Buscar en este blog

Un premio para Ezra Pound, mayo de 1949, Orwell


   Creo que la Fundación Bollingen ha hecho muy bien al conceder el premio a Pound si creía que sus poemas eran los mejores del año, pero también creo que deberíamos tener muy presente la carrera de Pound y no pensar que porque haya ganado un premio literario sus ideas se han vuelto respetables.

   A causa de la aversión general a la propaganda bélica de los aliados, hubo, antes incluso de que concluyera la guerra, una tendencia a afirmar que Pound no era "verdaderamente" fascista y antisemita, que se opuso a la guerra por razones pacifistas y que, en cualquier caso, sus actividades políticas pertenecen solo a los años de la guerra. Hace un tiempo leí en un periódico estadounidense que los programas de Pound en la radio de Roma tuvieron lugar después de que "se alterara su equilibrio mental", y más tarde (creo que en el mismo periódico) leí que el gobierno italiano lo había chantajeado para que participara en dichos programas mediante amenazas a sus parientes. Son puras falsedades. Pound era un ferviente admirador de Mussolini desde los años veinte, y nunca lo ocultó. Colaboró en la revista Mosley, la British Union Quarterly, y aceptó del gobierno de Roma una plaza de profesor antes de que empezara la guerra. Hay que admitir que su entusiasmo era sobre todo por la variante italiana del fascismo. No parecía muy pro nazi ni antirruso, y el verdadero motivo de fondo era su odio a Gran Bretaña, Estados Unidos y "los judíos". Sus programas eran repugnantes. Recuerdo al menos uno en el que aprobaba la matanza de los judíos de Europa oriental y "advertía" a los judíos norteamericanos de que pronto llegaría su hora. Esos programas -que no he llegado a oír, sino que leí en el informe de la BBC- no daban la impresión de ser obra de un loco. Me han contado que Pound fingía un marcado acento estadounidense, sin duda con la intención de seducir a los aislacionistas y avivar los sentimientos antibritánicos. 

   Nada de todo esto es razón para no concederle a Pound el Premio Bollingen. Hay ocasiones en las que algo así podría haber sido indeseable -por ejemplo, cuando estaban gaseando a los judíos en camionetas-, pero no creo que esta sea una de ellas. No obstante, ya que los jueces han adoptado la postura del "arte por el arte", es decir, la de afirmar que la integridad estética y la simple decencia son cosas distintas, preocupémonos al menos de separarlas y no excusemos la carrera política de Pound basándonos en que es un buen escritor. Es posible que lo sea (aunque debo admitir que siempre me ha parecido totalmente espurio), pero las opiniones que han intentado propagar en sus obras son malvadas, y creo que los jueves deberían haberlo dicho con más firmeza al concederle el premio. 



Aquí la voz de Europa, Ezra Pound


Ezra Pound, Aquí la voz de Europa. Alocuciones desde Radio Roma, 1941-1943

- Yo nunca he pleiteado por la simpatía cuando no he sido comprendido.

- Un amigo me dijo que se alegraba de que yo tuviera las ideas políticas que tengo, pero que no conseguía comprender cómo yo, ciudadano de los Estados Unidos de América, podía tenerlas.

- Mi política me parece simple. Mi idea del Estado o del Imperio se parece a la de un erizo o un puerco espín: sólido y bien defendido. No me va la idea de que mi país sea como una sanguijuela, con endebles tentáculos y aquejado de úlcera gástrica y colitis.

- Aquello contra lo cual me hallo presto a combatir es la existencia de hebreos ex europeos que obtengan una paz peor que la de Versalles, con dos docenas de nuevos Dantzigs. En particular, a lo que me opongo es a que los Estados Unidos se hagan conceder pequeñas bases militares en Aberdeen, Singapur, Dakar, en Sudáfrica y en el Océano Índico, que, como otros tantos mocosos, se cuelguen de sus pantalones y conviertan desgraciada y matemáticamente seguro el estallido de otra guerra por los Du Pont, los Vickers... diez o quince años después. Y a este fin trabajan, sórdidamente, noche y día, los Roosevelt, los Morgenthau, los Lehman, por no hablar de los Warburg.

- Cuando antes toda América y toda Inglaterra abran los ojos y vean lo que están perpetrando los Warburg y los Roosevelt, tanto mejor será la próxima generación y para la actual.

- No quiero que mis compatriotas, entre los veinte y los cuarenta años, sean mandados al matadero por favorecer el tráfico de la droga y los otros tráficos ilícitos de los judíos británicos en Singapur y en Shangai. No es éste mi concepto del patriotismo americano.

- Una paz con bases americanas esparcidas por todo el planeta no sería una paz más verdadera que la de Versalles.

- Según lo que puede observarse, Roosevelt se encuentra en manos de los hebreos más aún de lo que lo estuviera Wilson en 1919. Soy contrario a su ingerencia en cualquier cuestión postbélica aún cuando me conste que la toma de posición sea puramente académica.

- Se puede hacer retroceder la fecha del comienzo de esta guerra hasta 1694: aquel 1694 en que se inoculó en el pueblo inglés el virus de la muerte, el invisible, silencioso virus más letal que el de la sífilis, cuando el Banco de Inglaterra empezó a imprimir dinero sobre la nada y a imponer tasas de interés sobre el mismo.

- Examinemos a todos los asesinos que han sido utilizados como chispazo de una guerra y a los que han sido explotados con la intención de provocar una guerra. Pongamos algo húmedo en la mecha. Unamos las dos cosas. Servirse de un pueblo, mandar a un pueblo a la guerra sin preparación significa destrozarlo.

- Francia se ha estrellado contra la imbatible Alemania. Inglaterra se ha echado sin estar preparada y el colmo de la impreparación es debido al éxito del trío Lehman - Frankfurter - Morgenthau. El éxito de conseguir la entrada de América en el conflicto y de berrear, ahora, clamando desastres.

- No soy un pacifista de aquellos que ganan premios. Existen momentos en los cuales una nación debe combatir, aunque no entrevea ninguna posibilidad de éxito, como ha hecho Finlandia contra Rusia cuando se ha visto amenazada de extinción.

- Un cretino, o un deficiente medio hipnotizado que vive en la Casa Blanca, ha amenazado con reducir al hambre al Japón, ha mandado unas notas majaderas, dignas de una colegiala, a Mussolini y a Hitler, ha amenazado con reducir al hambre al mundo, ha dicho un montón de bobadas a las Potencias del Eje y al Japón.

- Todos los que murieron en Dunkerque, murieron por el oro. Todos los que murieron en Dakar, murieron por el oro.

- Si Roosevelt no estuviese por debajo del nivel biológico en el cual el concepto del honor entra en las mentes, por debajo del nivel biológico en el cual los seres humanos conciben la existencia de algo llamado honor, el embustero debiera aparecer sobre la escalinata del Capitolio y hacerse el hara-kiri, expiando así los males que ha hecho recaer sobre el pueblo americano.

   He dicho que debiera suicidarse sobre la escalinata del Capitolio para expiar el mal que ha hecho al pueblo americano. Lo he dicho, lo repito y lo confirmo.

- Imaginemos la cuestión de la destrucción de la lengua, de la falsificación de todas las correspondencias de las bien alimentadas revistas, de la falsificación de las noticias de prensa y también de la guerra al conocimiento histórico.

- Nótese cuando las escuela americana empezó a desafinar, cuando los niños de las escuelas inferiores comenzaron a oír hablar de Lenin, Marx, Trotzky, en vez de Lincoln y Washington.

- La antimoral bolchevique procede del Talmud, que representa la más obscena doctrina de las codificadas por aquella raza.

- El Talmud es el único y exclusivo generador del Bolchevismo y si en los Estados Unidos existen algunos cristianos, harían bien en tomar en cuenta esta advertencia, harían bien en considerar la diferencia entre la parte griega y la parte judía de la Biblia.

- Existió un hombre llamado Pericles. Y existió un hombre llamado Aristóteles; existieron numerosos escritores, como Homero y Platón, los cuales dieron vida al modo de ser europeo; en suma, a la civilización europea; y todo ello logró infiltrarse en la isla que se encuentra a lo largo de la costa noroccidental europea y de allí se trasplantó al continente americano; todo ello tiene un origen mediterráneo.

- Pregunto yo ¿por qué fue crucificado Cristo? Fue crucificado porque trató de combatir contra una mafia.

- En Palestina, antes del año cero de la era cristiana, existían otras sectas místicas. Se dice que muchas de ellas tenían una existencia que superaba los doscientos años.

   No tomo en cuenta las cuestiones místicas y religiosas.

