse el ruido característico de algún arma que se montaba. Insisto en que me encontraba muy cerca de Millán Astray; puedo por ello negar, rotundamente, que lanzase después ningún otro grito similar, ni mucho menos el famoso ¡Viva la muerte!, que es el grito de la Legión. ¿Lo lanzó, en medio del alboroto, dirigiéndose a los legionarios de los que siempre se hacía acompañar y que se hallaban también en el paraninfo? No tengo razones para ponerlo en duda. Lo que afirmo es que, después de que lanzó aquel primer grito suyo, como réplica a ciertas palabras de Unamuno, tras unos instantes de angustiosa indecisión, él mismo, en voz muy alta y con tono imperativo, se dirigió al rector, que se mantenía erguido en pie detrás de la mesa, para ordenarle:

- ¡Unamuno, dé el brazo a la señora del jefe del Estado!

Es muy posible que esto salvara la vida del rector. Del brazo de doña Carmen salió del paraninfo, entre insultos y amenazas de muchos de los allí presentes.

El incidente es recordado por el propio Millán Astray en un texto inédito y creo que absolutamente desconocido para los historiadores, depositado en su archivo en los siguientes términos:
Conducta observada por D. Miguel de Unamuno, en su calidad de Rector Honorario de la Universidad de Salamanca, con motivo de la fiesta del día de la Raza de 12 de octubre de 1936.

 
Presenciaron el acto muchas personas que podrán corroborar lo que en este escrito se dice; entre ellas, que yo recuerde, el poeta señor Pemán. Los otros oradores figurarán en los periódicos de Salamanca de aquellos días.

  Las manifestaciones que hago de Don Víctor Ruiz Albéniz, que usa para escribir el pseudónimo de El Tebib Arrumi, están corroboradas por él ciertamente y me manifestó que estaba dispuesto, en cualquier momento y ocasión, a manifestarlo así ante quien hubiera que hacerlo. El relato es el siguiente: 


 Al acto asistió la Exma. Señora esposa del Jefe del Estado. Al entrar en el Paraninfo, el señor Unamuno, que presidía, no salió a recibirla y ella hubo de ir a ocupar un sillón en la Presidencia sin ser el señor Unamuno el que la condujese a su puesto. 

 
 El señor Unamuno, al proceder a la apertura de la sesión, dijo literalmente: "Vengo en representación del Jefe del Gobierno del Estado." Esto era la negación de que el Generalísimo Franco había sido nombrado Jefe del Estado, ya que le llamaba "Jefe del Gobierno del Estado". 

Después de hablar los oradores, tomó él la palabra y entre otras cosas dijo las siguientes (sin que yo pueda precisar el orden en que fueron dichas, pero sí afirmarme rotundamente en las que dijo). Y dijo: 
 

"Que no había antipatria" lo que quería decir que los rojos no eran antipatriotas.  


 Entonó un canto a "Vasconia y a Cataluña", regiones separatistas en aquellos momentos en poder de los rojos.  


 También dijo "que una cosa era vencer y otra convencer". Y yo estimo que con esta insidia quería seguramente decir: que venciendo con las armas no se gana la razón. 

 
 Después nombró con elogio al cabecilla filipino "RIZAL", fusilado en Filipinas en 1896, de lo que se sacó en aquel tiempo gran partido en las campañas de la masonería en contra de España y del Ejército, tomando como víctima al general Polavieja. Esto, creo yo que muy pocos alcanzarían la perversa intención del señor Unamuno al nombrar al cabecilla Rizal en el momento en el que la guerra contra España estaba dirigida por los comunistas ruso-soviéticos-judíos-masónicos. 

 
 Y terminó diciendo: "que tenía que protestar porque las mujeres españolas que estaban en nuestra zona, se recreaban asistiendo a los fusilamientos de los rojos, a pesar de llevar sobre su pecho emblemas religiosos que demostraban sentimientos bien contrarios a aquel recreo." 
 

Cuando yo quise hacer uso de la palabra no me lo concedió. entonces, me dirigí al público diciendo que quería hablar y, naturalmente, por un consentimiento natural, hablé. Pero en atención a las circunstancias, a la presencia de la alta Dama y a otros muchos razonamientos que no son del caso, me limité -a pesar de mi indignación- a decir, simplemente, a los estudiantes: 


 "Estudiantes: Cuando volváis purificados de la guerra y entréis a estudiar en las aulas, tened mucho cuidado con los hombres sutiles y engañosos que con palabras rebuscadas y falsas llevarán el veneno a vuestras almas." 


