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El favor del PNV a los "facciosos", Pedro Fernández Barbadillo

Unos días después del alzamiento, las organizaciones territoriales del PNV en Álava y Navarra se adhirieron a los sublevados, mientras que las de Vizcaya y Guipúzcoa reafirmaron su lealtad al Gobierno.

La ofensiva de los nacionales se detuvo a principios de octubre después de haber conquistado Guipúzcoa, salvo Éibar,, y Ondárroa, en Vizcaya. El PNV, partido burgués y clerical, ya no se sentía a gusto con los aliados que había escogido: anarquistas y comunistas. Bilbao fue la única plaza de la España roja donde la Bolsa permaneció abierta, pero en Vizcaya también se asesinaron a sacerdotes y se realizaron matanzas de presos indefensos (4 de enero de 1937)

El 31 de marzo de 1937, el general Emilio Mola rompió las líneas y comenzó un lento avance hacia Bilbao. Al mismo tiempo que Aguirre clamaba por la radio que los vascos resistirían a los invasores, unos delegados de su partido negociaban con el cónsul italiano en San Sebastián, Francesco Cavalletti. Los italianos, cuyo Gobierno había reconocido al de Burgos, presionaban a Franco para que aceptase la rendición condicional del PNV y de sus soldados. El 25 de abril, el caudillo hizo una propuesta formal a los italianos, pero el bombardeo de Guernica dos días después frenó las negociaciones.

Nada se consiguió y el 19 de junio los nacionales entraron sin lucha en la capital de Vizcaya, hicieron unos 10.000 prisioneros y se apoderaron de la industria intacta de la provincia, que el PNV se había negado a inutilizar. Las fábricas vascas produjeron más bombas, balas, fusiles y tanques para los franquistas que para los republicanos.

Una vez expulsados del suelo de la aberri -la patria-, los nacionalistas perdieron las escasas ganas de hacerse matar por la República, la revolución y el antifascismo, por lo que se renovaron las negociaciones con los italianos -entre los principales negociadores estaban Juan Ajuriaguerra y el canónigo Alberto Onaindia, al que el PNV le prohibió durante años dar su versión de lo que vio y supo-. Las deserciones y rendiciones de milicianos vascos -muchos de ellos eran católicos y derechistas que se habían alistado entre los gudaris para evitar caer en los batallones socialistas, comunistas o anarquistas- se producían por cientos.

Para encubrir la rendición y que no se les pudiese acusar de traición, los nacionalistas reclamaron a los italianos que se produjese un ataque y llevaron su vileza hasta el grado de indicar los sectores donde era mejor realizarlo: desde Reinosa y el puerto del Escudo en dirección al norte para cortar la provincia en dos. Entonces las tropas abertzales quedarían copadas y su entrega parecería justificada.

Los abertzales reunidos en Santoña y Laredo no pudieron huir porque se lo impidieron los nacionales y no aparecieron los barcos esperados. Además, otros batallones de obediencia izquierdista a los que llegó el rumor del acuerdo y la vía de huida también desertaron. El número de prisioneros de los que se apoderaron los alzados rondó los 30.000.

A pesar de semejante traición, el PNV siempre ha conseguido que la izquierda se haya olvidado de lo que hizo en Santoña. Algo asombroso en estos tiempos de "memoria histórica". Como suele decir Pío Moa, el PNV es el único partido de derechas capaz de "chulear a la izquierda".

Así describe Jon Juaristi (La tribu atribulada) el final de la guerra para los nacionalistas vascos:

"Yo creo que para el PNV fue una suerte que Franco ganara la guerra. La victoria de la República había sido desastrosa para los nacionalistas. Para empezar, los que se rindieron en Santoña habrían sido fusilados por traidores. Es cierto que los franquistas fusilaron a unos cuantos, pero, si llegan a ganar los otros, no habría quedado un gudari para contarlo. Y eso lo sabía hasta el último penado del Dueso, hasta el último enrolado en los batallones de castigo. Y, de paso, sería interesante conocer cuántos gudaris terminaron la guerra en el bando vencedor, disparando contra los rojos. Yo he localizado un montón."

¿Cuándo pedirá perdón el partido fundado por los hermanos Arana por su traición y el favor que le hizo a Franco? Y puestos ya a purificarse, ¿cuándo pedirá perdón por los 224 asesinados en las cuatro cárceles de Bilbao el 4 de enero de 1937 -más muertos que en el bombardeo de Guernica, o los asesinados en los buques-prisión Altuna Mendi y Cabo Quilates, una vez constituido el Gobierno vasco (7 de octubre de 1936)? Al menos, José Antonio Aguirre, reconoció en 1956 la responsabilidad del Gobierno vasco por la matanza del 4 de enero.

La cripta construida en el cementerio de Derio donde reposan muchos de los muertos el 4 de enero está prácticamente abandonada. En una exposición realizada en Bilbao en 2015 sobre la cárcel de Larrínaga que abarcaba los años 1871 a 1968 no se mencionaba a los 55 presos asesinados ese día. ¿Muertos indefensos sin derecho a memoria porque el bando hoy "malo" les honró hace décadas?