   Pregunto por qué los sacerdotes y los Levitas fueron tan inflexibles en el asunto de la crucifixión.

   Poncio Pilatos no podía resolver la cuestión. No tenía ningún interés en encontrarse con una revuelta en sus manos, y por eso se las lavó.

- Del Talmud proceden los bolcheviques. Del Talmud se deriva la voluntad de destruir a Europa, de arrasar a la Cristiandad, de institucionalizar el ateísmo, y es irónico o trágico el hecho de que los cristianos ingleses y americanos se encuentren doblemente ligados en una colaboración con la cruenta Rusia.

- El fariseo ha salido del campo abierto para conquistar todo el poder. El fariseo es el mal absoluto que eligió domicilio en Londres desde que el gobierno inglés indujo a los indios de América a matar a los pioneros y desencadenó a los mongoles y a los tártaros abiertamente contra Alemania, Polonia y Finlandia y, secretamente, contra todo lo que hay de honrado en América. Contra toda la herencia americana.

   Esta es mi guerra.

   La he hecho durante veinte años; y nadie la ha hecho antes que yo.

- Céline observa, también, que no ha encontrado nunca a un judío, por mísero e insignificante que fuese, que haya hablado nunca mal de Rothschild o de los soviéticos.

- En los Estados Unidos habrán de transcurrir más o menos veinte años para llegar al punto al cual había llegado Céline diez años ha, y llegarán con retraso.

- Yo llego con retraso.

- Céline niega que exista un odio fundamental e irresoluble entre franceses y alemanes. Y a la misma conclusión llegué yo tras haber pasado cuatro años en París. Existe, naturalmente, la voluntad de Roosevelt de reducir al hambre a los franceses de la Francia no ocupada, negándoles la leche en polvo y todo lo que necesitan los niños europeos.

- En 1938 Céline escribía y publicaba que las democracias querían la guerra y que finalmente la tendrían.

- Seguramente las democracias han querido la guerra; es decir los usureros la han iniciado y sus esclavos la continúan.

- Durante sesenta años los hombres han realizado con los conejillos de Indias toda clase de experimentos. Resulta claro que se consigue dar vida a una raza eliminando las diversas infiltraciones extrañas. Una raza se obtiene homogeneizando los cruces interraciales.

- El paso sucesivo, el próximo movimiento mundial, es un paso hacia la producción de individuos racialmente perfectos.

- La idea ha sido lanzada. No conlleva privaciones para nadie. No se le ha ahorrado crítica alguna. Si es buena por lo que se refiere a perros y caballos, debe pensarse que la raza humana merece aún mayores atenciones que las que los aficionados ingleses dedican a los perros de carreras.

- Tal vez llegará un tiempo en que los estudiantes americanos me leerán a mí, o a Céline, o a alguno de estos escritores. Pero no penséis, sólo porque los buitres de línea tardan mucho en llevar las noticias, que en Europa no se escribe nada.

- Un gran escritor es aquel cuyas frases simples y punzantes quedan grabadas en la memoria.

- Debo reconocer que a propósito de Hitler se han dicho más mentiras que a propósito de cualquier otro hombre viviente, exceptuando a Mussolini.

- Por lo que se refiere a Mussolini, sé que se trata de mentiras. He vivido aquí durante diecisiete años, y en diecisiete años me he dado cuenta de que se trataba de mentiras; mentiras y amenazas contra Italia desde el Tratado de Versalles.

- A partir de la época de las Sanciones empecé a considerar a Alemania bajo otro ángulo visual. Hasta entonces había conservado sobre Alemania muchas de las ideas que se remontaban a 1914, salvo la de considerar a Alemania como el defensor de las comunidades europeas. Hasta entonces no me había asomado al palco de la orquesta. Hitler aportaba una mayor justicia, su voz ofrecía, por la radio, un panorama de Europa. Comencé a pensar en ello. Pues sí; tal vez me había retrasado en la lectura del "Mein Kampf".

- En 1942 Hitler dijo que Alemania debería considerar a Italia, a la Italia fascista, como un rayo de luz en un mundo a oscuras, que se está hundiendo. Así como yo la consideraba el único pedazo de tierra sólido. Pues bien, el Führer, Adolf Hitler, hizo algo mientras yo  me limitaba a observar y escuchar. Existen diversos grados de eficiencia.

- Por lo que se refiere al programa de Hitler, se trataba de lo que sabíamos y por lo que ninguno habíamos hecho nada; es decir, que la mejora de la raza humana merece más desvelos y atenciones que la mejora de caballos y los perros y también la mejora de las pécoras, cabras y sementales de mayores dimensiones.

- Este es el primer punto del programa nazi. Mejorar mucho y salvar la raza; la raza perfecta; es decir, obtener jóvenes sanos. Conservar lo mejor de la raza, conservar los mejores elementos. Esto significa lo eugenético en contraposición al suicidio racial y no gusta a las mentes cortas de los hebreos, que quieren destruir a todas las demás razas a las que ellos quieren sustituir y sumergir en la esclavitud de los salarios o en la esclavitud soviética bajo el dominio de los malditos fariseos, nutridos por una pandilla de Churchills, Edens y Staford Cripps.

- Algo ha sucedido en Europa y no sabéis qué ha sucedido. No sabéis que ha pasado. Y cada hora que pasáis para la continuación de esta guerra es una hora perdida para vosotros y para vuestros hijos. Y cualquier acción sensata que hagáis la hacéis en homenaje a Mussolini y a Hitler. Cualquier reforma, cualquier paso hacia el precio justo, hacia el control del mercado, es un acto de homenaje a Mussolini y Hitler. Ellos son vuestros jefes, aún cuando os imaginéis ser guiados por Roosevelt o adoctrinados por Churchill; en realidad seguís a Mussolini y a Hitler en todo acto constructivo de vuestro gobierno.

- En este momento, en este año, Inglaterra me interesa más que América. Intelectualmente Inglaterra está más adelantada que América. Y, más aún, Inglaterra es, todavía, la capital intelectual de América.

- Las prisiones inglesas nunca estuvieron tan llenas, como ahora, de presos políticos, culpables nada más que de sus ideas y de sus convicciones.

- Dos grandes naciones han aprendido algo que vosotros no habéis todavía aprendido y es, precisamente, la responsabilidad del individuo. Forma parte del conjunto. Y forma parte del conjunto en los términos del antiquísimo sentido común con respecto a la propiedad de la tierra.

- No está escrito en ningún lugar del cielo que el hombre que planta algo en la tierra deba ser una presa permanente de los usureros.

- No está escrito en ninguna parte que un sistema que induce a los hombres a volverse hacia la tierra para aumentar la producción agrícola deba ceder el paso a un sistema de usura, de aprovechamiento.

- Todos, incluidos los famosos diputados ingleses, saben que cualquier país sano prefiere el fascismo al comunismo, cuando ha conocido concretamente a ambos.

- El bolchevismo fue creado por millonarios judíos de Nueva York. En realidad combate la propiedad privada de la tierra y del espacio vital individual, lo que equivale a decir la propiedad de la cocina y del dormitorio de cada uno, así como del campo y del almacén.

- Inglaterra y los Estados Unidos debieran estar al lado del Eje en contra del terror rojo y todos los ingleses y los americanos lo saben.

- Arte, economía, patología. Debierais saber algo sobre estas materias. Debierais salir de esta guerra, quedar fuera de ella e impedir la próxima. Debierais cambiar el viejo pestilente sistema. Arte corrompido, patología artística, atraso universitario.

- La salud es más interesante que las enfermedades: la salud es total. La belleza es más interesante que el defecto. Nosotros, la mayor parte de nosotros, hemos sido arrastrados por la nariz, o, en todo caso los intelectuales han sido casi todos descarriados, no porque no tengan cerebro, sino por su parcialidad, en el sentido original del término. Los intelectuales son generalmente un fastidio porque se deslizan por el snobismo y por los matices.

- Los hombres honrados, cuando vean que un dogma o un estilo han sido falseados se convertirán en analíticos. Serán parciales. Los más generosos, fuertes y redundantes. Los mejores sí, los mejores se ocuparán de la salud.

- Pero aquello que en un hombre fuerte es temperamento, llega a ser, en un hombre débil, malestar , falta de equilibrio. Difícil de distinguir, hasta un cierto punto. Y el que sigue la corriente, primero aprende a tolerar la debilidad, luego se acostumbra a ella, y finalmente se abandona a la desolación.

- El mundo era más sabio cuando el culto de lo feo no había atraído la atención de nadie. ¡Oh! sobre todo de la pseudo-belleza de las cajitas de chocolatinas y de otras cosas similares, pues cualquier defección de la regla principal indica decadencia. es una falsa madurez. Es un fruto amargo que se pudre.

