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Comparativas sobre el bombardeo de Guernica



  Antony Beevor, La Guerra Civil Española. 

El 23 de abril, Von Richthofen anotó en su diario: “Tiempo muy bueno. La 4ª Brigada ha desplegado, a pesar de las órdenes, dos batallones, no doce. Tienen que ser relevados. La infantería no avanza. ¿Qué se puede hacer? La Legión Cóndor se retira a las 18.00. No se puede dirigir a una infantería incapaz de atacar posiciones débiles”. Al día siguiente volvía a quejarse, exasperado porque los italianos habían bombardeado la ciudad que no era. “Son cargas para el mando que no se pueden imaginar… ¿Conseguiremos destruir Bilbao?” A los italianos les preocupaba que un ataque a los católicos vascos provocara la reacción del Papa, y eran reacios a bombardear la principal ciudad de Euskadi. Son sólo especulaciones, pero es posible que las frustraciones de Von Richthofen tuvieran que ver en la más famosa de todas las operaciones llevadas a cabo por la Legión Cóndor. 


Durante el 25 de abril la mayor parte de las desmoralizadas tropas de Markina emprendieron la retirada hacia Guernica, que estaba a diez kilómetros del frente. Al día siguiente, lunes 26,a las 4,30 de la tarde, la campana mayor de Guernica repicó avisando de un ataque aéreo. Era día de mercado, y aunque se había hecho volver atrás a muchos campesinos a la entrada de la ciudad, otros muchos habían pasado con su ganado. Los refugiados que se hallaban en la ciudad y sus habitantes buscaron amparo en los sótanos que se habían habilitado a toda prisa como refugios después del terrible bombardeo de Durango. Un bombardero solitarios Heinkel 111 de la “escuadrilla experimental” de la Legión Cóndor apareció en el cielo, arrojó su carga en el centro y desapareció. La gente salió entonces de sus refugios con el fin de ayudar a los heridos, pero quince minutos después sobrevolaba la ciudad la escuadrilla al completo, lanzando todo tipo de bombas. La gente corrió de nuevo hacia los reparos en medio del polvo y la humareda preguntándose si los sótanos que les servían de refugio soportarían el tremendo bombardeo. Se inició así una estampida de gentes que decidieron salir de la ciudad para encontrar amparo en el campo, pero entonces aparecieron los cazas Heinkel 51, que ametrallaron sin piedad a hombres, mujeres y niños, a las monjas del hospital y hasta el ganado. Y, sin embargo, lo peor del ataque aún no había comenzado. 



A las 5,15 se oyó el tronar de aviones. Los soldados los identificaron inmediatamente como los “abuelos”, que es como llamaban a los bombarderos Junker 52. Tres escuadrillas procedentes de Burgos arrasaron sistemáticamente la ciudad en pasadas de 20 minutos durante dos horas y media. La carga de los casi cuarenta aviones que bombardearon Guernica consistía en bombas medias y pequeñas, pero también llevaban las bombas de 250 kg, bombas antipersonal y bombas incendiarias. éstas eran sembradas desde los Junker en tubos de aluminio de un kilo como si de confeti metálico se tratara. Los testigos describen la escena en términos dantescos y apocalípticos. Familias enteras quedaron enterradas entre las ruinas de sus casas o murieron aplastadas en los refugios, vacas y ovejas, ardiendo por la acción de la termita y el fósforo blanco, brincaban enloquecidas entre los edificios llameantes hasta caer muertas. Seres humanos ennegrecidos por el humo se abrían paso entre las llamas y el polvo mientras otros excavaban como locos entre las ruinas tratando de desenterrar a amigos y parientes. Los que se acercaban a Gernika huyendo de Bilbao no podían creer lo que veían sus ojos en el cielo rojo-anaranjado, en la lejanía. Con excepción de la Casa de Juntas y el roble, que no fueron alcanzados porque se encontraban fuera del corredor aéreo que los pilotos habían seguido disciplinadamente, Gernika era una ruina de fuego y muerte.

Nunca se ha sabido con certeza el número de muertos y heridos que producto el ataque. El gobierno vasco sostuvo que un tercio de la población (1.645 muertos y 889 heridos) sufrió en sus carnes el bombardeo, aunque las investigaciones más recientes sostienen que los muertos no pasaron de 300.

Al día siguiente, 27 de abril, la noticia de la destrucción de Guernica apareció ya en la prensa británica de la tarde, y el día 28 tanto el Times como el New York Times publicaron el famoso artículo de George L. Speer. El lehendakari Aguirre denunció los hechos el mismo día 27 por la mañana con las siguientes palabras “Los aviadores alemanes, al servicio de los rebeldes españoles, han bombardeado Guernica, quemando la ciudad histórica venerada por todos los vascos”.

Como ya había pasado con el bombardeo de Durango, los nacionales le dieron en seguida la vuelta a lo ocurrido. Utilizando el precedente de Irún, dijeron que la ciudad había sido destruida por sus defensores en retirada y Queipo llegó a especificar que los responsables directos fueron “los dinamiteros asturianos que han empleado los marxistas para después achacarnos tal crimen”. El 29 de abril el cuartel general de Franco hizo público un comunicado en el que se decía:

“Guernica está destruida por el fuego y la gasolina. La han incendiado y convertido en ruinas las hordas rojas al servicio del perverso y delincuente Aguirre [que] ha lanzado la mentira infame -porque es un delincuente común- de atribuir a la heroica y noble aviación de nuestro ejército nacional ese crimen… Aguirre ha preparado la destrucción de Guernica ara endosarla al adversario… Su destrucción es labor de los que quemaron Irún y Eibar, de los que dejan siempre una España espectral a sus espaldas.”

Algunos veteranos de la Legión Cóndor explicaron, tiempo después, que lo que trataban de hacer sus escuadrillas era bombardear el puente de Rentería a las afueras de Guernica, pero que los fuertes vientos habían desviado las bombas hacia la ciudad. La realidad es que el puente quedó intacto, que se sabe que aquel día no hacía viento, que los Junker volaban en formación de combate y no en línea, y, desde luego, que las bombas anti personal, incendiarias y de metralla no son precisamente eficaces contra puentes de piedra, ni se comprende cómo para destruir un pequeño puente y cortar la retirada de las tropas republicanas, los aviones tuvieron que lanzar alrededor de 33 toneladas de bombas. La entrada correspondiente a ese día en el diario de Von Richthofen fue, probablemente, reescrita, una vez que se supieron las consecuencias del ataque y los nacionales acuñaron la versión para la propaganda. Se le añadió lo siguiente: “Lamentablemente, los rojos pegaron fuego a las casas durante la noche. Hicieron salir a todos los habitantes. Prendieron fuego a todos los edificios públicos y a los monasterios, luego a las casas particulares, que aquí son, en parte, de madera”. Por quién sabe qué razones, el informe de combate de la Legión Cóndor correspondiente a ese día no se ha conservado. Según el diario privado de Von Richthofen, que no tiene que ver con su diario oficial de guerra, el ataque fue planeado conjuntamente con los nacionales. El coronel Vigón, jefe de Estado Mayor de Mola, dio su visto bueno al objetivo el día antes de la incursión aérea y, de nuevo, unas pocas horas antes del ataque. A ningún oficial nacional se le ocurrió mencionar la importancia de Guernica en la vida y en la historia vascas pero, aunque lo hubieran hecho, el plan se habría llevado igualmente a cabo. Uno de los posibles objetivos del ataque puede haber sido el bloqueo de las carreteras, como en Durango, pero todo apunta a que, además de los objetivos bélicos grandes o pequeños, lo que se pretendía era llevar a cabo un experimento de entidad para verificar los efectos del terror aéreo.  




 Göring, David Irving

El 26 de abril de 1937, nueve aviones alemanes -tres formaciones integradas por tres Junker 52- atacaron la ciudad vasca de Guernica para cortar la carretera al noroeste de la ciudad. “Necesitamos apuntarnos urgentemente un éxito contra los efectivos y el material enemigo”, escribió en su diario el coronel Von Richthofen, que comandaba el contingente. “Vigón [el oficial al mando de las fuerzas de tierra españolas] está de acuerdo en forzar el avance de sus tropas por todas las carreteras al sur de Guernica. Si esta operación nos sale bien, tendremos al enemigo en nuestras manos.” Pese a la reducida potencia del cargamento de bombas - los aviones sólo llevaban nueve bombas de 250 kilos y 114 de 50 kilos- la pequeña ciudad quedó destruida. “Cuando llegaron los primeros Junkers -escribiría Richthofen algo desconcertado-, había humo por todas partes… era imposible distinguir las carreteras o los puentes o los blancos de las afueras, de modo que dejaron caer simplemente las bombas en el centro.” Después se aclaró en parte el misterio, cuando los habitantes de la ciudad les mostraron las pruebas de que los mineros asturianos habían dinamitado calles enteras llenas de edificios antes de huir, en un intento de frenar el avance nacionalista. “Los rojos -escribió Richthofen tras un recorrido por la devastada ciudad-  quemaron monasterios, edificios públicos y casas particulares por el simple procedimiento de vaciar latas de petróleo en las plantas bajas.” La mayor parte de los cinco mil habitantes de Guernica ya habían abandonado el lugar, pero según averiguó el coronel de la Luftwaffe “murieron algunas personas”. El autor de este libro realizó investigaciones en los archivos de la ciudad, de las que se desprende que murieron unas noventa personas, la mayoría como consecuencia de la caída de las bombas sobre un primitivo refugio antiaéreo y sobre un hospital psiquiátrico. El diario comunista publicó una lista de heridos, con treinta y dos nombres en total. Merece la pena recordar estos datos, puesto que “Guernica -simbolizada por la pintura de Pablo Picasso (los cuadernos de apuntes de Picasso revelan que el pintor había empezado a trabajar en los bocetos para el cuadro, que de hecho debía representar una corrida de toros, meses antes del bombardeo), pasaría a engrosar permanentemente la lista de las atrocidades atribuidas a Göring. 

Guernica tuvo efectos propagandísticos inmediatos. Intelectuales de izquierdas de todo el mundo proclamaron a los cuatro vientos sus versiones del bombardeo como una típica Schrecklinchkeit, un horror, nazi. Las voces de indignación se hicieron oír con particular fuerza en Gran Bretaña, donde el partido laborista en la oposición y el partido comunista habían empezado a agitar los ánimos en contra de Göring, el cual decían que estaba intentando obtener una invitación para asistir a la coronación del rey Jorge V en el mes de mayo. Lord Londonderry llegó a  sugerir tímidamente que Göring podría asistir a la coronación, pero el embajador británico Phipps advirtió lánguidamente al Foreign Office que existía “un importante riesgo de que alguien intentara dispararle en Inglaterra” y no llegó a cursarse la invitación.


Mitos de la Guerra Civil Española. Pío Moa

La población de Guernica era de 5.000 habitantes, y no debieron aumentar con la feria, al ser ésta suspendida a mediodía  por el delegado del gobierno. También se suspendió el partido de pelota de  la tarde, que en otras ocasiones entretenía a parte de los feriantes. Además, la población se había visto mermada por la recluta de 400 jóvenes en las intensivas movilizaciones desde octubre. 

En cuanto al interés militar de una población que contaba con cuarteles y fábricas de armas, es obvio, y figuraba entre los objetivos del ejército nacional. Ese interés había crecido enormemente en los días anteriores, cuando el frente, a sólo 25 km, se había roto y las tropas de Aguirre retrocedían en desorden. El día anterior al bombardeo los nacionales estaban a menos de 14 km, creando un serio peligro tanto para Durango como para Guernica, siendo esta última un centro clave de comunicaciones para la retirada. Por eso el bombardeo tenía, en principio, un valor militar elevadísimo. 

A la acción de los Junkers se debió, indudablemente, el vasto incendio. Con todo, los testimonios coinciden en que, una hora después del ataque, la mayor parte de la villa estaba en pie, encontrándose derruidas o en llamas en torno a un 18 por ciento del caserío. Avisados los bomberos de la cercana Bilbao (a unos 30 km) por el encargado del servicio contra incendios, Castor Uriarte, aquellos llegaron entre las 9.30 y las 11.00 de la noche, según versiones. Para entonces los incendios se habían extendido mucho, y Uriarte, que encontró diversos problemas, como la rotura de cañerías en una parte de la villa, aunque disponía de agua sobrada de la ría, decidió concentrar sus esfuerzos en la parte alta de la villa, abandonando la baja al fuego. 