 No recuerdo exactamente mis palabras, pero el concepto fue éste.

 Al terminar, la Señora del Jefe del Estado, salía sola y entonces me dirigí al señor Unamuno y le dije: "Señor Rector: dé Vd. el brazo a la Señora del Jefe del Estado y acompáñela hasta la puerta a despedirla." Él así lo hizo. Yo fui detrás. Luego supe que los estudiantes jóvenes y principalmente falangistas, si no hubiese sido por haber ido dando el brazo a la Señora del Caudillo e ir yo detrás de ellos, quizás hubiesen tomado alguna medida violenta contra el señor Unamuno. 

 
 Mi amigo el médico y periodista D. Víctor Ruiz Albéniz me manifestó hace tiempo y recientemente me volvió a repetir: Que al terminar el acto que he relatado, salía Unamuno solo por la calle inmediata a la Universidad; que se encontró con Ruiz Albéniz y le dijo: "Acompáñeme VD., Ruiz Albéniz -¿Qué le pasa a Vd. Don Miguel? -Qué va a pasar: que llevaba dos bombas guardadas, las he tirado y han estallado." 


 Y lo dicho es la verdad. 
 

Madrid, doce de enero de mil novecientos cuarenta y dos. 


No podemos olvidar que Millán Astray era un antiguo oficial que había luchado en Filipinas durante la sublevación tagala de 1896-1897 por lo que las alusiones al independentista Rizal, que hoy nos pueden parecer carentes de importancia, se clavaron como un hierro rojo en su corazón, lo que terminó por hacerle estallar. Recordemos que el barco que le llevó a Filipinas era el mismo en que iba preso Rizal camino de Manila para ser sometido a un consejo de guerra, por lo que el tema le resultaba especialmente próximo.

A lo largo de toda su vida Millán Astray estuvo rodeado de intelectuales y artistas, muchos de ellos íntimos amigos suyos, al igual que siempre que había podido se había rodeado de hombres inteligentes y bien preparados, lo que demuestra su admiración y simpatía por la cultura, el arte y la intelectualidad.

Al salir del acto, en la puerta Millán Astray y Unamuno, dos hombres que se parecían en muchas cosas y que formaban parte de un mundo que con ellos había de desaparecer, se despidieron dándose la mano y deseándose buenas noches.

Para el rector y el general el incidente terminó en las puertas de la Universidad pues ambos compartían el mismo sentimiento trágico de la vida. Se ha querido representar en las palabras que ambos pronunciaron aquel 12 de octubre la lucha de la barbarie -el soldado-contra la inteligencia-el profesor universitario-, siendo así Millán Astray representación viva de la imagen tópica del militar bárbaro e inculto, como paradigma de la violencia y la incultura, por lo que muchos autores han sacralizado y siguen sacralizando el incidente. La disputa cobró interés e importancia años después al encarnarse curiosamente en Unamuno a los intelectuales contrarios al Régimen de Franco, atribuyéndole un supuesto antifranquismo cronológicamente imposible y falso, frente a un Millán Astray representante de la triunfante y longeva dictadura franquista. Se le atribuía al fundador de la Legión el papel de ser la encarnación del antihéroe, de la brutalidad, la incultura y el militarismo en sus peores afecciones y, en cierta forma, del fascismo, una ideología con la que compartía muchas cosas pero que indudablemente no seguía, lo que convertía a su figura en blanco perfecto de todo tipo de insultos, denostaciones y falsificaciones por la pseudointelectualidad de izquierdas de los años setenta y ochenta. Imagen conscientemente manipulada que en ciertos ambientes perdura en la actualidad.

A partir de finales de los años sesenta del siglo pasado es cuando se comienza a dar importancia al enfrentamiento de Unamuno con Millán Astray sometiéndole a una lectura e interpretación muy distinta a la realidad de lo acontecido. El incidente carece de verdadera importancia en el remolino de la Guerra Civil, salvo por su simbolismo a posteriori. No podemos olvidar que estamos en las primeras semanas de una guerra que había de durar tres años. Lo ánimos estaban exaltados y resulta incluso sorprendente la escasa represalia que recayó sobre Unamuno pues en aquellos tiempos, en los que ambos bandos hacían una represión política muy dura, sin que de la misma se librasen los intelectuales de uno u otro bando, ya que era una guerra civil intrínsecamente ideológica, nadie quedaba excluido.