Soy Yo, Édichka - Eduard Limónov




  • Amenizo la ingesta de alimentos con música, y prefiero la emisora española. 
  • Un gran retrato de Mao Tse Tung, motivo de espanto de todo aquel que pasa por mi casa. 
  • Recibo una prestación social. Vivo a vuestra costa, vosotros pagáis impuestos y yo no hago una mierda, voy un par de veces al mes a una oficina espaciosa y limpia en Broadway 1515 y me dan mis cheques. Me considero un canalla, un despojo de la sociedad, no tengo vergüenza ni conciencia porque no me martiriza, no tengo intención de buscar trabajo, quiero recibir vuestro dinero hasta el fin de mis días. 
  • ¿Que no os gusto? ¿Que no queréis pagar? Es muy poco dinero: 278 dólares al mes. No queréis pagar. ¿Y para qué mierda me habéis llamado, para qué me habéis arrancado de Rusia para venir aquí junto con un montón de judíos? Presentad vuestras reclamaciones ante vuestra propaganda, porque es demasiado fuerte. Es ella, y no yo, la que os vacía los bolsillos. 
  • Yo no divido a las personas procedentes de la URSS en rusos y judíos. Todos somos rusos. Las costumbres, los hábitos tan dispares de mi pueblo han arraigado en ellos, y tal vez los han destrozado. En cualquier caso, tristemente sé por experiencia que las costumbres rusas no dan la felicidad. 
  • Cuando uno se encuentra en una situación de mierda no tiene muchas ganas de tener amigos y desconocidos desgraciados, y casi todos los rusos llevan marcado el sello de la infelicidad. Se les reconoce de espaldas por una especie de abatimiento reprimido que impregna toda su figura. Sin apenas tener trato con ellos, siempre los reconozco en el ascensor. El abatimiento es su principal seña de identidad. Entre la primera y la decimosexta planta aprovechan para hablar contigo, para enterarse de si esa América de doscientos años de historia dará la nacionalidad estadounidense a todos los nuevos emigrantes; tal vez exijan redactar una solicitud al presidente. Ni ellos mismos saben para qué necesitan la nacionalidad. 
  • Durante un tiempo trabajé en el periódico Russkoe Rielo de Nueva York, por aquel entonces me interesaban los problemas de la inmigración. Después de un artículo titulado “Desengaño” me despidieron del periódico: del mal, cuanto más lejos, mejor. 
  • Me aburrían esas comidas familiares judías a las que me invitaban, no me convenían. Me encanta el pescado relleno y el picadillo de arenque, pero soy más de explosivos, congresos y emblemas rellenos, como veréis más adelante. A Édichka le aburre la vida normal, ya se apartó de ella en Rusia, no iba a dejarme llevar aquí por el sueño y el trabajo. Y una mierda. 
  • Un día comprendí que no llegaría más lejos que eso, está bien, en Moscú me leen, y en Leningrado, y mis poemarios llegaron a una decena más de ciudades grandes, la gente me aceptó, pero no el gobierno. Lo que yo hago se puede difundir por todos los medios artesanos que quieras pero así nunca se llega al pueblo. 
  • Ahora veo que aquí o allá es la misma mierda, cada sitio tiene sus pandillas. Pero aquí pierdo por partida doble porque soy escritor ruso, escribo palabras en ruso, y resulta que estoy malacostumbrado a la fama en la clandestinidad, a la atención del Moscú clandestino, a la Rusia creativa donde el poeta no es un poeta como en Nueva York. En Rusia, desde tiempos inmemoriales, un poeta es una especia de líder espiritual; allí, por ejemplo, conocer a un poeta es un gran honor. Aquí el poeta es una mierda, por eso incluso Joseph Brodsky se entristece en vuestro país. 
  • Los otros chicos, mis amigos, los que se fueron a Israel, eran unos nacionalistas, cuando se fueron pensaban que en Israel encontrarían el modo de aplicar su inteligencia, su talento, sus ideas, pues lo consideraban su Estado. ¡Pero qué iba a serlo! No es su Estado. Israel no necesita sus ideas, su talento o su capacidad de razonamiento, no, Israel necesita soldados, lo mismo que en la URSS, ¡uno, dos y a callar! Pero si eres judío tienes que defender tu patria. Ya estamos hartos de defender vuestras viejas banderas descoloridas, vuestros valores que hace tiempo dejaron de serlo, estamos hartos de defender “lo vuestro”. 
  • El ser humano no tiene tranquilidad en este mundo. Tiran de él por todas partes y le obligan a ganar dinero.
  • No tengo madera de esclavo, no sé servir bien. 
  • En general, esta huída a otro país no me ha aportado nada bueno de momento; en la URSS me relacionaba con poetas, pintores, académicos, embajadores y mujeres rusas fascinantes, mientras que aquí, como veis, mis amigos son bocones, auxiliares de camarero, electricistas, porteros y friegaplatos. Aunque ya no me jode pensar en mi vida anterior, me esfuerzo tanto en olvidarla que creo que al final lo conseguiré. Tiene que ser así, si no uno está siempre en decadencia. 
  • En mi país los homosexuales son muy infelices, les pueden espiar si quieren y enviarlos a la cárcel por amor antinatural, según la ley soviética… yo era poeta, y me deleitaba con las Canciones alejandrinas de Mijaíl Kuzmin, donde elogiaba a un amante varón y se hablaba del amor masculino. 
  • Los jóvenes vivían con los viejos, aprendían de ellos, cuando un joven y un viejo se quieren y viven juntos es algo noble. El joven a menudo necesita un sostén, el apoyo de una mente experimentada y madura. Era una buena tradición. Por desgracia, ahora ya no es así. Ahora los jóvenes prefieren vivir con otros jóvenes, y de ahí no sale nada más que un folleteo brutal. 
  • Los hechos hablan por sí solos, estábamos igual que en Rusia, no podíamos publicar nuestros artículos en America, es decir, expresar nuestra opinión, solo que aquí teníamos prohibida otra cosa: escribir en tono crítico sobre el mundo occidental. 
  • El ser humano es débil, así que a menudo lo aderezábamos con cerveza y vodka. Pero mientras que un hombre de Estado trajeado no se atreve a decir que ha tomado esta o aquella decisión gubernamental en el intervalo que media entre dos vasos de vodka o de whisky, o estando en el lavabo, a mí esa especia de extemporaneidad, de inoportunidad de la manifestación del talento y el genio humanos siempre me ha admirado.  No pretendo ocultarlo. Esconder significa torcer y permitir que se tuerza la naturaleza humana. 
  • En algún lugar está escrito que El pensador de Rodin es una falacia. Estoy de acuerdo. La idea de esa frente alta y los músculos faciales en tensión, ese desprendimiento ajado de todos los pliegues del rostro, la inclinación de la cara hacia abajo, cuando en realidad debería reflejar la debilidad y el absurdo. Cualquiera que sea un poco observador lo habrá notado más de una vez en sí mismo. Así que Rodin es un capullo. En el arte hay muchos capullos, como en todos los ámbitos. Si hubiera llamado a su escultura “Idea”, todo hubiera sido fidedigno: en el interior del ser humano el pensamiento está en tensión, pero precisamente por eso externamente el aspecto es de descuido. La persona que sabe pensar, durante el proceso de desarrollo del pensamiento parece una ameba amorfa. 
  • Tengo debilidad por la ropa excéntrica y circense, y aunque por mi extrema pobreza no puedo permitirme nada especial, todas mis camisas son de encaje, tengo una chaqueta de terciopelo lila, un maravilloso traje blanco (mi orgullo), mis zapatos son siempre de tacón alto, tengo hasta unos rosas, los compro en el mismo sitio que todos esos chicos, en dos de las mejores tiendas de Broadway, en la esquina de la Cuarenta y cinco con la Cuarenta y seis, unas tiendecitas adorables muy atrevidas donde todo lleva tacones y es provocador y absurdo para la gente gris. Quiero que incluso mis zapatos sean una fiesta, ¿por qué no?
  • Llevo en la sangre el amor por las armas, recuerdo que desde niño me quedaba helado al ver la pistola de mi padre. Aquel metal oscuro tenía un halo sagrado. De hecho, todavía hoy un arma me parece un símbolo sagrado y misterioso, un objeto que se utiliza para quitar la vida a las personas no puede dejar de ser sagrado y misterioso. El propio contorno del revólver, con todos los detalles, trasmite cierto terror wagneriano, aunque las armas frías con otro contorno tampoco son una excepción. Sin embargo, mi cuchillo parecía amodorrado y perezoso. Era evidente que sabía que no le esperaba nada interesante en un futuro próximo, no tenía un buen trabajo en perspectiva, así que estaba aburrido y apático. 
  • Yo vivía en Rusia, como escritor en ruso, ¿y qué tenía? Durante diez años no me publicaron ni una obra. La cuestión no es conseguir la independencia de todos los pueblos, sino refundar las bases de la vida humana para liberar al mundo de las guerras, evitar la desigualdad de propiedades, impedir la matanza universal de la vida laboral, instruir al mundo en el amor y no en la maldad y el odio, que es a lo que conducen inevitablemente las separaciones nacionales. 
  • Utilizaban mi artículo para sus propios fines, pero así es como funciona, todo el mundo nos utiliza para su propio interés. En cambio nosotros, las personas, no los utilizamos a ellos, los gobiernos. Entonces no se para qué los necesitamos, si no solo no escuchan a las personas sino que actúan en su contra. 
  • Con mi temperamento no tenía nada que elegir. Automáticamente acabé en el bando de los que protestaban, los insatisfechos, los insurgentes, los guerrilleros, los sublevados, los rojos, los homosexuales, los árabes, los comunistas, los negros, los puertorriqueños. 
  • Siento aversión hacia las organizaciones de intelectuales, los viejos partidos que considero faltos de sangre. Yo sigo buscando, quiero algo vivo, no burocracia y recolectas de dinero en una canastilla pata luego publicar los importes, a ver quién da más. No quiero asistir a reuniones y que luego todos se dispersen a sus casas y por la mañana vayan tranquilamente al trabajo. 
  • Lo que se compara con la infancia no puede ser mentira. 
  • ¡Qué repugnante es el pasado, y cuánto espacio ocupa. Yo especialmente tengo mucho, pero no he acumulado objetos. Tampoco preveo cosas materiales en un futuro. Nunca tendré todas esas cajitas, pegatinas, etiquetas… estoy seguro, nunca. Yo acumulo lo inmaterial. 
  • Desde el punto de vista del amor en este mundo, en Rusia hay más que aquí, por supuesto. Se ve a simple vista. Que me perdonen, a mí, a Édichka, que digan que conozco poco América, pero aquí hay menos amor, caballeros, mucho menos…
  • Me habría gustado mucho más estudiar español. Me resulta más pintoresco y cercano, igual que siento más próximo a todos los hispanohablantes que esos estirados oficinistas de corbata o esas flacas secretarias con tacones.
  • ¿Y qué pasa con Rusia?, os preguntaréis. Pues que Rusia y sus sistema social son también un producto de esta civilización, y aunque allí se han introducido algunos cambios, no sirven de mucho. El amor también huye de Rusia. Y este mundo necesita amor, lo pide a gritos. Yo veo que lo que el mundo necesita no es la autodeterminación nacional, ni gobiernos de esta u otra índole, ni el cambio de una burocracia por otra, la capitalista por la socialista, ni a los poderosos capitalistas o comunistas, unos y otros vestidos de traje, el mundo necesita destruir los cimientos de esta civilización misantrópica, crear nuevas normas de conducta y relaciones sociales, el mundo necesita una auténtica igualdad en la propiedad, igualdad de una vez, y no esa mentira que en su momento escribieron en las banderas de la revolución francesa. Se necesita amor entre las personas para que todos vivamos queridos por otros, y para tener sosiego y felicidad en el alma. Y el amor llegará al mundo si se eliminan las causas del desamor. Entonces no habrá una Elena horrible porque Édichka no esperará nada de Elena, la naturaleza de Édichka será otra, y Elena será otra, y nadie podrá compara ninguna Elena porque no tendrá nada con que comprarla, unas personas no tendrán propiedades materiales por encima de otras…
  • Los americanos, con sangre fría, putos listos, nos aconsejan a la gente como yo que cambiemos de profesión. Lo que no entiendo es por qué no lo hacen ellos. Los hombres de negocios que han perdido media fortuna se tiran de la planta 45 de su oficina, pero no se ponen a trabajar de guardia. En la URSS también podía deslomarme trabajando, para eso no tenía ninguna puta necesidad de venir aquí. Lo único que quería de mí el poder soviético era que cambiara de profesión. 
  • A nosotros también ya nos vale, sigo pensando, somos la emigración más frívola. Normalmente es el miedo al hambre o a la muerte lo que impulsa a la gente a cambiar de lugar, a abandonar su país a sabiendas de que probablemente nunca podrán volver. El yugoslavo que se va a América para ganarse la vida puede regresar a su país, nosotros no. Yo jamás volveré a ver a mi padre y a mi madre, yo, Édichka, soy consciente de ello, con firmeza y serenidad.
  • Nuestros propios cabecillas nos pusieron en contra del mundo soviético, los señores Sájarov, Solzhenitsyn y sus esbirros, que no han visto con sus ojos el mundo occidental. Los impulsaban causas concretas, la intelectualidad exigía participar en la administración del país, reclamaba su parte, llevada por la soberbia, por el deseo de darse importancia. Como siempre en Rusia, no había respeto por la moderación. Probablemente se sentían sinceramente engañados, Sájarov y Solzhenitsyn, pero también nos estaban engañando a nosotros. En cierto modo eran los que “dictaban la conciencia”. Era tan poderoso el movimiento de la intelectualidad contra su país y sus reglas que ni siquiera los fuertes pudieron resistirse, ellos también se vieron arrastrados. Nosotros también nos largamos al mundo occidental en cuanto se presentó la posibilidad. Vinimos, pero cuando vimos qué tipo de vida había aquí muchos habríamos vuelto, si no todos, pero no podemos. El gobierno soviético está plagado de mala gente…
  • Me eduqué en el culto a la locura. “Esquizo”, “esquiz” son abreviaturas de esquizofrénico, así llamábamos a la gente rara, y se consideraba un elogio, la más alta valoración que se podía hacer de una persona. La rareza era un estímulo. Decir de una persona que era normal significaba ofenderla. Marcábamos una distancia radical con los montones de gente “normal”. ¿De dónde sacamos nosotros, unos jóvenes rusos de provincias, ese culto surrealista a la locura? Por supuesto, del arte. En aquella época alguien que no hubiera estado en un manicomio no se consideraba una persona digna. Mis antecedentes por ejemplo eran mi tentativa de suicidio en el pasado, casi en la infancia, y gracias a eso podía entrar en ese grupo. Era la mejor recomendación posible. 
  • Racista es un insulto para un profesor liberal americano, pero para una persona del campo bielorruso, marino de un pesquero, racista no es un insulto. 
  • ¿Qué busco? Tal vez la hermandad de los rudos hombres revolucionarios y terroristas, para que por fin mi alma pueda descansar en el amor y devoción hacia ellos, o tal vez busco una secta religiosa, un amor que me adoctrine, el amor de ellas personas entre sí, pero cueste lo que cueste: amor. 
  • Aquellos a los que se ama siempre se van. 
  • Los rusos dirigentes han aprendido de sus colegas americanos el arte de matar con medios más modernos, a saber: si quieres matar a un artista, cómpralo…
  • En quedes ha convertido Salvador Dalí. Antes era un pintor con talento, ahora es un viejo bufón que solo es capaz de decorar con su momia los salones ricos. Lo conocí en uno de esos salones. 
  • Las litografías y aguafuertes que se vendían en todas las tiendas de viejos chochos como Picasso, Miró, el propio Dalí y otros han convertido el arte en un enorme bazar sucio. 
  • Dinero, el dinero y la codicia de dinero es lo que mueve a esos viejos. Han pasado de ser traviesos a ser sucios hombres de negocios. Lo mismo les espera a los jóvenes de hoy en día, por eso he dejado de amar el arte. 