El intento de apagar el incendio no parece haber sido excesivamente empeñado, y el resultado final, pero probablemente no deliberado, del ataque alemán, fue la destrucción del 71 por ciento de la villa. 

Tan tremenda devastación dio lugar a la versión de que los alemanes habían empleado una nueva combinación experimental de bombas para lograr tal efecto, y a la contraria, según la cual el pueblo había sido abrasado con gasolina (debe señalarse que Irún y Éibar sí habían sido quemadas en buena parte con gasolina por las fuerzas izquierdistas en retirada). Ambas versiones son falsas. La combinación de bombas explosivas e incendiarias fue la misma empleada en Madrid, el Jarama, etc. Los efectos asoladores en la villa foral deben atribuirse a la concentración del bombardeo de los Junkers, a la densidad urbana y la abundancia de madera en la construcción de las casas, a la escasez de medios locales contra incendios, que impidió apagar éstos al principio, y a la tardía llegada de bomberos de Bilbao, y su abandono quizá prematuro. Tampoco se recurrió a los explosivos para crear cortafuegos en torno a los focos.

La secuencia de los hechos vuelve muy improbable el número de víctimas ofrecido, no ya los 3.000 que han llegado citarse (60 por ciento de la población de Guernica), sino los 1.654 (33 por ciento) dados por verídicos en innumerables estudios .

La prensa anglosajona habló de cientos de muertos, para concretarlos enseguida en 800 y luego en un millar, mientras que el diario comunista francés L’Humanité, a partir de una entrevista con un sacerdote nacionalista Alberto Onaindía, subía las víctimas mortales a 2000. Southworth afirma que Leizaola declaró por radio, el 4 de mayo, que habían muerto 592 personas en los hospitales de Bilbao, pero en realidad habló ese día de dos muertos de una lista de 30 hospitalizados  y solo bien avanzado mayo el periódico Euzko Deya, en traducción inglesa, daría la primera cifra, que el gobierno de Valencia subió a 690. Los periódicos de Bilbao, al reproducir las crónicas extranjeras, censuraron tales datos, increíbles para los testigos, pero Aguirre y La Pasionaria, el día 20, hablaron vagamente de “gran número”, lo que, dice Salas “permitía no desmentir ni confirmar las absurdas cifras manejadas en el extranjero, que no hubieran podido reproducirse en Bilbao, pues los guerniqueses allí residentes sabían que eran falsas, pero convenía que siguieran circulando en el exterior”. 
¿Es posible conocer la realidad? Salas utiliza para ello los testimonios y la lista de enterramientos en los días siguientes, y de los heridos trasladados al hospital de Basurto, en Bilbao. Ya C. Uriarte indicó que las víctimas mortales no debían de pasar de 250. Los testigos sólo mencionan cifras notables de víctimas en tres lugares, el refugio de Santa María, el Asilo Calzada y el arranque de la carretera a Luno. 

Se conservan también las listas de enterramientos de los días 26 al 29, antes de la toma del pueblo por las brigadas navarras, así como de los fallecidos en el hospital bilbaíno de Basurto. Entre todos suman 75. Tras la entrada del ejército nacional, se rescataron 25 cadáveres del refugio de Santa María, que sumados a otros dos identificados, sumarían 102. Hubo 18 inscripciones tardías en el registro civil, probablemente parte de unos cincuenta no identificados nominalmente en los primeros momentos, pero que, si se quieren añadir como nuevos, aumentarían el total a 120. En su libro, Salas pide a quien tenga datos de otras víctimas le informe, pero nadie lo ha hecho. Los heridos fueron sorprendentemente pocos: 30, con tres fallecimientos, reforzando la idea de que los muertos no pudieron ser muchos. También apoya los datos de Salas el cuadro de ciudad vacía y sin actividad al día siguiente: el entierro de mil cadáveres, no digamos 3000, habría obligado a un movimiento considerable. 





 Eternamente Franco. Pedro Fernández Barbadillo
Guernica, la mentira invencible

Jesús Maria Salas Larrazábal redujo el número de muertos a menos de 130, de los que dio nombre y apellidos, cuando la historiografía antifranquista y abertzale había impuesto el número de 1654 fallecidos. Para desprestigiar a Salas, que expuso por escrito sus descubrimientos por primera vez en 1981, se le tildó de "general franquista", cuando sus dos ascensos a general de brigada de división los aprobaron sendos Gobiernos socialistas presididos por Felipe González.

¿El peor libro de Anthony Beevor?

Entre otros errores, Beevor escribe que en Guernica "era día de mercado"; no menciona el primer bombardeo, que fue realizado por los italianos y había alertado a los habitantes; repite que los aviones alemanes ametrallaron a las personas que estaban dentro de las calles de la villa; inventa que de Bilbao, más alejado del frente, huía la gente a Guernica que llegaba a ésta mientras se producía el bombardeo; ignora las intenciones de los corresponsales británicos de lanzar una campaña contra la amenaza nazi exagerando los horrores de la Luftwaffe... Y por último se sacude su responsabilidad con este párrafo:

"Nunca se ha sabido con certeza el número de muertos y heridos que produjo el ataque. El gobierno vasco sostuvo que un tercio de la población (1654 muertos y 889 heridos) sufrió en sus carnes el bombardeo, aunque las investigaciones más recientes sostienen que los muertos no pasaron de 300."

¿En qué quedamos? ¿Se conoce o no se conoce el número de víctimas? ¿Qué merece más crédito a un historiados: la declaración de uno de los bandos de una guerra o las posteriores investigaciones?

Una de las mentiras que forman parte de "la leyenda de Guernica" es que se trató del primer bombardeo aéreo de una ciudad. El Gobierno del Frente Popular había hecho bombardear por su aviación, según enumera Salas. Ceuta (20, 26 y 28 de julio), Tetuán (20 y 28 de julio), Melilla (26 y 28 de julio) Larache (28 y 7 de agosto), Cádiz (20 y 26 de julio y 7 de agosto), Toledo (22 de julio), Sevilla (23 y 26 de julio), Córdoba (26 de julio, 5 y 22 de agosto)...La madrugada del 3 de agosto un avión bombardeó la basílica del Pilar, pero ninguna de las bombas estalló. 




 Franco y el III Reich - Luis Suárez Fernández

Guernica

   El Vaticano preconizaba una solución para el problema vasco, donde sacerdotes operaban como capellanes entre los gudaris y nueve de ellos habían sido ejecutados antes de que Franco llegara al poder y lo impidiese: mediar para que los nacionalistas vascos firmasen un acuerdo. Franco no estaba dispuesto a admitir las demandas separatistas, ya que España formaba una unidad; estaba además convencido de que si los rojos ganasen, repetirían el gesto de Ucrania eliminando a los nacionalistas. 

   Pero entonces se produjo Guernica. Se estaba demostrando que el arma aérea era el instrumento más eficaz. Los bombardeos provocaban víctimas entre la población civil y esto se había comprobado ya en varias villas y ciudades. La propaganda británica y las circunstancias coyunturales hicieron que la prensa creyera que el bombardeo de Guernica era un caso singular. El 26 de abril de 1937 la Villa Foral, donde los Reyes Católicos juraran las libertades, sufrió dos pasadas. Una primera de aviones Savoia procedentes de Soria, y la segunda dos Heinkel y dieciséis o diecisiete Junkers alemanes. Según el testimonio que el coronel Galland presentó ante el Tribunal de Núremberg, los españoles no estaban informados de la operación consistente en destruir un puente, cortando así las comunicaciones de los republicanos con su retaguardia. Pero la poca exactitud de los medios hicieron que las bombas cayeran sobre el casco urbano, causando víctimas. Ni la Casa Foral ni el caso antiguo fueron afectados y los bomberos actuaron con eficacia. Se han comprobado al menos 126 víctimas. Los equipos asturianos de demolición completaron la tarea antes de que Guernica fuese conquistada por los tradicionalistas el día 26. Pero el panorama era desolador.

   Vinieron luego los errores en las noticias de uno y otro bando que contribuyeron a hacer de Guernica un símbolo de la crueldad alemana. Indalicio Prieto dijo a los periodistas que Göring había dado expresamente la orden para demostrar el poder de la Luftwaffe. El mando alemán negó al principio que se hubiese producido tal ataque y el Cuartel General de Salamanca repitió la noticia diciendo que eran los mineros asturianos los que habían "demolido la Villa Foral carlista y, por vasca, españolísima". Las mentiras suelen perjudicar a quienes las utilizan. En los informes que el día 27 el mando alemán pasó a sus superiores se hablaba de una operación rutinaria.

   Gracias a los estudios de Vicente Talón, Brian Crozier, Salas Larrazábal y Ángel Viñas, estamos en condiciones de movernos con más precisión. La  preparación de la operación fue seria y llegaron a emplearse bombas de 250 kilos. la orden fue dada por el mando alemán, que no consultó ni a Mola ni al Cuartel General de Salamanca. Richthofen, que dirigía el ataque, llamó a las seis de la mañana al general Vigón yle dijo que iba a operar sobre Guerricaiz. Ninguna orden vino de Berlín. El Cuartel General de Salamanca creyó que el bombardeo se había producido el día 27 y el mando alemán pudo responder que nada se había hecho en dicha fecha; de ahí nació el despropósito de culpar a los mineros asturianos, que, en fecto, destruyeron instalaciones militares al retirarse. Cuando Franco tuvo, al fin, noticia de lo sucedido, montó en cólera y llamó al agregado militar Hans von Funck para decirle que "bajo ninguna circunstancia consentiría una guerra total contra su propio pueblo". De modo que Guernica influyó negativamente en las relaciones entre el franquismo y el Eje.Sperrle fue relevado y se dispuso que en adelante la Legión Cóndor operaría bajo el mando superior español. 

   Quedó demostrado que la precisión en los bombardeos era aun muy escasa; los aviones habían equivocado el objetivo. Se aprovechó la experiencia para perfeccionarla sin atender al coste de vidas no militares. Londres, Leningrado, Leipzig o Hiroshima lo demostrarían. en septiembre de 1937 una comisión presidida por el ingeniero Estanislao Herrán, en la propia Guernica, pudo precisar el daño de las bombas y de las demoliciones; su informe coincide con el que Arvhibald Jones envió a Londres pocos días después de la conquista de la ciudad. Se silenció el informe de Herrán para no resucitar la cuestión. Algunos testigos dijeron haber visto la cruz gamada en los aviones; esto es falso, ya que todos operaban con insignia española. Vascos y navarros que pertenecían a las filas de los nacionales también mostraron su disgusto, aunque el árbol de Guernica, ahora custodiado por boinas rojas, no había sufrido dañosCoincidimos con lo que dijeron Ricardo de la Cierva y Luis María Olaso. "Nadie ha podido demostrar jamás la existencia de una orden de Franco para destruir Guernica, porque tal orden nunca existió". Dos fueron los daños que este sufrió: que se ensayara en España el procedimiento de bombardeos destructivos y ocultar o tergiversar el suceso.

   Guernica se ha convertido en capítulo esencial para la propaganda contra Alemania. El 28 de abril un periodista británico, L. Steer, que nunca había estado en Guernica o sus alrededores, publicó en el Times y en el New York Times una crónica culpando de todo a los alemanes. Nadie mencionaba a los italianos que formaran la primera oleada. Llegaría a decirse que el ataque había tenido lugar en día de mercado, algo suspendido radicalmente a causa de la guerra. Puntualicemos también que se estaban produciendo bombardeos peores. El presidente vasco, Aguirre, nos ayuda a entender la singularidad diciendo que "los aviadores alemanes al servicio de los rebeldes españoles han quemado la ciudad histórica venerada, mostrando una vez más que Euskadi no puede esperar nada de quienes no vacilan en destruir el país". De ahí que el padre Olaso no acudiera a la cita con el enviado vaticano, de modo que el proyecto de negociación no llegó siquiera a iniciarse.

   Miembros de la Legión Cóndor se mostraron desolados: no era eso lo que se buscaba. El 28 de abril, poco antes de abandonar el mando, Sperrle trató de justificarse ante sus superiores: "Las órdenes para los Ju52 del K/88 el 26 de abril eran la siguientes, atacar un puente y cruce de carreteras al este de Guernica. Los K/88 y VB/88 han informado que según observación no cayeron bombas en la ciudad. Ya había incendios en la ciudad antes del ataque". Así se cerraba el círculo de errores que contribuían a incrementar la desconfianza de Franco hacia sus posibles aliados. Por Europa circuló la versión de que miles de personas habían muerto por la crueldad alemana. Sin pretenderlo se estaba descubriendo una verdad; en la próxima guerra las víctimas civiles superarían a las militares. 


