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Paracuellos: el bulo de la "quinta columna", Pedro Fernández Barbadillo

Desde la mayoría absoluta de José María Aznar, el PSOE, desorientado y sin ideas-fuerza adoptó el proyecto político de la "memoria histórica", elaborado por el PCE. De esta manera, la izquierda se ha echado al monte de la propaganda, y las mentiras no sólo se mantienen, sino que aumentan.

Varios ejemplos de mentiras veteranas son los siguientes: octubre de 1934 fue una reacción popular ante la amenaza de una derecha fascistizada; el coronel Yagüe cometió una matanza de hasta 4.000 personas en Badajoz -¡el 10% de la población de la ciudad!; la Legión Cóndor bombardeó Guernica en un día de mercado; el asesinato del diputado Calvo Sotelo fue uno más entre las docenas de muertos en tiroteos callejeros y el Gobierno no estuvo implicado; el Ejército Nacional tenía mejor armamento que el Popular debido a los suministros italianos y alemanes; etcétera.

Entre las mentiras nuevas están las de que Franco hizo asesinar a Amado Balmes, gobernador militar de Las Palmas; Cataluña fue víctima oprimida por la dictadura franquista; los franquistas robaban niños a los rojos; y el horario oficial español lo impuso Franco por admiración a Hitler.

Por mucho que algunos historiadores e investigadores se opongan a esas mentiras, difundidas por las televisiones, y las desmonten, sus esfuerzos para apagar los fuegos son insuficientes, debido a la indiferencia de la derecha por la batalla cultural y la verdad histórica. La consecuencia es que el discurso del odio crece y crece entre los españoles más jóvenes.

La matanza de un mínimo de 4.500 personas, incluidos 276 menores de edad -datos del principal investigador de la represión de izquierdas en la provincia de Madrid, José Manuel Ezpeleta- ejecutada en noviembre y diciembre de 1936 en Paracuellos del Jarama, Torrejón de Ardoz y Aravaca, es uno de los hechos innegables de la guerra. Como también lo es la responsabilidad del comunista Santiago Carrillo, consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, que daba las órdenes y ocultaba lo que sucedía. Otro hecho es que las sacas y fusilamientos se podían haber detenido, como hizo el anarquista Melchor Rodríguez.

El Gobierno del Frente Popular enloquecía a sus tropas y su población civil con una campaña de terror, en la que sobresalían la supuesta matanza de Badajoz y las violaciones de mujeres realizadas por los soldados marroquíes.

Milicia Popular, periódico del Quinto Regimiento, por boca del comisario de la unidad, el italiano Vittorio Vidali, agente soviético, dio más detalles y añadió lo que les interesaba a los comunistas (Paul Preston, en El holocausto español):

"El general Mola ha tenido la complacencia de indicarnos
el lugar donde se encuentra el enemigo... La 'quinta columna' es un 
conglomerado de todos los elementos que hay emboscados
en Madrid todavía, de gentes que simpatizan con el 
enemigo o que son "neutrales", en contra
de los cuales ha tomado ya nuestro
Gobierno medidas oportunas, que 
han empezado a ponerse
en práctica."

Ya desde poco después del 18 de julio, partidas de milicianos y policías detenían a sospechosos, saqueaban las casas y encarcelaban, o asesinaban, a muchos detenidos. La expresión "quinta columna" fue como la cerilla que cae en el polvorín. Bastaba acusar a alguien de "quintacolumnista" para que fuese encarcelado o linchado, como en la URSS las acusaciones de ser un "kulak" o un "trotskista" eran un billete de primera para el gulag.

Ruiz subraya que "el discurso del PCE en 1936 hacía hincapié en que la eliminación del enemigo era una condición sine qua non para la victoria en la Guerra Civil. Este mensaje fue recalcado una y otra vez aquel mes de noviembre. Mundo Obrero declaraba el día 3 que el partido tenía "la obligación vital de aniquilar" a la 'quinta columna'."

Ésta fue la justificación que emplearon los comunistas, mandados por Carrillo, para trasladar a los presos "facciosos" -de los que muchos no habían tenido ninguna relación con los alzados en julio- a otras cárceles más alejadas del frente. Su destino era una zanja.

Pero, ¿de verdad Mola pronunció tan imprudentes palabras?, ¿por qué él, que conocía el valor de la propaganda y manipulación de masas, ya que había sido director general de Seguridad entre 1930 y 1931, iba a desvelar la existencia de centenares de aliados y dictar así una condena contra ellos?

Ruiz asegura que "la autoría de Mola sigue sin haber sido demostrada". Como la expresión "quinta columna" apareció por primera vez en el comunista Mundo Obrero justo tras la pérdida de Toledo pudo haber sido acuñada por los comunistas "para proporcionar un arma de propaganda eficaz en la lucha contra los espías". Además, en esas semanas había en Madrid "adiestrados periodistas y policías soviéticos": Mijail Koltsov, Ilya Ehrenburg, Lev Lazarevich Nikolsky -jefe del NVVD en España-...

Esa "autoría comunista" explicaría el misterio del supuesto patinazo de Mola. Ruiz aduce que el estudio más completo sobre la "quinta columna" en Madrid, el realizado por Javier Cervera (Madrid en guerra. La ciudad clandestina), "demuestra que no hubo una organización clandestina en contacto con los franquistas hasta finales de 1936".

Además, el 7 de noviembre, con las tropas nacionales en los suburbios de Madrid, Mola ordenó una investigación para saber si había en la ciudad "servicios organizados para atender las primeras necesidades cuando se ocupe Madrid". Si es verdad que conocía esa "quinta columna", ¿para qué iba a dar esa orden?

Mola murió el 3 de junio de 1937 y nunca confirmó si pronunció la expresión tal como se la atribuyó la propaganda comunista, pero a los comunistas les vino como anillo al dedo. Qué casualidad, ¿verdad?

Unamuno y Millán Astray

"Millán Astray. Legionario. Luis E. Togores
La Esfera de los Libros.

¡Muera la intelectualidad traidora!

La imperturbable clase universitaria de la ciudad, en cuyo claustro de profesores se encontraban algunos de los nombres más prestigiosos de la intelectualidad española, se veía en la obligación de tomar partido en la Guerra Civil que había comenzado. El Rector de la Universidad, Miguel de Unamuno, se inclinó desde un principio por el bando sublevado, y con él una gran parte de sus profesores, como quedó demostrado al ser la primera persona que salió de su casa, nada más declararse el estado de guerra, el 19 de julio, para ir a sentarse ostensiblemente en una mesa de la terraza del café Novelty y así proclamar la tranquilidad que le inspiraba el nuevo estado de cosas. El 26 se incorporaba al nuevo ayuntamiento salmantino del que era concejal. Pronunció varios discursos y declaraciones a la prensa nacional e internacional a favor de los alzados, en los que demandaba la necesidad de luchar contra lo que se había convertido la II República, pues "hay que salvar la civilización occidental, la civilización cristiana".

En las visitas que los corresponsales extranjeros le hacían en Salamanca se manifestaba abiertamente en contra de la República: "Esta lucha no es una lucha contra una República liberal, es una lucha por la civilización". Estas declaraciones y su toma de postura provocaron su destitución de todos los cargos, incluido el de rector perpetuo por parte del gobierno Azaña, actuación administrativa carente de todo efecto al encontrarse Salamanca en manos de los nacionales.

El 20 de septiembre de 1936 se reúne bajo su dirección el claustro de la Universidad, que redacta un escrito en español y latín para todas las universidades del mundo bajo el título Mensaje de la Universidad de Salamanca a las Universidades y Academias del Mundo, acerca de la Guerra Civil Española, en el que se habla de cómo la civilización cristiana occidental, constructora de Europa, está en peligro de desaparecer a manos de un ideario oriental aniquilador. En esos mismos días, Unamuno preside una comisión depuradora del profesorado de la universidad por la que pasan docenas de expedientes que son solucionados, en algunos casos, de forma nada favorable al interesado.

Su actitud no dejaba de sorprender a muchos, y así declaró al corresponsal de Le Matin: "Yo mismo me admiro de estar de acuerdo con los militares. Antes yo decía: primero un canónigo que un teniente coronel. No lo repetiré. El Ejército es la única cosa fundamental con que puede contar España." En agosto de 1936 declaraba al International News: "Yo no estoy ni a la derecha ni a la izquierda. Yo no he cambiado. Cuando todo pase estoy seguro de que yo, como siempre, me enfrentaré a los vencedores."

A principios de siglo Unamuno es un socialista convencido, admitiendo, en 1918, haber roto con el materialismo marxista, aunque cuando se proclama la República admite, sin ser marxista, ciertas afinidades con el socialismo. En 1923 fue recluido en Fuerteventura por llamar a Primo de Rivera "fantoche real y peliculero tragicómico". Perseguido por la Dictadura, no tendrá reparos en asistir, el 10 de febrero de 1935, a un mitin falangista y luego comer con los organizadores y entrevistarse en su propia casa con el hijo del Dictador, José Antonio Primo de Rivera, mostrando su simpatía por el joven y recién nacido fascismo español, lo que, según algunos, le costó el premio Nobel de literatura, que quedó desierto en 1936.

El 18 de julio se sumó sin ningún tipo de matices al alzamiento como rector de la Universidad de Salamanca, mediante un texto redactado por Ramos Loscertales y corregido por él. Nada más llegar Franco a Salamanca, una de sus primeras audiencias fue recibir con todo afecto a Unamuno en su cuartel general, dada su calidad de máximo representante del mundo cultural salmantino y español.

Las versiones que se encuentran en los múltiples libros que reconstruyen el incidente son aparentemente coincidentes y, sin embargo, analizadas con detalle, muy distintas entre sí. Lo primero que llama la atención sobre las diversas versiones existentes dadas por historiadores radica en que prácticamente en ninguna se especifica su fuente de procedencia, el testimonio comprobado de un testigo presencial sobre la que se sustenta la misma. Así, nos encontramos que sobre algo tan aparentemente sencillo como la colocación de la mesa presidencial, existe abundante disparidad de versiones, alguna tan imaginativa como la de Paul Preston que, en su libro plagado de errores Franco Caudillo de España, sostiene en solitario que "Franco no estaba presente, pero lo representaban Varela y doña Carmen". Está claro que la mesa estaba ocupada por Carmen Polo, Unamuno, Millán Astray, el obispo Pla y Deniel y Pemán. Carmen Polo de Franco llegó tarde y, al parecer, Peman le cedió su sitio en la presidencia, y se sentó en un banco de la primera fila.

El primero que habló fue el catedrático de Historia José María Ramos Loscertales, citando El Criticón de Gracián y afirmando que los vascos eran "corpulentos sin sustancia" y los catalanes "bárbaros" por su habla. En estos momentos parece que Unamuno comienza a escribir a lápiz notas sobre esta intervención. Lo hace en el reverso de la carta sin firmar que le había enviado la mujer de Coco que llevaba dese hacía unos días en el bolsillo de su chaqueta. Mientras Pemán hablaba, siguió tomando notas, por lo que no le prestó la menor atención, como indica Vegas Latapié, gran admirador de Pemán. Las palabras que, al parecer, hicieron saltar y llevarona Unamuno a hacer uso  de la palabra fueron las del catedrático de literatura Francisco Maldonado.

Unamuno toma la palabra. En las notas que ha ido tomando se puede leer:

GUERRA INTERNACIONAL
OCCIDENTAL CRISTIANA; INDEPENDENCIA
VENCER Y CONVENCER
ODIO Y COMPASIÓN. Odio inteligencia que es crítica, y diferenciadora. 
Inquisitiva no inquisidora, que es ex...
LUCHA, UNIDAD, CATALANES Y VASCOS
CÓNCAVO Y CONVEXO
IMPERIALISMO DE LA LENGUA

Llega el momento de intentar saber qué es lo que verdaderamente dijeron cada uno de los protagonistas y valorar el ambiente en que se produjeron las palabras allí pronunciadas. De todos los testimonios existentes dejados por testigos presenciales comprobados, Carmen Polo, Unamuno, Millán Astray, Pemán, etc., el que resulta más fiable a nuestro criterio es el aportado por Eugenio Vegas.