Modernismo y fascismo. Roger Griffin



Lo que ha logrado Griffin es situar el fascismo dentro de sus plenas dimensiones históricas con mucha mayor claridad de lo que habían hecho los análisis reduccionistas anteriores. Nos ha brindado tanto un gran estudio del modernismo propiamente dicho como de la amplia variedad del carácter modernista del fascismo. Ésta es la nueva obra sobre el fascismo más importante que ha parecido en bastantes años y merece sobradamente la atención de los lectores españoles. (Stanley G. Payne)


Lejos de ser antimoderno en esencia, el fascismo únicamente rechaza “los elementos presuntamente degenerados de la época moderna”, y que su “defensa de un nuevo tipo de sociedad” significa que representa un modernismo alternativo más que un rechazo del modernismo. 

Como se desprende de las alusiones a Nietzsche y a Marinetti, la premisa en la que se basa este estudio es que las “visiones del mundo” (Weltanschauung o visione del mondo) que condicionaron las políticas de los dos regímenes fascistas, bien distintos, que surgieron en la Europa de entreguerras, estaban íntimamente relacionadas con el modernismo artístico y cultural de un modo que escapa a las ecuaciones simplistas o a las fórmulas reduccionistas. 

Para sus más fieles partidarios el fascismo era una promesa de cambio, un movimiento que literalmente haría época. 

La tesis de nuestra interpretación sinóptica es que la Italia fascista y la Alemania nazi no sólo fueron manifestaciones concretas de una ideología política genérica y de una praxis que se ha dado en llamar “fascismo” sino que además se puede considerar que el propio fascismo es una variante del modernismo.

En sus distintas combinaciones el fascismo no sólo se impuso la tarea de cambiar el sistema estatal, sino también la de depurar de decadencia la civilización y promover la aparición de una nueva estirpe de seres humanos, que no se definía mediante categorías universales sino a través de mitos nacionales y raciales. Los activistas fascistas acometieron la tarea imbuidos del espíritu iconoclasta de la “destrucción creadora”, que no estaba legitimado por la voluntad divina, ni por la razón, las leyes naturales o la teoría socioeconómica, sino por la convicción de que la historia se encontraba en un punto de inflexión y de que los humanos podían determinar su curso, redimir a su nación y rescatar a Occidente de un ocaso que parecía inminente. 

Existen profundas afinidades entre comunismo y el nacionalismo en cuanto ideologías totalitarias. Es más, los Estados comunistas promovieron en la práctica fuertes corrientes de nacionalismo y de etnocrentrismo. En este sentido, existen elementos de parentesco entre comunismo y fascismo que contradicen la teoría marxista. La polarización entre derecha e izquierda que se hace de este pasaje es por tanto una simplificación. 

Nada más terminar la Primera Guerra Mundial, no sólo los vanguardistas sino millones de “personas corrientes” pensaban que asistían a los dolores del parto de un nuevo mundo bajo un régimen ideológico y político cuya naturaleza todavía estaba por decidir. 

Julius Evola fue uno de los representantes más destacados del dadaísmo, una corriente artística que se supone que es intrínsecamente incompatible con cualquier forma de compromiso político, sobre todo con las formas extremas de nacionalismo y y de racismo.