 La Guerra Civil Española
Hugh Thomas

   A las cuatro y media de la tarde, un repique de campanas de la iglesia anunció que se acercaban aviones. Anteriormente, la región ya había sufrido algunas incursiones aéreas, pero Guernica no había sido bombardeada. No tenía defensas antiaéreas de ningún tipo. A las cinco menos veinte, un Heinkel 111 (un nuevo y rápido bombardero alemán, con capacidad para transportar 1400 kilos de bombas), pilotado por el comandante von Moreau, bombardeó el pueblo, desapareció y volvió a presentarse con otros tres aviones del mismo tipo. Después de los Heinkel se presentaron tres escuadrillas de los viejos espectros de la guerra española, los Junker 52 -23 aviones-, algunos nuevos cazas Messerschmidt BF-109, y otros cazas más antiguos, Heinkel 51. Los cazas cumplían una doble función, debían escoltar a los bombarderos, pero también ametrallar a toda la gente que vieran, volando a baja altura. Varias oleadas de aviones lanzaron bombas incendiarias, poderosos explosivos y bombas de shrapnel, con un peso total de 50.000 kilos. En el bombardeo participaron 43 aviones; los Junker iban dirigidos por los tenientes von Knauer, von Beust y von Krafft. El centro de la población quedó destruido y envuelto en llamas. La casa de juntas vasca y los restos del famoso roble, que se encontraban lejos del centro, sin embargo quedaron intactos. Igual que la fábrica de armas que había a las afueras de la población. Murieron muchas personas, tal vez mil, aunque los acontecimientos que se produjeron a continuación hacen imposible afirmar con seguridad el número exacto de muertos. Muchas más quedaron mutiladas o heridas. También es posible que participaran en las últimas fases del bombardeo algunos aviones italianos. 

   Estos hechos fueron confirmados por todos los testigos presenciales, incluidos el alcalde del pueblo y el cónsul británico, así como por los corresponsales extranjeros -principalmente ingleses- que entonces estaban en el País Vasco. Pero Bolín, el jefe del departamento de prensa nacionalista en Salamanca, manifestó el 27 de abril, que los vascos habían volado su propio pueblo.

   Mientras tanto, el 28 de abril Durango, y el 29 de abril Guernica, cayeron en manos de los nacionalistas sin mucha resistencia. El general Solchaga ejecutó al jefe vasco hecho prisionero, coronel Larch, y a tres miembros de su estado mayor, tras un consejo de guerra sumarísimo. Los periodistas extranjeros que se encontraban con los nacionalistas fueron informados de que, aunque se habían encontrado en Guernica "algunos fragmentos de bombas", los daños habían sido causados principalmente por incendiarios vascos, con el fin de inspirar indignación. El 4 de mayo, un nuevo informe nacionalista dijo que, naturalmente, en Guernica había señales de fuego después de "una semana de bombardeo artillero y aéreo". También admitía que Guernica había sido bombardeada intermitentemente durante un periodo de tres horas. Diez días después, se encontró la palabra "Garnika" en el diario del 26 de abril de un piloto alemán derribado por los vascos. El piloto explicó, sin convencer a nadie, que aquello se refería a una chica que había conocido en Hamburgo. Unos meses después, otro comunicado nacionalista reconocía que el pueblo había sido bombardeado, pero afirmaba que los aviones eran republicanos. Las bombas -decía- habían sido fabricadas en territorio vasco, y las explosiones habían sido causadas poniendo dinamita en las alcantarillas. Pero, en agosto, un oficial nacionalista reconoció ante un reportero de The Sunday Times que Guernica había sido bombardeada por su bando: "Desde luego, la bombardeamos y la bombardeamos [...] bueno, ¿y por qué no?" Años más tarde, el as de la aviación alemana Adolf Galland, que se incorporó poco después  a la Legión Cóndor, fue el primero en reconocer que los responsables habían sido los alemanes. Sin embargo, arguyó que el ataque había sido un error, debido a los malos observadores de bombardeo y a la falta de experiencia. Los alemanes -decía Galland- querían destruir el puente que había sobre el río, erraron el blanco completamente, y por equivocación destruyeron el pueblo. Hay otros alemanes, entre los que se cuentan algunos que tomaron parte en el ataque, que defienden esta idea. El viento, dicen, hizo que las bombas se vieran impulsadas hacia el oeste. De hecho, Guernica era un objetivo militar, puesto que se trataba de un centro de comunicaciones próximo a la línea de batalla, en realidad, casi al alcance de la vista de las columnas nacionalistas, que se encontraban unos kilómetros más al sur. Los soldados republicanos en retirada solo podían huir hacia el oeste con cierta facilidad si pasaban por Guernica, porque el puente que había en las afueras del pueblo, sobre el río Oca, era el último antes del mar. Pero, si el objetivo primario de la Legión Cóndor era destruir el puente, ¿por qué Richthofen no utilizó sus bombarderos Stuka, que atacaban en picado y con gran precisión, si tenía un pequeño número de éstos en Burgos? Además, ¿por qué se montó una expedición tan especialmente devastadora? Como mínimo, uno de los objetivos que tenía en su mente (aunque no figurara en su diario) debía de ser el causar el máximo pánico y confusión entre la población civil, así como entre los soldados. El uso de bombas incendiarias demuestra que se pretendía destruir edificios o personas además del puente, aunque es posible que von Richthofen no previera que el fuego iba a extenderse tan rápidamente por las estrechas calles de Guernica, y también es posible que el polvo y el humo de las explosiones causadas por los Heinkel impidieran a los pilotos de los Junker la visión clara (o ni siquiera confusa) del puente. El hecho plenamente atestiguado de que ametrallaran a las personas que salían corriendo del pueblo difícilmente encaja en la versión que explica el ataque como un intento de destruir el puente. 

   Además, el diario de von Richthofen indica que el coronel Juan Vigón, jefe del estado mayor de Mola, estaba enterado del proyecto, con antelación al ataque: los dos habían conferenciado sobre el tema los días 25 y 26 de abril, aunque quizá "sin informar a la autoridad superior".

   Sin embargo, es justo reconocer que el ataque aéreo formaba parte de un conjunto de operaciones muy relacionadas con la campaña en curso; y que no hay evidencia directa de que los alemanes estuvieran enterados de la importancia que tenía Guernica para el pueblo vasco, ni de que los militares nacionalistas españoles, que evidentemente sabían lo que representaba Guernica para los vascos, supieran que el ataque aéreo iba a ser tan horripilante. Ni siquiera hay evidencia de que Vigón supiera que el ataque aéreo iba a ser tan devastador, ni de que Franco, Mola, o incluso Sperrle, discutieran de antemano el ataque que se planeaba: por entonces, como veremos, Franco, en realidad, estaba muy preocupado con los problemas de la Falange y Hedilla, y puede que incluso fuera difícil de localizar. Puede que Mola, Sperrle, e incluso Vigón, los días 25 y 26 de abril, también estuvieran preocupados por la crisis política interna, que en aquellos momentos era sumamente aguda. Dicen que Mola quedó muy impresionado cuando llegó a Guernica, el 29 de abril. también se ha dicho que Franco se enfureció con los alemanes cuando se enteró de las consecuencias del bombardeo. Puede que esto sea cierto, porque el hecho es que, a partir de entonces, no volvió a producirse ningún otro bombardeo del tipo de Guernica en el País Vasco, y, en realidad, la Legión Cóndor nunca volvió a intentar nada parecido al "bombardeo de zona" sobre ciudades indefensas. 

   Guernica dio lugar a una apasionada controversia internacional. A primeros de año, el pintor Picasso había recibido el encargo de pintar un mural para el pabellón del gobierno español en la exposición universal de París. Ahora se puso a trabajar en una representación de los horrores de la guerra expresados por la destrucción de Guernica, en una pintura que es probablemente la más famosas de todas sus obras. Después de ser exhibida en París, en 1937, por primera vez, fue enviada al Metropolitan Museum de Nueva York. Entretanto, el mando nacionalista y los alemanes , impresionados por lo que habían hecho, y preocupados por las posibles repercusiones, montaron una complicada campaña de disimulo. Anteriormente nunca se había producido un bombardeo aéreo como aquel. Los propagandistas de ambos bandos tomaron posiciones que ya no abandonarían jamás. Así como un corresponsal de The Times, George Steer, se mostró dispuesto a escribir tan explícitamente la versión vasca de los hechos, James Holburn, corresponsal del mismo periódico inglés en el bando nacionalista, cuando entró en el pueblo con el tren de bagajes de Solchaga, escribió: "los pocos cráteres que inspeccioné habían sido causados por la explosión de minas". Veinte sacerdotes vascos, uno de los cuales había sido testigo ocular del bombardeo, y entre los que se contaba el vicario general de la diócesis, escribieron al papa diciéndole quién había destruido Guernica. Dos de ellos, los padres Pedro Menchaca y Agustín Isusi, respectivamente, fueron al Vaticano con esta carta. La entregaron, pero solo fueron recibidos por el cardenal Pacelli, el secretario de Estado del papa, a condición de que no mencionaran el motivo que les había llevado a Roma. Cuando fueron recibidos, los vascos no pudieron reprimirse y empezaron a hablar de Guernica. Encontes, Pacelli, comentando fríamente que "la Iglesia es perseguida en Barcelona", los acompañó hasta la puerta.

   Durante una generación se mantuvo la versión nacionalista de estos hechos. Seguían vivos los que habían dado aquella versión en su momento, como el capitán Luis Bolín. Hasta 1970, cuando ya habían muerto, o habían dejado de tener influencia, y empezaron a ser accesibles los documentos del gobierno, no se reconoció que Guernica había sido bombardeada desde el aire. Así y todo, continuó sosteniéndose a menudo que los vascos habían rematado lo que los alemanes no habían hecho más que empezar. 





EL CASO DE GUERNICA


El acontecimiento más tristemente famoso de toda la guerra fue el bombardeo de la localidad vizcaína de Guernica, de 7.000 habitantes -incluido su extrarradio-, lugar de tradicionales ceremonias vascas, que tuvo lugar a finales de abril de 1937, durante la primera fase de la campaña del norte. No fue este el primer bombardeo importante en la zona, ya que el intento alemán de bombardear Bilbao el 4 de enero fue un total fracaso. En la capital vizcaína murió una sola persona, pero el resultado principal fue la matanza como represalia de 224 prisioneros políticos a manos de los bilbaínos, así como la muerte inmediata, a golpes, de un aviador alemán que había saltado en paracaídas.


La Legión Cóndor tuvo un papel importante en la campaña de Vizcaya, lanzando hasta 70 toneladas de bombas en solo unos días, una cantidad enorme para lo que fue la guerra de España. Con la tecnología disponible, los aviones no podían realizar bombardeos exactos, y la única manera de acertar en un objetivo era mediante operaciones de saturación sobre la zona elegida. Una de las más eficaces fue un ataque contra las posiciones vascas en el frente de Ochandiano, donde se lanza ron 60 toneladas de bombas en masa, que segaron la vida de más de 200 soldados y abrieron una vía de penetración para las tropas de Mola.


La principal restricción sobre los bombardeos en Vizcaya fue el veto impuesto por Franco cuando el general de división Hugo von Sperrle, comandante de la Legión Cóndor, pidió permiso para sembrar el terror con otro bombardeo en Bilbao después de que los civiles vascos hubieran apaleado a muerte al aviador alemán el 4 de enero. Franco se negó porque, como un coronel de la Luftwaffe escribió años después, «políticamente era algo inaceptable». Franco quería evitar las provocaciones innecesarias en Vizcaya, donde todavía esperaba convencer a los nacionalistas vascos para que abandonaran la alianza con la República. Ordenó que solo se atacaran ciudades y pueblos para alcanzar blancos militares. Estas directrices eran bastante parecidas a las que siguieron las fuerzas aéreas británica y estadounidense antes de la invasión de Francia en 1944, cuando durante varios meses atacaron instalaciones militares e industriales ubicadas en muchas localidades francesas, causando la muerte de más de 35.000 civiles galos.