El intento de muchos historiadores de rehacer la Historia resulta evidente en este caso, ya que se ha querido utilizar la pluma como arma de combate ideológico de una guerra ya terminada. Las versiones "libres" han sido muchas, en algunos casos bien intencionadas y otras conscientemente manipuladas, dándose en ocasiones como buenas las versiones de personajes que ni siquiera estaban en Salamanca cuando ocurrió todo. Por ejemplo, la versión de Serrano Súñer es una de las más citadas por los historiadores, cuando él mismo reconoce que no llegó a Salamanca hasta mucho tiempo después del incidente , lo que agrava el hecho de que cite literalmente las palabras de Unamuno, cuando ni siquiera estaba presente.

Tte. General Francisco Franco Salgado-Araujo. Mis conversaciones privadas con Franco. 

Después comentamos un artículo de Pemán publicado en el ABC de hoy y titulado "La verdad de aquel día". Se relata el episodio ocurrido en la celebración del día de la Hispanidad, el 12 de octubre de 1936, en la Universidad de Salamanca y cuyo protagonista fue don Miguel de Unamuno. Pemán contesta a un periódico americano, Prensa libre, que da una versión distinta a la realidad, asegurando que el glorioso general Millán Astray dio mueras a la inteligencia. Pemán asegura que el muera fue a los intelectuales, y luego añadió con ademán tranquilo: "Los falsos intelectuales, traidores, señores..." A Franco le ha agradado el artículo de Pemán y ha dicho:

"Se ajusta a la realidad de los hechos. Todo fue una réplica del general a la actitud bastante molesta del señor Unamuno, que no se justificaba en un acto patriótico, en un día tan señalado y en la España nacionalista que luchaba en el campo de batalla con un feroz enemigo y con grandes dificultades para vencerlo. Millán se creyó obligado a reaccionar en la forma que lo hizo a lo que consideró una provocación del ilustre catedrático." (26 de noviembre de 1964)

Eternamente Franco.  Pedro Fernández Barbadillo

Azaña destituyó a Unamuno antes que Franco

Entre los tópicos historiográficos está el de la destitución de Miguel de Unamuno del rectorado de la Universidad de Salamanca por los facciosos a finales de 1936. Es verdad, pero también lo es que el primer Gobierno que le destituyó fue el de José Giral, y lo hizo por el delito de apoyar a los alzados.

Desde joven, a Unamuno sus opiniones le causaron constantes problemas, no sólo con políticos, como los abertzales del PNV, sino también con las autoridades. En 1914, fue destituido de su cátedra; pero el Gobierno al que más combatió fue a la Dictadura de Miguel Primo de Rivera.

En 1936 Unamuno se sintió conmocionado por el comportamiento del Frente Popular y de sus masas. En junio, describió una manifestación de izquierdas en Salamanca contra los magistrados de la Audiencia Provincial y calificó a las mujeres que participaron en ella de "tiorras desgreñadas, desdentadas y desaseadas". El ABC le recordó que él fue "uno de los mayores responsables de la revolución que ahora le asquea".

Un mes más tarde, se produjo la sublevación del 18 de julio, que triunfó en Salamanca, y Unamuno la apoyó desde el primer momento. El 26 de julio participó en el nuevo Ayuntamiento constituido por los sublevados. A los periodistas extranjeros que le visitaban, dada su fama mundial, les decía que la guerra "no era una lucha contra una República liberal, sino por la civilización". También donó 5.000 pesetas, casi el sueldo anual de un catedrático de universidad, a los militares. Sus actos y sus declaraciones preocuparon al Frente Popular, cuyos dirigentes comprendieron que se trataba de un golpe propagandístico brutal para ellos.

De modo que en la Gaceta de Madrid (23-8-1936) se publicó un decreto, firmado por el presidente de la República, Manuel Azaña, y el ministro de Instrucción Pública, Francisco Barnés Salinas, por el que se destituía a Unamuno de todos sus cargos y se le reprochaba su traición, incumpliendo los deberes de "lealtad, a la que estaba obligado", con un régimen que le había reservado "siempre las máximas expresiones de respeto y devoción". También se anulaban su nombramiento como rector vitalicio de la Universidad de Salamanca y la creación en ésta de la cátedra que llevaba su nombre; y se retiraba su nombre al Instituto de Enseñanza Media de Bilbao al que se le había dado en 1934, con protesta entonces del siempre simpático Partido Nacionalista Vasco.