El testimonio de Vegas resulta doblemente fiable: en primer lugar porque está probada su asistencia al acto en un lugar destacado, y, por tanto, próximo a la tribuna en la que ocurrió todo; en segundo, por ser abiertamente contrario a la figura de Millán Astray como encarnación del militarismo autoritario que impediría el regreso de la monarquía a España, encarnada en la figura de Juan de Borbón.

Salcedo, con reservas, sostiene que el discurso de Unamuno fue más o menos el siguiente:

Dije que no quería, porque me conozco; pero se me ha tirado de la lengua y debo hacerlo. Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo he hecho otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra civil. Nací arrullado por una guerra civil y sé lo que digo. Vencer no es convencer y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión; el odio a la inteligencia que es crítica y diferenciadora, inquisitiva, más no de inquisición. Se ha hablado también de los catalanes y los vascos, llamándoles anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñarnos la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis. Ese sí es Imperio el de la lengua española.

Vegas señala cómo en su interior estaba en casi todo de acuerdo con Unamuno, pero en aquel ambiente sus palabras eran explosivas. Asegura, sin la menor duda, Vegas que en la reconstrucción de Salcedo faltan dos partes de la intervención de Unamuno fundamentales. La primera referida a la fiereza y brutalidad de las masas populares en las dos zonas, con la única diferencia de que, en una de ellas, "las mujeres se ensañaban matando, mientras que en la otra acudían sólo a ver matar". La segunda, la cita al poeta y nacionalista filipino Rizal, hablando de su brutal e incivil fusilamiento por los militares en 1896. Sobre lo que acontenció, seguidamente recuerda una vez más Vegas:

Sobre todo, cuando de manera inesperada, en su característico juego de ideas y de palabras, sacó a colación el fusilamiento de Rizal, héroe de la independencia de Filipinas, como ejemplo de la brutalidad agresiva e incivil de los militares. Yo mismo sentí un cierto desasosiego al oír pronunciar con elogio el nombre de quien había luchado ferozmente contra España. Y fue exactamente en ese momento cuando Millán Astray se puso en pie y lanzó un grito, ahogado en parte por la gran ovación con que fue acogido. Pero yo le oí perfectamente decir:

- ¡MUERA LA INTELECTUALIDAD TRAIDORA!

Admito que muchos no pudieran oír la última palabra de la frase por el tumulto que se desencadenó. Entre las imprecaciones, las amenazas y los insultos, llegó a percibirse el ruido característico de algún arma que se montaba. Insisto en que me encontraba muy cerca de Millán Astray; puedo por ello negar, rotundamente, que lanzase después ningún otro grito similar, ni mucho menos el famoso ¡Viva la muerte!, que es el grito de la Legión. ¿Lo lanzó, en medio del alboroto, dirigiéndose a los legionarios de los que siempre se hacía acompañar y que se hallaban también en el paraninfo? No tengo razones para ponerlo en duda. Lo que afirmo es que, después de que lanzó aquel primer grito suyo, como réplica a ciertas palabras de Unamuno, tras unos instantes de angustiosa indecisión, él mismo, en voz muy alta y con tono imperativo, se dirigió al rector, que se mantenía erguido en pie detrás de la mesa, para ordenarle:

- ¡Unamuno, dé el brazo a la señora del jefe del Estado!

Es muy posible que esto salvara la vida del rector. Del brazo de doña Carmen salió del paraninfo, entre insultos y amenazas de muchos de los allí presentes.

El incidente es recordado por el propio Millán Astray en un texto inédito y creo que absolutamente desconocido para los historiadores, depositado en su archivo en los siguientes términos:
Conducta observada por D. Miguel de Unamuno, en su calidad de Rector Honorario de la Universidad de Salamanca, con motivo de la fiesta del día de la Raza de 12 de octubre de 1936.

 
Presenciaron el acto muchas personas que podrán corroborar lo que en este escrito se dice; entre ellas, que yo recuerde, el poeta señor Pemán. Los otros oradores figurarán en los periódicos de Salamanca de aquellos días.

  Las manifestaciones que hago de Don Víctor Ruiz Albéniz, que usa para escribir el pseudónimo de El Tebib Arrumi, están corroboradas por él ciertamente y me manifestó que estaba dispuesto, en cualquier momento y ocasión, a manifestarlo así ante quien hubiera que hacerlo. El relato es el siguiente: 


 Al acto asistió la Exma. Señora esposa del Jefe del Estado. Al entrar en el Paraninfo, el señor Unamuno, que presidía, no salió a recibirla y ella hubo de ir a ocupar un sillón en la Presidencia sin ser el señor Unamuno el que la condujese a su puesto. 

 
 El señor Unamuno, al proceder a la apertura de la sesión, dijo literalmente: "Vengo en representación del Jefe del Gobierno del Estado." Esto era la negación de que el Generalísimo Franco había sido nombrado Jefe del Estado, ya que le llamaba "Jefe del Gobierno del Estado". 

Después de hablar los oradores, tomó él la palabra y entre otras cosas dijo las siguientes (sin que yo pueda precisar el orden en que fueron dichas, pero sí afirmarme rotundamente en las que dijo). Y dijo: 
 

"Que no había antipatria" lo que quería decir que los rojos no eran antipatriotas.  


 Entonó un canto a "Vasconia y a Cataluña", regiones separatistas en aquellos momentos en poder de los rojos.  


 También dijo "que una cosa era vencer y otra convencer". Y yo estimo que con esta insidia quería seguramente decir: que venciendo con las armas no se gana la razón. 

 
 Después nombró con elogio al cabecilla filipino "RIZAL", fusilado en Filipinas en 1896, de lo que se sacó en aquel tiempo gran partido en las campañas de la masonería en contra de España y del Ejército, tomando como víctima al general Polavieja. Esto, creo yo que muy pocos alcanzarían la perversa intención del señor Unamuno al nombrar al cabecilla Rizal en el momento en el que la guerra contra España estaba dirigida por los comunistas ruso-soviéticos-judíos-masónicos. 

 
 Y terminó diciendo: "que tenía que protestar porque las mujeres españolas que estaban en nuestra zona, se recreaban asistiendo a los fusilamientos de los rojos, a pesar de llevar sobre su pecho emblemas religiosos que demostraban sentimientos bien contrarios a aquel recreo." 
 

Cuando yo quise hacer uso de la palabra no me lo concedió. entonces, me dirigí al público diciendo que quería hablar y, naturalmente, por un consentimiento natural, hablé. Pero en atención a las circunstancias, a la presencia de la alta Dama y a otros muchos razonamientos que no son del caso, me limité -a pesar de mi indignación- a decir, simplemente, a los estudiantes: 


 "Estudiantes: Cuando volváis purificados de la guerra y entréis a estudiar en las aulas, tened mucho cuidado con los hombres sutiles y engañosos que con palabras rebuscadas y falsas llevarán el veneno a vuestras almas." 


 No recuerdo exactamente mis palabras, pero el concepto fue éste.

 Al terminar, la Señora del Jefe del Estado, salía sola y entonces me dirigí al señor Unamuno y le dije: "Señor Rector: dé Vd. el brazo a la Señora del Jefe del Estado y acompáñela hasta la puerta a despedirla." Él así lo hizo. Yo fui detrás. Luego supe que los estudiantes jóvenes y principalmente falangistas, si no hubiese sido por haber ido dando el brazo a la Señora del Caudillo e ir yo detrás de ellos, quizás hubiesen tomado alguna medida violenta contra el señor Unamuno. 

 
 Mi amigo el médico y periodista D. Víctor Ruiz Albéniz me manifestó hace tiempo y recientemente me volvió a repetir: Que al terminar el acto que he relatado, salía Unamuno solo por la calle inmediata a la Universidad; que se encontró con Ruiz Albéniz y le dijo: "Acompáñeme VD., Ruiz Albéniz -¿Qué le pasa a Vd. Don Miguel? -Qué va a pasar: que llevaba dos bombas guardadas, las he tirado y han estallado." 


 Y lo dicho es la verdad. 
 

Madrid, doce de enero de mil novecientos cuarenta y dos. 


No podemos olvidar que Millán Astray era un antiguo oficial que había luchado en Filipinas durante la sublevación tagala de 1896-1897 por lo que las alusiones al independentista Rizal, que hoy nos pueden parecer carentes de importancia, se clavaron como un hierro rojo en su corazón, lo que terminó por hacerle estallar. Recordemos que el barco que le llevó a Filipinas era el mismo en que iba preso Rizal camino de Manila para ser sometido a un consejo de guerra, por lo que el tema le resultaba especialmente próximo.

A lo largo de toda su vida Millán Astray estuvo rodeado de intelectuales y artistas, muchos de ellos íntimos amigos suyos, al igual que siempre que había podido se había rodeado de hombres inteligentes y bien preparados, lo que demuestra su admiración y simpatía por la cultura, el arte y la intelectualidad.

Al salir del acto, en la puerta Millán Astray y Unamuno, dos hombres que se parecían en muchas cosas y que formaban parte de un mundo que con ellos había de desaparecer, se despidieron dándose la mano y deseándose buenas noches.

Para el rector y el general el incidente terminó en las puertas de la Universidad pues ambos compartían el mismo sentimiento trágico de la vida. Se ha querido representar en las palabras que ambos pronunciaron aquel 12 de octubre la lucha de la barbarie -el soldado-contra la inteligencia-el profesor universitario-, siendo así Millán Astray representación viva de la imagen tópica del militar bárbaro e inculto, como paradigma de la violencia y la incultura, por lo que muchos autores han sacralizado y siguen sacralizando el incidente. La disputa cobró interés e importancia años después al encarnarse curiosamente en Unamuno a los intelectuales contrarios al Régimen de Franco, atribuyéndole un supuesto antifranquismo cronológicamente imposible y falso, frente a un Millán Astray representante de la triunfante y longeva dictadura franquista. Se le atribuía al fundador de la Legión el papel de ser la encarnación del antihéroe, de la brutalidad, la incultura y el militarismo en sus peores afecciones y, en cierta forma, del fascismo, una ideología con la que compartía muchas cosas pero que indudablemente no seguía, lo que convertía a su figura en blanco perfecto de todo tipo de insultos, denostaciones y falsificaciones por la pseudointelectualidad de izquierdas de los años setenta y ochenta. Imagen conscientemente manipulada que en ciertos ambientes perdura en la actualidad.

A partir de finales de los años sesenta del siglo pasado es cuando se comienza a dar importancia al enfrentamiento de Unamuno con Millán Astray sometiéndole a una lectura e interpretación muy distinta a la realidad de lo acontecido. El incidente carece de verdadera importancia en el remolino de la Guerra Civil, salvo por su simbolismo a posteriori. No podemos olvidar que estamos en las primeras semanas de una guerra que había de durar tres años. Lo ánimos estaban exaltados y resulta incluso sorprendente la escasa represalia que recayó sobre Unamuno pues en aquellos tiempos, en los que ambos bandos hacían una represión política muy dura, sin que de la misma se librasen los intelectuales de uno u otro bando, ya que era una guerra civil intrínsecamente ideológica, nadie quedaba excluido.

