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Franco y Cuba


Sobre Cuba
Madrid, 11 de junio de 1960
Hablamos de la crisis cubana y Franco me dice:

“No creo que por ella llegue a estallar la guerra general; pero Fidel Castro no se hubiera atrevido a hostilizar a Norteamérica si no estuviera respaldado por Rusia; además, no controla las dos fuerzas esenciales de su país, que son la economía y el ejército; éste está en manos de su hermano y aquella de Ernesto Guevara. Sin controlar estas fuerzas no es fácil dirigir la política internacional de su país y se verá dominado por esos dos mandamás. Norteamérica no puede, como muchos creen, hostilizar abiertamente a Cuba, ya que tiene que mantener la base naval de Guantánamo y no puede correr el peligro de que otros países americanos se solidaricen con Cuba. Estoy convencido de que una vez más a los americanos les ha fallado el servicio de información, pues demostraron estar muy despistados sobre las intenciones y manera de pensar de los fidelistas y sobre la verdadera política del ex presidente Batista. En la época de éste había en La Habana un lujo enorme. Los barrios burgueses llamaban la atención por lo suntuoso y el despilfarro en todas las manifestaciones del bienestar. Ello era contemplado por las clases humildes de la capital y comentado por todo el país con gran indignación, dado el contraste de la mísera vida de éstas, especialmente en la zona oriental de la isla. A Fidel le fue fácil hacer propaganda en el pueblo y vencer militarmente a Batista, que ya había perdido su popularidad. Los americanos hubieran debido ver estas cosas y tomar una decisión enérgica a favor de los fidelistas, y no con medias tintas y recelos, por no estar enterados de lo que sucedía en Cuba. Rusia, en cambio, con sus agentes atizando el fuego del descontento y con el objetivo fijo de ganarse la simpatías de las clases populares cubanas, se introdujo.”

17 de diciembre de 1960

Comentamos los asuntos de Cuba, Franco dice:

Castro está arruinando a tan próspera nación haciéndola comunista, lo que no se imaginaron nunca los que le ayudaron a alcanzar el poder. Tengo noticias de que en la isla cada vez hay más descontento y de que se organizan guerrillas para oponerse a las fuerzas de Castro. La protesta de los obreros electricistas es un síntoma del ambiente de aquel país, donde cada vez el descontento es mayor, no creyendo que Rusia les preste una ayuda decisiva y completa.”

26 de enero de 1961

Le he dado cuenta de una información recibida de Washington en la que se recomienda que no se debe confiar en la nueva administración, pues aparte de la buena intención de Kennedy, no hay que olvidar a elementos jóvenes de inclinación socialista y amigos de ensayar teorías nuevas, como la función social del capital, la justa retribución de la riqueza, la tierra para el que la trabaja, etc., etc., que en Cuba no han dado el menor buen resultado. Franco me dice:

Desconfío mucho de esos elementos izquierdistas que quieren imitar a los comunistas para apaciguarlos, pero cuando éstos consiguen gobernar, como pasa en Cuba, son peores y más autoritarios que los gobiernos que han derribado. A mí eso no me asusta, y practico una política social en bien del pueblo y de la clase media, como se está aplicando con la colaboración de la Falange, pero no creo que esos radicalismos “castristas” den el menor bienestar al obrero, que ve destruidos sus sindicatos y resulta dominado por una feroz dictadura al servicio exclusivo de Moscú.”

6 de febrero de 1961

No creo eficaz en absoluto la invasión proyectada por desafectos al régimen castrista. Los que salieron de Cuba son en su mayoría propietarios y terratenientes que no gozan de simpatías en el pueblo cubano. Si los que desean ocupar Cuba tuviesen un programa social que ilusionase a grandes sectores de opinión de la isla, sería más fácil el éxito de la invasión proyectada. Además, el pueblo modesto está con la ilusión de que va a mejorar su situación, y aún no ha llegado al desengaño ni ha sufrido lo suficiente; le pasa lo mismo que al pueblo proletario español cuando la sublevación del general Sanjurjo, a la que no quise unirme porque estaba convencido de que el pueblo aún no estaba desengañado de la república. En cambio, cuando ocurrió el Movimiento el pueblo se unió a él, pues vio que nosotros defendíamos unas reformas sociales que se contenían en el credo de la Falange, e incluso en zona roja los soldados movilizados a la fuerza lucharon sin fe y sin entusiasmo.”