Por regla general, el fascismo todavía se relaciona con las fuerzas reaccionarias y con la huída del “mundo moderno”, no es de extrañar que exista una percepción alterada según la cual su relación con la modernidad estaría plagada de aporías. En la Italia de Mussolini, por ejemplo, ¿cómo pudo un régimen dedicado a la destrucción de las fuerzas “progresistas” del socialismo y a la renovación de la herencia de la Roma clásica atraer a tantos artistas, arquitectos, diseñadores y tecnócratas importantes de vanguardia? ¿Qué condujo a Mussolini -que, a pesar de la megalomanía y la falta de compromiso ideológico auténtico que demostró cuando lideraba un régimen reaccionario en sus años de Duce, en sus orígenes había sido un político activista e intelectual socialista- a sucumbir a la ruidosa campaña en favor del resurgir de la nación que lanzaron desde las páginas de La Voce algunos de los artistas e intelectuales florentinos más destacados -todos ellos apasionados partidarios de lo moderno- en la década anterior a la Primera Guerra Mundial? ¿Por qué Filippo Marinetti, el fundador de uno de los movimientos más radicales de la estética modernista, pensó que el peculiar nacionalismo de Mussolini era el vehículo ideal para la guerra futurista contra la decadencia del “culto al pasado”? ¿Por qué otras figuras prominentes de la cultura italiana como Grabriele D’Annunzio, Giuseppe Prezzolini o Giovanni Papini traicionaron su revolución “auténtica” de la izquierda, a la que se supone que suelen ser leales los artistas de vanguardia, y apoyaron en cambio la “pseudorrevolución” que promovía la derecha?

Italo Balbo partió de Italia el 30 de junio de 1933 en compañía de un escuadrón de veinticuatro hidroaviones SM. 55X Savoia-Marchetti, que eran el no va más de la tecnología de la aviación. Seis semanas después aterrizó en el Lago Michigan, cerca del lugar donde se había instalado la exposición “Un siglo de progreso” que se estaba celebrando en Chicago, un acontecimiento que, a pesar de los terribles efectos de la Gran Depresión- o quizá precisamente gracias a ellos- atrajo a 39 millones de visitantes de todo el mundo. Para conmemorar esta proeza que el público estadounidense acogió con verdadero entusiasmo, Mussolini ordenó quitar una columna de 1.700 años de antigüedad que pertenecía a un pórtico levantado en un lugar cercano a la bahía de Ostica Antica, el antiguo puerto de Roma, y enviarla a Chicago. La colocaron frente al pabellón de Italia. Se utilizaba así un monumento antiguo para celebrar el triunfo de la modernidad. 

Cada vez que recurrimos a los especialistas para explicar la enrevesada relación ente fascismo y modernismo, más que encontrar un coro armonioso topamos con una cacofonía. 

Setenta años después de la caída del Tercer Reich habría resultado inconcebible organizar una exposición equivalente en Alemania que llevara el lacónico título de “Los años treinta: Arte y cultura en Alemania” sin provocar la ira de los revisionistas. Los organizadores habrían tenido que andarse con pies de plomo para evitar que les acusaran de “normalizar” el nazismo subrepticiamente al utilizar la exposición y el texto del catálogo para hacer hincapié en la modernidad de la vida bajo el régimen nazi pasando por alto los horrores intrínsecos que padecieron los alemanes excluidos de la “comunidad nacional”. Lo que ha quedado grabado en la memoria colectiva es la condena que los nazis realizaron de la estética modernista en la “Exposición de arte degenerado”, celebrada en Múnich en 1937 -si atendemos al número oficial de visitantes, la exposición de arte contemporáneo que “más éxito” ha tenido en la historia-. 

La imagen del Reichsminister de Ilustración y Propaganda Joseph Goebbels animando a Mies van Der Rohe a concursar en los proyectos más prestigiosos del régimen, nos anima a nosotros a “revisar” a fondo la cuestión de la famosa yihad que los nazis emprendieron contra el modernismo.

Un ejemplo todavía más sorprendente, si cabe, de las incongruencias que aparecen de manera recurrente en la interacción entre el nazismo y la modernidad occidental es la debilidad que tenía Goebbels por el jazz, un género musical fustigado oficialmente en cuanto epítome de la “música degenerada”. Teniendo en cuenta esta afición, no es de extrañar que l anoche del 15 de febrero de 1938 Goebbels visitara los camerinos del Teatro de la Scala de Berlín, en compañía de Hermann Goering, para felicitar por su actuación a Jack Hylton, un músico de jazz inglés de fama internacional cuya gira por Alemania había batido todos los récords de taquilla la primavera anterior. (Al parecer, Hitler también asistió al concierto, pero una vez terminado se fue directamente a su casa.) Esta visita no fue ningún lapsus. El espectáculo había sido previamente “purificado”. Los propios censores de Goebbels habían suprimido el número de Maureen Potter, que hacía de Shirley Temple, por juzgarlo “demasiado americano”, y se habían asegurado de que no había ningún judío en la orquesta de Hylton. Además, oficialmente, el estilo musical que defendía Goebbels no era el jazz, clasificado como “decadente”, sino el swing, que era una “afirmación de la vida”. 

Tanto los fascistas como los nazis, cada uno en su estilo, no rechazaban la modernidad, sino que utilizaban el entorno para echar los cimentos de una modernidad alternativa y, por tanto, pretendían desarrollar un modernismo alternativo. 

Si el fascismo dio cabida a algunas expresiones de la estética modernista que se avenían a la causa revolucionaria por la que ellos luchaban y tachó a otras de decadentes fue precisamente porque era un fenómeno intrínsecamente modernista. 

Sostenemos que existe una matriz psicocultural homogénea e intrínsecamente uniforme que no solo provocó la asombrosa proliferación de formas heterogéneas de estética, de cultura y de formas modernistas, sino que además condicionó, sin llegar a determinarla, la ideología, la política y también la praxis general del fascismo. En resumidas cuentas, afirmamos que, aunque no sea el único que se debe hacer, se puede llevar a cabo un análisis fructífero del fascismo en cuanto forma de modernismo. Con suerte, incluso los historiadores atormentados por el abismo insondable del relativista encontrarán que nuestra tesis es lo suficientemente atractiva, que sus pruebas empíricas son suficientemente rigurosas y que su valor heurístico es suficientemente sólido para justificar la escala épica pasada de moda de su metanarrativa.

Los marxistas intentarían, como es natural, centrarse en el nacimiento del capitalismo y en sus consecuencias sociales y materiales como la principal fuerza impulsora del cambio y del modernismo en sí. El capitalismo sería, además, el progenitor del fascismo. De hecho, los historiadores marxistas se encuentran enzarzados en una discusión interminable con los no marxistas acerca del discurso más adecuado para la construcción de una narrativa de la modernidad y de los conceptos relacionados con ella. 

Se postula que el modernismo nace como fenómeno cultural específico de la modernidad cuando un grupo crítico de artistas e intelectuales empiezan a experimentar y a expresar (a construir) que la época en la que viven no es un periodo de progreso y de evolución, sino que se caracteriza por la regresión y la involución. En una palabra, es un periodo decadente. 

Después de todo, mientras las amas de casa italianas donaban sus alianzas a la causa sanguinaria de la ocupación fascista de Abisinia, en la Rusia soviética ya se organizaban desde hacía bastante tiempo desfiles para conmemorar el Primero de Mayo, cada vez más elaborados, belicosos y cargados de simbolismo. Estos desfiles se celebraban en Moscú y su finalidad era establecer relaciones primordiales entre la primavera y la renovación cíclica y la fuerza, y tenían la misma energía que los del Tercer Reich. Las purgas de Stalin y los procesos organizados con fines propagandísticos, además de ofrecer espectáculo, también tenían su parte ritual y espectacular. 

Los seres humanos modernos siguen ofreciendo sacrificios y peregrinando, pero la mayoría de los sacrificios se ofrecen a “deidades humanas” y se peregrina a “ciudades terrenales”. 

Todos los países europeos seguían su Sonderweg particular y tenían sus propias versiones de darwinismo social, de antropología física y cultural, de genética, de demografía, de higiene racial, de nacionalismo orgánico, de antisemitismo, de ocultismo y, sobre todo, proyectos políticos particulares, tanto de izquierdas como de derechas. En Gran Bretaña, por ejemplo, hasta 1914 la derecha radical abrazó la teoría eugenésica, preocupada por el impacto que la decadencia racial pudiera ejercer sobre el Imperio, pero también simpatizaron con ella intelectuales de izquierdas como H.G. Wells y George Bernard Shaw…


La conclusión que extrae Peter Osborne, una conclusión que aplica a la clasificación de fascismo, es sorprendentemente conocida: “Desde el punto de vista de la estructura temporal de su proyecto, el fascismo es una forma especialmente radical de revolución conservadora”. En cuanto tal, “no es ni una reliquia ni un arcaísmo”, sino una “forma de modernismo político”. 

Con su rebelión contra la decadencia, los fascistas pretendían regenerar una Europa cuya “moral” se encontraba “en declive”, cuya “fe” estaba “degradada”. Querían imponer “el culto al cuerpo, a la salud y a la vida en la naturaleza” y acabar así con “una civilización que no quería salir de casa”. 