Pocos días después, los concejales del Ayuntamiento de Bilbao, compuesto por concejales republicanos, socialistas y peneuvistas, retiraron el busto de su paisano del salón de plenos y  los honores concedidos, por su "conducta desleal" que le hacía "indigno" de ellos.

A comienzos de octubre, hizo las siguientes declaraciones al periodista francés G. Sadoul:

"Tan pronto como se produjo el movimiento salvador del general Franco, me he unido a él... El Gobierno de Madrid  me destituyó de mi cargo de rector, pero el Gobierno de Burgos me restableció mi función... El salvajismo inaudito de las hordas marxistas sobrepasa toda descripción... bandas de malhechores, de criminales natos, sin ninguna ideología... Es el régimen del terror. España está, literalmente, espantada de sí misma... Si el miserable gobierno de Madrid no ha podido, ni ha querido resistir el empuje de la barbarie marxista, debemos tener la esperanza que el gobierno de Burgos tendrá el valor de oponerse a aquellos que quieren establecer otro régimen de terror... Insisto en el hecho de que el movimiento a cuya cabeza se encuentra el general Franco tiende a salvar la civilización occidental cristiana y a la independencia nacional."

Sin embargo, su "condición paradójica", como la definieron sus contemporáneos, y la violencia que giraba a su alrededor estallaron en el famoso acto del 12 de octubre en el paraninfo de la Universidad, al que acudió en representación de Franco y en el que se enfrentó a parte de los asistentes por un discurso especialmente virulento del general José Millán Astray -la reconstrucción más fiel del incidente la ha hecho Luis Togores en su biografía del fundador de la Legión-.

En los días siguientes, la miseria humana hizo que los mismos que le habían aplaudido le expulsasen de las instituciones en las que tenía un puesto: el Ayuntamiento, la Universidad y el Ateneo. Se trató de civiles, algunos de ellos antiguos votantes de los partidos republicanos, no de militares ni de falangistas. Sus colegas universitarios propusieron al Gobierno la expulsión de Unamuno. El 26 de octubre, le tocó ser destituido de su rectorado, en este caso por el general Francisco Franco.



Conversaciones Privadas con Franco


Tte. General Francisco Franco Salgado-Araujo. Mis conversaciones privadas con Franco. 


Comentamos un informe enviado de los Estados Unidos sobre el programa "Fin de la era de Franco" del pasado 25 de febrero, por el canal 13 de la televisión, narrado por Hugh Thomas y el profesor de Historia del City College, Briley Diffy. Este informe, que recibí de un amigo de Nueva York, también lo conocía Franco, sin duda por conducto de nuestra representación oficial en los Estados Unidos.

"Creo que la mayoría de los que escriben en los Estados Unidos sobre asuntos de España si no son rojos o izquierdistas, son unos despistados. Decir que la ayuda americana, al fortalecer al Ejército español 'solo ayudaría al régimen en la supresión de las libertades dentro de España' es desconocer por completo la realidad española. Los izquierdistas americanos aceptan como artículo de fe todo cuanto les dice la propaganda roja exiliada, que es "la voz de su amo", Moscú. En España nunca hubo las libertades de ahora; cada español hace lo que le parece y piensa lo que le da la gana, teniendo participación en la vida pública a través de las elecciones sindicales, las de concejales, las de la parte electiva de las Cortes, etcétera. La prensa tiene hoy libertad de expresión y a ningún español se le castiga por tener ideas distintas a las del régimen ni por defenderlas con sus amistades. Aquí lo que no se tolera es la violencia, como en ningún país civilizado, y la alteración del orden público, que es lo que hacen siempre los comunistas o agentes de Moscú, o los exiliados españoles. En España durante los años de la república no hubo, como tú sabes, la menor libertad, y las garantías constitucionales permanecieron casi siempre suspendidas. Las afirmaciones del señor Madariaga a Hugh Thomas de que España está sujeta a los deseos de un hombre, es apasionada como todo cuanto dice este señor. Todos los españoles saben que hoy no se gobierna a mi capricho, ni lo tolerarían si ello fuese verdad. Hoy se gobierna España a través de la voluntad popular, representada por los organismos que antes he citado, y cuyos representantes son elegidos libremente. Somos una "democracia orgánica"; esto lo saben nuestros enemigos, pero no quieren darse por enterados. De lo que no se dan cuenta los americanos de izquierdas y muchos de derechas es que si los nacionales fuéramos derrotados o el régimen español derribado, el triunfo sería del comunismo, y la Península Ibérica se convertiría en otro país satélite, como todos los países tras el telón de acero. Esta verdad no quiere verla el mundo izquierdista." 2 de marzo de 1963