- Todos hemos visto cómo se calumniaba y ofendía al culto de la belleza. El esteta es un artista que no quiere sufrir. No quiere afrontar la fatiga necesaria para pintar un buen cuadro o escribir una buena novela o un buen poema. Todo es fragmentario. Nada es total.

- Por lo que sé, nadie más ha tenido el coraje de hacer notar que el Pabellón alemán en la Bienal de Venecia, desde hace cuatro años, era el mejor. Todos los míseros pintamonas de los otros pabellones, que vuelven a copiar a Monet y Renoir con sesenta años de retraso, quedaron asombrados de la solidez del esquema. Era, de hecho, tal vez el único pabellón no arruinado por los melindres. Algunos más, algunos menos.

- Estáis en la más negra oscuridad y en la confusión. Habéis sido llevados, contra vuestra voluntad, a la guerra y no sabéis nada. No sabéis nada de las fuerzas que la han provocado o bien no sabéis casi nada.

- Los europeos, que deben saber algo más que los gañanes de las fábricas americanas, fueron burlados porque eran ignorantes. Se pueden vender quince ediciones de un libro cada cuarenta años sin conseguir penetrar en la mentalidad de una nación.

- Mil años de pensamiento europeo sirvieron para formar lo que hay de mejor en la vida tal como nosotros la concebimos, o como la habíamos concebido antes de los dos últimos estallidos bélicos. Como tales estallidos, eran necesarios para dispersar las nubes, los hedores, las cadenas del monopolio.

- Europa combate por la vida honrada. Los incapaces combaten para impedirla.

- Vosotros debierais organizaros contra este sabotaje mundial: el sabotaje de todo aquello que resulte adecuado a la vida de un ser humano. Y debierais organizaros por un sentido de justicia. Vuestro sentido de la justicia ha sido corroído durante decenios. La corrosión resulta operativa, sobre todo, porque la gente no sabe, y el miedo es el resultado de la ignorancia.

-  El instinto británico ha venido a menos. Muchos ingleses padecen una tal depresión que se hallan prestos a preferir el suicidio. Quiero decir conscientemente, de facto. Y es un hecho que durante un determinado periodo han estado suicidando a su propia raza. Incluso abiertamente. Exaltando a las familias poco numerosas. Exaltando la limitación de nacimientos. Todo esto no conviene a la supervivencia.

- Los hombres combaten por culpa del carácter belicoso y de maldad. Esto puede, también, ser comprensible. Pero no es recomendable.

- Los actuales parlamentarios son de tal modo ignorantes que algunas personas han pensado que podría ser útil impartir una instrucción parlamentaria. Sostengo que los parlamentarios debieran someterse a un examen, por lo menos, en algunas de las materias sobre las cuales se piensa que van a ser llamados a votar.

- Una idea es coloreada por lo que contiene. Tomemos, por ejemplo, la más o menos teutónica idea del materialismo. Marx y Engels se divirtieron jugando con la filosofía de Hegel y desarrollaron lo que se ha dado en llamar materialismo marxista. Esto ha sido apresuradamente introducido en Rusia y, tras veinticinco años, ¿qué tenemos? Tenemos que aquellos esclavos aullantes se han lanzado a una cruzada puramente metafísica, típicamente rusa, locos como en los excesos medievales, absolutamente olvidados de las cuestiones materiales.

- Un materialista marxista, ¿prefiere las condiciones humanas al trabajo y el trabajo a las condiciones inhumanas? ¿Cuentan algo los progresos auténticos de las condiciones de los trabajadores alemanes, en un universo materialista? ¿O el materialista marxista prefiere al ruso trampeado en un estado metafísico, en el que nadie tiene un cuarto verdaderamente suyo?

- Estoy absolutamente a favor de la responsabilidad, de la responsabilidad personal. No logro comprender qué tiene que ver el principio del materialismo o de la metafísica con el fusilamiento de niños de tres años. No logro comprender la invasión de un país por otro.

Apuntes sobre la marcha, George Orwell

Apuntes sobre la marcha, 30 de marzo y 6 de abril de 1940

El otro día, al leer la afirmación del doctor Ley de que "razas inferiores como, por ejemplo, polacos y judíos" no necesitan comer tanto como los alemanes, súbitamente me vino a la memoria la primera imagen que vi al pisar suelo asiático (o, mejor dicho, justo antes).

   El trasatlántico en el que viajaba había atracado en Colombo, y la habitual multitud de culíes subió abordo para ocuparse del equipaje. Los supervisaban algunos policías, entre ellos un sargento blanco. Uno de los culíes se hizo cargo de un portauniforme metálico alargado, e iba llevándolo con tal torpeza que por poco no dio a alguien en la cabeza. Le soltaron un improperio por su negligencia. El sargento de policía se volvió, vio lo que el hombre hacía y le pegó una terrible patada en el trasero que lo mandó trastabillando al otro extremo de la cubierta. Entre los pasajeros, mujeres incluidas, hubo murmullos de aprobación.

   Transfiramos ahora esta escena a la estación de Paddington o al puerto de Liverpool. Sencillamente, no podría ocurrir. Un mozo de equipajes inglés a quien pateasen devolvería el golpe o, al menos, no cabría descartar que lo hiciera. El policía, por su parte, no le patearía por tan poca cosa, y desde luego no ante testigos. Pero, sobre todo, quienes lo presenciasen se indignarían. El millonario más egoísta de Inglaterra, si viera tratar a un compatriota suyo así, a patadas, se sentiría ofendido siquiera un momento. Y, sin embargo, aquellas personas -gente corriente, honrada, de clase media, con rentas de unas quinientas libras anuales- contemplaban la escena sin emoción alguna salvo una leve aprobación. Ellos eran blancos; el culí, negro. Dicho de otra forma: el culí era infrahumano, una clase distinta de animal.

   Si creyera que una victoria en esta guerra fuese a suponer, sencillamente, la inyección de savia nueva para el imperialismo británico, supongo que me alinearía con Rusia y Alemania.

   En la medida en que el socialismo no significa más que propiedad centralizada y planificación de la producción, todos los países industrializados serán "socialistas" dentro de poco.

   Parece evidente que Alemania avanza rápido hacia el socialismo; y, sin embargo, este proceso lleva aparejada una determinación clarísima, diáfana, de hacer de los pueblos sometidos una reserva de mano de obra esclava; algo bastante factible en la medida en que se dé crédito al mito de las "razas inferiores". Si judíos y polacos no son seres humanos, ¿por qué no expoliarlos? Hitler es, simplemente, el espectro de nuestro propio pasado irguiéndose contra nosotros. Es partidario de extender y perpetuar nuestros propios métodos precisamente cuando empiezan a avergonzarnos.

   Los hombres que conquistaron la India para nosotros -aventureros, puritanos de Biblia y espada, hombres capaces de liquidar a tiros a cientos de "nativos" y descubrir la escena en sus memorias con todo realismo y sin mayor escrúpulo que el que uno sentiría al matar un pollo- constituyen simplemente una raza extinguida. Las opiniones de la izquierda en la metrópoli han calado incluso en la percepción del anglo-indio medio. Son ya historia los días -que eran solo anteayer- en que uno enviaba a la cárcel al sirviente díscolo con una nota que rezaba: "Por favor, denle al portador quince latigazos". Hemos perdido, por la razón que sea, la antigua fe en nuestra misión sagrada. Cuando nos llegue la hora de saldar deudas, qué duda cabe que nos resistiremos; pero, a mi juicio, la posibilidad de que al final tengamos que pagar está ahí.

   Una vez empezada la guerra, eso que llaman "neutralidad" es imposible. Toda acción constituye un acto de guerra. Uno se ve forzado, quiera o no, a ayudar, bien a su bando, bien al enemigo. Pacifistas, comunistas, fascistas, etcétera, en este momento están ayudando a Hitler. Y están en todo su derecho, siempre que crean que la causa de Hitler es mejor y estén dispuestos a asumir las consecuencias. Yo, si me alineo con Gran Bretaña y Francia, es porque antes lo haría con los viejos imperialismos -decadentes, como con toda la razón Hitler los llama- que con esos otros recientes, completamente seguros de sí mismos y, por ello, completamente despiadados. No pretendamos, eso sí, -por el amor de Dios-, que vamos a esta guerra con las manos limpias. Si algo nos legitima para defendernos, es precisamente, haber cobrado conciencia de que no tenemos las manos limpias.