Los rasgos peculiares del fascismo se pueden resumir en la siguiente definición esquemática: “El fascismo es una forma de poder programático cuya intención es hacerse con el poder político para llevar a la práctica una visión totalizadora del renacimiento nacional o étnico. Su meta última es acabar con la decadencia que ha destruido la sensación de pertenencia a una comunidad y que ha despojado a la modernidad de significado y de trascendencia, y dar comienzo a una nueva era de homogeneidad cultural y de salud”. 

La Italia fascista fue un régimen mucho más contenido que la Rusia de Stalin o la Alemania de Hitler. La utopía que pretendían hacer realidad era tan radical y la destrucción masiva necesaria tan desproporcionada que da la sensación de que tanto los dictadores como sus seguidores sufrieron un proceso de “depuración” de la conciencia “normal” basada en valores que ellos relacionaban con la decadencia, un proceso que les situó en una órbita moral que se encontraba, fieles al legado nietzscheano, “más allá del bien y del mal”. 


El fascismo es una forma de modernismo programático cuya intención es hacerse con el poder político para llevar a la práctica una visión totalizadora del renacimiento nacional o étnico. Su meta última es acabar con la decadencia que ha destruido la sensación de pertenencia a una comunidad y que ha despojado a la modernidad de significado y de trascendencia, y dar comienzo a una nueva era de homogeneidad cultural y de salud. 

Emilio Gentile afirma que “el modernismo fascista intentó efectuar una nueva síntesis entre tradición y modernidad sin renunciar a la modernización con el fin de cumplir los objetivos de poder de la nación”.

Bajo a Mussolini se animó a los italianos a sentir que vivían en el umbral de una “nueva civilización”, de un “ciclo”. 

La aplicación de un nuevo calendario que discurriría paralelamente al gregoriano, según el cual el año 1922, el de la Marcha sobre Roma, sería el año I de la era fascista, es un gesto cargado de significado simbólico. Se puede comparar con la adopción del año y el día decimales del calendario de la Revolución francesa (o “calendario republicano”), asumido el 24 de octubre de 1793 y abolido el 1 de enero de 1806 por el emperador Napoleón I, pero que, en un gesto simbólico y elocuente, se recuperó brevemente en la Comuna de París en 1871. La manipulación matemática de la medida del tiempo bajo Mussolini indica una profunda voluntad mítica de crear un nuevo tipo de Estado capaz de llevar a cabo un nuevo orden en el que Crono quedara suspendido y el tiempo histórico volviera a comenzar literalmente. Se trata de una voluntad que ya hemos analizado en el contexto de la obsesión que la decadencia de principios del siglo XX, una obsesión que es la quintaesencia del modernismo. 

En la ciudad que aparece en Metropolis (1927), de Fritz Lang, una descripción profundamente modernista de un futuro utópico y distópico a la vez, un reloj decimal que marca una cuenta atrás a la vista de todos regula las vidas de los trabajadores. En la anécdota apócrifa que afirma que Goebbels le ofreció a Lang el cargo de director de la industria debido a la fuerza que observó en su película se intuye el modernismo del nazismo. 

Desde 1945 las políticas y las acciones que el régimen fascista emprendió en el ámbito cultural, social y político que han sido estudiadas de forma exhaustiva por muchos historiadores que han legado a los investigadores una enorme cantidad de datos empíricos relacionados con el desmantelamiento del régimen liberal y su sustitución por un “Estado totalitario”. Sin embargo, en esta profusión de datos que dan cuenta de qué hicieron los fascistas na vez en el poder se suele pasar por alto por qué lo hicieron. Se trata de una cuestión que casi nunca se aborda, y si se hace se suelen limitar las causas a los caprichos de un dictador, a la guerra reaccionaria contra el socialismo o a la obtención del monopolio del poder por parte de una elite corrupta en su propio beneficio. Sin embargo, espero que estas alturas haya quedado claro que, a diferencia de las interpretaciones que acabo de mencionar, según nuestra perspectiva debe interpretare el régimen fascista en cuanto Estado modernista equiparable al Estado modernista que se fundó en la Rusia bolchevique en la misma época y con el que se instauraría más tarde en la Alemania del Tercer Reich. 

Durante los primeros años de su existencia, el Estado modernista creado por el fascismo representó para sus partidarios más fanáticos, no sólo para Mussolini, una tentativa heroica de completar la unificación italiana que integrara a todos los italianos en una gran Italia modernizada, dinámica, en plena expansión demográfica y territorial, poderosa desde el punto de vista tecnológico, y con una cultura viva. 

Lo que define a Goebbels como modernista no son sus preferencias estéticas, sino la convicción profundamente asentada de que se podía emplear la fuerza institucional y organizativa del Estado moderno para crear una nueva cultura nacional y una nueva era histórica. 

Aunque Mein Kampf no es una obra en absoluto modernista, ni en su estilo ni en su forma, se la puede considerar con todo derecho como uno de los manifiestos más importantes del modernismo político del siglo XX. 

“¿Pueden pensar las máquinas?”, era la misteriosa pregunta que aparecía en el número del 18 de mayo de 1941 de la revista semanal de “Conocimiento, entretenimiento y Lebensfreude (alegría de vivir)” Koralle, una publicación nazi dirigida a las familias “arias” que se publicó durante los años que el Tercer Reich se mantuvo en el poder. En el artículo que se podía leer a continuación se describían los rápidos avances que se habían producido en el campo de la robótica. Se habían creado máquinas capaces de realizar funciones humanas. Una de ellas era una calculadora que resolvía en segundos problemas de electrónica y de física cuántica que un cerebro humano habría tardado meses en solucionar. 

En 1945 las tropas británicas descubrieron escondido en el sótano de una casa del pueblecito bávaro de Hinterstein un enorme aparato cuyo nombre en clave era “V4”. Al final resultó que ese armatoste mecánico no era la cuarta de las prodigiosas armas secretas de Hitler, sino el Versuchsmodell 4 (Prototipo 4), una calculadora programada con una memoria electromecánica y una unidad aritmética construida en 1941 por Konrad Zuse con una subvenciono del Instituto Aerodinámico del Tercer Reich. Era el primer ordenador moderno que se había conseguido poner en funcionamiento con éxito, gracias a un mecanismo basado en una serie de armazones tensados que vibraban. 

En 1936 algunos alemanes una podían incluso ver cómo Hitler asistía a los Juegos Olímpicos de Berlín a través del último triunfo de la tecnología alemana de la comunicación: la televisión. En la decimosexta Grosse Deutsche Rundfunkausstellung (Exposición de la Radio de la Gran Alemania) de 1939, se mostró por primera vez el Fernseh-Volksempfänger -el equivalente al aparato de radio diseñado para el consumo de masas que tanto éxito había tenido, el Volksempfänger-, con un precio indicativo de 650 marcos. Dos años antes, entra edición de esta misma exposición se había demostrado que las transmisiones de televisión en color eran posibles. De no ser por la guerra, la televisión se habría desarrollado hasta convertirse  en un medio de comunicación de masas… Hitler estaba absolutamente convencido de que los alemanes “arios”, equipados con ese aparato de grabación, documentarían de forma espontánea los logros de la nación renacido, el propio proceso de “hacer historia” que se estaba llevando a cabo en la intimidad de las vidas de la Volkgemeinschaft. 

“Los alemanes” nunca fueron colectivamente “los verdugos voluntarios de Hitler”, tal como postula la teoría simplista de Goldhagen, pero lo cierto es que millones de alemanes fueron cómplices en la creación y el mantenimiento de la modernidad alternativa del régimen durante los años cruciales de su formación. 