"Muchos enemigos de la Iglesia y del régimen, como le sucede a la masonería, quieren interpretar la última encíclica Pacem in terris, de S.S. el Papa Juan XXIII, como favorable a ellos y contraria al régimen español; yo considero que lo hacen con intención persecutoria. No se debe mantener un régimen político contra la voluntad de los gobernados; pero en España el régimen está avalado por la victoria en la guerra contra la república que nos llevaba al comunismo. En esta guerra no luchaban los republicanos de buena fe, lo hacían, como tú has visto, las organizaciones comunistas del mundo entero, con sus brigadas internacionales, mandadas por las primeras figuras del comunismo internacional. Mi referéndum, completamente imparcial, fue ganado por la mayoría del pueblo español y estableció las bases del régimen que hoy está  vigente. En cuantas ocasiones se presentan, el pueblo exterioriza con su aplauso su complacencia y adhesión hacia mi. Es natural que los masones deseen arrimar el ascua a su sardina, y aprovechen todas las ocasiones que se presenten para arremeter contra el régimen que salió de la guerra y que seguirá gobernando a España, sometiéndose a los referéndums o plebiscitos que se consideren necesarios. Ya he dicho muchas veces que los españoles somos demasiados viriles para soportar un gobierno que creemos que está impuesto por la fuerza." 27 de abril de 1963


El Valle de los Caídos - Mis conversaciones privadas con Franco.

Tte. General Francisco Franco Salgado-Araujo

El Valle de los Caídos

Me informan que el almirante Carnegie y demás marinos americanos al visitar el Valle de los Caídos dijeron que era una obra demasiado suntuosa para un país pobre que necesita gastarse el dinero en cosas más necesarias, como la preparación para la guerra, construcción de viviendas, obras de riego, un sinfín de cosas necesarias. Los americanos, que no creo que sean muy religiosos, por lo visto encuentran superflua una obra romántica y espiritual en la que se refleja una gran religiosidad y el deseo de rendir culto a los caídos en la guerra de liberación. (6 diciembre 1954)

Yo respeto lo que hizo el Generalísimo gastando muchos millones en el Valle de los Caídos para conmemorar la Cruzada, pero considero que hubiera sido más positivo y práctico haber hecho una gran fundación para recoger en ella a todos los hijos de las víctimas de la guerra, sin distinción de blancos o rojos; si eran blancos, en premio al sacrificio de sus padres, si eran hijos de rojos para demostrar falta de rencor con los hijos sin culpa de los que a nuestro juicio estaban equivocados. Una fundación que tuviese medios para ser sostenida durante muchos años y así recordar a las generaciones venideras que los que nos alzamos por una España mejor no somos rencorosos ni queremos que el odio y la intransigencia separen siempre a los que somos hijos de la misma Patria y deseamos para ella la mayor grandeza.  (17 junio 1955)

Con ocasión de mi estancia en El Escorial, estuve hace dos días en el Valle de los Caídos, visitando el magnífico monumento creado por Franco para conmemorar la Cruzada y enterrar allí a los caídos de la misma. 

La prensa extranjera se ocupa mucho de esta obra de Franco y dicen que éste desea que guarde sus restos mortales. Aunque seguramente le enterrarán allí, no creo que él lo hiciera pensando en esto, sino para perpetuar la victoria sobre el comunismo; tal vez haya querido limitar a Felipe II, que levantó el monasterio de El Escorial para conmemorar la batalla de San Quintín. 

Según mis noticias las obras se pagaron con el sobrante del importe de la suscripción nacional que se hizo a raíz de la Cruzada y que administra el ministro de la Gobernación, y se terminaron con el beneficio de un sorteo especial de la lotería. El antiguo ministro don Blas Pérez debe estar perfectamente enterado de todo este asunto, la forma de administrar los fondos, comprobantes, etc.