 En contra de lo que se ha dicho, la operación realizada en Guernica no tuvo un carácter singular entre los ataques de ambos bandos, con la posible excepción de la cantidad de bombas incendiarias, que llegó a ser absolutamente normal en la guerra mundial. La Marina y las fuerzas aéreas republicanas habían lanzado ataques indiscriminados contra poblaciones con civiles  desde el primer día de la guerra, y en septiembre de 1936 la publicación azañista “Política” alardeó de los daños causados en localidades «inundadas de hierro y fuego».


En los inicios de la campaña del norte, el mando nacional determinó que las ciudades de retaguardia serían bombardeadas prácticamente de forma indiscriminada si constituían objetivos militares directos. Un defecto principal de la estrategia aérea fue, sin embargo, la falta de coordinación completa entre los mandos nacionales, alemanes e italianos. Al comienzo, hubo tres bombardeos intensos en Durango, de 9.000 habitan tes, la segunda ciudad de Vizcaya  -a pesar de ser entonces una localidad mayoritariamente carlista y no nacionalista-, porque estaba situada justo detrás del frente inicial. En tres bombardeos, del 31 de marzo y el 2 y el 4 de abril, se lanzaron casi 15.000 kilos de bombas, lo que causó una importante destrucción en la población. En un principio, las autoridades hablaron de 200 civiles muertos, pero una investigación posterior reveló que se produjeron 336 bajas mortales.


Debido al escaso número de las tropas nacionales, el avance era muy lento, pero, finalmente, el 25 de abril se consiguió romper una parte del frente y ya era evidente que los vascos tendrían que retroceder, concretamente a través de Guernica. En la mañana del 26, el teniente coronel Wolfram von Richthofen -sobrino del famoso «Barón Rojo» de la Primera Guerra Mundial-, jefe de operaciones de la Legión Cóndor, preparó un bombardeo de la ciudad por la tarde. Como todos sus colegas alemanes e italianos, no estaba nada satisfecho con el avance lento de Mola y, posiblemente, no entendían que Franco fuera tan poco generoso con el número de tropas asignadas a la ofensiva. Richthofen buscaba alentar una operación de tenaza para copar a los gudaris antes de pasar por Guernica. No cabe duda de que la ciudad era un blanco militar legítimo por su situación, según las normas de guerra de la época, ya que estaba situada a 10 kilómetros del frente y el objetivo era destruir su puente y también una parte significativa de la ciudad, para bloquear las comunicaciones y hacer o difícil o imposible la retira da vasca. Albergaba tres batallones de tropas vascas y varias pequeñas fábricas de armas y municiones que producían, entre otras cosas, bombas incendiarias parecidas a las que destruye ron la localidad. El hecho de que Guernica contara con seis refugios antiaéreos es señal de que que las autoridades municipales también la consideraban un posible blanco. El 26 era día de mercado, pero este quedó suspendido a mediodía por la  sensación de peligro reinante, y, en total, había poco más de 5.000 civiles en la ciudad, pues muchos ya habían sido evacuados. 


Richthofen buscaba probar la eficacia de combinar bombas explosivas con bombas incendiarias para provocar una gran destrucción urbana. El plan incluía un componente de terror subsidiario, ya que también participarían cazas para ametrallar a la población. En cambio, la idea de que contemplaba objetivos políticos o simbólicos para «punir» o «atemorizar» a los nacionalistas vascos es absurda, porque un militar extranjero como Richthofen no tenía el menor conocimiento de tales asuntos y no hay mención alguna a ello en su diario y en sus notas. El único objetivo político, si existió, habría sido demostrar la fuerza militar alemana y su importancia para la España franquista.


Participaron en el ataque 47 aviones, entre ellos 29 bombarderos medios y cinco cazas alemanes, y tres bombarderos y 10 cazas italianos, y se lanzaron 27.250 kilos de bombas, principal mente bombas pesadas de 250 kilos y bombas incendiarias. El ataque se llevó a cabo en tres fases: 1) Entre las cuatro y las seis de tarde, de modo desorganizado, tres bombarderos alemanes lanzaron sus bombas contra el puente, objetivo principal de la operación. Ni una sola dio en el blanco. 2) Sobre las seis y media, llegaron los demás bombarderos, que, durante un espacio de veinte minutos, lanzaron todos sus proyectiles sobre la ciudad, provocando numerosos incendios. 3) Sobre las siete, y durante más de media hora, los cazas atacaron con sus ametralla doras las carreteras que rodeaban la ciudad.


La segunda fase fue la decisiva. El objetivo era destruir los distritos lindantes del sur para bloquear la carretera y el por paso la ciudad. Con la combinación de bombas pesadas e incendiarias, el efecto fue demoledor, con cientos de casas derribadas y multitud de materiales de madera incendiados. Casi la mitad de los edificios de la ciudad quedaron destrozados.


Después de algunos días surgió el debate sobre la cifra de víctimas. Las autoridades vizcaínas llevaron a cabo un censo, pero eliminaron muchos datos, probablemente porque no respaldaban las pretensiones propagandísticas. A falta de un re cuento oficial correcto, parece que fueron unos 200 muertos, o sea, menos que en los bombardeos de Durango. La destrucción de la ciudad fue más el resultado de los incendios explosiones, lo que explica la cantidad relativamente pequeña que de las de víctimas. Los bomberos de Bilbao, que estaban a 34 kilómetros de distancia, tardaron horas en llegar y al final se retiraron, incapaces de controlar el incendio. Casi milagrosamente, el principal elemento histórico de Guernica, el legendario roble bajo el cual se habían jurado diversos cargos en generaciones anteriores, no sufrió daños.


Aunque el bombardeo no fue otra cosa que una improvisada aquel mismo día por el Estado Mayor de la Legión Cóndor , sin duda, bastante confusa en su realización, para Richthofen constituyó un éxito táctico, porque, como anotó, «la localidad quedó completamente cerrada al tráfico durante veinticuatro horas». Sin embargo, no alcanzó ningún éxito estratégico debido a la ausencia total de coordinación con el man do de Mola. El avance de la infantería siguió siendo muy lento y las tropas vascas tuvieron tiempo más que suficiente para retirarse tres días después. 


El bombardeo desde el aire de una ciudad no implicó, en sí mismo, la menor novedad en el conflicto español, y también había precedentes en el hecho de que Richthofen experimentara con una técnica nueva, ya que era algo frecuente entre los mandos alemanes y soviéticos en España. En realidad, la de Guernica fue una operación más secundaria, como objetivo militar, que la de Durango y otras. Y lo más singular, al fin y al cabo, no fue tanto la cantidad de víctimas como la proporción de la ciudad que resultó destruida, aproximadamente la mitad. En otros bombardeos aéreos de ciudades durante la guerra mu rieron tantas personas como en Guernica, pero, proporcional mente, la destrucción de edificios fue aquí mucho mayor.


Los ataques contra Durango, donde murieron más civiles que en Guernica, pasaron casi totalmente desapercibidos entre todas las noticias de la guerra en España, mientras el bombardeo de Guernica pronto llegó a ser la principal cause célebre de todo el conflicto. En los últimos días de abril, había cuatro corresponsales internacionales en Bilbao y fueron indispensables para convertir el bombardeo en una enorme baza propagandística para los republicanos, que lo presentaron como una calculada acción terrorista. Pronto se añadió la cifra de 1.654 muertos, que elevaba al 800 % el número de víctimas, cantidad absolutamente desproporcionada, incluso en el contexto de la Guerra Civil española, que ha dado lugar a tantas exageraciones. El principal promotor fue el corresponsal británico George Steer, cuyo motivo parecía ser el de alertar a la opinión pública británica de los peligros de la guerra aérea moderna. Desde entonces en adelante, la denuncia de los bombardeos aéreos franquistas se convirtió en un elemento clave de la propaganda republicana. (No lo era en las primeras semanas de la guerra, cuando la mayor parte de esos ataques fue republicana. Empezó en noviembre de 1936, y mucho más con Guernica. Véase R. Stradling, Your Children Will Be Next: Bombing and Propaganda in the Spanish Civil War, 1936-1939, University of Wales Press, Cardiff, 2008.) Y aún más eficaz que los medios impresos fue el gran mural de Picasso, preparado para la Exposición Universal de París prevista para ese mismo año. Se convirtió en un símbolo mundial, el más notable retrato artístico de los horrores de la guerra moderna y sin duda el cuadro más famoso del siglo XX. (Habría que señalar que Guernica solo proporcionó a la obra su nombre y no su inspiración, porque Picasso ya había comenzado a pintarla an tes, en protesta por los horrores de la guerra, utilizando clásicos temas cubistas propios, y solo le dio ese título una vez iniciada la campaña propaganda.)

 


La campaña puso en serios aprietos al Gobierno de Franco, que negó cualquier responsabilidad, afirmando que los incendios habían sido provocados por revolucionarios anarquistas. La excusa no era convincente y el escándalo llegó a irritar incluso a Hitler, que insistió a Franco para que eximiera de cualquier responsabilidad a la Legión Cóndor. Irónicamente, puede que todo el asunto acabara beneficiando a Hitler-de alguna manera, era lo que planeaba Richthofen-, porque acentuó el temor a la capacidad de destrucción de la Luftwaffe y fomentó la actitud de apaciguamiento hacia el Führer, exactamente lo contra rio de lo que buscaba Steer.


El Gobierno republicano dio tanta importancia al bombardeo de Guernica y a otras incursiones aéreas de los nacionales, casi siempre más eficaces y destructivas que las de los republicanos, que a comienzos de 1938 instó a la Sociedad de Naciones a enviar una misión a España para evaluar cómo habían sido y sus consecuencias. La Sociedad lo remitió a una comisión cuyo informe acabó siendo contraproducente para los republicanos. Su conclusión fue que «tanto el reducido número [de aviones] generalmente implicados como las pautas de los bombardeos apuntaban a la existencia de una doctrina que otorgaba prioridad a la destrucción de determinados objetivos como puentes o estaciones de tren», no de blancos civiles indiscriminados.


El único gran bombardeo indiscriminado de una ciudad como objetivo deliberado para sembrar el terror fue el ordena do directamente por Mussolini en marzo de 1938. Pasando por encima de Franco y de la cadena de mando habitual, intervino personalmente para ordenar a los aviones italianos estaciona dos en Mallorca que durante tres días bombardearan el centro de Barcelona, acción que acabó con la vida de 980 personas, casi todos civiles. Esta fue la única vez que el Duce se inmiscuyó directamente en las operaciones militares en España, parece que con el objetivo de demostrar la destreza de los aviones italianos y atemorizar a la población civil. Estos ataques, carentes de motivación militar, irritaron enormemente a Franco. El papa Pío XI envió una nota reprendiendo al dictador español, aun que debería habérsela mandado a Mussolini.


Se ha dicho que los primeros grandes bombardeos aéreos de la Historia fueron las incursiones que tuvieron lugar en la Guerra Civil española, aunque esta afirmación sería más acertada si se comparan con la Primera Guerra Mundial, no con la Segunda, ya que durante la Gran Guerra ninguno de los dos bandos contaba con bombarderos pesados, que no entrarían en acción hasta 1941. Después de la campaña de Vizcaya, práctica mente los únicos bombardeos aéreos realizados por los nacionales sobre ciudades fueron los ataques contra los puertos orientales, cuyo objetivo eran las instalaciones portuarias, los almacenes y los medios de transporte. En realidad, puede que los republicanos realizaran más bombardeos individuales, aun que el resultado no fue muy positivo. Una de las excepciones fue la incursión realizada en noviembre de 1937 en la pequeña localidad cordobesa de Cabra, de dudosa relevancia militar, que acabó con la vida de, al menos, 100 personas. Durante toda la guerra, unos 8.000 civiles murieron en la zona republicana a causa de los ataques aéreos, mientras que en la zona nacional fueron poco más de 1.000.