El intento de muchos historiadores de rehacer la Historia resulta evidente en este caso, ya que se ha querido utilizar la pluma como arma de combate ideológico de una guerra ya terminada. Las versiones "libres" han sido muchas, en algunos casos bien intencionadas y otras conscientemente manipuladas, dándose en ocasiones como buenas las versiones de personajes que ni siquiera estaban en Salamanca cuando ocurrió todo. Por ejemplo, la versión de Serrano Súñer es una de las más citadas por los historiadores, cuando él mismo reconoce que no llegó a Salamanca hasta mucho tiempo después del incidente , lo que agrava el hecho de que cite literalmente las palabras de Unamuno, cuando ni siquiera estaba presente.

Tte. General Francisco Franco Salgado-Araujo. Mis conversaciones privadas con Franco. 

Después comentamos un artículo de Pemán publicado en el ABC de hoy y titulado "La verdad de aquel día". Se relata el episodio ocurrido en la celebración del día de la Hispanidad, el 12 de octubre de 1936, en la Universidad de Salamanca y cuyo protagonista fue don Miguel de Unamuno. Pemán contesta a un periódico americano, Prensa libre, que da una versión distinta a la realidad, asegurando que el glorioso general Millán Astray dio mueras a la inteligencia. Pemán asegura que el muera fue a los intelectuales, y luego añadió con ademán tranquilo: "Los falsos intelectuales, traidores, señores..." A Franco le ha agradado el artículo de Pemán y ha dicho:

"Se ajusta a la realidad de los hechos. Todo fue una réplica del general a la actitud bastante molesta del señor Unamuno, que no se justificaba en un acto patriótico, en un día tan señalado y en la España nacionalista que luchaba en el campo de batalla con un feroz enemigo y con grandes dificultades para vencerlo. Millán se creyó obligado a reaccionar en la forma que lo hizo a lo que consideró una provocación del ilustre catedrático." (26 de noviembre de 1964)

Eternamente Franco.  Pedro Fernández Barbadillo

Azaña destituyó a Unamuno antes que Franco

Entre los tópicos historiográficos está el de la destitución de Miguel de Unamuno del rectorado de la Universidad de Salamanca por los facciosos a finales de 1936. Es verdad, pero también lo es que el primer Gobierno que le destituyó fue el de José Giral, y lo hizo por el delito de apoyar a los alzados.

Desde joven, a Unamuno sus opiniones le causaron constantes problemas, no sólo con políticos, como los abertzales del PNV, sino también con las autoridades. En 1914, fue destituido de su cátedra; pero el Gobierno al que más combatió fue a la Dictadura de Miguel Primo de Rivera.

En 1936 Unamuno se sintió conmocionado por el comportamiento del Frente Popular y de sus masas. En junio, describió una manifestación de izquierdas en Salamanca contra los magistrados de la Audiencia Provincial y calificó a las mujeres que participaron en ella de "tiorras desgreñadas, desdentadas y desaseadas". El ABC le recordó que él fue "uno de los mayores responsables de la revolución que ahora le asquea".

Un mes más tarde, se produjo la sublevación del 18 de julio, que triunfó en Salamanca, y Unamuno la apoyó desde el primer momento. El 26 de julio participó en el nuevo Ayuntamiento constituido por los sublevados. A los periodistas extranjeros que le visitaban, dada su fama mundial, les decía que la guerra "no era una lucha contra una República liberal, sino por la civilización". También donó 5.000 pesetas, casi el sueldo anual de un catedrático de universidad, a los militares. Sus actos y sus declaraciones preocuparon al Frente Popular, cuyos dirigentes comprendieron que se trataba de un golpe propagandístico brutal para ellos.

De modo que en la Gaceta de Madrid (23-8-1936) se publicó un decreto, firmado por el presidente de la República, Manuel Azaña, y el ministro de Instrucción Pública, Francisco Barnés Salinas, por el que se destituía a Unamuno de todos sus cargos y se le reprochaba su traición, incumpliendo los deberes de "lealtad, a la que estaba obligado", con un régimen que le había reservado "siempre las máximas expresiones de respeto y devoción". También se anulaban su nombramiento como rector vitalicio de la Universidad de Salamanca y la creación en ésta de la cátedra que llevaba su nombre; y se retiraba su nombre al Instituto de Enseñanza Media de Bilbao al que se le había dado en 1934, con protesta entonces del siempre simpático Partido Nacionalista Vasco.

Pocos días después, los concejales del Ayuntamiento de Bilbao, compuesto por concejales republicanos, socialistas y peneuvistas, retiraron el busto de su paisano del salón de plenos y  los honores concedidos, por su "conducta desleal" que le hacía "indigno" de ellos.

A comienzos de octubre, hizo las siguientes declaraciones al periodista francés G. Sadoul:

"Tan pronto como se produjo el movimiento salvador del general Franco, me he unido a él... El Gobierno de Madrid  me destituyó de mi cargo de rector, pero el Gobierno de Burgos me restableció mi función... El salvajismo inaudito de las hordas marxistas sobrepasa toda descripción... bandas de malhechores, de criminales natos, sin ninguna ideología... Es el régimen del terror. España está, literalmente, espantada de sí misma... Si el miserable gobierno de Madrid no ha podido, ni ha querido resistir el empuje de la barbarie marxista, debemos tener la esperanza que el gobierno de Burgos tendrá el valor de oponerse a aquellos que quieren establecer otro régimen de terror... Insisto en el hecho de que el movimiento a cuya cabeza se encuentra el general Franco tiende a salvar la civilización occidental cristiana y a la independencia nacional."

Sin embargo, su "condición paradójica", como la definieron sus contemporáneos, y la violencia que giraba a su alrededor estallaron en el famoso acto del 12 de octubre en el paraninfo de la Universidad, al que acudió en representación de Franco y en el que se enfrentó a parte de los asistentes por un discurso especialmente virulento del general José Millán Astray -la reconstrucción más fiel del incidente la ha hecho Luis Togores en su biografía del fundador de la Legión-.

En los días siguientes, la miseria humana hizo que los mismos que le habían aplaudido le expulsasen de las instituciones en las que tenía un puesto: el Ayuntamiento, la Universidad y el Ateneo. Se trató de civiles, algunos de ellos antiguos votantes de los partidos republicanos, no de militares ni de falangistas. Sus colegas universitarios propusieron al Gobierno la expulsión de Unamuno. El 26 de octubre, le tocó ser destituido de su rectorado, en este caso por el general Francisco Franco.



Eternamente Franco - Pedro Fernández Barbadillo


Franco, su régimen y los símbolos de este se ha convertido en la medida del Mal. La reductio ad Hitlerum que corta todo debate en las universidades, las tertulias o las redes sociales con el efecto de la guillotina revolucionaria, en España es una reductio ad Francum. Todo lo malo se atribuye a Franco y todo lo relacionado con Franco es malo. 

Ahora son los "muertos de las cunetas" -los de un solo bando, por supuesto, que los otros parece que fueron bien muertos- y los "niños robados"; dentro de poco, se les pasará la cuneta a los descendientes de los que financiaron el alzamiento o hicieron negocios en el franquismo. 

El franquismo incluyó a Federico García Lorca y a Miguel Hernández en sus libros de texto de los que excluyó a Rafael Sánchez Mazas, Agustín de Foxá y Manuel Machado. 

El Parlamento español es el único del mundo en el que no hay un partido que se califique de derecha.

Las cajas de ahorros desaparecieron por culpa de los políticos, que se apoderaron de sus fondos con la misma lujuria que los romanos de las sabinas. Nos decían que ya no iban a ser necesarias ni la caridad, ni la beneficiencia, porque iban a ser sustituidas por la justicia. ¡Menudo engaño!

Los sindicalistas delante de los micrófonos repiten una y otra vez las  muletillas políticamente correctas de "compañeros y compañeras" y "trabajadores y trabajadoras", hasta que, concluida la rueda de prensa y mezclados con los "plumillas", recuperan la gramática.

En el vestíbulo de la embajada de Rusia en Madrid, hay una serie de frescos que resumen la historia del país, una de las más brutales de entre las europeas, y en ellos aparecían tanto el Zar Nicolás como Lenin. Semejante aceptación del pasado es una ejemplo que deberíamos imitar. 

Enterremos a Franco ya. Por sensatez. Por racionalidad. Por la paz.

Una de las consecuencias de la época de las ideologías es que deja de existir vida privada. Todo acto, toda conducta, todo gesto, toda vestimenta, toda palabra, incluso todo pensamiento, se convierten en públicos y políticos, y deben adaptarse al discurso dominante.

En una revolución, como demostraban Rusia y México, no hay neutrales ni adversarios, sino sólo enemigos que merecen la aniquilación. Si el Gobierno, en vez de protegerte, te ataca, sueles saltar.

Francisco Franco, que, como han aconsejado las abuelas españolas de todo tiempo, escarmentadas por la experiencia del sectarismo nacional, no se había metido nunca en política desde que saliera de la Academia de Infantería, se vio forzado a hacerlo debido a la República. Primero, por Azaña y su purga en el Ejército; y luego por el golpe de Estado de la izquierda. Azaña, ministro de la Guerra en el primer bienio, le marcó como enemigo del régimen en sus diarios: entre los generales españoles, Franco era el "único temible". ¿Y qué hizo Franco para justificar ese juicio? Durante cuatro años, nada. Franco no se implicó en las conspiraciones de ciertos círculos de derecha; estuvo ausente del golpe de agosto de 1932, aunque Sanjurjo trató de persuadirle.

La izquierda, organizada en torno al Frente Popular, demostraba que estaba dispuesta a todo para alcanzar un poder que consideraba suyo y, una vez ocupado, hacer imposible su desalojo.

Por medio de la censura de prensa, el Gobierno de Casares prohibió que los periódicos calificasen de "asesinato" la muerte de Calvo-Sotelo y en un comunicado equiparó su asesinato con el del teniente José Castillo, que había sido expulsado del cuerpo por haber participado en la revolución de octubre y era instructor de las milicias socialistas en el uso de armas.

El periódico Claridad publicó el 15 unas declaraciones del socialista Francisco Largo Caballero, que estaba en Londres:

"¿No quieren este Gobierno? Pues que se sustituya por un Gobierno dictatorial de izquierdas. ¿No quieren el estado de alarma? Pues que haya guerra civil a fondo".

Melquiades Álvarez, político liberal, republicano y masón, expresidente del Congreso, era decano del Colegio de Abogados de Madrid desde 1932. Había aceptado ejercer la defensa legal de José Antonio Primo de Rivera y había asistido al entierro de Calvo-Sotelo. La lucha de Álvarez contra la dictadura del general Primo de Rivera, su republicanismo y su edad -había nacido en 1864- no le protegieron de las "hordas marxistas". El nuevo director general de Seguridad, Manuel Muñoz Martínez, de Izquierda Republicana -el partido de Azaña-, ordenó su detención el 4 de agosto. La noche del 21 al 22 de agosto fue asesinado en una de las "sacas" cometidas contra presos de la cárcel Modelo.

El 25 de julio un grupo de milicianos socialistas irrumpió en el Tribunal Supremo y robó el sumario abierto por el asesinato. Las investigaciones judiciales las realizaron los nacionales al concluir la guerra y constan en la Causa General.

El magnicidio de Calvo Sotelo colmó el profundo vaso de la paciencia de las derechas... De esta manera, Franco se preparó para participar en la sublevación. Como ha dicho Pío Moa en una de las frases más acertadas para comprender ese período de nuestra historia del que ahora se prepara una versión oficial impuesta por el Estado para blindar las mentiras, Franco "fue el último en sublevarse contra la República", cuando ya había arremetido contra la Constitución y el régimen una larga lista de políticos civiles -Azaña, Prieto, Largo Caballero, Companys y todos sus correligionarios-, a los que les gustaban más las violencias que el aburrido juego parlamentario.

Para Stanley Payne (El camino al 18 de julio) lo asombroso fue el aguante de la derecha, que, en mi opinión, se explica por su veneración por la legalidad y las instituciones, así como su patológica despreocupación por la "cosa pública", salvo para colocar a sus hijos en la Administración.