   Vivimos una pesadilla precisamente por haber querido establecer un paraíso terrenal. Hemos creído en el "progreso", hemos fiado en el liderazgo humano, hemos dado al César lo que es de Dios. Tal es, a grandes rasgos, la línea argumental.

   El ser humano no es un individuo, es un mera célula en un cuerpo perecedero, y de alguna forma lo sabe. Otra explicación no cabe para el hecho de que alguien acepte morir en combate. Decir que lo hace solo porque lo llevan allí es absurdo.

   En Un mundo feliz, Aldous Huxley caricaturizaba bien la utopía hedonística, prototipo de lo que parecía posible e incluso inminente hasta que entró en escena Hitler, pero eso no tenía que ver con lo que sería el futuro.


Por qué es importante Orwell, Christopher Hitchens


- Jamás quiso que se pensara que había diluido sus opiniones con la esperanza de ver su nombre difundido entre los lectores; esto, por sí mismo, es una pista de por qué Orwell todavía es importante.

- La imagen del escritor que vive en una buhardilla esclavizado por su trabajo, y que considera que su fracaso es una señal de sus elevados principios, resulta excesivamente familiar, y Orwell se burló a fondo de ella en su novela Que no muera la aspidistra.

- Solemos utilizar el término orwelliano de dos modos: describimos una situación como orwelliana cuando queremos dar a entender la existencia de una tiranía aplastante, del miedo y el conformismo; y describimos una obra literaria como orwelliana para reconocer que la resistencia humana a esos terrores es irreprimible. No está nada mal para una vida tan corta.

- Los tres grandes temas del siglo XX fueron el imperialismo, el fascismo y el estalinismo.

- Nosotros, que vivimos bajo el cálido y arrogante resplandor del poscolonialismo y de la pedantería de los estudios poscoloniales, olvidamos a veces nuestra deuda con la pionera insistencia de Orwell.

- Consideraba axiomático que el fascismo significaba la guerra... Pero fue en el frente español donde llegó al conocimiento del comunismo, y entonces comenzó un combate de diez años con los partidarios de esa doctrina, un combate que constituye, para la mayoría de nuestros contemporáneos, su legado moral e intelectual.

- Lo primero que sorprende a cualquier estudioso de la obra y la vida de Orwell es su independencia.

- Se ganó la vida a su manera y jamás tuvo que llamar amo a ningún hombre.

- Tuvo que vencer la desconfianza y el rechazo que le inspiraban los pobres, la repulsión hacia las masas "de color" desperdigadas por todo el imperio, su desconfianza hacia los judíos, su torpeza con las mujeres y su antiintelectualismo.

- Solo uno de sus prejuicios heredados -el del escalofrío generado por la homosexualidad- parece haberse resistido a ese proceso de aprendizaje autodidacta; ahora bien, Orwell solía describir esa "perversión" como una desgracia o malformación causada por condiciones artificiales o crueles; su repugnancia iba dirigida al "pecado" y no al "pecador" -siempre y cuando recordase hacer esa falsa distinción-. (Existen algunos indicios de una temprana experiencia desagradable en las monacales instituciones británicas pudo haber tenido algo que ver con su actitud posterior.)

- A pesar de que a los "moros" se les acusaba de muchas atrocidades y de que en el bando republicano se consideraba particularmente importante no caer prisioneros de ellos, en los escritos de Orwell no hay rastros de ninguna actitud xenófoba o -término de origen posterior- racista hacia los súbditos coloniales de España. (De hecho, Orwell pasó una o dos temporadas en Marruecos, escribiendo una novela, justo antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, y en su diario muestra una gran simpatía hacia los habitantes del país, incluidos los judíos y los bereberes.)

- Su investigación y notas para El camino de Wigan Pier habrían asombrado al mismísimo Friedrich Engels.

- Entre la izquierda política y cultural, la sola mención del nombre de Orwell es suficiente para provocar un escalofrío de repugnancia.

- Hubo un tiempo en el que la derecha y la izquierda de Gran Bretaña discutían sobre la "pertenencia" de Orwell. Por aquel entonces ambos bandos lo querían en sus filas.

- La prueba de la última década de la carrera de Orwell, marcada por el activismo y el compromiso con la democracia y la descolonización, y por la escritura de dos novelas con un permanente tono antitotalitario.

- En el momento de mayor popularidad de Gandhi, Orwell lo criticó por basarse en exceso en la "fuerza del espíritu" y en la no violencia, y por ser demasiado pasivo en su resistencia. Cuando Addis Abeba (capital de la antigua Abisinia, hoy en día Etiopía) se liberó del fascismo italiano, Orwell protestó por el hecho de que la bandera inglesa fuera izada antes que la de Abisinia. Jamás permitió que sus lectores olvidaran que formaban parte de un imperio que explotaba a las colonias, y llegó a escribir que Hitler por más que lo intentara, no conseguiría reducir al pueblo alemán al abyecto estatus de los criados indígenas.

- ¿Qué escritor puede releer su propia producción sin encontrar partes que le abochornan?... puede que una frase como "un humanitario es siempre un hipócrita" contenga una parte de verdad, y de hecho la contiene, pero no fuera de contexto... Tenemos también los famosos estallidos de mal genio contra los excéntricos, los vegetarianos y los homosexuales que desfiguran la prosa de Orwell y que probablemente merecen una crítica.

- Suele decirse, para intentar justificar a los intelectuales de los años treinta, que a estos les resultaba imposible saber cómo era realmente el estalinismo.. También se dice - o suelen decir los apologetas - que, cuando por fin averiguaron la verdad, fueron capaces de reprimir sus dudas por el bien de la causa. Lo sorprendente en el caso de Orwell es que jamás pasó por una fase estalinista, jamás tuvo que ser curado o purgado de una repentina "desilusión". Asimismo, mostraba poca paciencia con aquellos que mencionaban las ilusiones originales como excusas para ingenuidad posterior. Esto - que denota cierta superioridad moral- es sin duda una de las razones del intenso desprecio que Orwell despertaba entonces y despierta todavía.

- A diferencia de innumerables contemporáneos, cuyas deserciones del comunismo darían lugar más tarde a espectaculares confesiones y memorias, Orwell jamás pasó por una fase de rusofilia o de adoración a Stalin. A mediados de 1940 escribió que había aprendido a confiar en su intuición cuando se trataba de ciertas cuestiones:

       Desde 1934 sabía que la guerra entre Inglaterra y Alemania era inminente, y tuve la absoluta certeza de ello a partir de 1936. Podía sentirlo en el estómago, y jamás me engañaron, por un lado, los pacifistas y su cháchara, ni por otro, las personas del Frente Popular que fingían temer que Gran Bretaña se disponía a entrar en guerra contra Rusia. Tampoco me sorprendieron nunca los horrores como los de las purgas rusas, porque siempre había presentido que eso -no exactamente eso, pero algo parecido- estaba implícito en el dominio de los bolcheviques. 

- En España había presenciado las falsas denuncias y el montaje del estalinismo, y había estado muy cerca de ser una de las víctimas, mucho más cerca de lo que jamás llegó a saber.

- Aunque Orwell jamás se consideró un seguidor de León Trotski, basó su figura en Emmanuel Goldstein, el vilipendiado hereje de 1984.

- Orwell registró rápidamente el impacto de Retour de l'URSS, de André Gide, uno de los primeros autores que viajaron a Moscú para escribir alabanzas del régimen y regresaron asqueados.

- Orwell daba por sentado que se había producido una hambruna espantosa en Ucrania en los años treinta, algo que fue negado por muchos periodistas compañeros de viaje que sostenían haber visitado el lugar de los hechos.

- La mayoría de los antifascistas que querían luchar en España se incorporaban a, o eran elegidos para, las Brigadas Internacionales, que operaban bajo la estricta disciplina del Partido Comunista. El hecho de que Orwell se incorporase a un grupo disidente como el del POUM le permitió ver lo que realmente ocurría en Cataluña, la historia de una revolución traicionada.

- Orwell fue testigo presencial del intento de golpe de Estado comunista en Barcelona a principios de mayo de 1937, y unos documentos del Archivo Militar Soviético de Moscú que acaban de hacerse públicos dejan bien claro que en efecto se planeó un putsh a gran escala. Si este hubiera triunfado, se habrían llevado a cabo los preparativos para otro "juicio mediático" al estilo de las farsas de Moscú. En cualquier caso, el gran líder catalán Andreu Nin, fundador del POUM, fue secuestrado, salvajemente torturado y -como no se rindió- asesinado. Tras ello, los portavoces comunistas declararon que Nin se había escapado para unirse a los nazis.