A Adolf Hitler le apasionaba sinceramente Wagner, uno de los compositores más modernistas de la época. Ademas, el Führer estaba personalmente interesado en construir una red de Autobahn, una de las expresiones más destacadas de los principios de la estética, del diseño, de la ingeniería -tanto social como civil-, de la planificación -tanto regional como a gran escala-, de la tecnología de la construcción, y del Estado jardinero modernistas: el símbolo de una “modernidad alternativa” en construcción. La tecnología del coche que se diseño para convertir las autopistas en medios de transporte a gran escala, el Volkswagen, era tan avanzada, y su línea tan pura, que se incluyó en la exposición “Modernism: Designing a New World”, celebrada en Londres en 2006. Tanto Mies van Der Rohe como Walter Gropius, dos luminarias de la escuela de tendencia izquierdista de la Bauhaus, presentaron proyectos arquitectónicos bajo el Tercer Reich. El arquitecto que proyectó junto a Van Der Rohe el edificio de Nueva York fue Philip Johnson, un hombre que colaboró en la fundación de un partido fascista de los Estados Unidos  en los años treinta y que formó parte del ejército nazi que invadió Polonia. En 1978 Albert Speer le regaló a Johnson un ejemplar de su nuevo libro de arquitectura con la siguiente dedicatoria: “A Philip Johnson, compañero arquitecto. De un colega que admira sinceramente sus últimos proyectos. Saludos. Albert Speer”. Speer creó “catedrales de luz” inspiradas en la estética modernista setenta años antes de que se utilizaran reflectores con una finalidad parecida para marcar el lugar donde se encontraban las Torres Gemelas del World Trade Center hasta la mañana del 11-S. Ezra Sound, uno de los poetas modernistas más  importantes, interrumpió su labor creativa para difundir propaganda pro fascista entre los americanos y los ingleses, y para añadir un homenaje a la República de Saló a sus Cantos. Si los lectores no encuentran nada desconcertante o anómalo en esta relación de faits divers es porque (ahora) son conscientes de la poderosa afinidad electiva que existe entre el impulso del modernismo cultural de crear un nuevo nomos de ficción, las aspiraciones de los modernistas sociales a trascender una época de decadencia y de enfermedad, y la estricta misión de futuro de los políticos modernistas de derechas de construir una sociedad revolucionaria, pero firmemente arraigada, enmarcada una vez más en un horizonte mítico fijo. 

En defensa de España, Stanley G. Payne -4ª parte-


La transición, ¿un modelo?

La dictadura de Franco había evolucionado enormemente, pasando por distintas fases cada vez más flexibles y moderadas. Después del periodo caracterizado por el estado de guerra (1936-1947), se había instaurado en el país una especie de “autoritarismo legal” con cierto respeto por las normas jurídicas. Por eso, cuando en los últimos momentos del régimen Alexander Solzhenitsyn visitó España, declaró que había encontrado un país bastante libre excepto en el terreno político. El desarrollo y la modernización del país se produjeron esencialmente durante el último cuarto de la dictadura y, en efecto, España ya tenía casi todos los requisitos necesarios para ser un régimen democrático -los niveles de educación, de prosperidad y de bienestar eran más altos que nunca-, salvo que no cumplía con un aspecto clave: carecía de libertad política. 


Sabemos ahora que Carrero no se creía capaz de mantener el régimen sin realizar algún cambio después de la muerte de Franco, por lo que, cuando esta se produjera, presentaría su dimisión al rey. De la Cierva reconoce que durante el breve Gobierno de Carrero él mismo le informaba regularmente de los cambios de corte liberal que se estaban aplicando en la política de información y que el almirante siempre los aprobaba. Por ello es dudoso que su asesinato significara el cierre a la continuidad del régimen, como pensaban los asesinos. Pero las iniciativas e intenciones de Carrero Blanco, más complejas de lo que se ha supuesto, nunca se han esclarecido del todo. Tenía la costumbre de escribir sus reflexiones, pero los papeles que están a nuestro alcance no han aclarado estas dudas. 

Es probable que el asesinato del presidente del Gobierno tuviera más efecto sobre el propio Franco que sobre los destinos del país. 

Vale la pena añadir que uno de los tópicos de la literatura sobre la Transición es el desprecio hacia el Gobierno de Arias, a quien se ha tildado de franquista, retrógrado, inepto y de ser un obstáculo para las reformas. Es cierto que Arias fue un político bastante torpe y obsesivo, pero nunca se opuso frontalmente a la apertura, si bien es verdad que habría sido imposible llegar a la completa democratización bajo su mandato. 


Tanto el presidente Ford como su secretario de Estado, Henry Kissinger, habían tratado de alentar una intervención militar española en Portugal. Franco respondió que semejante acción era imposible, además de innecesaria, y poco después de comprobó que su decisión fue la acertada. En Washington existía el temor de que en España pudiera producirse una revolución como la del país vecino, aunque la situación del Ejército -la institución que había puesto en marcha la revolución en Portugal- era absolutamente diferente. De hecho, era el Ejército lo que más preocupaba a las izquierdas españolas, lo contrario de lo que había sucedido en Portugal. 

En todo Occidente se deseaba la democracia para España, y muchos países, como la República Federal de Alemania, la apoyaron con gran cantidad de recursos. 

Muchas veces se ha planteado la pregunta de por qué los procuradores de las últimas Cortes franquistas se hicieron el harakiri. Probablemente, la razón más importante es que el país había cambiado tanto que a la mayoría de los procuradores no les parecía posible que el franquismo sobreviviera sin Franco, sobre todo teniendo en cuenta que el jefe del Estado designado por el propio dictador apoyaba el cambio. Por lo general, se puede alargar la vida de una dictadura durante cierto tiempo si sus líderes tienen el estómago necesario para seguir reprimiendo y, si hace falta, fusilando, pero en España muy pocos estaban por la labor. Y, aun más había una minoría franquista que verdaderamente estaba a favor de la reforma. Los más irreductibles fueron enviados en misión parlamentaria a Hispanoamérica, con los gastos pagados. No cabe duda de que Suárez y los reformistas fueron muy astutos a la hora de manejar la situación. 

Suárez fue el líder político más importante durante tres años decisivos, desde mediados de 1976 hasta mediados de 1979, pero, posteriormente, sus cualidades no le sirvieron para mantenerse posteriormente en el poder. No sabía dirigir un partido político al uso, ni solucionar problemas complejos. No entendía demasiado de cuestiones técnicas y era poco hábil en el ámbito de las relaciones internacionales. 

La Constitución de 1978 es la primera Carta en la Historia de España plenamente consensuada. Las anteriores habían sido impuestas por el sector político dominante excluyendo a los demás, salvo, en cierto modo, la de 1876. La Constitución de 1931 fue democrática en la forma y, pese a sus defectos, habría permitido el desarrollo de un sistema democrático si los republicanos la hubieran respetado. Por supuesto, era reformable, pero solo sirvió para que las izquierdas la usaran como arma arrojadiza y la manipularan a su antojo, como ocurrió en las fraudulentas elecciones de 1936. 


En el siglo XXI la extrema izquierda parece pecar de falta de “memoria” al afirmar que la Transición se basó en un supuesto “pacto de olvido”, cuando lo que ocurrió fue exactamente lo contrario y, precisamente, debido a que la historia no se olvidó, el proceso se cimentó en la negociación, el consenso y la tolerancia. Nadie deseaba repetir los errores de la Segunda República, que es lo que pretende hacer la extrema izquierda actual con su ausencia total de sentido de la historia y su “presentismo”. 

Hasta la última etapa del franquismo, el PSOE tuvo una vida bastante lánguida. Los socialistas “históricos”, exiliados en Toulouse y México, estaban agotados por la autoimpuesta “bolchevización” de 1933-1937, que había desembocado en la Guerra Civil, y, posteriormente, por el abuso de los comunistas durante la contienda. Era una generación de políticos que había vivido numerosas transformaciones, y cuando Felipe González asumió el liderazgo del partido, se impuso un aire nuevo. 

Que el PSOE se posicionara a la izquierda del PCE irritó bastante a los socialdemócratas alemanes, que aportaban importantes cantidades de dinero para que el socialismo español creciera y se convirtiera en una organización más unida y responsable. Finalmente, Felipe González y otros miembros del PSOE lograron que el partido fuera la verdadera alternativa política. Aunque las izquierdas habían demandado la ruptura en lugar de una reforma, no tuvieron una fuerza suficiente para imponer sus criterios y aceptaron una semirruptura negociada y pactada. A largo plazo, los socialistas serían los grandes beneficiados. Años después se forjó la idea de que se había producido una gran movilización popular durante la Transición, pero en realidad, no es más que otro de los grandes mitos de la Historia de España. La movilización popular sí llegó a ser importante en Portugal, en el verano de 1975, para estabilizar democráticamente la revolución portuguesa, pero en España fue casi al revés. 