"Lo que llama la atención es lo contrario, es decir, la extraordinaria paciencia de las derechas en España, incluida la del propio Franco. En muchos países no se hubiese soportado ni la mitad de lo que se venía soportando desde hacía meses en España. Cualquier persona que dude de esta afirmación, debe primero hacer la comparación con las tres grandes guerras civiles de la época moderna en los países de habla inglesa -en 1640, en 1775 y en 1861- y verá inmediatamente que la situación en España era bastante más atroz."


¿Quién nos "robó" una hora?, Pedro Fernández Barbadillo

¿Le molesta el cambio de hora que se hace dos veces al año? ¿pierde sueño?, ¿siente malestar general e incomodidad? Pues no se preocupe, que tenemos al culpable de sus males: Franco. ¿A que ahora ya se siente mejor?

Como explica Pere Planesas, astrónomo del Observatorio Astronómico Nacional, a partir de la Conferencia Internacional sobre el Meridiano (Washington, 1884), se fue estableciendo una hora mundial y zonas horarias que tomaban como referencia el meridiano de Greenwich, que atraviesa Inglaterra, Francia, España y Argelia. A esa hora se la llama GMT (Greenwich Mean Time), y es la vigente en Canarias, el Reino Unido, Irlanda, Portugal, Marruecos, Senegal...

Un real decreto de 26 de julio de 1900, firmado por la Reina Regente María Cristina de Habsburgo-Lorena, estableció que los servicios de ferrocarriles, correos, telégrafos y líneas de vapores de la Península y Baleares, y todas las oficinas públicas se regirían desde el 1 de enero de 1901 de acuerdo la hora GMT.

El desorden horario se mantuvo en España hasta 1922, en que se estableció una sola hora para el archipiélago canario, donde había horas diferentes entre las islas- meridiano local o reloj de la catedral-, en las Administraciones -nacional, militar y local- y los horarios de los servicios marítimos -tuvieran su origen en la Península o en las islas-. Se fijó que la hora oficial canaria fuera la GMT. El Gobierno español tomó esta medida lógica después de que el Almirantazgo británico le hubiese planteado varias preguntas en 1921 sobre la hora oficial en Canarias.

El adelanto horario en los días con más luz se aplicó en la Primera Guerra Mundial. En España se pasó a GMT+1 por primera vez en 1918, entre el 15 de abril y el 6 de octubre. Recuerda Planesas que el decreto explicó la modificación por la falta de carbón y-atención- "para amonizar el horario con el de los países vecinos".

Durante la guerra civil, ambas zonas adelantaban la hora en verano en fechas distintas, pero cercanas. Por sorpresa, la Gaceta de la República publicó el 28 de abril de 1938 un decreto firmado por el presidente del Gobierno, el socialista Juan Negrín, que ordenaba que el 30 de abril se efectuase otro adelanto de la hora de sesenta minutos. En el texto del decreto explica que el adelanto sobre el horario solar será de 120 minutos (GMT+2), pero sin dar ninguna explicación.

De esta manera, un Gobierno social-comunista fue el primero que trajo a España la hora que usaba Hitler. Con la victoria de los nacionales en marzo de 1939, lo que quedaba de la zona republicana -Levante, Castilla la Nueva y Madrid- recuperó esa hora "robada" por el Gobierno rojo.

Al año siguiente empezó el baile que dura hasta nuestros días. El 25 de febrero de 1940, el primer ministro francés, Édouard Daladier, del partido radical socialista, amparándose en el estado de guerra, decretó el horario de verano, de GMT+1. Unos pocos días después, el Gobierno español siguió al de París, del que tantas cosas le separaban, salvo el reloj.

Desde hace unos años, son constantes los debates sobre los horarios de verano e invierno, el mantenimiento de la Península y Baleares en GMT+1 o su retroceso a GMT, incluso si Canarias debería adoptar GMT+1. El nacionalista Paulino Rivero que defiende la diferencia horaria para que Canarias tenga "constante presencia" en los medios de comunicación. O sea, publicidad gratuita.

Los separatistas, que no descansan -muchos cobran por su labor-, han decidido atacar la zona horaria por el mismo motivo que arremeten contra las corridas de toros: porque es española. Por desgracia, cuentan con el respaldo de miembros del PP y del PSOE, convertidos en los tradicionales "tontos útiles".

Los nacionalistas gallegos quieren que Galicia se adapte a GMT para equipararse con su anhelado Portugal. Y los catalanistas de Baleares y Cataluña quieren que el horario de verano (GMT+2) sea permanente. La Generalidad y otras instituciones catalanas financias la Iniciativa per a la reforma horaria, cuya finalidad es romper otro vínculo nacional español.

De cumplirse los deseos de las diferentes tribus nacionalistas, los españoles podríamos tener tres husos horarios: uno para Galicia y Canarias; otro para Baleares y Cataluña; y el común -el de los pobres- para el resto de la Península, más Ceuta y Melilla. 

El favor del PNV a los "facciosos", Pedro Fernández Barbadillo

Unos días después del alzamiento, las organizaciones territoriales del PNV en Álava y Navarra se adhirieron a los sublevados, mientras que las de Vizcaya y Guipúzcoa reafirmaron su lealtad al Gobierno.

La ofensiva de los nacionales se detuvo a principios de octubre después de haber conquistado Guipúzcoa, salvo Éibar,, y Ondárroa, en Vizcaya. El PNV, partido burgués y clerical, ya no se sentía a gusto con los aliados que había escogido: anarquistas y comunistas. Bilbao fue la única plaza de la España roja donde la Bolsa permaneció abierta, pero en Vizcaya también se asesinaron a sacerdotes y se realizaron matanzas de presos indefensos (4 de enero de 1937)

El 31 de marzo de 1937, el general Emilio Mola rompió las líneas y comenzó un lento avance hacia Bilbao. Al mismo tiempo que Aguirre clamaba por la radio que los vascos resistirían a los invasores, unos delegados de su partido negociaban con el cónsul italiano en San Sebastián, Francesco Cavalletti. Los italianos, cuyo Gobierno había reconocido al de Burgos, presionaban a Franco para que aceptase la rendición condicional del PNV y de sus soldados. El 25 de abril, el caudillo hizo una propuesta formal a los italianos, pero el bombardeo de Guernica dos días después frenó las negociaciones.

Nada se consiguió y el 19 de junio los nacionales entraron sin lucha en la capital de Vizcaya, hicieron unos 10.000 prisioneros y se apoderaron de la industria intacta de la provincia, que el PNV se había negado a inutilizar. Las fábricas vascas produjeron más bombas, balas, fusiles y tanques para los franquistas que para los republicanos.

Una vez expulsados del suelo de la aberri -la patria-, los nacionalistas perdieron las escasas ganas de hacerse matar por la República, la revolución y el antifascismo, por lo que se renovaron las negociaciones con los italianos -entre los principales negociadores estaban Juan Ajuriaguerra y el canónigo Alberto Onaindia, al que el PNV le prohibió durante años dar su versión de lo que vio y supo-. Las deserciones y rendiciones de milicianos vascos -muchos de ellos eran católicos y derechistas que se habían alistado entre los gudaris para evitar caer en los batallones socialistas, comunistas o anarquistas- se producían por cientos.

Para encubrir la rendición y que no se les pudiese acusar de traición, los nacionalistas reclamaron a los italianos que se produjese un ataque y llevaron su vileza hasta el grado de indicar los sectores donde era mejor realizarlo: desde Reinosa y el puerto del Escudo en dirección al norte para cortar la provincia en dos. Entonces las tropas abertzales quedarían copadas y su entrega parecería justificada.

Los abertzales reunidos en Santoña y Laredo no pudieron huir porque se lo impidieron los nacionales y no aparecieron los barcos esperados. Además, otros batallones de obediencia izquierdista a los que llegó el rumor del acuerdo y la vía de huida también desertaron. El número de prisioneros de los que se apoderaron los alzados rondó los 30.000.

A pesar de semejante traición, el PNV siempre ha conseguido que la izquierda se haya olvidado de lo que hizo en Santoña. Algo asombroso en estos tiempos de "memoria histórica". Como suele decir Pío Moa, el PNV es el único partido de derechas capaz de "chulear a la izquierda".

Así describe Jon Juaristi (La tribu atribulada) el final de la guerra para los nacionalistas vascos:

"Yo creo que para el PNV fue una suerte que Franco ganara la guerra. La victoria de la República había sido desastrosa para los nacionalistas. Para empezar, los que se rindieron en Santoña habrían sido fusilados por traidores. Es cierto que los franquistas fusilaron a unos cuantos, pero, si llegan a ganar los otros, no habría quedado un gudari para contarlo. Y eso lo sabía hasta el último penado del Dueso, hasta el último enrolado en los batallones de castigo. Y, de paso, sería interesante conocer cuántos gudaris terminaron la guerra en el bando vencedor, disparando contra los rojos. Yo he localizado un montón."

¿Cuándo pedirá perdón el partido fundado por los hermanos Arana por su traición y el favor que le hizo a Franco? Y puestos ya a purificarse, ¿cuándo pedirá perdón por los 224 asesinados en las cuatro cárceles de Bilbao el 4 de enero de 1937 -más muertos que en el bombardeo de Guernica, o los asesinados en los buques-prisión Altuna Mendi y Cabo Quilates, una vez constituido el Gobierno vasco (7 de octubre de 1936)? Al menos, José Antonio Aguirre, reconoció en 1956 la responsabilidad del Gobierno vasco por la matanza del 4 de enero.

La cripta construida en el cementerio de Derio donde reposan muchos de los muertos el 4 de enero está prácticamente abandonada. En una exposición realizada en Bilbao en 2015 sobre la cárcel de Larrínaga que abarcaba los años 1871 a 1968 no se mencionaba a los 55 presos asesinados ese día. ¿Muertos indefensos sin derecho a memoria porque el bando hoy "malo" les honró hace décadas?

Comparativas sobre el bombardeo de Guernica



  Antony Beevor, La Guerra Civil Española. 

El 23 de abril, Von Richthofen anotó en su diario: “Tiempo muy bueno. La 4ª Brigada ha desplegado, a pesar de las órdenes, dos batallones, no doce. Tienen que ser relevados. La infantería no avanza. ¿Qué se puede hacer? La Legión Cóndor se retira a las 18.00. No se puede dirigir a una infantería incapaz de atacar posiciones débiles”. Al día siguiente volvía a quejarse, exasperado porque los italianos habían bombardeado la ciudad que no era. “Son cargas para el mando que no se pueden imaginar… ¿Conseguiremos destruir Bilbao?” A los italianos les preocupaba que un ataque a los católicos vascos provocara la reacción del Papa, y eran reacios a bombardear la principal ciudad de Euskadi. Son sólo especulaciones, pero es posible que las frustraciones de Von Richthofen tuvieran que ver en la más famosa de todas las operaciones llevadas a cabo por la Legión Cóndor. 


Durante el 25 de abril la mayor parte de las desmoralizadas tropas de Markina emprendieron la retirada hacia Guernica, que estaba a diez kilómetros del frente. Al día siguiente, lunes 26,a las 4,30 de la tarde, la campana mayor de Guernica repicó avisando de un ataque aéreo. Era día de mercado, y aunque se había hecho volver atrás a muchos campesinos a la entrada de la ciudad, otros muchos habían pasado con su ganado. Los refugiados que se hallaban en la ciudad y sus habitantes buscaron amparo en los sótanos que se habían habilitado a toda prisa como refugios después del terrible bombardeo de Durango. Un bombardero solitarios Heinkel 111 de la “escuadrilla experimental” de la Legión Cóndor apareció en el cielo, arrojó su carga en el centro y desapareció. La gente salió entonces de sus refugios con el fin de ayudar a los heridos, pero quince minutos después sobrevolaba la ciudad la escuadrilla al completo, lanzando todo tipo de bombas. La gente corrió de nuevo hacia los reparos en medio del polvo y la humareda preguntándose si los sótanos que les servían de refugio soportarían el tremendo bombardeo. Se inició así una estampida de gentes que decidieron salir de la ciudad para encontrar amparo en el campo, pero entonces aparecieron los cazas Heinkel 51, que ametrallaron sin piedad a hombres, mujeres y niños, a las monjas del hospital y hasta el ganado. Y, sin embargo, lo peor del ataque aún no había comenzado. 