- Orwell jamás lo supo, pero si él y su esposa no hubieran conseguido huir de España mientras la policía les pisaba los talones, es muy posible que los hubieran sentado en el banquillo como protagonistas de dichos juicios farsa.

- Aunque Orwell relata con un tono autocrítico ligeramente absurdo la confiscación de sus papeles y cartas en la habitación del hotel de su esposa, le habría sorprendido averiguar que dichos documentos fueron de hecho escudriñados minuciosamente en Moscú.

- Es cierto que Orwell fue uno de los padres fundadores del anticomunismo; que tenía un fuerte sentido del patriotismo y un instinto muy potente para detectar lo que podríamos llamar la diferencia fundamental entre el bien y el mal; que despreciaba el gobierno y la burocracia y que era un tenaz individualista; que desconfiaba de los intelectuales y académicos y tenía fe en la sabiduría popular; que sostenía una ortodoxia bastante tradicional en las cuestiones sexuales y morales, que despreciaba a los homosexuales y aborrecía el aborto; y que parece haber sido un defensor del derecho de la propiedad privada de las armas. También prefería el campo a la ciudad, y los poemas que rimaban.

- Cuando Nixon y Kissinger visitaron China, país al que en más de una ocasión habían amenazado con un ataque nuclear, y proclamaron que en adelante Washington y Pekín serian aliados contra el Imperio soviético, estábamos ante unas noticias que ya habíamos leído previamente, en las páginas de 1984 que describían los abruptos cambios de lealtad entre Oceanía, Eurasia y Asia Central.

- Orwell hizo más que inventar la expresión "guerra fría". En cierto sentido, fue uno de los primeros "guerreros fríos". Durante toda la década de los cuarenta se produjo una conspiración oficial para guardar silencio sobre el destino de alrededor de diez mil militares polacos, asesinados en los bosques de Katyn mediante disparos en la nuca administrados individualmente por agentes de la policía soviética. Se consideraba poco diplomático mencionar esta masacre, incluso después de que varios informes bien documentados se hubiesen hecho públicos. El ejército invasor alemán, que había puesto el crimen al descubierto, cargó con la culpa (y con la acusación, por parte de los abogados soviéticos , en Nuremberg). Orwell, Arthur Koestler y unos pocos más intentaron ventilar la cuestión durante la guerra y posteriormente, pero se encontraron con la indiferencia oficial y, de hecho, con la complicidad con la mentira soviética en las altas instancias del gobierno. Anthony Poewll captó muy bien la atmósfera moral que rodeó al incidente en su novela Los filósofos militares, una de las tres obras ambientadas en la Segunda Guerra Mundial que formaban parte de Una danza para la música del tiempo. Las autoridades británicas, tanto las laboristas como las conservadoras, se negaron a reconocer la culpabilidad soviética hasta julio de 1988, por temor a "calentar la guerra fría". La Federación Rusa aceptó oficialmente la responsabilidad en 1990.

- Orwell escribió su única introducción a la novela expresamente para edición ucraniana, y se vio desbordado por ofertas para traducirla al letón, al serbio y a otros idiomas. (Indicó  a su agente que no se cobrara nada por esas publicaciones.) Sin embargo, el destino de la edición ucraniana fue finalmente triste. Aunque llegó a cierto número de lectores, la mayoría de los ejemplares fueron secuestrados y confiscados por las autoridades militares estadounidenses en Alemania, quienes luego los entregaron al Ejército Rojo para su destrucción. Como se ve, el Ministerio de Información británico no era el único que consideraba necesario contribuir al cultivo del amour-propre por parte de Stalin.

- Esta Tercera Guerra Mundial, sostenía, ya había comenzado. Lo había hecho en la Navidad de 1944, cuando los soldados británicos habían abierto fuego contra una manifestación comunista en la plaza central de una Atenas recién liberada. Como padrino del anticomunismo, Burnham, poco antes de su muerte en 1987, recibió de manos de Ronald Reagan la Medalla de la Libertad.

   Orwell no sobrevivió para ver el macartismo, y había criticado fuertemente la política británica en Atenas, que veía como la imposición a los griegos de una indeseada monarquía reaccionaria. Sin embargo, desde un primer momento le desagradaron y produjeron desconfianza las ambiciosas teorías de James Burnham, y resulta bastante evidente que extrajo de ellas la sombría  predicción del mundo tripolar y militarizado que aparece en 1984.

- A Orwell también le desagradaba profundamente la propaganda sobrenatural, sobre todo en su versión católica romana, pero le gustaba la arquitectura eclesiástica y en sus escritos demostraba cierto conocimiento del Antiguo y el Nuevo Testamento.

- El autor aborrecía la crueldad hacia las criaturas que no pueden quejarse, pero consideraba que el vegetarianismo era más que ridículo. Los animales le gustaban mucho, pero solía representar a los fanáticos propietarios de mascotas como seres un poco despreciables. Tenía un perro llamado Marx, pero lo hacía trabajar en la granja. Adoraba la pesca, pero cuesta imaginárselo con una pecera en su casa. Amaba el paisaje, pero no quería que -como había ocurrido a lo largo de la historia inglesa- se despoblase el campo para dejar sitio a las ovejas, los faisanes o los ciervos. Y es que los frutos de la "Creación" tienen su lugar, pero ese lugar forma parte de un todo.

- En El camino de Wigan pier incluyó el feminismo en su famosa taxonomía de creencias extravagantes o absurdas, junto a los bebedores de zumos, cuáqueros fugados, los que calzan sandalias y otros personajes excéntricos. Por lo tanto, parece que para Orwell el supuesto equilibrio de poder entre ambos sexos favorecía suficientemente a la mujer.

- Orwell sentía repulsión por el control de la natalidad y el aborto. Cada vez que se veía obligado a tratar alguno de estos dos temas, evitaba un análisis profundo y se escabullía asqueado.

- Cada vez que emprendía el retrato literario de un futuro Estado tutelar de carácter absurdo, incluía, entre la lista de características distópicas, una referencia despreciativa a una clínica abortiva o de control de la natalidad.

- A lo largo de su vida, Orwell jamás dejó de disculparse por sus carencias como escritor de ficción. Y antes de morir, ordenó a sus albaceas que se aseguraran de que al menos dos de sus novelas -La hija del reverendo y Que no muera la aspidistra- no fueran publicadas nuevamente.

- Cerca del final de su vida, le escribió a Anthony Powell para comentarle con desesperación que sentía que había hecho un estropicio con 1984, obra que describía como "un desastre espantoso, una buena idea arruinada".

- Orwell, al igual que otros críticos del imperialismo, era propenso a acusar a las mujeres blancas de tratar mal a los sirvientes, de hacer que los hombres se volviesen todavía más racistas y de introducir, en ambientes coloniales ya demasiado tensos, el miedo histérico a la violación y el saqueo por parte e los nativos. Pero la antipatía de Orwell residía en un nivel más profundo.

- Dijo que con mucho gusto mataría a Hitler, pero que no podía odiarlo, pues le resultaba muy evidente que se trataba de un personaje extremadamente patético. Y a última hora modificó las pruebas de imprenta de Rebelión en la granja para que la historia dijese: "Todos los animales, excepto Napoleón, se echaron sobre sus vientres". El original rezaba "incluido Napoleón", pero los exiliados rusos le habían asegurado que Stalin había permanecido en Moscú durante el ataque alemán, y Orwell quería ser justo con él. Este es el mismo Orwell que en la Guerra Civil española no quiso dispararle a un soldado fascista mientras el hombre salía corriendo de la letrina e intentaba sujetarse los pantalones; el mismo Orwell que, en una época de extrema angustia financiera, sacrificó los enormes ingresos que hubiese obtenido gracias a su inclusión en la lista del Book of the Month Club porque se negó a aceptar pequeños cambios en la novela.

- Él, a través de su compromiso con el lenguaje como compañero de la verdad, nos mostró que las "opiniones" en realidad no cuentan; que lo importante no es lo se piensa, sino cómo se piensa; y que la política tiene una trascendencia relativa, mientras que los principios logran perdurar, al igual que lo hacen los pocos individuos irreductibles que se mantienen fieles a ellos.