8 de mayo de 1961

“Castro lleva una política completamente equivocada. Injustamente se pone frente a la Iglesia Católica y persigue a sus ministros y sacerdotes, a las comunidades religiosas que tanto bien hacen al pueblo y algunos de cuyos miembros les ayudaron a hacer su revolución para vencer a Batista. La Iglesia en Cuba ha defendido, como era su obligación, su doctrina y sus dogmas, y Castro hubiera debido limitarse a corregir los abusos del régimen anterior, demostrando así que su deseo era ir contra toda injusticia social. Pero me parece una torpeza y una monstruosidad entregar su nación a los comunistas rusos y chinos, que procuran por todos los medios esclavizarla. Distribuir la tierra con mayor justicia, pero no arrebatarla a su legítimos dueños. Castro engañó a los que le ayudaron a hacer la revolución, que hoy se separan de él y algunos son enviados al paredón y llenan las cárceles. Nunca tuve fe en la invasión, pues sabía la enorme cantidad de armamento que recibió Castro de los países comunistas.”

8 de octubre de 1962

Hablamos finalmente de Cuba y de la visita de Ben Bella. Franco dice:

“No me han sorprendido sus declaraciones, porque este jefe argelino siempre se ha distinguido por ser filocomunista. Creo que Norteamérica hará todo cuanto le sea posible para hacer fracasar el régimen de Castro, ejerciendo una fuerte presión económica, que es el arma más adecuada en estos momentos.”

20 de diciembre de 1962

Hablamos a continuación del libro titulado El cuarto piso, escrito por el último embajador de los Estados Unidos en La Habana, con Batista, Earl F.T. Smith. Nos parece increíble la mala información del gobierno americano que ayudó  a derrocar a Batista, aún siendo éste un dictador despiadado y corrompido, y ayudando a Castro, sin ver que éste era un instrumento del comunismo soviético. Es imposible que la CIA no estuviese enterada.

Smith vio claro en la conspiración de Castro e intentó prevenir a su gobierno, pero los expertos del Departamento de Estado no le escucharon. El Departamento de Estado ignoraba que Castro estuvo envuelto en actividades comunistas en Bogotá (Colombia) ya por el año 1948. Comentamos muy extensamente este tema y el Generalísimo dice:

“Es un caso de despiste o mala fe en la administración norteamericana, pues estando al lado de Cuba, no se comprende que se ignorase la verdadera filiación de Castro. Viendo esto, no tiene nada de particular que en nuestra Guerra de Liberación creyesen de buena fe la información tendenciosa de que los comunistas españoles y los socialistas, entregados a Moscú, eran los verdaderos demócratas a quienes había que ayudar para que triunfaran y se proclamara en toda la Península Ibérica una república comunista presidida por Largo Caballero o por Negrín, lo cual también arrastraría a todo Marruecos al comunismo. Había que impedir el triunfo de los nacionales, pues según les hacían creer, éramos fascistas entregados a Hitler y a Mussolini; sin tener en cuenta, en su ceguera, que nosotros luchábamos contra el comunismo con la ayuda de los países fascistas, por ser los únicos que nos facilitaron armamento y ayuda. Pero sin condición alguna, lo que bien se pudo probar luego en nuestra neutralidad en la segunda guerra mundial, a pesar de las muchas dificultades con que tuve que luchar, por ejemplo, las opiniones de algunos que tú bien conoces, muy inclinados a nuestra intervención. Stalin entonces como Kruschev ahora, fueron los verdaderos enemigos de las naciones verdaderamente democráticas. Sin la ayuda que prestaron Francia y sobre todo Rusia a los rojos españoles, nuestra guerra hubiese durado tres meses, evitándose el enorme derramamiento de sangre que hubo en tres años y la consiguiente devastación en España. Pero esto a ellos no les importó nada. Se quiso que fuesen victoriosos y que el comunismo se implantase en España, Portugal y Marruecos. Los Estados Unidos e Inglaterra estuvieron completamente ciegos y aún no les ha caído la venda de los ojos, a pesar de la evidencia tan demostrada. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Por carencia de información o por influencia del ‘cuarto piso’ de los dos departamentos de Estado, se ignoró, o mejor dicho, se quiso ignorar, que nuestro Movimiento Nacional no era antirrepublicano ni falangista, ni siquiera militarista; estalló por estar convencida España y su Ejército de que con el Frente Popular se estaba implantando en la Patria el comunismo con la ayuda de Moscú y el partido comunista francés. La ceguera del servicio de información fue entonces igual a la de ahora con el régimen de Fidel Castro. 