A las 5,15 se oyó el tronar de aviones. Los soldados los identificaron inmediatamente como los “abuelos”, que es como llamaban a los bombarderos Junker 52. Tres escuadrillas procedentes de Burgos arrasaron sistemáticamente la ciudad en pasadas de 20 minutos durante dos horas y media. La carga de los casi cuarenta aviones que bombardearon Guernica consistía en bombas medias y pequeñas, pero también llevaban las bombas de 250 kg, bombas antipersonal y bombas incendiarias. éstas eran sembradas desde los Junker en tubos de aluminio de un kilo como si de confeti metálico se tratara. Los testigos describen la escena en términos dantescos y apocalípticos. Familias enteras quedaron enterradas entre las ruinas de sus casas o murieron aplastadas en los refugios, vacas y ovejas, ardiendo por la acción de la termita y el fósforo blanco, brincaban enloquecidas entre los edificios llameantes hasta caer muertas. Seres humanos ennegrecidos por el humo se abrían paso entre las llamas y el polvo mientras otros excavaban como locos entre las ruinas tratando de desenterrar a amigos y parientes. Los que se acercaban a Gernika huyendo de Bilbao no podían creer lo que veían sus ojos en el cielo rojo-anaranjado, en la lejanía. Con excepción de la Casa de Juntas y el roble, que no fueron alcanzados porque se encontraban fuera del corredor aéreo que los pilotos habían seguido disciplinadamente, Gernika era una ruina de fuego y muerte.

Nunca se ha sabido con certeza el número de muertos y heridos que producto el ataque. El gobierno vasco sostuvo que un tercio de la población (1.645 muertos y 889 heridos) sufrió en sus carnes el bombardeo, aunque las investigaciones más recientes sostienen que los muertos no pasaron de 300.

Al día siguiente, 27 de abril, la noticia de la destrucción de Guernica apareció ya en la prensa británica de la tarde, y el día 28 tanto el Times como el New York Times publicaron el famoso artículo de George L. Speer. El lehendakari Aguirre denunció los hechos el mismo día 27 por la mañana con las siguientes palabras “Los aviadores alemanes, al servicio de los rebeldes españoles, han bombardeado Guernica, quemando la ciudad histórica venerada por todos los vascos”.

Como ya había pasado con el bombardeo de Durango, los nacionales le dieron en seguida la vuelta a lo ocurrido. Utilizando el precedente de Irún, dijeron que la ciudad había sido destruida por sus defensores en retirada y Queipo llegó a especificar que los responsables directos fueron “los dinamiteros asturianos que han empleado los marxistas para después achacarnos tal crimen”. El 29 de abril el cuartel general de Franco hizo público un comunicado en el que se decía:

“Guernica está destruida por el fuego y la gasolina. La han incendiado y convertido en ruinas las hordas rojas al servicio del perverso y delincuente Aguirre [que] ha lanzado la mentira infame -porque es un delincuente común- de atribuir a la heroica y noble aviación de nuestro ejército nacional ese crimen… Aguirre ha preparado la destrucción de Guernica ara endosarla al adversario… Su destrucción es labor de los que quemaron Irún y Eibar, de los que dejan siempre una España espectral a sus espaldas.”

Algunos veteranos de la Legión Cóndor explicaron, tiempo después, que lo que trataban de hacer sus escuadrillas era bombardear el puente de Rentería a las afueras de Guernica, pero que los fuertes vientos habían desviado las bombas hacia la ciudad. La realidad es que el puente quedó intacto, que se sabe que aquel día no hacía viento, que los Junker volaban en formación de combate y no en línea, y, desde luego, que las bombas anti personal, incendiarias y de metralla no son precisamente eficaces contra puentes de piedra, ni se comprende cómo para destruir un pequeño puente y cortar la retirada de las tropas republicanas, los aviones tuvieron que lanzar alrededor de 33 toneladas de bombas. La entrada correspondiente a ese día en el diario de Von Richthofen fue, probablemente, reescrita, una vez que se supieron las consecuencias del ataque y los nacionales acuñaron la versión para la propaganda. Se le añadió lo siguiente: “Lamentablemente, los rojos pegaron fuego a las casas durante la noche. Hicieron salir a todos los habitantes. Prendieron fuego a todos los edificios públicos y a los monasterios, luego a las casas particulares, que aquí son, en parte, de madera”. Por quién sabe qué razones, el informe de combate de la Legión Cóndor correspondiente a ese día no se ha conservado. Según el diario privado de Von Richthofen, que no tiene que ver con su diario oficial de guerra, el ataque fue planeado conjuntamente con los nacionales. El coronel Vigón, jefe de Estado Mayor de Mola, dio su visto bueno al objetivo el día antes de la incursión aérea y, de nuevo, unas pocas horas antes del ataque. A ningún oficial nacional se le ocurrió mencionar la importancia de Guernica en la vida y en la historia vascas pero, aunque lo hubieran hecho, el plan se habría llevado igualmente a cabo. Uno de los posibles objetivos del ataque puede haber sido el bloqueo de las carreteras, como en Durango, pero todo apunta a que, además de los objetivos bélicos grandes o pequeños, lo que se pretendía era llevar a cabo un experimento de entidad para verificar los efectos del terror aéreo.  




 Göring, David Irving

El 26 de abril de 1937, nueve aviones alemanes -tres formaciones integradas por tres Junker 52- atacaron la ciudad vasca de Guernica para cortar la carretera al noroeste de la ciudad. “Necesitamos apuntarnos urgentemente un éxito contra los efectivos y el material enemigo”, escribió en su diario el coronel Von Richthofen, que comandaba el contingente. “Vigón [el oficial al mando de las fuerzas de tierra españolas] está de acuerdo en forzar el avance de sus tropas por todas las carreteras al sur de Guernica. Si esta operación nos sale bien, tendremos al enemigo en nuestras manos.” Pese a la reducida potencia del cargamento de bombas - los aviones sólo llevaban nueve bombas de 250 kilos y 114 de 50 kilos- la pequeña ciudad quedó destruida. “Cuando llegaron los primeros Junkers -escribiría Richthofen algo desconcertado-, había humo por todas partes… era imposible distinguir las carreteras o los puentes o los blancos de las afueras, de modo que dejaron caer simplemente las bombas en el centro.” Después se aclaró en parte el misterio, cuando los habitantes de la ciudad les mostraron las pruebas de que los mineros asturianos habían dinamitado calles enteras llenas de edificios antes de huir, en un intento de frenar el avance nacionalista. “Los rojos -escribió Richthofen tras un recorrido por la devastada ciudad-  quemaron monasterios, edificios públicos y casas particulares por el simple procedimiento de vaciar latas de petróleo en las plantas bajas.” La mayor parte de los cinco mil habitantes de Guernica ya habían abandonado el lugar, pero según averiguó el coronel de la Luftwaffe “murieron algunas personas”. El autor de este libro realizó investigaciones en los archivos de la ciudad, de las que se desprende que murieron unas noventa personas, la mayoría como consecuencia de la caída de las bombas sobre un primitivo refugio antiaéreo y sobre un hospital psiquiátrico. El diario comunista publicó una lista de heridos, con treinta y dos nombres en total. Merece la pena recordar estos datos, puesto que “Guernica -simbolizada por la pintura de Pablo Picasso (los cuadernos de apuntes de Picasso revelan que el pintor había empezado a trabajar en los bocetos para el cuadro, que de hecho debía representar una corrida de toros, meses antes del bombardeo), pasaría a engrosar permanentemente la lista de las atrocidades atribuidas a Göring. 

Guernica tuvo efectos propagandísticos inmediatos. Intelectuales de izquierdas de todo el mundo proclamaron a los cuatro vientos sus versiones del bombardeo como una típica Schrecklinchkeit, un horror, nazi. Las voces de indignación se hicieron oír con particular fuerza en Gran Bretaña, donde el partido laborista en la oposición y el partido comunista habían empezado a agitar los ánimos en contra de Göring, el cual decían que estaba intentando obtener una invitación para asistir a la coronación del rey Jorge V en el mes de mayo. Lord Londonderry llegó a  sugerir tímidamente que Göring podría asistir a la coronación, pero el embajador británico Phipps advirtió lánguidamente al Foreign Office que existía “un importante riesgo de que alguien intentara dispararle en Inglaterra” y no llegó a cursarse la invitación.


Mitos de la Guerra Civil Española. Pío Moa

La población de Guernica era de 5.000 habitantes, y no debieron aumentar con la feria, al ser ésta suspendida a mediodía  por el delegado del gobierno. También se suspendió el partido de pelota de  la tarde, que en otras ocasiones entretenía a parte de los feriantes. Además, la población se había visto mermada por la recluta de 400 jóvenes en las intensivas movilizaciones desde octubre. 

En cuanto al interés militar de una población que contaba con cuarteles y fábricas de armas, es obvio, y figuraba entre los objetivos del ejército nacional. Ese interés había crecido enormemente en los días anteriores, cuando el frente, a sólo 25 km, se había roto y las tropas de Aguirre retrocedían en desorden. El día anterior al bombardeo los nacionales estaban a menos de 14 km, creando un serio peligro tanto para Durango como para Guernica, siendo esta última un centro clave de comunicaciones para la retirada. Por eso el bombardeo tenía, en principio, un valor militar elevadísimo. 

A la acción de los Junkers se debió, indudablemente, el vasto incendio. Con todo, los testimonios coinciden en que, una hora después del ataque, la mayor parte de la villa estaba en pie, encontrándose derruidas o en llamas en torno a un 18 por ciento del caserío. Avisados los bomberos de la cercana Bilbao (a unos 30 km) por el encargado del servicio contra incendios, Castor Uriarte, aquellos llegaron entre las 9.30 y las 11.00 de la noche, según versiones. Para entonces los incendios se habían extendido mucho, y Uriarte, que encontró diversos problemas, como la rotura de cañerías en una parte de la villa, aunque disponía de agua sobrada de la ría, decidió concentrar sus esfuerzos en la parte alta de la villa, abandonando la baja al fuego. 

El intento de apagar el incendio no parece haber sido excesivamente empeñado, y el resultado final, pero probablemente no deliberado, del ataque alemán, fue la destrucción del 71 por ciento de la villa. 

Tan tremenda devastación dio lugar a la versión de que los alemanes habían empleado una nueva combinación experimental de bombas para lograr tal efecto, y a la contraria, según la cual el pueblo había sido abrasado con gasolina (debe señalarse que Irún y Éibar sí habían sido quemadas en buena parte con gasolina por las fuerzas izquierdistas en retirada). Ambas versiones son falsas. La combinación de bombas explosivas e incendiarias fue la misma empleada en Madrid, el Jarama, etc. Los efectos asoladores en la villa foral deben atribuirse a la concentración del bombardeo de los Junkers, a la densidad urbana y la abundancia de madera en la construcción de las casas, a la escasez de medios locales contra incendios, que impidió apagar éstos al principio, y a la tardía llegada de bomberos de Bilbao, y su abandono quizá prematuro. Tampoco se recurrió a los explosivos para crear cortafuegos en torno a los focos.

La secuencia de los hechos vuelve muy improbable el número de víctimas ofrecido, no ya los 3.000 que han llegado citarse (60 por ciento de la población de Guernica), sino los 1.654 (33 por ciento) dados por verídicos en innumerables estudios .