George Orwell, el camino a “1984”, Peter Lewis



  • “Si la libertad significa algo, es el derecho a decir a la gente lo que no le gusta oír”. (Orwell)
  • Cuando finalmente alcanzó la fama y el comienzo de la fortuna, estaba ya demasiado enfermo para beneficiarse de ello. Sólo le quedaban fuerzas para escribir Mil novecientos ochenta y cuatro. Su vida fue, no sólo dura y desalentadora, sino una batalla casi continua contra sus pulmones enfermos; una enfermedad que le acompañó toda su vida y que al final le venció. Debe tenerse esto en cuenta cuando se considere el pesimismo de Orwell. 
  • Los que buscan modelos simples en las vidas humanas han sugerido que Orwell fue conducido a dramáticos cambios en el curso de su carrera debido a la “mala conciencia”. Según esa teoría, fue un lavaplatos en París y un vagabundo en Londres, para expiar el pecado de haber sido un policía en Birmania. El privilegiado estudiante de Eton se autocompensó compartiendo la vida de los mineros parados en Wigan. El izquierdista no se afilió durante la guerra civil española a las Brigadas Internacionales, sino a la poco significativa e impopular fracción de los disidentes marxistas del P.O.U.M.

  • Orwell no era meramente reservado, sino obsesivamente reticente, incluso para un inglés de su especie. No hablaba de su vida, y sus amigos sabían que una tentativa de escudriñarla podría costarles su amistad… Nada se sabe de su vida en Birmania, y muy poco de sus esfuerzos para convertirse en escritor. De la súbita muerte de su esposa, casi no habló a nadie. Su vida interior se conoce principalmente a través de sus escritos autobiográficos y aún sólo de los momentos de su vida que él aceptaba que la gente conociera. 
  • Orwell era un gran conocedor de lo desagradable, lo impresentable y lo repugnante. 
  • No ha habido un registro más sensitivo de los malos olores de la vida que la nariz de Orwell. 
  • El coraje de Orwell tenía estilo. 
  • Orwell nunca rompió por completo con las influencias de su educación. Con todas sus críticas contra el Imperio Británico, admitió que siempre le daba una cierta sensación de sacrilegio no quedarse en posición de firmes cuando sonaba el himno nacional. “No se ha encontrado un sucedáneo para el patriotismo y las virtudes militares”, escribió. Fue, tal vez, el único pensador de izquierdas de su generación que admitió esto. 

  • Su hermana Avril dijo a David Astor, después de la muerte de Orwell, que la clase de persona que él admiraba más era “una madre de la clase trabajar con diez hijos”. Pero adoptaba una actitud despreciativa hacia ciertos escritores de los años treinta por “fingir ser proletarios o por engolfarse en públicas orgías de odio hacia sí mismos por no ser proletarios”. Winston Smith creía en los “proles” , de manera no demasiado convencida, como “la única esperanza ante el futuro”. Pero Orwell, incluso cuando vestía como un vagabundo, nunca fingió ser un “prole”. Siempre fue consciente de la distancia existente entre él y la clase que envidiaba. 
  • Amaba a casi todos los animales, excepto a los cerdos. Mientras no tuvo un hijo por quien preocuparse, debió satisfacer sus instintos paternales con los animales. 

  • Su puritanismo no llegaba hasta el sexo, exceptuando una fuerte aversión hacia la homosexualidad. Los héroes de sus novelas disfrutan del sexo tanto como pueden -a pesar de que casi nunca pueden realmente- y lo eleva, en Mil novecientos ochenta y cuatro, a la categoría de símbolo de la rebelión contra el Partido.
  • La mayor debilidad de Orwell como novelista es su incapacidad para describir el amor, e incluso para mencionarlo. Lo menos convincente de Mil novecientos ochenta y cuatro es su ingrediente más ordinario, la historia de amor de Winston y Julia. El “amor” es reducido a deseo sexual, fornicación prohibida y una creencia compartida de que vale la pena correr el riesgo de ser descubiertos, a cambio de tener esa experiencia. Pero hay poco de comprensión y fidelidad entre ellos, y su mutua traiciona, cuando se produce, no parece ser la traición a unos lazos profundos o valiosos, lo que le quita no poca fuerza trágica al clima de la obra. 

  • Las mujeres son un punto misteriosamente obscuro en las obras de Orwell -ninguna de ellas tiene verdadera existencia-, del mismo modo como parecen haber sido un punto obscuro en su vida. Aparte de su equivocada creencia de ser físicamente feo, varias mujeres que le admiraron o le amaron, le encontraron algo esencial a faltar. “Era curiosamente obtuso e insensible”, dijo una. Tras la muerte de su primera esposa, buscó desesperadamente otra y propuso sin éxito matrimonio a más de una candidata, tras cortísimas relaciones. 
  • Una íntima amiga suya se atrevió a decir que “a pesar de que le agradaba su compañía, él nunca se interesó realmente por las mujeres”. Con la excepción, presumiblemente, de sus esposas, el amor de Orwell no parece haber sido tan intenso con las mujeres como lo fue hacia su hijo adoptivo, Richard, que no tenia aún cinco años cuando Orwell murió.
  • Aunque siempre estuvo en la izquierda, nunca fue de izquierdas. 
  • “Entre 1935 y 1939 -escribió- el Partido Comunista ejercía una fascinación casi irresistible sobre cualquier escritor de menos de cuarenta años”. Los que sucumbieron a esa fascinación son hoy ilegibles: Orwell es legible. 
  • Orwell no era un pensador sistemático, pero se fiaba de la intuición y de las reacciones a base de coraje. Sospechaba de los “intelectuales”, no le interesaba la filosofía y sentía muy poco interés por la religión. 
  • ¿Cuáles eran sus objetivos políticos? Según dijo Arthur Koestler eran: “Que nadie debiera ser pobre y que nadie debiera tener el poder de decirle a nadie lo que tenía que hacer, pensar o sentir”. Es el resumen más exacto y preciso que puede hacerse. 
  • Se encontraba en un profundo dilema acerca del socialismo. Para empezar, la libertad exigía el derecho a oponerse al gobierno, pero “cómo podía esto incluir el derecho a desmantelar un sistema socialista, una vez instituido? En segundo lugar, sólo una amplia industrialización podía generar suficiente riqueza para abolir la pobreza y acabar con los privilegios. Pero, en ese proceso, la Inglaterra rural que él recordaba y amaba iba desapareciendo y la decencia común del estilo de vida de la vieja clase trabajadora, que él apreciaba en mucho, iba siendo modificada de tal modo que era imposible reconocerla. El inconveniente del milenio socialista que se podía concebir era, para él, que odiaba su “música”. 
  • Su más importante logro político consistió en ver, y en hacer que el público, en general, viera que no había ninguna necesidad de escoger entre Hitler y Stalin, y no era fácil esto en una época en que los intelectuales, en todas partes, balaban “Stalin bueno, Hitler m-aa-lo”, exactamente como los corderos en La granja de los animales
  • Una de las cosas que Orwell nos legó fue el adjetivo “orwelliano”, comúnmente empleado y difícil de definir. Es una palabra que espanta, generalmente aplicada a una sociedad organizada para exprimir y deshumanizar al individuo. 
  • todos los libros de Orwell empiezan con un golpe fuerte, y éste es un excelente ejemplo de cómo fijar la atención al lector, fascinado por la repulsión desde el primer párrafo. 
  • Era algo típicamente característico de Orwell descubrir si podía tolerar, o resistir, algo. Era algo parecido a demostrar sus virilidad. 
  • Algo que puede llegar a sorprender al lector es cómo Orwell consiguió redactar esa crónica (“Mendigo”) , con tanto detalle, y tan desapasionadamente, a pesar del cansancio, del hambre y de las noches sin sueño por la tos de sus compañeros. La respuesta es, simplemente, que no fue así. El libro no es un reportaje, cronológico y continuo, de incidentes según fueron sucediendo, sino una serie de episodios puestos juntos, de hechos sucedidos a mendigos convertidos en una sola narración. 
  • Lo que sucedió fue que, tras hacer de lavaplatos en París, se fue a casa, escribió el libro, vio su manuscrito rechazado porque era demasiado corto para un libro, y luego se puso a trabajar de nuevo en el mismo obteniendo mas material sobre la mendicidad en Londres. 
  • Vivió como un mendigo sin ninguna razón especial, simplemente porque deseó serlo, y aún ello durante periodos muy limitados. 
  • El nombre que quiso para su epitafio era Eric Blair. No había un “George Orwell” que siguiera entre comillas. 
  • Aprender a odiar es una manera de rehusar el conformismo y Orwell lo aprendió en St. Cyprian. 
  • Ciertamente debió contemplar y tal vez ordenar apaleamientos, e incluso torturas, tal como aparece en los interrogatorios de Días birmanos
  • Birmania cambió para siempre a Orwell, poniéndole al lado del débil en todas partes. Pero esto nunca le cegó como ciega a tantos en la Izquierda, impidiéndoles ver las virtudes, cuando existen, de los opresores o los fuertes. 
  • Le resultó mucho más difícil ser aceptado por la clase trabajadora que por los vagabundos, pues éstos vivían totalmente por debajo de las fronteras clasistas. 
  • “¡Ojalá pudiéramos hacer una pira con las sandalias y las camisas verde-pistacho y mandar a Welwyn Garden (un manicomio) a todos esos vegetarianos, abstemios y lamentables jesusitos, a que practicaran tranquilamente sus ejercicios de yoga!”. (Orwell)
  • Temía que las clases medias, repelidas por tan poco atractivo enjambre, se lanzaran en brazos del fascismo. No parecía pensar que, aparte de él mismo, pudieran existir otros socialistas de clase media, que no fueran unos chiflados.
  • Gracias a la Guerra Civil Española, durante la misma produjo su mejor obra de reportaje, tanto de una guerra como de una revolución. Quien quiera saber qué se experimenta, en la una y en la otra, sólo debe leer Homenaje a Cataluña
  • Orwell descubrió que el Partido Comunista trabajaba, no para aplazar la revolución, sino para asegurarse de que nunca se llevaría a cabo. Tales eran las órdenes de Moscú. La Unión Soviética no tenía intenciones de debilitar su alianza con Francia dando alas a la revolución proletaria junto a la frontera sur de este país. Como Moscú proveía de armamento a los republicanos, sus demandas fueron obedecidas. 