El Tercer Reich - Arthur Moeller van den Bruck



EL TERCER REICH,  Arthur Moeller van den Bruck


Capítulo I
Revolucionario

Queremos vencer la revolución


- En la historia alemana no se ha verificado todavía revolución política alguna. Esto indica que nos encontramos todavía en la fase intermedia de nuestra historia. Los ingleses tienen tras de sí una revolución gloriosa, así como los franceses. Ambos pueblos son más viejos que nosotros. Ellos han sido sometidos a difíciles pruebas, a través de las cuales han construido a los hombres. Ellos, a través de la revolución, se han transformado en naciones politizadas. Además se han construido a través de la lucha nacional armada, en la cual han comprometido sus vidas, la base política de su exitoso desarrollo. Y nosotros hemos experimentado en nuestro perjuicio, la seguridad y la determinación con la que ellos actuaron en tal contingencia mundial; de acuerdo con este cálculo, tras haber provocado la guerra mundial, se lanzaron a la refriega con extrema decisión, con el único objetivo de conducirla al fin, y utilizaron la victoria con fría y burlona determinación, mediante un tratado de paz cuyas condiciones eran, finalmente, generar nuevas ventajas en la transformada situación mundial. 
  • Todas las grandes ideas son, esencialmente, ideas simples. Solo su realización es difícil. 
  • El hecho es, que los alemanes post-bismarckianos no eran hombres de carácter bismarckiano. 
  • Alemania estaba entonces sin ideas. Poseía solamente la idea de su unificación. Lo demás se trataba de una idea ya realizada. 
  • Así transformamos esta ideología filosófica en un imperialismo político, en un principio que, no obstante, no procedía de nuestra íntima convicción: el dato de partida era nuestro Reich, construido mediante acciones de fuerza. Sin embargo no fundamos este imperialismo sobre bases ideológicas, considerándolo un derecho, un derecho de base y una necesidad de vida para una nación superpoblada. 
  • En la guerra mundial venimos sobre todos los campos de batalla. Pero en el ámbito de la política todo estaba en ruinas: la decadencia de la última generación había tomado ventaja. 
  • Al final son los hechos los que nos empujan a extraer las conclusiones pertinentes, y acabamos por afirmar una voluntad; tal decisión llega siempre demasiado rápido o demasiado tarde, nunca en el momento justo: resulta demasiado inmediata o una caducidad demasiado prolongada. 
  • Todo aquello que hacemos y no hacemos resulta ya fallido desde su origen porque hemos nacido de un espíritu enfermo cuyo producto es una mano enferma.
  • Deberemos sentirnos guiados por un sentido de destino: si no completamos tales intentos con nuestra fuerza, estaremos condenados a una caída que no durará solamente decenios, sino siglos en terminar. 
  • Son todavía esos los que se levantan, como optimistas de la revolución, para defender con palabras altisonantes y vacías sus conquistas. Ellos se han empeñado en proclamar la eterna validez de los principios: democracia mundial, liga de los pueblos y leyes suprarestatales, entre las cuales están el fin de todas las guerras y la paz eterna sobre la tierra fundada sobre valores espirituales. No quieren darse cuenta, no quieren ver ni escuchar que por culpa de ellos ahora se sufre bajo el poder extranjero, desde el momento  que los acuerdos de paz han producido la desesperación y personas privadas de patria, mientras en el mundo continúan existiendo guerras. Son obtusos por naturaleza y están convencidos en todo momento de haber hecho siempre las cosas más racionales. No conozco la contradicción existente entre razón e intelecto, contradicciones que se manifiestan en todas las partes del mundo, y con las cuales tropezamos continuamente. Por un lado, tenemos una razón para hacer ver a los hombres las cosas como ellos quieren que sean, mientras que por otro tenemos un intelecto que las muestra, inexorablemente, como ellas son realmente.  
  • La revolución ha desilusionado las expectativas, y no solamente aquellas socialistas: la desilusión más grande deriva del hecho de que ésta no se ha afirmado en ningún individuo procedente del pueblo así como la democracia no ha estado en condiciones de producir estadista alguno con capacidad para guiar a la nación. 
  • El pueblo no ha querido la revolución, sin embargo la ha completado. 
  • Creíamos pertenecer a los salvajes y sin embargo, éramos seres domesticados. 
  • Una revolución debe fundarse sobre la justa sensibilidad, sobre la justa fuerza y el justo sentido del derecho, como le corresponde a los hombres democráticos. 
  • Se puede luchar contra los efectos de la revolución cuando hay un buen motivo para pensar que la situación de emergencia de la nación no se resuelve con la nueva vía emprendida, sino que antes hay que convencerse de que la situación será todavía más grave. 
  • No tenemos en cuenta haber estado solos combatiendo contra diez adversarios, ni el hecho de haber sido empujados a esta revolución alemana por la simulación de ideales populares a los cuales esos diez adversarios deben su triunfo. 
  • Aquel que hoy es revolucionario, mañana será conservador.
Capítulo II

Socialista

Cada pueblo tiene su socialismo

  • Todos los errores del socialismo se condensan en la frase de Karl Marx: “La humanidad se plantea solamente los problemas que está en condiciones de afrontar”. No. La humanidad asume solamente problemas que no está en condiciones de afrontar. Aquí está su grandeza. Aquí está el genio que la guía. Aquí está el demón que la empuja. 
  • Y esta es la esencia de todas las utopías que no encontramos nunca realizadas. Es la esencia de todas las esperanzas milenaristas que no se cumplen nunca. 
  • Marx no ha comprobado la veracidad de su frase. 
  • Marx irrumpía en la materia, pero permanecía también implicado en la materia. Y hoy el socialismo permanece engatusado por el socialismo. El marxismo reconduce la materia a la materia; establece las modalidades de su transformación, pero no se puede preguntar por las causas. Marx mismo comprobó la insuficiencia  de una doctrina que se contentaba con explicar todos los seres mediante el principio del desarrollo y la evolución según una dialéctica materialista. Sin embargo, rechazó aportar la prueba, asumiendo  este principio como un dato de hecho. No buscó, insistimos, la causa y no comprendió haber demorado el problema de la causa. Marx generó un estancamiento de la materia, materia material, materia estadística y materia racionalista afirmando plenamente el “principio terreno”, según el cual el mundo era solo materia. Y justo este principio ha sido considerado por los marxistas la especificidad y el mérito más grande de Karl Marx. Sin embargo permanece en pie la pregunta: ¿Pero quién mueve la materia?
  • Marx no comprende que los acontecimientos, antes de desarrollarse, deben fijarse. No se da cuenta de que, aquello que llamamos desarrollo, presupone un surgimiento, y que no presenta un carácter progresivo y uniforme, sino que se resume en un proceder a saltos que resulta incontrolable en sus consecuencias. Comete entonces un grave error al no considerar que el desarrollo de los acontecimientos no siempre conduce al objetivo fijado, sino bien podría desviarse hacia resultados diferentes, si no opuestos. 
  • En realidad el marxismo tiene todos los signos peculiares de una utopía materialista. Marx confió al proletariado la construcción de un perpetuum mobile, en la rígida convicción de que, en cuanto concebido de forma lógica, habría sido también reproducible. Pero este perpetuum mobile se identifica con el mundo mismo, y el demiurgo no permite a nadie dañar su obra. 
  • Nuestra lógica racionalista se relaciona con la verdad como la experiencia estadística se relaciona con la realidad. Ella comprende todo aquello que se puede alcanzar, pero no aquello que es decisivo. La lógica nos persuade del progreso, mientras que la historia se opone a tal principio. La humanidad siempre ha sido un punto de inicio del cual no se conoce el recorrido ni el punto de llegada. 
  • Desde hace siglos los hombres penan sobre la tierra: la felicidad estaba aquí, la infelicidad allá. Ninguna religión, ninguna humanidad ni ningún arte del Estado ponía remedio a la falta de justicia. Ninguna fuerza espiritual, ética o política que actuaba sobre el hombre conseguía llegar al nivel de la realización completa de la justicia social en la humanidad. La culpa estaba en los hombres, en la medida que no eran dignos de los valores por ellos adscritos. La carne permanecía siempre débil. El hombre pensaba continua y exclusivamente en su yo. En este punto Marx concibió la idea de considerar al hombre en base a su verdadero yo, y de seducirlo con los placeres de la carne. 
  • Marx fijó el problema no desde lo interno, sino desde lo externo. Él no buscó una transformación de los hombres singulares, sino que tuvo en cuenta las tendencias comunes y, especialmente, las referidas a la codicia. No consideró a los hombres desde su fuerza, sino desde su debilidad, y no se preocupó de los daños que podría sufrir el alma, pero les mostró al “mundo” que debían afrontar. En efecto, Marx quería ayudar a los hombres, del modo que él consideraba justo hacerlo y en el modo en el cual ellos querían ser ayudados. Pero si los grandes fundadores de religiones  habían prometido a los hombres la vida eterna y no habían dado importancia a la terrenal, Marx actuó de forma distinta a ellos. Se dirigió a los hombres de forma muy humana. Basó su solicitud sobre intereses prácticos, corpóreos y cotidianos, o sea, intereses económicos. Su acción fue una estratagema. 
  • Marx no fue realmente partícipe de su realidad. Como hebreo era realmente un extranjero en Europa, aunque participaba igualmente de las victorias de los pueblos europeos y buscaba entender su sentido. Pero lo hacía como si quisiese adquirir un derecho de hospitalidad entre estos pueblos, por el hecho de que les ayudaba en sus necesidades y les mostraba una solución. Pero él no era todo uno con la historia de ellos; su pasado no estaba vinculado a tal historia, y la tradición que encontraba en su afirmación de la historia presente no era la misma que él tenía en su sangre. Marx no había vivido durante milenios con estos pueblos, tenía una sensibilidad distinta, pensaba de otra manera. Si sus ideas fueron tomadas sobre los hombres a los cuales se dirigía, no se revelaron firmes en tanto no estaban arraigadas, sino que permanecían en la superficie, implicando solamente a un conjunto de elementos exteriores. 
  • Se puede individuar a Marx sólo desde una perspectiva hebrea. Sus componentes son mosaicos, macabeos y talmúdicos; él está vinculado al guetto. Está muy lejos de Cristo, pero de cualquier modo él es también muy cercano, como aquel Judas que intentó expiar su traición. En toda su obra no hay ni una palabra de amor hacia los hombres, sino de oscura pasión que transpira odio, venganza y represalias. 
  • La doctrina de Marx es internacional, y por eso ha conseguido disgregar a Europa y seducir a los europeos. 
  • Marx no consideró a la parte no-proletaria de la humanidad europea, no la comprendió, porque no les pertenecían y no tenia acceso a los valores por ésta producidos en el curso de los siglos y dejados en herencia en lo posterior, herencia en la cual no habían participado sus antepasados. 
  • Marx demostraba preferencias en los enfrentamientos del proletariado, que representaban algo nuevo en el mundo, a pesar de que el filósofo alemán era extraño a ellos. No obstante, los asimiló; sin embargo, el proletariado no había asumido herencia espiritual alguna. Por este motivo Marx se vinculó al proletariado, haciéndose cargo de éste, y el proletariado se vinculó a él. Más allá de que Marx no se preocupó de analizar el surgimiento de esta clase, tampoco consideró las distintas historias que ésta había vivido en cada uno de los países singulares, historias extremadamente diferenciadas. Consideró a los proletarios como simples hombres y le violentó la nacionalidad que cada uno de ellos poseía  y que se negó a homologarlos como clase unitaria. Y no le vino nunca a la mente la idea de preguntarse, al menos una vez, si hubiese sido posible un socialismo de los hombres sin la instauración de un socialismo de los pueblos. 
  • Los hombres pueden vivir solamente si existen los pueblos a los cuales pertenecen. 
  • El marxismo ha prometido un tiempo de felicidad y ha experimentado un tiempo de maldición. Ha vivido la ilusión de haber encontrado una vía que condujese a la utopía de la ciencia. Ha considerado la ciencia de manera creativa y sobre su base ha establecido una empresa para los hombres, empresa realizable solo a condición de que sus presupuestos estuviesen “ya presentes en las condiciones materiales” o al menos “estuviesen en fase de formación”. Pero la guerra mundial convulsionó sus cálculos, y la revolución que le siguió demostró su completa inexactitud. El marxismo había considerado al proletariado internacional como una suma de individuos, pero no había hecho las cuentas con la tierra, con los pueblos y las contraposiciones entre los pueblos. Se había interesado solo en el desarrollo económico como problema crucial del mundo, y en base al cual el sistema social capitalista había sido suplantado por un sistema socialista. 
  • En el momento en el que se abre ante el marxismo la posibilidad de adquirir el poder político y de llevar a término su misión social, la doctrina socialista, pensada exclusivamente en términos económicos, se revelo fallida ante la primacía de la política, ante las leyes ineludibles de la historia. 
  • Marx tenía el espíritu de Europa en su contra, el espíritu de un pasado de dos mil años, que no se deja vencer y que se defiende de él. 
  • Hoy vivimos en este tipo de mundo y no en aquel de Karl Marx. Nosotros hemos descubierto el error de cálculo, que todavía hoy constituye el error peculiar del marxismo. Mientras tanto el socialismo no quiere admitir el fracaso, tanto político como económico, de su revolución. 
  • La concepción materialista de la historia es, de todos modos, inequívoca. Su significado está en su decidida unilateralidad con la cual fue pensada y para la cual se presentó como un bloque en el pensamiento histórico, y como tal debe ser rechazado. Si Marx y Engels hubiesen seguido, tardíamente, sus puntos de vista, habrían sabido que este bloque, en su esencia, dependía de un tipo de juicio por ellos formulado. Pero no lo hicieron. 
  • Históricamente, es absolutamente cierto, que cada tiempo tiene su paralela historia materialista, también las edades sagradas tienen sus elementos de contorno material, dado que siempre ha habido hombres, partidos y clases actuando en base a sus intereses específicos. el momento material constituye más bien el segundo momento: el inferior, con tal de que no se trate de una edad del todo materialista. Ciertamente también existen épocas de tal género. Hay edades inferiores. Pero también hay otras edades en las que el primer puesto corresponde a Dios. ¡Dios lo quiere! Es sabido que los hombres, aunque están hechos de materia, se colocan más allá de ésta. Es fundamental, en la medida que explican sus actividades, dar espacio a sus tendencias, desahogo a sus pasiones. 
  • Nosotros pensamos que fue primero el hombre. Marx pensaba que no había ninguna concepción profunda que entender, “que con los acontecimientos de la vida humana, con las relaciones sociales, la existencia social, las concepciones y los conceptos y, en una palabra, también la consciencia del hombre cambia”. Nosotros pensamos que es la consciencia la que cambia la vida. El elemento espiritual es autónomo. En la medida que es autónomo transforma al ser humano. Y solamente transformándose, los hombres pueden crear por sí mismos otras condiciones de vida. El hombre hace la historia y no la historia hace al hombre, y cuando es la historia la que transforma  al hombre, entonces hace que este hombre produzca transformadas condiciones de vida. La historia del hombre es la historia de sus fuerzas espirituales. Estas fuerzas espirituales contienen al cuerpo; el elemento metafísico comprende aquel físico, y el elemento físico comprende a su vez aquel económico. De modo que solo el elemento espiritual puede guiar aquel físico, nunca lo contrario. 
  • La materia no puede actuar por sí misma. En el ámbito económico no es un nuevo orden económico el que puede transformar la vida desde su raíces, sino que es una vida transformada desde sus raíces la que produce un nuevo orden económico. 
  • El materialismo histórico cae en un error cuando piensa que estos grupos de hombres podían subsistir sin un principio estatal. La economía no puede sustituir al Estado, no puede hacerlo la política interna, y mucho menos la externa. La subsistencia de un pueblo no puede llevarse a cabo sin una administración. ¿¡Cómo se podrían regular, sin Estado, los impulsos, fuerzas, voluntades, tendencias y empresas de una nación!?
  • El materialismo histórico quería ser una ciencia de la experiencia. El socialismo se tropezó con la contradicción de referirse al futuro, en el cual, naturalmente no podía tener experiencia. Podía entonces obvia esa contradicción renunciando solamente a la objetividad de la experiencia en detrimento del análisis de las tendencias políticas. 
  • El socialismo no tiene ningún conocimiento de los pueblos, así como nada sabe de los hombres. 
  • El socialismo no quiere admitir que el hombre no ha construido su cuerpo en el curso de un desarrollo histórico, sino que lo ha construido en los orígenes de la historia y que ha recibido su libre impulso desde el cerebro, no al contrario. De hecho, es el hombre mismo quien ha producido su historia, que representaba la culminación de su actuar. 
  • El materialismo habría estado en lo justo si la humanidad hubiese producido solamente materia. Pero la humanidad ha producido sobre todo valores, una jerarquía de valores entre los cuales están aquellos materiales ocupando niveles más bajos. La historia humana no se explica por las solas personalidades de los portadores de estos valores, ni mediante las razas ni las religiones, que son las estructuras de la sangre y el espíritu de cada acontecimiento, y mucho menos mediante hechos económicos, en los cuales vemos solamente los aspectos materiales de los presupuestos espirituales. Se trata más bien de una historia de conexiones. 
  • La concepción materialista de la historia que no se presupone al hombre, sino a la economía, renuncia a la historia en sí misma. 
  • Un día se hará evidente la gran falta de dignidad del siglo XIX, por el hecho de que veía en el estómago la medida del ser humano. 
  • El hombre quiere ir más allá de su naturaleza, y realmente comparte con el animal el hecho de querer vivir. Ya el primer hombre, entonces el “Naturmensch”, se avergonzaba de su condición material, de su dependencia física, de su ser vinculado a la materia, del hecho de ser dependiente de la alimentación, y percibir aquello como algo infame que lo daña, como un elemento de la tierra que lo empobrece y que debe soportar. Vergüenza y conciencia tienen la misma raíz. Partiendo de aquello, el hombre supera al humano a través de la conciencia de su opuesto. en el hombre que va contra su humanidad, que decide, finalmente no preocuparse solamente de su alimentación ni de vivir en función de los factores económicos. Aquí está consciencia que representa la dignidad humana. 
  • El materialismo histórico no ha tomado nunca en consideración este aspecto. Por otro lado, como su propio nombre indica, se trataba de una concepción histórica de la materia. Se trataba de la historia de un hombre dividido y no de su aspecto más elevado. Sin embargo, la historia se vengaba del socialismo y de su concepción filosófica: Se vengaba del hecho de que éste solo pensaba de forma económica, no política; se vengaba mostrando la falsedad del presupuesto del pensamiento materialista, según el cual la historia y la economía se compenetran y la segunda depende de la primera. La sobreestimación de la economía en la época materialista no produce el socialismo, sino la guerra mundial. Su estallido reveló otras fuerzas históricas, y no el dogma del enfrentamiento de las clases ni, por lo tanto, de la consecuente lucha de clases. 
  • El socialismo no pudo afirmar su predominio respecto al capitalismo en el ámbito de una floreciente vida económica, y solamente pudo hacerlo en el ámbito de una economía confusa, enferma y demente. 
  • Nuestro pensamiento se ocupa, y se ha ocupado, solamente del hoy. Esta es una actitud común tanto en el capitalista como en el proletario. Somos abandonados así en base a nuestros intereses de alcanzar un nivel nunca alcanzado por la humanidad: la concepción materialista de la historia celebra hoy su aplastante victoria. 
  • El proletario ha llegado a ser un problema para el cual el socialismo no tiene respuesta: un problema abierto, oscuro y enorme, de cualquier manera un problema en sí mismo. 
  • Junto a estos abandonos, el socialismo fue culpable del error en el cual también incurrió el marxismo, el error más grande en el cual podía caer: rechazaba el problema cuya solución incumbía la vida de todos los pueblos de la tierra, especialmente al pueblo alemán, que era aquel de la superpoblación. Pero, ciertamente, en este caso estaba implicada desde su raíz la teoría de la plusvalía. De hecho la problemática marxista, con sus presupuestos de lucha de clases, viene negada desde la base. 
  • En este punto el marxismo se opone tanto a la naturaleza de las cosas que acaba por disolverse en la utopía. El marxismo no considera las diferencias entre pueblos, diferencias que se basan en la especifidad de sus caracteres: el socialismo de la lucha de clases considera solo a las masas, pero no toda la heterogeneidad del proletariado, de los países singulares.
  • Hay pueblos en el mundo que poseen tierra, espacio, posibilidad de expandirse y alimentarse, y también libertad de movimiento, mientras que hay pueblos que no lo tienen. 
  • Las tierras poco habitadas pueden vivir, aquellas superpobladas no pueden hacerlo.