La prensa anglosajona habló de cientos de muertos, para concretarlos enseguida en 800 y luego en un millar, mientras que el diario comunista francés L’Humanité, a partir de una entrevista con un sacerdote nacionalista Alberto Onaindía, subía las víctimas mortales a 2000. Southworth afirma que Leizaola declaró por radio, el 4 de mayo, que habían muerto 592 personas en los hospitales de Bilbao, pero en realidad habló ese día de dos muertos de una lista de 30 hospitalizados  y solo bien avanzado mayo el periódico Euzko Deya, en traducción inglesa, daría la primera cifra, que el gobierno de Valencia subió a 690. Los periódicos de Bilbao, al reproducir las crónicas extranjeras, censuraron tales datos, increíbles para los testigos, pero Aguirre y La Pasionaria, el día 20, hablaron vagamente de “gran número”, lo que, dice Salas “permitía no desmentir ni confirmar las absurdas cifras manejadas en el extranjero, que no hubieran podido reproducirse en Bilbao, pues los guerniqueses allí residentes sabían que eran falsas, pero convenía que siguieran circulando en el exterior”. 
¿Es posible conocer la realidad? Salas utiliza para ello los testimonios y la lista de enterramientos en los días siguientes, y de los heridos trasladados al hospital de Basurto, en Bilbao. Ya C. Uriarte indicó que las víctimas mortales no debían de pasar de 250. Los testigos sólo mencionan cifras notables de víctimas en tres lugares, el refugio de Santa María, el Asilo Calzada y el arranque de la carretera a Luno. 

Se conservan también las listas de enterramientos de los días 26 al 29, antes de la toma del pueblo por las brigadas navarras, así como de los fallecidos en el hospital bilbaíno de Basurto. Entre todos suman 75. Tras la entrada del ejército nacional, se rescataron 25 cadáveres del refugio de Santa María, que sumados a otros dos identificados, sumarían 102. Hubo 18 inscripciones tardías en el registro civil, probablemente parte de unos cincuenta no identificados nominalmente en los primeros momentos, pero que, si se quieren añadir como nuevos, aumentarían el total a 120. En su libro, Salas pide a quien tenga datos de otras víctimas le informe, pero nadie lo ha hecho. Los heridos fueron sorprendentemente pocos: 30, con tres fallecimientos, reforzando la idea de que los muertos no pudieron ser muchos. También apoya los datos de Salas el cuadro de ciudad vacía y sin actividad al día siguiente: el entierro de mil cadáveres, no digamos 3000, habría obligado a un movimiento considerable. 





 Eternamente Franco. Pedro Fernández Barbadillo
Guernica, la mentira invencible

Jesús Maria Salas Larrazábal redujo el número de muertos a menos de 130, de los que dio nombre y apellidos, cuando la historiografía antifranquista y abertzale había impuesto el número de 1654 fallecidos. Para desprestigiar a Salas, que expuso por escrito sus descubrimientos por primera vez en 1981, se le tildó de "general franquista", cuando sus dos ascensos a general de brigada de división los aprobaron sendos Gobiernos socialistas presididos por Felipe González.

¿El peor libro de Anthony Beevor?

Entre otros errores, Beevor escribe que en Guernica "era día de mercado"; no menciona el primer bombardeo, que fue realizado por los italianos y había alertado a los habitantes; repite que los aviones alemanes ametrallaron a las personas que estaban dentro de las calles de la villa; inventa que de Bilbao, más alejado del frente, huía la gente a Guernica que llegaba a ésta mientras se producía el bombardeo; ignora las intenciones de los corresponsales británicos de lanzar una campaña contra la amenaza nazi exagerando los horrores de la Luftwaffe... Y por último se sacude su responsabilidad con este párrafo:

"Nunca se ha sabido con certeza el número de muertos y heridos que produjo el ataque. El gobierno vasco sostuvo que un tercio de la población (1654 muertos y 889 heridos) sufrió en sus carnes el bombardeo, aunque las investigaciones más recientes sostienen que los muertos no pasaron de 300."

¿En qué quedamos? ¿Se conoce o no se conoce el número de víctimas? ¿Qué merece más crédito a un historiados: la declaración de uno de los bandos de una guerra o las posteriores investigaciones?

Una de las mentiras que forman parte de "la leyenda de Guernica" es que se trató del primer bombardeo aéreo de una ciudad. El Gobierno del Frente Popular había hecho bombardear por su aviación, según enumera Salas. Ceuta (20, 26 y 28 de julio), Tetuán (20 y 28 de julio), Melilla (26 y 28 de julio) Larache (28 y 7 de agosto), Cádiz (20 y 26 de julio y 7 de agosto), Toledo (22 de julio), Sevilla (23 y 26 de julio), Córdoba (26 de julio, 5 y 22 de agosto)...La madrugada del 3 de agosto un avión bombardeó la basílica del Pilar, pero ninguna de las bombas estalló. 




 Franco y el III Reich - Luis Suárez Fernández

Guernica

   El Vaticano preconizaba una solución para el problema vasco, donde sacerdotes operaban como capellanes entre los gudaris y nueve de ellos habían sido ejecutados antes de que Franco llegara al poder y lo impidiese: mediar para que los nacionalistas vascos firmasen un acuerdo. Franco no estaba dispuesto a admitir las demandas separatistas, ya que España formaba una unidad; estaba además convencido de que si los rojos ganasen, repetirían el gesto de Ucrania eliminando a los nacionalistas. 

   Pero entonces se produjo Guernica. Se estaba demostrando que el arma aérea era el instrumento más eficaz. Los bombardeos provocaban víctimas entre la población civil y esto se había comprobado ya en varias villas y ciudades. La propaganda británica y las circunstancias coyunturales hicieron que la prensa creyera que el bombardeo de Guernica era un caso singular. El 26 de abril de 1937 la Villa Foral, donde los Reyes Católicos juraran las libertades, sufrió dos pasadas. Una primera de aviones Savoia procedentes de Soria, y la segunda dos Heinkel y dieciséis o diecisiete Junkers alemanes. Según el testimonio que el coronel Galland presentó ante el Tribunal de Núremberg, los españoles no estaban informados de la operación consistente en destruir un puente, cortando así las comunicaciones de los republicanos con su retaguardia. Pero la poca exactitud de los medios hicieron que las bombas cayeran sobre el casco urbano, causando víctimas. Ni la Casa Foral ni el caso antiguo fueron afectados y los bomberos actuaron con eficacia. Se han comprobado al menos 126 víctimas. Los equipos asturianos de demolición completaron la tarea antes de que Guernica fuese conquistada por los tradicionalistas el día 26. Pero el panorama era desolador.

   Vinieron luego los errores en las noticias de uno y otro bando que contribuyeron a hacer de Guernica un símbolo de la crueldad alemana. Indalicio Prieto dijo a los periodistas que Göring había dado expresamente la orden para demostrar el poder de la Luftwaffe. El mando alemán negó al principio que se hubiese producido tal ataque y el Cuartel General de Salamanca repitió la noticia diciendo que eran los mineros asturianos los que habían "demolido la Villa Foral carlista y, por vasca, españolísima". Las mentiras suelen perjudicar a quienes las utilizan. En los informes que el día 27 el mando alemán pasó a sus superiores se hablaba de una operación rutinaria.

   Gracias a los estudios de Vicente Talón, Brian Crozier, Salas Larrazábal y Ángel Viñas, estamos en condiciones de movernos con más precisión. La  preparación de la operación fue seria y llegaron a emplearse bombas de 250 kilos. la orden fue dada por el mando alemán, que no consultó ni a Mola ni al Cuartel General de Salamanca. Richthofen, que dirigía el ataque, llamó a las seis de la mañana al general Vigón yle dijo que iba a operar sobre Guerricaiz. Ninguna orden vino de Berlín. El Cuartel General de Salamanca creyó que el bombardeo se había producido el día 27 y el mando alemán pudo responder que nada se había hecho en dicha fecha; de ahí nació el despropósito de culpar a los mineros asturianos, que, en fecto, destruyeron instalaciones militares al retirarse. Cuando Franco tuvo, al fin, noticia de lo sucedido, montó en cólera y llamó al agregado militar Hans von Funck para decirle que "bajo ninguna circunstancia consentiría una guerra total contra su propio pueblo". De modo que Guernica influyó negativamente en las relaciones entre el franquismo y el Eje.Sperrle fue relevado y se dispuso que en adelante la Legión Cóndor operaría bajo el mando superior español. 

   Quedó demostrado que la precisión en los bombardeos era aun muy escasa; los aviones habían equivocado el objetivo. Se aprovechó la experiencia para perfeccionarla sin atender al coste de vidas no militares. Londres, Leningrado, Leipzig o Hiroshima lo demostrarían. en septiembre de 1937 una comisión presidida por el ingeniero Estanislao Herrán, en la propia Guernica, pudo precisar el daño de las bombas y de las demoliciones; su informe coincide con el que Arvhibald Jones envió a Londres pocos días después de la conquista de la ciudad. Se silenció el informe de Herrán para no resucitar la cuestión. Algunos testigos dijeron haber visto la cruz gamada en los aviones; esto es falso, ya que todos operaban con insignia española. Vascos y navarros que pertenecían a las filas de los nacionales también mostraron su disgusto, aunque el árbol de Guernica, ahora custodiado por boinas rojas, no había sufrido dañosCoincidimos con lo que dijeron Ricardo de la Cierva y Luis María Olaso. "Nadie ha podido demostrar jamás la existencia de una orden de Franco para destruir Guernica, porque tal orden nunca existió". Dos fueron los daños que este sufrió: que se ensayara en España el procedimiento de bombardeos destructivos y ocultar o tergiversar el suceso.

   Guernica se ha convertido en capítulo esencial para la propaganda contra Alemania. El 28 de abril un periodista británico, L. Steer, que nunca había estado en Guernica o sus alrededores, publicó en el Times y en el New York Times una crónica culpando de todo a los alemanes. Nadie mencionaba a los italianos que formaran la primera oleada. Llegaría a decirse que el ataque había tenido lugar en día de mercado, algo suspendido radicalmente a causa de la guerra. Puntualicemos también que se estaban produciendo bombardeos peores. El presidente vasco, Aguirre, nos ayuda a entender la singularidad diciendo que "los aviadores alemanes al servicio de los rebeldes españoles han quemado la ciudad histórica venerada, mostrando una vez más que Euskadi no puede esperar nada de quienes no vacilan en destruir el país". De ahí que el padre Olaso no acudiera a la cita con el enviado vaticano, de modo que el proyecto de negociación no llegó siquiera a iniciarse.

   Miembros de la Legión Cóndor se mostraron desolados: no era eso lo que se buscaba. El 28 de abril, poco antes de abandonar el mando, Sperrle trató de justificarse ante sus superiores: "Las órdenes para los Ju52 del K/88 el 26 de abril eran la siguientes, atacar un puente y cruce de carreteras al este de Guernica. Los K/88 y VB/88 han informado que según observación no cayeron bombas en la ciudad. Ya había incendios en la ciudad antes del ataque". Así se cerraba el círculo de errores que contribuían a incrementar la desconfianza de Franco hacia sus posibles aliados. Por Europa circuló la versión de que miles de personas habían muerto por la crueldad alemana. Sin pretenderlo se estaba descubriendo una verdad; en la próxima guerra las víctimas civiles superarían a las militares. 