  • Orwell supo por propia experiencia lo que era ser víctima de persecución política. Pudo ver, detrás de la propaganda antifascista, la crueldad del totalitarismo staliniano.
  • Tras romper su preciado carnet de miembro de las milicias del P.O.U.M., se fue a dormir en una iglesia cuyo techo había sido destruido. 
  • Conocía la doble vida del hombre perseguido bajo el totalitarismo. Los estalinistas controlaban Barcelona, pero a Orwell no le hubiera hecho un efecto diferente si hubieran sido Franco y los fascistas. 
  • Debe puntualizarse que Orwell no fue un partidario tan entusiasta del P.O.U.M. como aparece en su libro. No aceptaba la creencia de que podían ganar la guerra simplemente luchando por la revolución. “Siempre les dije que se equivocaban y rehusé adherirme al partido”. 
  • No puede extrañar que Orwell se volviera algo paranoico a causa de lo que él calificó como “censura pro-comunista” en Inglaterra. “Es imposible conseguir que se publique una sola palabra sobre este tema en la prensa inglesa”, escribió en una carta; por “este tema” entendía el encarcelamiento y tortura de sus amigos acusados de trotskystas. El control de la prensa comunistas, escribió en otra carta, se extendía a la totalidad de los periódicos capitalistas antifascistas. 
  • Nunca odió al partido comunista. Simplemente sentía un desprecio mortal hacia él. 
  • De una vez, sus dos enemigos, Hitler y Stalin, se habían alineado en el mismo bando y eso aclaró maravillosamente su mente, expulsando su asqueado pacifismo como la niebla. 
  • Cabe suponer que, en lo referente a la “semana del odio”, Orwell se inspirase en la “campaña del odio” que emprendieron los soviéticos contra los soldados alemanes, cuyo principal inspirador fue el periodista Ilja Ehrenburg.
  • “Vi a un muchachito, tal vez de diez años de edad, conduciendo un enorme carro de caballos a lo largo de un estrecho camino, azotándoles con el látigo cada vez que deseaba girar. Se me ocurrió que, si esos animales se apercibieran de su fuerza, no tendríamos ningún poder sobre ellos, y que los hombres explotan a los animales de una manera muy parecida a cómo los ricos explotan al proletariado” (Orwell, prólogo a la edición ucraniana de La granja de los animales, 1947).
  • “Es un maldito lío en estos momentos, pero la idea es tan buena que no me sería posible abandonarla. Si me sucediera algo, he dado instrucciones a Richard Rees, mi ejecutor literario, para que destruya el manuscrito sin enseñárselo a nadie”. El mundo estuvo, entonces, muy cerca de perder Mil novecientos ochenta y cuatro

Bibliografía de Orwell:



En el vientre de la ballena, George Orwell


- Durante los años del boom, cuando abundaban los dólares y el valor del cambio del franco era muy bajo, invadió París un enjambre de artistas, escritores, estudiantes, diletantes, turistas, libertinos y simples vagos, probablemente como nunca se ha visto en el mundo. En algunos barrios de la ciudad, los presuntos artistas debían de ser más numerosos que la población activa. De hecho, se ha calculado que a finales de los años veinte llegaron a ser hasta treinta mil los pintores que pululaban por París, en su inmensa mayoría impostores. La gente se había acostumbrado tanto a la presencia de los artistas que las lesbianas de voz áspera, con sus pantalones de pana, y los jóvenes vestidos con disfraces griegos o medievales podían pasear a su antojo por la calle sin llamar la atención, y a orillas del Sena, cerca de Notre Dame, era prácticamente imposible pasar debido a la cantidad de caballetes desplegados. era la época de los genios desconocidos. La frase que corría en boca de todos era: "Quand je serai lancé?". Pero, como pronto se vio que nadie iba a ser lanzado al estrellato, el fracaso cayó  sobre todos ellos como una nueva glaciación. La chusma cosmopolita de los artistas desapareció como por ensalmo, y los espaciosos cafés de Montparnasse, que solo diez años antes estaban llenos hasta la bandera incluso de madrugada, repletos de hordas de alborotadores que se las daban de interesantes y entendidos, se han convertido en tumbas lúgubres que ni siquiera visitan los espectros.

- En los Estados Unidos de mediados del siglo XIX, los hombres se sentían libres e iguales, y eran libres e iguales en la medida en que tal cosa es posible fuera de una sociedad puramente comunista.

- Whitman por suerte para sus creencias, quizá, murió demasiado pronto y no llegó a presenciar el deterioro de la vida que se produjo en Estados Unidos con el ascenso de la industria a gran escala y la explotación de la mano de obra barata que suponían los inmigrantes.

- Decir "acepto" en una época como la nuestra es decir que uno acepta los campos de concentración, las porras de caucho, Hitler, Stalin, las bombas, los aviones, la comida en lata, las ametralladoras, los putsches, las purgas, los eslóganes, las cadenas de montaje, las máscaras antigás, los submarinos, los espías, los saboteadores, la censura de la prensa, las cárceles secretas, las aspirinas, las películas de Hollywood y los asesinatos políticos.

- Pero la actitud en general sigue siendo la de "traguémonoslo todo".

- Rusia era Tolstói, Dostoievski y los condes exiliados que conducían un taxi. Italia era las galerías de pintura, las ruinas, las iglesias y los museos, pero no los Camisas Negras. Alemania era el cine, el nudismo, el psicoanálisis, pero no Hitler, del cual prácticamente nadie oyó nada negativo hasta 1931.

- El movimiento comunista en Europa occidental empezó como un movimiento en pro del derrocamiento violento del capitalismo, y degeneró en pocos años hasta ser un instrumento de la política exterior de Rusia. Probablemente fue algo inevitable una vez que el fermento revolucionario que siguió a la Gran Guerra hubo remitido casi por completo. Por lo que alcanzo a saber, la única historia exhaustiva en inglés sobre este asunto es La Internacional Comunista, de Franz Borkenau. Lo que aclaran los hechos que recoge Borkenau, aún más que sus deducciones, es que el comunismo nunca podría haberse desarrollado hasta llegar a convertirse en lo que hoy es si hubiera existido un sentimiento revolucionario real en los países industrializados. En Inglaterra, por ejemplo, es obvio que ese sentimiento no ha existido dede hace muchos años. Las cifras de miembros de todos los partidos extremistas son patéticas, por lo que esa inexistencia se demuestra con toda claridad. Es, por tanto, natural que el movimiento comunista británico esté controlado por personas que mentalmente son sumisas a Rusia y que no tienen más objetivo real que manipular la política exterior de Gran Bretaña en aras de los intereses rusos. Claro está que ese objetivo no se puede reconocer abiertamente, y es este hecho el que le da al Partido Comunista su muy peculiar carácter. El tipo de comunista más militante es, en efecto, un agente que publicita los intereses de Rusia y que se las da de socialista internacional. Se trata de una pose fácil de mantener en ocasiones normales, pero que se vuelve muy difícil en momentos de crisis debido a que la URSS no tiene más escrúpulos en su política exterior que el resto de las grandes potencias. Las alianzas, los cambios de fachada, etcétera, que solo tienen sentido como parte del juego de la política del poder, tienen que ser explicados y justificados en términos del socialismo internacional. Cada vez que Stalin cambia de socios, hay que darle al "marxismo" una nueva forma, así sea a martillazos. esto entraña súbitos y violentos cambios de "línea", purgas, denuncias, la destrucción sistemática de la literatura de partido, etcétera. Cualquier comunista es de hecho susceptible, en cualquier momento, de tener que alterar sus convicciones más fundamentales o bien abandonar el partido. El dogma incuestionable del lunes puede ser la herejía más abyecta el martes. Y así sucesivamente. 