En 1982 los socialistas ganaron las elecciones por una mayoría absoluta abrumadora, un hecho sin precedentes en la Historia de España. Casi todos los observadores internacionales esperaban cambios importantes después de la muerte de Franco, pero la arrolladora victoria del PSOE fue una sorpresa. Y aquí es donde surge la pregunta de por qué la derecha era tan débil en aquellos momentos. Los conservadores tuvieron más problemas que los socialistas a la hora de superar sus divisiones internas y presentar una alternativa convincente; Alianza Popular languidecía en el desierto y hubo que esperar hasta finales del siglo XX para que apareciera un líder conservador capaz de triunfar en España. Durante mucho tiempo, la derecha española había dependido en exceso de la religión, ya fuera directa o indirectamente, y con una sociedad cada vez más secularizada el país carecía de una cultura de valores adecuada para crear un conservadurismo capaz de funcionar. A esto se añade que la pobreza dialéctica de la derecha española contemporánea ha siso y es extraordinaria. 

El mayor peligro de inestabilidad llegó finalmente tarde, con los dramáticos sucesos del 23 de febrero de 1981. Habitualmente se denomina “golpe de Estado” a cualquier intervención militar, y así se han calificado los acontecimientos de 1923 y 1936, aunque el primero fue, en realidad, el último de los pronunciamientos clásicos y el segundo, una insurrección militar generalizada. Sin embargo, lo que ocurrió el 23-F, con la ocupación militar del Parlamento, ciertamente tuvo todo el aspecto de un golpe de Estado, precipitado no tanto por una crisis absoluta o por la amenaza de colapso del sistema como por la confusión, la ineficacia y la debilidad del Gobierno ante el terrorismo. Fue una respuesta a un problema político, no a una crisis nacional de envergadura, pero su razón de ser ya había desaparecido en parte tras la dimisión de Suárez y la inminente formación de un nuevo Gobierno dirigido por Leopoldo Calvo-Sotelo, cuya investidura se votaba ese mismo día. 

Por lo general, el comportamiento de los militares durante la Transición fue correcto. La táctica diseñada por Fernández-Miranda de ir “por la ley a la ley” redujo enormemente la disidencia. Sí se promovieron diversos intentos de conspiración por parte de algunos oficiales y mandos, pero, en general, reinaba la disciplina. Los militares soportaron con estoicismo la larga serie de atentados terroristas, dirigidos principalmente contra militares y policías, así como una política del Gobierno a menudo débil y errática. 


La Transición española fue un caso único en la historia por haber logrado la democratización de una dictadura institucionalizada mediante sus propias leyes. En este sentido, las transiciones posteriores de los países poscomunistas fueron más convulsas y debieron enfrentarse a mayores dificultades, ya que los cambios no afectaban solo a las estructuras políticas, sino a la economía, a la sociedad y a la cultura, y en casi todos los casos se trataba, además, de recuperar la independencia nacional. Algunos de esos procesos de transición siguen inacabados en el siglo XXI, y otros casos, como Rusia y Bielorrusia, han evolucionado de un postotalitarismo a un neoautoritasimo. 

La época de la euforia duró más de un cuarto de siglo, hasta que, ya en el siglo XXI, la Transición comenzó a ser cuestionada desde dos perspectivas diferentes: la de los reformistas moderados y la de la extrema izquierda. Los primeros, que suelen ser personas políticamente razonables en la mayoría de los casos, buscan una reforma para rectificar ciertas deficiencias respecto a la ley electoral y a la estructura autonómica. La crítica revolucionaria de extrema izquierda es muy distinta, porque rechaza realizar una reforma mediante el consenso de todos los sectores sociales y promueve un cambio dominado exclusivamente por las izquierdas. Es decir, se critica a la Transición por sus aciertos, no por sus errores, y los que más invocan la “memoria histórica” parecen no saber nada de historia: de esos cambios que promueven ha habido varios en la historia del país y todos han acabado en desastre. 

En la Transición no se “olvidó” nada. Fueron años muy ricos en investigaciones, publicaciones y trabajos sobre la República, la Guerra Civil y el franquismo, que aparecían en todos los medios de comunicación. En ningún momento, ni antes ni después, se le prestó tanta atención a la historia y nunca antes había sido tan asequible. Lo que no se hizo fue utilizar la historia de forma partidista y como arma de propaganda política. González nunca llamó a Suárez “fascista” o “falangista”, y este no tildaba al líder socialista de “rojo”. Ni siquiera Santiago Carrillo fue recriminado por su pasado -al menos en las relaciones políticas formales-, sino que se le respetaba por su nuevo papel en la democracia. Y las cosas se mantuvieron así durante años.

¿Cuándo cambiaron? El primer momento decisivo tuvo lugar durante la campaña electoral socialista de 1993. Hasta entonces, el éxito político de Felipe González había sido extraordinario. Nadie en la historia parlamentaria del país había ganado tres elecciones consecutivas. En este contexto, los socialistas volvieron a su antigua idea de la “hiperlegitimidad”, es decir, empezaron a olvidar la historia. Ya no contemplaban la posibilidad de una derrota, posibilidad perfectamente normal en la vida política democrática. En 1993, González comenzó a emplear una nueva retórica al enfrentarse a Jose María Aznar y al Partido Popular, alegando que un voto a favor de este sería un voto para que volviera el franquismo. Después del tono blandengue empleado por Aznar en el segundo debate de televisión, González ganó los comicios de 1993 -no con una victoria tan abrumadora como en ocasiones anteriores-, pero a costa de haber transgredido una de las normas de la Transición. El empleo de la historia como arma política se repetiría en las elecciones siguientes, pero el efecto fue mucho menor. 

El uso masivo de Internet alienta una disposición a vivir en el instante, recopilando algunos datos, pero sin profundizar. Los jóvenes parecen estar dominados por el “presentismo” y apenas hay interés real por el conocimiento del pasado, ni lejano ni cercano. 

Igualmente importantes son las consecuencias de ciertos cambios culturales y de algunas doctrinas tan significativas como el posmodernismo y el nuevo progresismo de pensamiento único -también denominado “corrección política”-, que desde la década de 1980 tienen una influencia cada vez más destacada en la vida política española. 

Una singularidad de la corrección política es que se trata de la primera nueva ideología radical de izquierdas que tiene su origen en Estados Unidos. Además, es la primera ideología importante de izquierdas que no posee ni un nombre oficial ni una definición canónica… su objetivo no es derrocar el sistema político, sino transformarlo desde dentro de la democracia por medio de la manipulación. 

El igualitarismo es un concepto y un objetivo que no se encuentra reflejado en la realidad: los seres humanos no son iguales ni en el plano físico ni en el intelectual ni en el moral. 

Su más clara expresión en Estados Unidos y en España se produjo durante los Gobiernos de Obama y de Rodríguez Zapatero. Este último es el campeón de lo políticamente correcto y de la doctrina del igualitarismo, pero Obama lo superó en su tendencia a gobernar por decreto ignorando la legislación. 

El mayor impacto de la cultura de la corrección política en el campo de la historia ha surgido con la doctrina del victimismo, concepto fundamental en esta ideología. La victimización ha caracterizado la historia humana, que sobre todo es una historia de la opresión y de la ausencia de la igualdad. Por eso, como en la Unión Soviética, la función de la historia es “desenmascarar” y denunciar esta opresión, y reclamar la igualdad, criticando las deficiencias de cualquier situación histórica. Se rechazan las interpretaciones del historicismo, según el cual cualquier época ha de estudiarse e interpretarse según sus propias mentalidades. Por el contrario, la nueva doctrina impone un “presentismo” cuyas normas, por recientes e inciertas que sean, tienen que ser consideradas válidas universalmente y para cualquier época. En las facultades de historia, el resultado ha sido la imposición de la santísima trinidad de “raza-clase-género”, entendidos como los factores básicos de la opresión y de la ausencia de igualdad. 

Al ser producto de la “cultura del adversario”, característica de las izquierdas en Occidente durante los últimos cincuenta años, esta doctrina rechaza especialmente la civilización occidental, que ha pasado a ser el enemigo número uno. Y así se configura otro aspecto de esta ideología, el “multiculturalismo”, que no es más que un nuevo oxímororn, ya que cualquier sociedad tiene su propia cultura, pues de lo contrario no sobreviviría como sociedad. El rechazo a los valores de la civilización tradicional provoca una primera contradicción, al no ser occidentales, se presuponen aliadas. El multiculturalismo se convierte, así, en un aspecto clave para desmontar la cultura occidental, porque no busca imponerse en otras culturas. 

El público del siglo XXI es “presentista”, y parece que tanto en las librerías como en Internet, los libros de historia que más se venden son los que tratan la Edad Contemporánea. 