  • Han vencido los países despoblados, mientras que los superpoblados han perdido. Este es, por ahora el resultado de la guerra mundial.
  • A los vencidos les fue prometida una paz basada en la justicia, pero los vencedores usaron la paz, que era su paz, para dársela a aquellos que ya la tenían. Ellos tenían distintas banderas, con los símbolos de la libertad, la igualdad y la fraternidad, pero las verdaderas banderas de los vencedores son del color gris de una concepción comercial que implica a hombres y tierras. 
  • Los franceses sí se muestran preocupados ante las consecuencias de la despoblación. Se ha preocupado, desde hace cuarenta años, de incrementar sus cuarenta millones de habitantes. Ahora se preocupa de tener suficientes franceses blancos para entrenar a los franceses negros para sus rapiñas. Poseen medio imperio mundial, que los ingleses les han dado como compensación por la guerra vencida. Pero el francés, enamorado de sí mismo, sirve voluntariamente solo en Francia y, visiblemente en la capital, donde lo visitan las personas procedentes de otros países para admirarlo.
  • El pueblo francés puede vivir porque posee un territorio más vasto en relación a lo exiguo del número de sus habitantes. Por el contrario, el pueblo ruso no puede vivir porque los recursos de su tierra no les ofrecen suficiente trabajo y no les aseguran los medios para la subsistencia. Y los alemanes, los italianos y los trabajadores europeos no pueden vivir porque no tienen a su disposición suficiente espacio para trabajar y vivir. 
  • Se ha calculado que en Alemania hay sitio para otros cinco millones de personas. Pero si, en teoría, esta cifra elevada fuese justa, es totalmente falsa. Es falsa desde el punto de vista psicológico.
  • El neomalthusianismo nos sugiere limitar el número de nacimientos. Sin embargo, es un consejo valioso. La naturaleza ha querido la superpoblación. Entonces deberá ser ella quién resuelva el problema. Quizás el neomalthusianismo quiere tomarnos el pelo cuando se encomienda a las palabras de Malthus: “El bienestar hace disminuir el número de nacimientos”. El bienestar no pertenece hoy a nuestras perspectivas. 
  • Somos un pueblo con un excedente de veinte millones de habitantes en nuestra tierra. Se ha prohibido la emigración al proletario, se la ha prohibido a la propia nación. Solo la explosión es posible. 
  • Nosotros no somos un pueblo que pueda ser dividido. No somos un pueblo que pueda vivir en un territorio angosto y reducido. Y el espacio exiguo en el que nos han reducido constituye un peligro siempre amenazante. ¿No queremos entonces transformar este peligro en nuestra política?
  • Cada pueblo tiene su propio socialismo. 
  • El bolchevismo era ruso, solamente ruso. 
  • La idea de economía comunitaria se reclama a aquel que ha cultivado la vida en la célula. Y la idea-guía de una nueva juventud reclama a aquel que no deja la vida en manos del hombre, como forma derivada, sino que la atribuye a aquel que lo precede. El socialismo alemán no es atomista, es orgánico. Y es dualista y bipolar., en la medida que corresponde a toda la tierra en todos sus ámbitos, desde aquel geográfico a aquel trascendente, es dualista, y debe re equilibrarse entonces en su antítesis. Ello supone un individuo diferenciado y no homologado como el hombre occidental actual. Sin embargo, esto no quiere decir que estas diferencias deban separarnos, sino que más bien deben unirnos. El socialismo es para nosotros: Enraizamiento, gradualidad y estructura. Solo el marxismo conoce el socialismo internacional. 