- Ello supuso que el comunista inglés o francés se viera obligado a convertirse en un buen patriota y en un imperialista, esto es, a defender precisamente todo lo que llevaba quince años vituperando.

- En el mundo de 1935 a duras penas era posible mantener una indiferencia política a toda costa. Ahora bien: ¿por qué todos estos jóvenes recurrieron a algo tan ajeno a ellos como era y es el comunismo ruso? ¿Por qué unos escritores iban a dejarse atraer por una forma de socialismo que imposibilita la honradez intelectual? La explicación, en realidad, reside en algo que ya se había dejado sentir antes de la Depresión, antes de Hitler: el desempleo galopante de la clase media.

- El patriotismo, la religión, el imperio, la gloria militar..., todo ello en una sola palabra: Rusia. El padre, el rey, el jefe, el héroe, el salvador... todo ello en una sola palabra: Stalin. El demonio: Hitler. El cielo: Moscú. El infierno: Berlín. Todas las grietas quedaron selladas. Al fin y al cabo, el "comunismo" intelectual inglés es algo que se explica por sí solo. Es el patriotismo de los desarraigados.

- En 1937, toda la intelectualidad estaba mentalmente en guerra. El pensamiento izquierdista había sufrido un proceso reduccionista hasta no ser más que "antifascista", es decir, negativista, un torrente de literatura del odio dirigida contra Alemania y contra los políticos que se suponía que eran afines a Alemania, que no dejaba de aflorar en la prensa. Para mi, lo más aterrador de la guerra de España no fue la violencia que tuve ocasión de presenciar, ni tampoco las pugnas entre partidos tras el frente de batalla, sino la inmediata reaparición en los círculos de izquierdas del ambiente mental que había predominado en la Gran Guerra.

- Las buenas novelas las escriben los que no tienen miedo.

- Sin embargo, hay irresponsabilidades de bastantes tipos. Por norma, los escritores que no desean identificarse con el proceso histórico del momento en que viven, o bien lo ignoran, o bien luchan contra él. Si son capaces de ignorarlo, probablemente son idiotas. Si logran entenderlo bien y desean luchar contra él, es probable que tengan la inteligencia suficiente para comprender que no podrán ganar.







Reflexiones políticas sobre la crisis, Diciembre de 1938. Ensayos, George Orwell


La masa suele ser silenciosa. No firma manifiestos, ni asiste a manifestaciones, ni responde cuestionarios, ni milita en partidos políticos. Y la consecuencia es que resulta fácil confundir a unos cuantos que vociferan consignas con la nación entera. A primera vista, los cincuenta mil miembros del Left Book Club parecen una multitud. Pero ¿qué son cincuenta mil en una población de cincuenta millones? Para tener una idea real del equilibrio de fuerzas, no hay que fijarse en las cinco mil personas que hacen ruido en el Albert Hall, sino en los cinco millones que están fuera sin decir nada, pero que probablemente están sacando conclusiones y van a votar en las próximas elecciones. Esto es, precisamente, lo que la propaganda de organizaciones como el Left Book Club quiere impedir. En lugar de tratar de evaluar el estado de la opinión pública, reiteran  que ellos son la opinión pública, y ellos mismos y los que se encuentran a su alrededor terminan creyéndoselo.

Hasta hoy no sabemos lo que es un bombardeo aéreo a gran escala, y la próxima guerra podría ser bastante desagradable, incluso para los periodistas.

Nuestra civilización produce dos tipos que van al alza, el mafioso y el afeminado. Nunca se cruzan, pero uno necesita del otro. Alguien en Europa oriental liquida a un trotskista, y alguien en Bloomsbury escribe una justificación del asesinato. A causa, precisamente, de la seguridad y de la absoluta comodidad de la vida en Inglaterra, existe el anhelo de un derramamiento de sangre -derramamiento de sangre a distancia-, un anhelo común de nuestra intelectualidad. El señor Auden puede escribir sobre "la aceptación de la culpa por el asesinato necesario" porque nunca ha cometido uno, porque quizá ninguno de sus amigos haya sido asesinado y, posiblemente, porque nunca haya visto el cadáver de un hombre asesinado. La presencia de esta intelectualidad absolutamente irresponsable , que hace diez años adoptó el catolicismo romano, hoy adopta el comunismo y, dentro de unos cuantos años, adoptará una variante inglesa del fascismo, es un rasgo especial de la situación de Inglaterra. Son importantes porque, con su dinero, sus influencias y su oficio literario, son capaces de controlar gran parte de la prensa.

De no ser por algún escándalo imprevisto, o por un problema serio en el Partido Conservador, las probabilidades que tienen los laboristas de ganar las elecciones son más bien escasas. Si se constituye algún tipo de Frente Popular, sus probabilidades serían quizá menores que las que tienen sin alianzas. La esperanza que queda es que, si los laboristas pierden, la derrota los reconducirá a una "línea" más coherente.

Pero el factor tiempo es fundamental. El gobierno nacional se está preparando para la guerra. Sin duda va a fanfarronear, manipular y hacer todo tipo de concesiones para ganar un poco más de tiempo, pero seguirá preparándose para la guerra. Algunos creen que los preparativos bélicos son un farol del gobierno, o también que van dirigidos a la Rusia soviética. Se trata solo de buenos deseos. La verdadera razón es que saben que, cuando Chamberlain entre en guerra con Alemania (en defensa de la democracia, por supuesto), estará haciendo lo que piden sus oponentes y, por tanto, quitándoles el viento de las velas. Parece que la actitud de la clase gobernante inglesa la resume un comentario que le oí hace unos días a un integrante de la guarnición de Gibraltar: "Ya viene. Está claro que Hitler va  a invadir Checoslovaquia. Lo mejor será no intervenir y estar preparados para 1941". De hecho, la diferencia entre belicistas de derecha y los belicistas de izquierdas es puramente estratégica.


Respuesta inédita a "Los escritores toman partido sobre la guerra española", Orwell



Respuesta a un cuestionario para la Left Review enviado por Nancy Cunard.

George Orwell, 3-6 de agosto de 1937:

¿Quiere hacer el favor de dejar de enviarme esta maldita basura? Es la segunda o tercera vez que lo recibo. Yo no soy uno de esos mariquitas modernos suyos, como Auden y Spender, yo estuve seis meses en España, la mayor parte del tiempo combatiendo, tengo un agujero de bala en el cuerpo ahora mismo y no me voy a poner a escribir tonterías sobre la defensa de la democracia o el "pequeño gran" lo que sea. Además, sé lo que está ocurriendo y ha estado ocurriendo en el bando del gobierno desde hace meses; es decir, que están imponiendo el fascismo a los obreros españoles so pretexto de la resistencia al fascismo;  también que desde mayo se ha ido extendiendo un régimen de terror y que todas las cárceles y cualquier lugar que sirva de cárcel están atestadas de prisioneros que no solo han sido encarcelados sin juicio previo, sino que están medio muertos de hambre y reciben golpes e insultos. Me atrevería a decir que usted también está al corriente, aunque bien sabe Dios que cualquiera capaz de escribir todo eso que hay al dorso sería lo bastante estúpido como para creerse cualquier cosa, incluso las noticias sobre la guerra del Daily Worker. Pero lo más probable es que usted -quienquiera que sea la que no deja de enviarme esto- tenga dinero y esté bien informada; así que no cabe duda de que conoce un poco los entresijos de la historia de la guerra y se ha unido deliberadamente a este tinglado por la defensa de la "democracia" (esto es, el capitalismo) con el fin de contribuir a aplastar a la clase obrera española y de este modo defender indirectamente sus sucios dividendos.

     Esto ocupa más de seis líneas, pero si condenso lo que sé y pienso de la guerra española en seis líneas, usted no lo publicaría. No tendría agallas de hacerlo.

     Por cierto, dígale a ese mariquita de Spender amigo suyo que estoy preservando muestras de sus poemas heroicos sobre la guerra y que cuando llegue el momento en que se muera de vergüenza por haberlos escrito, como se mueren de vergüenza ahora los que escribieron propaganda bélica en la Gran Guerra, se lo restregaré con ganas por las  narices.