 La Guerra Civil Española
Hugh Thomas

   A las cuatro y media de la tarde, un repique de campanas de la iglesia anunció que se acercaban aviones. Anteriormente, la región ya había sufrido algunas incursiones aéreas, pero Guernica no había sido bombardeada. No tenía defensas antiaéreas de ningún tipo. A las cinco menos veinte, un Heinkel 111 (un nuevo y rápido bombardero alemán, con capacidad para transportar 1400 kilos de bombas), pilotado por el comandante von Moreau, bombardeó el pueblo, desapareció y volvió a presentarse con otros tres aviones del mismo tipo. Después de los Heinkel se presentaron tres escuadrillas de los viejos espectros de la guerra española, los Junker 52 -23 aviones-, algunos nuevos cazas Messerschmidt BF-109, y otros cazas más antiguos, Heinkel 51. Los cazas cumplían una doble función, debían escoltar a los bombarderos, pero también ametrallar a toda la gente que vieran, volando a baja altura. Varias oleadas de aviones lanzaron bombas incendiarias, poderosos explosivos y bombas de shrapnel, con un peso total de 50.000 kilos. En el bombardeo participaron 43 aviones; los Junker iban dirigidos por los tenientes von Knauer, von Beust y von Krafft. El centro de la población quedó destruido y envuelto en llamas. La casa de juntas vasca y los restos del famoso roble, que se encontraban lejos del centro, sin embargo quedaron intactos. Igual que la fábrica de armas que había a las afueras de la población. Murieron muchas personas, tal vez mil, aunque los acontecimientos que se produjeron a continuación hacen imposible afirmar con seguridad el número exacto de muertos. Muchas más quedaron mutiladas o heridas. También es posible que participaran en las últimas fases del bombardeo algunos aviones italianos. 

   Estos hechos fueron confirmados por todos los testigos presenciales, incluidos el alcalde del pueblo y el cónsul británico, así como por los corresponsales extranjeros -principalmente ingleses- que entonces estaban en el País Vasco. Pero Bolín, el jefe del departamento de prensa nacionalista en Salamanca, manifestó el 27 de abril, que los vascos habían volado su propio pueblo.

   Mientras tanto, el 28 de abril Durango, y el 29 de abril Guernica, cayeron en manos de los nacionalistas sin mucha resistencia. El general Solchaga ejecutó al jefe vasco hecho prisionero, coronel Larch, y a tres miembros de su estado mayor, tras un consejo de guerra sumarísimo. Los periodistas extranjeros que se encontraban con los nacionalistas fueron informados de que, aunque se habían encontrado en Guernica "algunos fragmentos de bombas", los daños habían sido causados principalmente por incendiarios vascos, con el fin de inspirar indignación. El 4 de mayo, un nuevo informe nacionalista dijo que, naturalmente, en Guernica había señales de fuego después de "una semana de bombardeo artillero y aéreo". También admitía que Guernica había sido bombardeada intermitentemente durante un periodo de tres horas. Diez días después, se encontró la palabra "Garnika" en el diario del 26 de abril de un piloto alemán derribado por los vascos. El piloto explicó, sin convencer a nadie, que aquello se refería a una chica que había conocido en Hamburgo. Unos meses después, otro comunicado nacionalista reconocía que el pueblo había sido bombardeado, pero afirmaba que los aviones eran republicanos. Las bombas -decía- habían sido fabricadas en territorio vasco, y las explosiones habían sido causadas poniendo dinamita en las alcantarillas. Pero, en agosto, un oficial nacionalista reconoció ante un reportero de The Sunday Times que Guernica había sido bombardeada por su bando: "Desde luego, la bombardeamos y la bombardeamos [...] bueno, ¿y por qué no?" Años más tarde, el as de la aviación alemana Adolf Galland, que se incorporó poco después  a la Legión Cóndor, fue el primero en reconocer que los responsables habían sido los alemanes. Sin embargo, arguyó que el ataque había sido un error, debido a los malos observadores de bombardeo y a la falta de experiencia. Los alemanes -decía Galland- querían destruir el puente que había sobre el río, erraron el blanco completamente, y por equivocación destruyeron el pueblo. Hay otros alemanes, entre los que se cuentan algunos que tomaron parte en el ataque, que defienden esta idea. El viento, dicen, hizo que las bombas se vieran impulsadas hacia el oeste. De hecho, Guernica era un objetivo militar, puesto que se trataba de un centro de comunicaciones próximo a la línea de batalla, en realidad, casi al alcance de la vista de las columnas nacionalistas, que se encontraban unos kilómetros más al sur. Los soldados republicanos en retirada solo podían huir hacia el oeste con cierta facilidad si pasaban por Guernica, porque el puente que había en las afueras del pueblo, sobre el río Oca, era el último antes del mar. Pero, si el objetivo primario de la Legión Cóndor era destruir el puente, ¿por qué Richthofen no utilizó sus bombarderos Stuka, que atacaban en picado y con gran precisión, si tenía un pequeño número de éstos en Burgos? Además, ¿por qué se montó una expedición tan especialmente devastadora? Como mínimo, uno de los objetivos que tenía en su mente (aunque no figurara en su diario) debía de ser el causar el máximo pánico y confusión entre la población civil, así como entre los soldados. El uso de bombas incendiarias demuestra que se pretendía destruir edificios o personas además del puente, aunque es posible que von Richthofen no previera que el fuego iba a extenderse tan rápidamente por las estrechas calles de Guernica, y también es posible que el polvo y el humo de las explosiones causadas por los Heinkel impidieran a los pilotos de los Junker la visión clara (o ni siquiera confusa) del puente. El hecho plenamente atestiguado de que ametrallaran a las personas que salían corriendo del pueblo difícilmente encaja en la versión que explica el ataque como un intento de destruir el puente. 

   Además, el diario de von Richthofen indica que el coronel Juan Vigón, jefe del estado mayor de Mola, estaba enterado del proyecto, con antelación al ataque: los dos habían conferenciado sobre el tema los días 25 y 26 de abril, aunque quizá "sin informar a la autoridad superior".

   Sin embargo, es justo reconocer que el ataque aéreo formaba parte de un conjunto de operaciones muy relacionadas con la campaña en curso; y que no hay evidencia directa de que los alemanes estuvieran enterados de la importancia que tenía Guernica para el pueblo vasco, ni de que los militares nacionalistas españoles, que evidentemente sabían lo que representaba Guernica para los vascos, supieran que el ataque aéreo iba a ser tan horripilante. Ni siquiera hay evidencia de que Vigón supiera que el ataque aéreo iba a ser tan devastador, ni de que Franco, Mola, o incluso Sperrle, discutieran de antemano el ataque que se planeaba: por entonces, como veremos, Franco, en realidad, estaba muy preocupado con los problemas de la Falange y Hedilla, y puede que incluso fuera difícil de localizar. Puede que Mola, Sperrle, e incluso Vigón, los días 25 y 26 de abril, también estuvieran preocupados por la crisis política interna, que en aquellos momentos era sumamente aguda. Dicen que Mola quedó muy impresionado cuando llegó a Guernica, el 29 de abril. también se ha dicho que Franco se enfureció con los alemanes cuando se enteró de las consecuencias del bombardeo. Puede que esto sea cierto, porque el hecho es que, a partir de entonces, no volvió a producirse ningún otro bombardeo del tipo de Guernica en el País Vasco, y, en realidad, la Legión Cóndor nunca volvió a intentar nada parecido al "bombardeo de zona" sobre ciudades indefensas. 

   Guernica dio lugar a una apasionada controversia internacional. A primeros de año, el pintor Picasso había recibido el encargo de pintar un mural para el pabellón del gobierno español en la exposición universal de París. Ahora se puso a trabajar en una representación de los horrores de la guerra expresados por la destrucción de Guernica, en una pintura que es probablemente la más famosas de todas sus obras. Después de ser exhibida en París, en 1937, por primera vez, fue enviada al Metropolitan Museum de Nueva York. Entretanto, el mando nacionalista y los alemanes , impresionados por lo que habían hecho, y preocupados por las posibles repercusiones, montaron una complicada campaña de disimulo. Anteriormente nunca se había producido un bombardeo aéreo como aquel. Los propagandistas de ambos bandos tomaron posiciones que ya no abandonarían jamás. Así como un corresponsal de The Times, George Steer, se mostró dispuesto a escribir tan explícitamente la versión vasca de los hechos, James Holburn, corresponsal del mismo periódico inglés en el bando nacionalista, cuando entró en el pueblo con el tren de bagajes de Solchaga, escribió: "los pocos cráteres que inspeccioné habían sido causados por la explosión de minas". Veinte sacerdotes vascos, uno de los cuales había sido testigo ocular del bombardeo, y entre los que se contaba el vicario general de la diócesis, escribieron al papa diciéndole quién había destruido Guernica. Dos de ellos, los padres Pedro Menchaca y Agustín Isusi, respectivamente, fueron al Vaticano con esta carta. La entregaron, pero solo fueron recibidos por el cardenal Pacelli, el secretario de Estado del papa, a condición de que no mencionaran el motivo que les había llevado a Roma. Cuando fueron recibidos, los vascos no pudieron reprimirse y empezaron a hablar de Guernica. Encontes, Pacelli, comentando fríamente que "la Iglesia es perseguida en Barcelona", los acompañó hasta la puerta.

   Durante una generación se mantuvo la versión nacionalista de estos hechos. Seguían vivos los que habían dado aquella versión en su momento, como el capitán Luis Bolín. Hasta 1970, cuando ya habían muerto, o habían dejado de tener influencia, y empezaron a ser accesibles los documentos del gobierno, no se reconoció que Guernica había sido bombardeada desde el aire. Así y todo, continuó sosteniéndose a menudo que los vascos habían rematado lo que los alemanes no habían hecho más que empezar. 





EL CASO DE GUERNICA


El acontecimiento más tristemente famoso de toda la guerra fue el bombardeo de la localidad vizcaína de Guernica, de 7.000 habitantes -incluido su extrarradio-, lugar de tradicionales ceremonias vascas, que tuvo lugar a finales de abril de 1937, durante la primera fase de la campaña del norte. No fue este el primer bombardeo importante en la zona, ya que el intento alemán de bombardear Bilbao el 4 de enero fue un total fracaso. En la capital vizcaína murió una sola persona, pero el resultado principal fue la matanza como represalia de 224 prisioneros políticos a manos de los bilbaínos, así como la muerte inmediata, a golpes, de un aviador alemán que había saltado en paracaídas.


La Legión Cóndor tuvo un papel importante en la campaña de Vizcaya, lanzando hasta 70 toneladas de bombas en solo unos días, una cantidad enorme para lo que fue la guerra de España. Con la tecnología disponible, los aviones no podían realizar bombardeos exactos, y la única manera de acertar en un objetivo era mediante operaciones de saturación sobre la zona elegida. Una de las más eficaces fue un ataque contra las posiciones vascas en el frente de Ochandiano, donde se lanza ron 60 toneladas de bombas en masa, que segaron la vida de más de 200 soldados y abrieron una vía de penetración para las tropas de Mola.


La principal restricción sobre los bombardeos en Vizcaya fue el veto impuesto por Franco cuando el general de división Hugo von Sperrle, comandante de la Legión Cóndor, pidió permiso para sembrar el terror con otro bombardeo en Bilbao después de que los civiles vascos hubieran apaleado a muerte al aviador alemán el 4 de enero. Franco se negó porque, como un coronel de la Luftwaffe escribió años después, «políticamente era algo inaceptable». Franco quería evitar las provocaciones innecesarias en Vizcaya, donde todavía esperaba convencer a los nacionalistas vascos para que abandonaran la alianza con la República. Ordenó que solo se atacaran ciudades y pueblos para alcanzar blancos militares. Estas directrices eran bastante parecidas a las que siguieron las fuerzas aéreas británica y estadounidense antes de la invasión de Francia en 1944, cuando durante varios meses atacaron instalaciones militares e industriales ubicadas en muchas localidades francesas, causando la muerte de más de 35.000 civiles galos.