Capítulo III

Liberal

La ruina de los pueblos

  • La sospecha que gravita hoy sobre el liberalismo en Alemania es la sospecha por un sistema: por una trampa, por una red de intriga extendida por el mundo, en cuya malla Alemania finalmente estaría enredada. La sospecha que envuelve a la masonería es de la misma raíz. Esta asociación secreta, difundida entre ciudadanos de todo el mundo, es muy cercana a los principios liberales. Se tenía conocimiento de que fueron representados por los llamados “artesanos libres”, que antes de la guerra se conjuraron contra Alemania, y que durante el curso de la guerra decidieron su destrucción. También se sabía que eran casi exclusivamente estadistas masones aquellos que se reunieron en Versalles. Por este motivo se ha reconstruido la historia de la masonería: para revelar el secreto que la envuelve, para desvelar los nexos que la vinculan a todo aquello que ante la humanidad siempre ha aparecido ctónico y enigmático. Se nos ha preguntado cuál es el motivo por el que las logias fueron divididas entre aquellas de los iniciados, y aquellas de los no iniciados: ¿Se trataba quizás de motivos políticos? Se ha creído descubrir el origen de la masonería en los misterios egipcios y en aquellos de Eleusis. Se nos encomienda a los Druidas y los “Asesinos”. Viene seguida por parte de las órdenes caballerescas, pasa a través de los Rosacruz para alcanzar a los ilusionistas y, quizás, a los hermanos de las logias. Y finalmente llegan los oscuros acontecimientos de 1717 con la fundación de las nueve altas logias inglesas , y de 1789 con el estallido de la revolución francesa, posteriormente a la revolución rusa de 1917 y aquella alemana de 1918.
  • Debemos considerar que en el recorrido de la historia de la masonería, nos encontramos con una disgregación de principios, que presupone un hombre del todo particular, en el cual vemos la tipología del liberal: un individuo con la mente vacía, débil, la cual no está en condiciones de dar orden a los propios principios, o que se preocupa de ponerlos aparte. 
  • La masonería es solo una directiva general. Ella se refleja en el liberalismo. La actividad de una se confunde con aquella de la otra, aunque no siempre es fácil distinguir sus raíces. 
  • En la masonería se cumple solamente el intento de encontrar un elemento sustitutivo a un mundo desacralizado, intento que se concreta en la constitución de un mundo “hermanado”.
  • El liberalismo conduce a la estupidez o al crimen. Una cosa no es independiente de la otra; son principios que se sostienen recíprocamente. 
  • La actividad de las logias es anónima, la masonería no da nombres, señalando su falta de personalidad. Ésta es su fuerza y ésta es su debilidad. Esta peculiaridad es indicio, entre otras cosas, de su particular psicología. La masonería puede utilizar solamente la “inteligencia” y el pequeño demón, no el carácter y el gran genio. No tiene fundador. Su historia no se vincula a nombre alguno. No tiene representantes seculares, héroes ni mártires. Nadie se ha sacrificado todavía por el bien de las logias. Si se valora la masonería por los valores a ella intrínsecos, se ve cómo representa al más pobre de los movimientos espirituales. 
  • El jesuitismo puede tener como referencia los ejercicios espirituales del fanático vasco.
  • La masonería no posee nada ni a nadie. Está privada de todo signo lingüístico clásico. 
  • El carácter sectario de la masonería se identificó con el liberalismo, como un reagrupamiento político de pequeños hombres, ciertamente no sabios, hombres de negocios o sometidos a los negocios. Tenían como elemento característico el no preocuparse de la socialidad, sino del poder. Podemos decir que sus principios se transferían directamente de las logias al liberalismo. He aquí lo indicado respecto a las logias en el Buletin du grand orient de France a propósito de los años 1899-1900: “¡Que nadie pueda moverse más, si no lo quiere la masonería, absoluta dominadora de la tierra!”. Esta declaración es parte de las muchas expresiones de estupidez características del hombre liberal. 
  • En lo demás, se intentaban enmascarar las ambiciones privadas con una apariencia pública. E igualmente necesitaba salvaguardar aquel concepto de libertad que unía a masonería y liberalismo. Las dos vías  tendieron a homologarse, y de esta coincidencia de instintos secretos nace un partido político. Es cierto que nadie, en el ámbito de un pequeño grupo, podría mostrar que persigue un poder totalmente personal, pero ¿qué ocurre si más personas se le unen y mediante el número y el mutuo apoyo, se arriesgan a hacerse con aquel poder que no podría ser acaparado por un solo individuo? ¿Qué ocurre si un cierto número de personas se asegura el poder mediante la repartición de las fuerzas disponibles y la conducción de una actividad bien organizada y finalizada sin escrúpulos? Y todavía más, ¿qué ocurre si el espacio utilizado para alcanzar tales fines, denominado espacio de la libertad, es confundido con el terreno de juego de las intrigas?
  • El liberalismo presupone que todo aquello que él hace, lo hace en beneficio del pueblo. En efecto, se pone de parte del pueblo y lo sustituye por un “yo egoísta”.
  • El liberalismo  ha alejado al hombre de los altos valores, valores que él asume originariamente del pueblo, para absorberlos, remodelarlos y devolverlos de nuevo al pueblo. 
  • El liberal no expresa ninguna sociedad articulada, sino una sociedad disgregada. Justo or este motivo no puede elaborar valores comunes al pueblo y la sociedad. El liberal tiene solamente valores falsificados, los ha modificado en base a su voluntad y les ha dado una “elaboración” personal. Y justo esto ha determinado la ruinosa disgregación que hoy  ha producido entre los componentes de un mismo pueblo. La apelación al pueblo sirve a la sociedad liberal solamente para sentirse autorizado y ejercer su libre arbitrio. El liberal ha utilizado y difundido el eslogan de la democracia para defender sus propios privilegios sirviéndose de las masas. 
  • Pero al hombre liberal el pueblo le es completamente indiferente. El liberalismo es el partido del arribismo. Es el partido de quien ha entendido ofrecerse, entre el pueblo y los espíritus elevados, que son aquellos que, procediendo del pueblo, cumplen con sus deberes de forma creativa, sin cálculos cual expresión de un pueblo o una nación caracterizados por el espíritu creativo. Por el contrario, aquellos que pertenecen a esta clase intermedia no han acompañado el crecimiento de una nación, aquella en la cual se han introducido como cuerpos extraños. Ellos se sienten únicos, y no se preocupan de nadie y mucho menos del pueblo. Son totalmente extraños en la historia del pueblo en el cual actúan. No comparten sus tradiciones, y no han tenido participación alguna en su pasado. Ni tan siquiera comparten la ambición en el futuro. Ellos solo buscan las ventajas en el presente. La última idea está dirigida a la gran Internacional, en la cual son ignoradas las diferencias entre lenguas, razas y culturas: se debería ser gobernado como un único pueblo, de una familia formada por hermanos seleccionados de las inteligencias de todos los países, los cuales asumirían en sí mismos las prerrogativas morales del mundo en su totalidad. Ellos pliegan a la nacionalidad ante este internacionalismo, y para hacerlo se sirven también del nacionalismo. 
  • Los liberales, desde su concepción internacionalista, utilizan ahora el pacifismo o después el militarismo en función de las circunstancias. Lo utilizan de vez en cuando como medios para cumplir sus objetivos e intereses. Si el sentido de la duda hace que se pregunten: “¿Con qué objetivo vivimos?” su propio cinismo responde: “¡con el de vivir!” Así viven ellos y se crean el medio para poder vivir.
  • El liberalismo, convertido en nacionalista, se ha servido de las enemistades entre los pueblos como medio intrigante para sus objetivos políticos. Ha incitado a unos pueblos contra otros provocando la destrucción. 
  • El egoísmo es la característica del liberal, que abandona en el diluvio las cosas de las que vive. En contraposición a todo conservadurismo, que se conecte siempre con la fuerza del hombre, el liberalismo explota su debilidad. El liberalismo busca poner en práctica trucos para extraer fuera de su debilidad. Se hace de forma que se vive del perjuicio al prójimo, ocultando este desorden bajo la apariencia del ideal. Este es su cálculo. Cálculo hasta ahora realizado. 

  • El liberalismo ha destruido la civilización. Ha aniquilado las religiones. Ha destruido las patrias. Ha representado la disolución de la humanidad. Los pueblos de naturaleza no conocen forma alguna de liberalismo. Para ellos el mundo es una experiencia de vida unitaria que el individuo cumple con sus semejantes. Así perciben la vida como una lucha que les implica y les une. 
  • Aquellos pueblos que se fundaron sobre un principio solitario, o aquellas naciones que han dejado de ser pueblos, han dado al liberalismo todo el espacio que éste pretende. Tales pueblos, en un estrato inferior, han permanecido como masa, mientras que en el superior han estado constituidos por una clase privilegiada. 
  • El liberalismo tuvo comienzo con un falso concepto de libertad, nacido de un malentendido. Y terminó con un falso concepto de libertad, del cual continuaba sirviéndose cuando no defendía la libertad, sino sus propios intereses. 
  • Los ingleses hablaban siempre de libertad. Pero ellos procuraban su propia libertad a costa de dañar la libertad de los otros. 
  • Una cosa es el liberalismo en Europa, y otra el liberalismo en Alemania. Se sabe bien que el liberalismo de los países occidentales fue medio usado por el Tercer Estado, un juego destinado a afirmar el propio poder. éste supo engañar al pueblo con las promesas de 1789, y sobre todo supo explotarlo en su propio beneficio. Se sabe también que la libertad es la voz más atrayente del ternario de los eslóganes de los derechos humanos, con los cuales las masas han estado bajo tutela, y en lugar de ir hacia las peligrosas barricadas, se dejaron conducir hacia las inocuas urnas. 
  • Son liberales los dos partidos estadounidenses, y la única diferencia está en que los ingenuos que se encuentran en todos los partidos son liberales de buena fe, mientras los falsos lo son en buena fe. 
  • Actualmente los masones alemanes, que son todos liberales, tienden a excusarse cuando se hacen notar las intrigas de las logias alemanes ante la guerra, y juran no saber nada, callando con esto sobre su función. Nosotros estamos dispuestos a creerles, no hay necesidad de que lo confirmen. Cada país tiene su propia masonería: a las logias alemanas se ha confiado la función de abandonarse a la buena fe alemana. Y el liberalismo tergiversó el concepto que procedía de Occidente y que penetraba en Alemania. 
  • Alemania fue rendida al liberalismo alemán, y cada ciudadano se confió con extrema ingenuidad. Así la derrota era segura, dado que tenía en la estupidez humana el mejor aliado. 
  • Ha sido siempre un privilegio de la juventud luchar por la libertad. Si la libertad fuese todavía una peculiaridad del liberalismo, entonces la juventud no lo abandonaría, sino que permanecería vinculado a éste. Pero el liberalismo no tiene nada que ver con la libertad. El hombre liberal cree siempre ser su abogado. Pero él. justamente, es abogado en un sentido totalmente equivocado, por el hecho de que lleva consigo el arte del acomodamiento, la capacidad de adaptar la realidad siempre a su propio beneficio. Él, como hombre de letras, hace guiños al libertinaje, y lo demás es asignado al artista, al aventurero o al criminal. Pero la sospechosa cercanía entre ellos y el liberal indica hasta qué punto este liberalismo constituye el elemento de disgregación que invade a los Estados, introduciéndose tanto en la vida de los individuos como de la comunidad. 
  • En el liberal, la juventud alemana identifica al enemigo. 

Capítulo IV

Democrático

La democracia es la participación de un pueblo en su destino

  • Se reconoce la democracia en un pueblo si éste sabe lo que quiere. 
  • La democracia es la participación del pueblo en su propio destino. Y el destino del pueblo, deberíamos decir, pertenece al pueblo. La pregunta es siempre la misma: ¿Cómo es realizable una efectiva participación?
  • El socialista decía: “cada pueblo tiene el parlamentarismo que merece”. ¡Cierto, cierto! Pero nosotros hemos llegado a otra conclusión: pensamos que el tiempo del parlamentarismo ha terminado. Y justo en esta tierra, en la que el parlamentarismo se ha comprometido fuertemente, más que en ningún otro país. Por lo demás, Alemania es un país demasiado noble para el parlamentarismo. 
  • La democracia o es la expresión de la autoestima de un pueblo o no es nada.
  • Una revolución no permanece nunca revolucionaria. Una revolución muestra siempre una tendencia a convertirse en conservadora. 
  • Algunos alemanes, que en la época de las masas habían permanecido individualistas, dirigieron su pensamiento hacia Nietzsche, que ha representado el polo opuesto respecto a Marx en la historia espiritual del siglo. Individualmente en el comienzo de los acontecimientos que hemos vivido, Marx, con su pensamiento, ha favorecido el desarrollo de aquel materialismo en el que han terminado los demócratas de la revolución. De hecho, y ante todo, Marx ha desarrollado un pensamiento materialista y una concepción materialista de la historia. Él había perpetrado un engaño infernal en los enfrentamientos de la humanidad al tratar la materia como idea. Sin embargo, es necesario tener presente que cada movimiento libera siempre un movimiento contrario. Así, cuando el marxismo cae en la red democrática, he aquí que con Nietzsche resurgía un pensamiento aristocrático. ¿Fue Nietzsche el verdadero representante de un movimiento tal de oposición, afirmándose después el la irrupción de las masas por el diagnosticada y despreciada como expresión del “triunfo de la mediocridad”?
  • Nietzsche fue el combatiente que luchó contra todo aquello que es masa, ausencia de articulación y jerarquía. Él, “en la era del sufragio universal, en la cual cada uno puede apelar al juicio frente a cada uno”, se ha sentido el restaurador de un orden jerárquico. Él hablo de las “terribles consecuencias de la igualdad” diciendo: “Toda nuestra sociología no conoce otro instinto que aquel del rebaño, o sea, de la suma de ceros, en la cual cada cero tiene iguales derechos, y donde es virtuoso ser cero”. Pero Nietzsche ha diferenciado la base biológica del pueblo, proletariado y democracia. 