Esta obra está exclusivamente inspirada por Franco hasta en los más mínimos detalles. Él fue quien hizo los diseños de los adornos de los altares, de los relieves del pórtico con escenas de la Pasión, etc., etc.

En España no hay ambiente para ese monumento, pues aunque dure el miedo a otra guerra civil, gran parte de la población tiende a perdonar y a olvidar. No creo que ni los familiares de los blancos ni de los rojos sientan deseos de que sus deudos vayan a la cripta, que si solo es para los blancos establecerá para siempre una eterna desunión entre los españoles. (30 julio 1957)

Hablamos después del Valle de los Caídos y le digo que en algunos sectores había sentado mal que se pudieran enterrar en la cripta lo mismo los que cayeron defendiendo la Cruzada que los rojos, que para eso aquellos están bien donde están. Y que también había oído elogios suyos diciendo que estaba inspirado por la Iglesia Católica. Franco me dice:

“En efecto, es verdad que ha habido alguna insinuación muy correcta sobre el olvido de la procedencia de bandos en los muertos católicos. Me parece bien, pues hubo muchos en el bando rojo que lucharon porque creían cumplir un deber con la república, y otros por haber sido movilizados forzosamente. El monumento no se hizo para seguir dividiendo a los españoles en dos bandos irreconciliables. Se hizo, y esa fue siempre mi intención, como recuerdo de una victoria sobre el comunismo que trataba de dominar a España. Así se justifica mi deseo de que se pueda enterrar a los caídos católicos de los dos bandos.
Nosotros no luchamos contra un régimen republicano, luchamos para frenar la anarquía que reinaba en España y que sin remedio conducía a una dictadura comunista. Con el alzamiento del Ejército y la guerra se cortó el paso al comunismo.”

Franco sobre Lorca

"En efecto, era un gran poeta y se le fusiló en los primeros días en que estalló el Movimiento, cuando Granada estaba casi sitiada y en situación difícil. En esos momentos no se podía ejercer allí ningún control y las autoridades tenían que prever cualquier reacción en contra del Movimiento por elementos izquierdistas. Por esto fusilaron a los más caracterizados, y entre ellos a García Lorca. En la España nacional no había aun un gobierno establecido que pudiera ejercer de hecho el control y mando de toda la nación. Las autoridades estaban ocupadas por la guerra y defendiéndose de los ataques que podían venir del interior. Para juzgar aquel fusilamiento hay que ponerse en la época en que se efectuó y recordar el peligro que corría la guarnición de Granada, atacada e incomunicada del resto de España nacional. Para probar mi imparcialidad, no obstante haber sido muy izquierdista García Lorca autoricé que se editaran sus obras y que se hiciese el reclamo de las mismas."

Conversaciones Privadas con Franco


Tte. General Francisco Franco Salgado-Araujo. Mis conversaciones privadas con Franco. 

"Estoy de acuerdo con el pensamiento de Lequerica, que opina que Don Juan desea pasar una esponja al Movimiento Nacional, al decir que "ha de ser rey de todos los españoles y que a todos se debe por igual"; a todos los vencidos (frases de Lequerica), separatistas vascos, separatistas catalanes, comunistas, anarquistas, socialistas, de la CNT,  republicanos de varios matices y terroristas también, ¿por qué no?, todos son españoles. A todos se les brinda desde arriba y como regalo de gigantesca novedad el restablecimiento de sus antiguas posiciones... Si se llega a eso algún día, los rojos, después de haber sido derrotados en los campos de batalla, harían una campaña de escándalo en la prensa como ellos saben hacerla, luego unas elecciones amañadas y tendríamos el Frente Popular en el poder. República y el comunismo después, y para siempre. El rey también quiso volver a la democracia aconsejado por Berenguer y los palatinos. Las consecuencias ya se sabe cuáles fueron. De no ser por nuestra Guerra de Liberación, España sería comunista, un satélite dominado por Moscú, y los españoles esclavos de Rusia. Parece mentira que lo que hemos visto y sufrido no haya servido de escarmiento a toda persona medianamente culta y sensata. Esto no ocurrirá, pues el día que yo falte, el Consejo del Reino nombrará un regente que resolverá la situación dentro de los postulados del Movimiento Nacional."

Franco, 15 de enero de 1962