 En contra de lo que se ha dicho, la operación realizada en Guernica no tuvo un carácter singular entre los ataques de ambos bandos, con la posible excepción de la cantidad de bombas incendiarias, que llegó a ser absolutamente normal en la guerra mundial. La Marina y las fuerzas aéreas republicanas habían lanzado ataques indiscriminados contra poblaciones con civiles  desde el primer día de la guerra, y en septiembre de 1936 la publicación azañista “Política” alardeó de los daños causados en localidades «inundadas de hierro y fuego».


En los inicios de la campaña del norte, el mando nacional determinó que las ciudades de retaguardia serían bombardeadas prácticamente de forma indiscriminada si constituían objetivos militares directos. Un defecto principal de la estrategia aérea fue, sin embargo, la falta de coordinación completa entre los mandos nacionales, alemanes e italianos. Al comienzo, hubo tres bombardeos intensos en Durango, de 9.000 habitan tes, la segunda ciudad de Vizcaya  -a pesar de ser entonces una localidad mayoritariamente carlista y no nacionalista-, porque estaba situada justo detrás del frente inicial. En tres bombardeos, del 31 de marzo y el 2 y el 4 de abril, se lanzaron casi 15.000 kilos de bombas, lo que causó una importante destrucción en la población. En un principio, las autoridades hablaron de 200 civiles muertos, pero una investigación posterior reveló que se produjeron 336 bajas mortales.


Debido al escaso número de las tropas nacionales, el avance era muy lento, pero, finalmente, el 25 de abril se consiguió romper una parte del frente y ya era evidente que los vascos tendrían que retroceder, concretamente a través de Guernica. En la mañana del 26, el teniente coronel Wolfram von Richthofen -sobrino del famoso «Barón Rojo» de la Primera Guerra Mundial-, jefe de operaciones de la Legión Cóndor, preparó un bombardeo de la ciudad por la tarde. Como todos sus colegas alemanes e italianos, no estaba nada satisfecho con el avance lento de Mola y, posiblemente, no entendían que Franco fuera tan poco generoso con el número de tropas asignadas a la ofensiva. Richthofen buscaba alentar una operación de tenaza para copar a los gudaris antes de pasar por Guernica. No cabe duda de que la ciudad era un blanco militar legítimo por su situación, según las normas de guerra de la época, ya que estaba situada a 10 kilómetros del frente y el objetivo era destruir su puente y también una parte significativa de la ciudad, para bloquear las comunicaciones y hacer o difícil o imposible la retira da vasca. Albergaba tres batallones de tropas vascas y varias pequeñas fábricas de armas y municiones que producían, entre otras cosas, bombas incendiarias parecidas a las que destruye ron la localidad. El hecho de que Guernica contara con seis refugios antiaéreos es señal de que que las autoridades municipales también la consideraban un posible blanco. El 26 era día de mercado, pero este quedó suspendido a mediodía por la  sensación de peligro reinante, y, en total, había poco más de 5.000 civiles en la ciudad, pues muchos ya habían sido evacuados. 


Richthofen buscaba probar la eficacia de combinar bombas explosivas con bombas incendiarias para provocar una gran destrucción urbana. El plan incluía un componente de terror subsidiario, ya que también participarían cazas para ametrallar a la población. En cambio, la idea de que contemplaba objetivos políticos o simbólicos para «punir» o «atemorizar» a los nacionalistas vascos es absurda, porque un militar extranjero como Richthofen no tenía el menor conocimiento de tales asuntos y no hay mención alguna a ello en su diario y en sus notas. El único objetivo político, si existió, habría sido demostrar la fuerza militar alemana y su importancia para la España franquista.


Participaron en el ataque 47 aviones, entre ellos 29 bombarderos medios y cinco cazas alemanes, y tres bombarderos y 10 cazas italianos, y se lanzaron 27.250 kilos de bombas, principal mente bombas pesadas de 250 kilos y bombas incendiarias. El ataque se llevó a cabo en tres fases: 1) Entre las cuatro y las seis de tarde, de modo desorganizado, tres bombarderos alemanes lanzaron sus bombas contra el puente, objetivo principal de la operación. Ni una sola dio en el blanco. 2) Sobre las seis y media, llegaron los demás bombarderos, que, durante un espacio de veinte minutos, lanzaron todos sus proyectiles sobre la ciudad, provocando numerosos incendios. 3) Sobre las siete, y durante más de media hora, los cazas atacaron con sus ametralla doras las carreteras que rodeaban la ciudad.


La segunda fase fue la decisiva. El objetivo era destruir los distritos lindantes del sur para bloquear la carretera y el por paso la ciudad. Con la combinación de bombas pesadas e incendiarias, el efecto fue demoledor, con cientos de casas derribadas y multitud de materiales de madera incendiados. Casi la mitad de los edificios de la ciudad quedaron destrozados.


Después de algunos días surgió el debate sobre la cifra de víctimas. Las autoridades vizcaínas llevaron a cabo un censo, pero eliminaron muchos datos, probablemente porque no respaldaban las pretensiones propagandísticas. A falta de un re cuento oficial correcto, parece que fueron unos 200 muertos, o sea, menos que en los bombardeos de Durango. La destrucción de la ciudad fue más el resultado de los incendios explosiones, lo que explica la cantidad relativamente pequeña que de las de víctimas. Los bomberos de Bilbao, que estaban a 34 kilómetros de distancia, tardaron horas en llegar y al final se retiraron, incapaces de controlar el incendio. Casi milagrosamente, el principal elemento histórico de Guernica, el legendario roble bajo el cual se habían jurado diversos cargos en generaciones anteriores, no sufrió daños.


Aunque el bombardeo no fue otra cosa que una improvisada aquel mismo día por el Estado Mayor de la Legión Cóndor , sin duda, bastante confusa en su realización, para Richthofen constituyó un éxito táctico, porque, como anotó, «la localidad quedó completamente cerrada al tráfico durante veinticuatro horas». Sin embargo, no alcanzó ningún éxito estratégico debido a la ausencia total de coordinación con el man do de Mola. El avance de la infantería siguió siendo muy lento y las tropas vascas tuvieron tiempo más que suficiente para retirarse tres días después. 


El bombardeo desde el aire de una ciudad no implicó, en sí mismo, la menor novedad en el conflicto español, y también había precedentes en el hecho de que Richthofen experimentara con una técnica nueva, ya que era algo frecuente entre los mandos alemanes y soviéticos en España. En realidad, la de Guernica fue una operación más secundaria, como objetivo militar, que la de Durango y otras. Y lo más singular, al fin y al cabo, no fue tanto la cantidad de víctimas como la proporción de la ciudad que resultó destruida, aproximadamente la mitad. En otros bombardeos aéreos de ciudades durante la guerra mu rieron tantas personas como en Guernica, pero, proporcional mente, la destrucción de edificios fue aquí mucho mayor.


Los ataques contra Durango, donde murieron más civiles que en Guernica, pasaron casi totalmente desapercibidos entre todas las noticias de la guerra en España, mientras el bombardeo de Guernica pronto llegó a ser la principal cause célebre de todo el conflicto. En los últimos días de abril, había cuatro corresponsales internacionales en Bilbao y fueron indispensables para convertir el bombardeo en una enorme baza propagandística para los republicanos, que lo presentaron como una calculada acción terrorista. Pronto se añadió la cifra de 1.654 muertos, que elevaba al 800 % el número de víctimas, cantidad absolutamente desproporcionada, incluso en el contexto de la Guerra Civil española, que ha dado lugar a tantas exageraciones. El principal promotor fue el corresponsal británico George Steer, cuyo motivo parecía ser el de alertar a la opinión pública británica de los peligros de la guerra aérea moderna. Desde entonces en adelante, la denuncia de los bombardeos aéreos franquistas se convirtió en un elemento clave de la propaganda republicana. (No lo era en las primeras semanas de la guerra, cuando la mayor parte de esos ataques fue republicana. Empezó en noviembre de 1936, y mucho más con Guernica. Véase R. Stradling, Your Children Will Be Next: Bombing and Propaganda in the Spanish Civil War, 1936-1939, University of Wales Press, Cardiff, 2008.) Y aún más eficaz que los medios impresos fue el gran mural de Picasso, preparado para la Exposición Universal de París prevista para ese mismo año. Se convirtió en un símbolo mundial, el más notable retrato artístico de los horrores de la guerra moderna y sin duda el cuadro más famoso del siglo XX. (Habría que señalar que Guernica solo proporcionó a la obra su nombre y no su inspiración, porque Picasso ya había comenzado a pintarla an tes, en protesta por los horrores de la guerra, utilizando clásicos temas cubistas propios, y solo le dio ese título una vez iniciada la campaña propaganda.)

 


La campaña puso en serios aprietos al Gobierno de Franco, que negó cualquier responsabilidad, afirmando que los incendios habían sido provocados por revolucionarios anarquistas. La excusa no era convincente y el escándalo llegó a irritar incluso a Hitler, que insistió a Franco para que eximiera de cualquier responsabilidad a la Legión Cóndor. Irónicamente, puede que todo el asunto acabara beneficiando a Hitler-de alguna manera, era lo que planeaba Richthofen-, porque acentuó el temor a la capacidad de destrucción de la Luftwaffe y fomentó la actitud de apaciguamiento hacia el Führer, exactamente lo contra rio de lo que buscaba Steer.


El Gobierno republicano dio tanta importancia al bombardeo de Guernica y a otras incursiones aéreas de los nacionales, casi siempre más eficaces y destructivas que las de los republicanos, que a comienzos de 1938 instó a la Sociedad de Naciones a enviar una misión a España para evaluar cómo habían sido y sus consecuencias. La Sociedad lo remitió a una comisión cuyo informe acabó siendo contraproducente para los republicanos. Su conclusión fue que «tanto el reducido número [de aviones] generalmente implicados como las pautas de los bombardeos apuntaban a la existencia de una doctrina que otorgaba prioridad a la destrucción de determinados objetivos como puentes o estaciones de tren», no de blancos civiles indiscriminados.


El único gran bombardeo indiscriminado de una ciudad como objetivo deliberado para sembrar el terror fue el ordena do directamente por Mussolini en marzo de 1938. Pasando por encima de Franco y de la cadena de mando habitual, intervino personalmente para ordenar a los aviones italianos estaciona dos en Mallorca que durante tres días bombardearan el centro de Barcelona, acción que acabó con la vida de 980 personas, casi todos civiles. Esta fue la única vez que el Duce se inmiscuyó directamente en las operaciones militares en España, parece que con el objetivo de demostrar la destreza de los aviones italianos y atemorizar a la población civil. Estos ataques, carentes de motivación militar, irritaron enormemente a Franco. El papa Pío XI envió una nota reprendiendo al dictador español, aun que debería habérsela mandado a Mussolini.


Se ha dicho que los primeros grandes bombardeos aéreos de la Historia fueron las incursiones que tuvieron lugar en la Guerra Civil española, aunque esta afirmación sería más acertada si se comparan con la Primera Guerra Mundial, no con la Segunda, ya que durante la Gran Guerra ninguno de los dos bandos contaba con bombarderos pesados, que no entrarían en acción hasta 1941. Después de la campaña de Vizcaya, práctica mente los únicos bombardeos aéreos realizados por los nacionales sobre ciudades fueron los ataques contra los puertos orientales, cuyo objetivo eran las instalaciones portuarias, los almacenes y los medios de transporte. En realidad, puede que los republicanos realizaran más bombardeos individuales, aun que el resultado no fue muy positivo. Una de las excepciones fue la incursión realizada en noviembre de 1937 en la pequeña localidad cordobesa de Cabra, de dudosa relevancia militar, que acabó con la vida de, al menos, 100 personas. Durante toda la guerra, unos 8.000 civiles murieron en la zona republicana a causa de los ataques aéreos, mientras que en la zona nacional fueron poco más de 1.000.