  • El mismo marxismo, cuya doctrina contemplaba la resolución del problema del proletariado, no ha hecho nunca la pregunta ni ha respondido a ella: ¿Cómo ha surgido el proletariado?
  • Marx dirigió sus objetivos al proletariado por sus vínculos naturales. Como hebreo no tenía patria. Dijo al proletariado que era falsa la afirmación por la cual una tierra y un pueblo habrían constituido una unidad. Lo convenció de que su único bien común fuese el interés económico que unía a los proletarios de todos los países y más allá de los limites estatales o lingüísticos. 
  • Marx prestó atención a la plusvalía solamente como totalidad, para poder decir a la clase proletaria que la fábrica le pertenecía: como si las masas hubiesen inventado las máquinas, construido las fábricas y hecho las empresas. 
  • No entendió cómo el problema residía en el excedente de los hombres respecto al espacio. Vio solamente que éstos buscaban un lugar, una ubicación conectada con la posibilidad de trabajo, y que esta posibilidad de trabajo no era más que su “armada de reserva industrial”. Pero, de hecho, él observaba un estadio tardío del sistema de producción capitalista y lo juzgaba en base a la particular situación de Inglaterra. 
  • Todavía busca afirmarse la palabra de Marx en su poder sobre las masas: “La liberación de la clase trabajadora solo puede ser obra de la misma clase trabajadora”. Pero las masas están en un error. Y más poderosa que estas palabras que intentan seducir, es la realidad que ha sido tergiversada. Aquí el proletariado experimenta en sus propias carnes, que no existen clases oprimidas sino en su conciencia, y que existen naciones oprimidas. ¿No deberá entonces rebelarse el proletariado en conexión con la lucha de liberación que afrontará la nación a la cual él pertenece?
  • Marx pone el acento sobre la exigencia de la clase trabajadora de liberarse en sí misma. No creemos que un pueblo solo pueda liberarse, y ponemos el acento sobre la pregunta: ¿Nunca podrá liberarse la clase trabajadora como tal?
  • El marxismo, con la génesis del proletariado, ha errado en la comprensión de su sociología como de su psicología. 
  • Debemos, si queremos tener una respuesta a aquella pregunta, entender exactamente el aspecto psicológico. ¿Quién es el proletariado de una nación? ¿Qué significa ser proletario?

  • Es proletario aquel que quiere ser proletario.
  • No es la maquina, ni la mecanización del trabajo, ni la dependencia salarial en el ámbito del sistema de producción capitalista lo que hacen al hombre proletario, sino la conciencia proletaria. 
  • El mundo ideológico del proletariado es simple. Esta es su fuerza. Pero este mundo, entre otras cosas, es angosto, inadecuado en sus presupuestos, privado de fundamentos, privado del sentido del crecimiento, privado de una visión estructural y de conjunto. Y en esto está su debilidad, su falta de visión y, en un cierto sentido, su falta de perspectiva. El ostracismo que lo caracteriza le es innato. Originariamente, todos nosotros, en cuanto hombres, hombres primordiales, somos proletarios, sentados desnudos sobre la dura tierra. Pero inmediatamente surge una estructura ordenada, a la cual es preciso adaptarse. Quien no alcanza el desarrollo suficiente para adecuarse a tal sistema permanece en lo bajo, no se eleva, antes se precipita. 
  • Una masa se forma a través de generaciones, y también su formación es una elección. El gran peso de la masa permanece. El proletariado existe siempre. El socialismo es un intento de acelerar este crecimiento en nombre del desarrollo. Pero el proletariado continúa existiendo. Detrás del cuarto estado, todavía en formación pero que rápidamente se convertirá en burgués, urge decidir el quinto y el sexto estado, que quizás no representan a una sola clase sino a una nación entera esclavizada, con banderas de las cuales hoy nadie conoce los colores. El proletariado es para siempre. 
  • Aquel que no quiere ser proletario se distingue del proletario por los valores que produce en sí mismo y que le dan una sensibilidad espiritual más profunda y una perspectiva más amplia. 
  • El proletario concibe el mundo como él lo ve. Pero él está en condiciones de ver solo su mundo proletario, no aquel que existe a su alrededor. El proletario piensa de forma astuta pero en términos breves. No tiene tradición alguna de pensamiento. Piensa de forma ingenua, y puesto que afirma hacer solo aquello que considera justo, cree actuar de forma justa. si pensásemos de forma histórica, entonces sabríamos, desde una profunda experiencia de los hombres, que el ascenso de proletariado ha representado una verdadera desilusión. 
  • El no proletario se separa siempre de la masa proletaria: este es un hombre dotado, un hombre responsable de sí mismo, partícipe de los valores espirituales de una gran nación y que tiene la fuerza para ir más allá de las clases. El proletario no está nunca seguro de que sus hijos y las generaciones sucesivas no sean ya proletarios, no saben si lo querrán ser todavía, desde el momento en el cual sean insertos espiritualmente en un común contexto social. En efecto, una revolución puede acelerar este proceso. En una revolución la voluntad política del proletariado tiende a la violencia, no al poder. Y la violencia actúa de forma eficaz, pero es pasajera. Solo el poder es duradero. Y siempre surge de una revolución el hombre que, siendo proletario y no pensando de forma conservadora, se debe comportar de manera conservadora, en la medida que debe obedecer a la voluntad de la vida. 
  • La revolución ha confundido la literatura con la política. Ha pensado en la enfatización de la paz, de la libertad y la igualdad como si fuesen expresiones políticas. De este error iluminista deriva la ausencia de paz, de libertad e igualdad que caracterizan nuestra vida. Es un error de diletantes. El proletario no tenía tradición política alguna. Su escuela era el partido. Pero el partido no tenía genio alguno. El genio siempre viene producido por el tiempo y la eternidad. 
  • La ley del conservadurismo creativo solamente tiene eficacia para el trabajo político, y toma continuamente forma en su gran y eterno contenido. La revolución ha confundido la literatura con la política. Ha penado en la enfatización de la paz, de la libertad y la igualdad como si fuesen expresiones políticas. De este error ilusionista deriva la ausencia de paz, de libertad e igualdad que caracterizan nuestra vida. Es un error de diletantes. El proletariado no tenía tradición política alguna. Su escuela era el partido. Pero el partido no tenía genio alguno. El genio siempre viene producido por el tiempo y la eternidad. 
  • El conservador no limita su pensamiento a la economía, sino que expande su vida hacia poderosas emociones, a ideas y proyectos, que definen una vida en sentido histórico. Piensa por encima del tiempo, en los acontecimientos eternos de la naturaleza humana, que insertan la vida cotidiana en un largo curso histórico. Pon en relación las enseñanzas legadas por todos los tiempos y todas las partes del mundo con las necesidades vitales de su pueblo, que para él representa el centro natural de la humanidad. Reencuentra en la nación al propio yo como comunidad. Tiene en su esencia todo cuanto pertenece al hombre, su realidad terrena, su voluntad vital y sus finalidades. Habrá liberación para el proletariado cuando eleve su pensamiento por encima de la economía, y cuando busque construir este mundo proletario en el interior de un mundo histórico. Todo dolor humano expresa nobleza. Solo el dolor proletario no ennoblece. La impotencia no puede ser nobleza. Y es impotente aquel que piensa solo en términos económicos y no comprende la realidad espiritual. 

  • Quien abandona el pensamiento proletario deja de ser proletario.

  • Siempre es posible que a una primera revolución siga una segunda: en la socialdemócrata, en la comunista, en la parlamentaria, en la terrorista, en la estatal-política, en la mundial-revolucionaria. Pero la segunda revolución provocará un surgimiento todavía más rápido de un contra movimiento conservador, que representará, como unión de los pueblos de Europa, la única posibilidad de vida tanto para los individuo como para los pueblos.
  • El conservador es aquel que no reniega de nada, mientras todo es negado, que sabe mantenerse todavía íntegro mientras todos vacilan. 
  • Es reaccionario buscar una vía de escape político allí donde ha habido un fin histórico.
  • Es conservador ver continuamente un comienzo.

  • El comunismo alemán ha admirado siempre, y solamente, al ejemplo ruso, pero nunca ha ofrecido un ejemplo alemán.
  • ¡El comunismo ha hecho de la revolución mundial solo una política de partido y en esto ha naufragado!
  • Es cruel quitar a los hombres toda esperanza. Pero aquí debe ser cortada una esperanza que conduce a la locura y la ruina. No existe ningún Reich milenario. Existe solo, y siempre, el Reich de la realidad de una nación hecha en su propia tierra. 
  • Hoy, los trabajadores ven las cosas desde un solo punto de vista. No ven que todo cuanto acontece concierne a todo el pueblo. Se sienten como una nueva clase social. Entran por primera vez en nuestra historia y piensan que pueden no tener en cuenta esta historia, ellos que hasta ahora no habían tenido ninguna participación en la misma. Han creído ser llamados por la propia fuerza a dar inicio a la historia actual, y que habrá un futuro totalmente desvinculado del pasado. Pero ya han experimentado en este presente que no se podía alcanzar un objetivo prefijado sin la posesión de aquellos valores que han constituido la constante de aquellos compatriotas que han edificado nuestra historia. Tampoco la clase obrera alemana cae fuera de la historia alemana, sino que adquiere significado solamente cuando participa con conciencia. Y esta conciencia la podrá recibir solo cuando retome la posesión de los valores propios compartiéndolos con sus conciudadanos, así como comparte la lengua y la historia. ¡Siempre hemos perdido en esta historia cuando nos hemos dividido!

  • El comunismo sabe ahora que la paz eterna sobre la tierra debe ser conquistada mediante la lucha. Sabe que renunciar a las masas significa renunciar a la victoria. 
  • La catástrofe que vivimos tiene su motivo más allá de Marx y de Nietzsche. La catástrofe va más allá del individualismo, herencia final y agotada, fenómeno de la época liberal provisto de fuerza aparente, expresión de una fase de renuncia y de transición. El futuro no pertenece a las problemáticas más allá de las personas de carácter.


Capítulo VI

Reaccionario

La política se deja conducir de forma retroactiva



  • El conservador vive en la conciencia de la eternidad, por encima de toda temporalidad. Pero al mismo tiempo ve el presente abierto hacia el futuro. 
  • Reaccionario es quien confunde política  e historia y querría que la historia fuese hacia atrás.

  • Existen católicos que creen en los valores de su patria de forma pura e incondicionada, así como los nacionalistas. Igualmente existen socialistas que no tienen ninguna confianza ante ninguna Internacional, y que antes se han convertido en patriotas. Y añadimos que la dictadura comunista es muy cercana, por diversos aspectos, a las dictaduras militares. 
  • Es reaccionario aquel que considera que la vida que hemos llevado desde 1914 es hoy bella y grandiosa. Por el contrario, es el conservador quien no se somete a ilusiones y autoengaños, y por amor a la verdad reconoce que eran tiempos terribles. 
  • La nación, con el estallido de la guerra, fue llamada a una participación en el Reich, entonces inesperada precipitada. Los cuatro años que se sucedieron demostraron que somos un pueblo de la emergencia. Pero la derrota reveló que no estábamos preparados para la emergencia. La guerra demostró nuevamente que el pueblo poseía una naturaleza buena, fuerte y pura. La fidelidad y la decisión con la cual el pueblo entró en la guerra, el valor, la resistencia, la capacidad de soportar manifestaciones durante su curso, mostraron al mundo que nos acusaron de aquello por lo que vale este pueblo acusado. Pero la derrota demostró a la nación que estábamos totalmente privados de ideales políticos. Solo con la experiencia de la guerra y la derrota nos obligó a considerara aquello que, desde hace tiempo, estaba perdido, y la nación recibe ahora este contenido político; pero lo recibe tarde, como prueba terrible, y nadie saber si no será demasiado tarde. 
  • Las revoluciones son solamente infrahistorias. Marx las ha llamado motores de la historia. Pero si insertamos las revoluciones en la historia y queremos permanecer en una perspectiva materialista, debemos entonces definir las revoluciones en sus encuentros con la historia: grandes catástrofes que provocan víctimas, y que pueden tener consecuencias imprevisibles al presentarse con la accidentalidad de una catástrofe casual.