21 de enero de 1965

Comentamos las críticas que la prensa cubana exiliada dirige contra el Generalísimo por las relaciones comerciales que España tiene con la Cuba de Castro, favoreciendo de esta forma al régimen comunista de este dictador. Franco dice:

“Los intereses materiales y morales que tenemos en este país son muy grandes para abandonarlos sin medir las consecuencias y sufrimientos que ello puede causar a nuestros compatriotas. Allí viven muchísimas familias españolas, y otras que sin estar nacionalizadas en nuestra Patria, están compuestas de hijos o descendientes de españoles. Nuestra obligación moral es no desampararlos. Si en Cuba faltan nuestros barcos, las consecuencias las pagarían dichos compatriotas. Esta situación cubana es una realidad que hay que mirar fríamente, sin pensar en forma romántica. Todo el mundo sabe que el gobierno de España es abiertamente anticomunista y que nosotros, si comerciamos con Cuba, no es por favorecer a esta nación, y sí a nuestros compatriotas que allí viven, y que no deseamos que se mueran de hambre. Hay que vivir la realidad y nuestra corrección con Cuba, es una de ellas, aun cuando moleste, y lo lamento mucho, a los cubanos exiliados en Miami, y otros sitios, a quienes deseo que puedan regresar pronto a su Patria.”

15 de febrero de 1965

He vuelto a recibir más protestas de los exiliados cubanos en Miami contra Franco, por mantener relaciones comerciales con Cuba. Me mandan varios periódicos en los que se ataca duramente al Caudillo, y entre otras cosas dicen: Fidel Castro mantiene en Cuba como instructores de espías, guerrilleros y perturbadores de todas clases, a esbirros como Vayo y Líster, que combatieron a la España actual con las armas en la mano, y hoy siguen combatiéndola con la intriga. Recibe a la Pasionaria con los más altos honores y mantiene en Cuba como huésped distinguido al secretario general del Partido Comunista español, Santiago Carrillo, quien comparece en programas de televisión y radio para denostar al régimen español y a Franco. Me dice:

“Los cubanos que están en el exilio no tienen en cuenta que hay muchos españoles que se ven obligados por diferentes razones a permanecer en Cuba;  y que incluso hay una enormidad de compatriotas de los exiliados que necesitan que España les ayude y defienda. Cumplimos con esa obligación moral y hacemos cuanto podemos; sin ese pequeño comercio no podríamos hacer nada. Hoy se nos escucha y estudian nuestras reclamaciones, lo que beneficia a los que no tuvieron la suerte de poder salir de aquel infierno. Las cosas no se pueden mirar tan egoístamente; si tienen importancia los que luchan en el exilio por la independencia de su Patria, a mi juicio la tienen más los que en la Cuba mártir tienen que sufrir la tiranía de un gobierno implacable que no cesa de hostilizarles de diversos modos. No rompiendo con ellos, se nos escucha, y en muchas ocasiones hemos conseguido la salida de españoles y cubanos, lo que no hubiera sido factible con nuestra retirada de aquel país.”

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