España es el único país occidental, y probablemente del mundo, en el que una parte considerable de sus escritores, políticos y activistas niegan la existencia misma de sus escritores, políticos y activistas niegan la existencia misma del país, declarando que “la nación española” sencillamente “no existe”. 

La Asociación para la Memoria Histórica que dirige Emilio Silva, tienen como principal objetivo satisfacer las demandas de un sector de la población que desea localizar a sus antepasados, víctimas de las represiones que tuvieron lugar durante la Guerra Civil y la posguerra. La versión más extremista reivindica el reconocimiento oficial de que los represalias de izquierdas dieron su vida “por la democracia”, así como la condena de Franco y de su régimen. 

Una posición crítica sobresaliente ha sido la del filósofo Gustavo Bueno, para quien el concepto de “memoria histórica” no es más que “una invención de la izquierda” y una maniobra de manipulación política. Para él, la memoria es una construcción subjetiva y la memoria histórica es una elaboración social, cultural y política. 

En la campaña electoral del invierno de 2004, Rodríguez Zapatero no la utilizó como arma, pero le dio prioridad cuando fue investido presidente del Gobierno. Al verano siguiente anunció que se preparaba una nueva legislación sobre el tema, mientras la agitación social aumentaba día a día. La primera ley fue aprobada el 7 de julio de 2006 y era muy sencilla en su contenido: “En España se declara el año 2006 como Año de Memoria Histórica”, en honor de “las víctimas” que defendieron “valores democráticos”, así como de los que contribuyeron a la creación de la Constitución de 1978. La ley proveía fondos y medios para las conmemoraciones. En esas mismas fechas, el Ministerio de Educación habló de la necesidad de estudiar “las políticas reformistas realizadas en el transcurso de la Segunda República” en la asignatura de Ciencias Sociales, Geografía e Historia del cuarto curso de Secundaria y se anunciaba la preparación de una ley de mayor envergadura sobre la memoria. 

Dijo Santos Juliá: “Imponer una memoria colectiva o histórica es propio de regímenes totalitarios o de utopías totalitarias. Las guerras civiles solo pueden terminar en una amnistía general”.

Incluso Paul Preston, un historiador nada sospechoso para la izquierda, ya había expresado su ambivalencia cuando criticó “la retirada de símbolos franquistas. El Valle de los Caídos no debe desaparecer… En España hay gente que confunde olvido con reconciliación y memoria con venganza… Si de mí dependiese, yo no había hecho nunca esa Ley, pero yo soy un extranjero sin voz ni voto. A mi personalmente me resulta muy incómodo que se empiecen a hacer leyes sobre estas cosas”. 

En términos históricos, el Partido Popular dejó todo el discurso sobre la historia a las izquierdas, pese a que la historia del partido está del todo asociada a la democracia. Como ya hemos señalado, la pobreza dialéctica del PP es patente; a Rajoy y a sus colegas parece que solo les interesan el presente y la gestión de la economía. En realidad, han adoptado las directrices de la corrección política en casi todas las cuestiones culturales y sociales, poniendo de manifiesto la hegemonía de esta nueva religión política. 

En algunas comunidades autónomas se encuentran algunas de las distorsiones más graves de la historia que se enseña en las escuelas. Entre los eufemismos utilizados, por ejemplo, no se dice que los árabes protagonizaron una invasión violenta, sino que “entraron en la Península”, como si fuesen turistas. La Reconquista ha de ser ignorada o rechazada, porque en al-Ándalus se vivía “un paraíso multicultural”, y los conquistadores del siglo XVI son “expedicionarios” en busca de un “encuentro”. 

Quizá lo mejor sea que no se ha impuesto del todo el pensamiento único y, en general, existe más libertad de expresión que en muchos otros países europeos. Siguen publicándose libros excelentes, y los que deseen conocer la verdadera historia del país siempre podrán hacerlo. 

El Futurismo Filippo Tommaso Marinetti




El Futurismo
Filippo Tommaso Marinetti


Habíamos velado insomnes toda la noche—mis amigos y yo—bajo los lampadarios de cobre en cuyas cúpulas lucía como en nuestro espíritu un corazón eléctrico, Aherrojada nuestra pereza, discutíamos en los confines extremos de la lógica y preñábamos cuartillas y cuartillas con frenética exaltación.
Un inmenso orgullo nos hinchaba el pecho y nos sentíamos erguidos y solos como faros o como centinelas en la avanzada, de frente al ejército estelar nuestro enemigo, acampado en su vivac celeste. Solos con los fogoneros en las entrañas fulmíneas de los grandes navíos, solos con los negros fantasmas que se abaten en el vientre rojo, incendiado, de las histéricas locomotoras, solos con esos seres embriagados que pegan con sus alas en los muros.
Cuando de pronto, bruscamente nos ha distraído el rodar de los enormes tranvías de doble piso que pasan sonantes, con sobresalto, rebosando luz, semejando un caserío en plena fiesta, al que el Po, desbordado, musculoso, exterminará de pronto para arrastrarlo después en el remolino y en las marejadas de un diluvio, hasta el mar.
Después el silencio se ha apagado. Se ha percibido sólo la oración extenuada del viejo canal y el rechinar de los huesos de los viejos palacios, moribundos bajo el bello húmedo y verde de su fachada y de sus losas.
—¡Vamos!—dije a mis amigos—¡Partamos! Al fin la Mitología y el Ideal místico han sido sobrepujados. Vamos a asistir al nacimiento del Centauro y veremos volar los primeros Ángeles.
¡Es necesario abatir forzadamente las puertas de la vida para probar sus goznes y sus cerrojos! ¡Partamos! He aquí el primer sol elevándose sobre la tierra... Nada iguala el esplendor de su roja espada, esgrimida por primera vez en nuestras tinieblas milenarias. Nos acercamos a las tres máquinas jadeantes para persuadir su corazón.
Yo me alargué sobre la mía como un cadáver en su ataúd, pero resucité en seguida bajo el volante—cuchilla de guillotina—que amenazaba mi estómago.
La gran escoba de la locura nos arrancó a nosotros mismos lanzándonos a través de las avenidas más escarpadas y profundas como torrentes deshechos. Aquí y acullá luces sórdidas, nos querían enseñar el desprecio a la falaz matemática de nuestras concepciones.
—El olfato—gritábales—el olfato les basta a las fieras.
Cazamos, como jóvenes leones a la Muerte de negro pelaje manchado de pálidas cruces, cuando se nos apareció viva y posesa, sobre el vasto cielo violáceo.
¡Oh! ¡Qué bien! ¡Ya no teníamos ninguna Señora ideal, de esas altas hasta las nubes, ni ninguna reina cruel a quien ofrecer nuestros cadáveres a guisa de anillos bizantinos!
¡No teníamos ninguna predilección por la muerte, a no ser el deseo de desembarazarnos de nuestro pesado y recio coraje!
Seguimos arrasando todos los perros guardianes, aplastándoles bajo los neumáticos, enrollándoles, como a los cuellos postizos una plancha.
La muerte acariciante y servil se me adelantaba a cada paso y en todos los recodos, ofreciéndome galantemente la pata. Se tendía sobre el camino con un ruido de huesos dislocados y estridentes, y me lanzaba miradas aterciopeladas desde el fondo de sus cuencas.
—Abandonemos la sabiduría—exclamé de nuevo—como ganga inútil v perjudicial! ¡Invadamos como un fruto cimentado de orgullo y de entereza, las fauces inmensas del viento! 
¡Démonos a comer a lo desconocido no por desesperación, sino simplemente para enriquecer los insondables reservorios del absurdo!
Después de decir esas palabras viré bruscamente sobre mi mismo con la fiebre loca, desposeída, de los perros que se muerden la cola, cuando he aquí que dos ciclistas comienzan a discutirme con razonamientos persuasivos y contradictorios. ¡Su dilema lanzado sobre mi terreno! ¡Qué fastidio! ¡Puah! Corté por lo sano, y hastiado... ¡Paf!... me arrojé de cabeza a un foso...
¡Oh! ¡Maternal foso medio lleno de agua fangosa! ¡Foso de fábrica! ¡Yo he saboreado glotonamente tu lodo fortificante que me recuerda las mamas negras de mi nodriza sudanesa.
Así, arrojado mi cuerpo mal oliente y fangoso, he sentido a la espada roja de la alegría atravesarme deliciosamente el corazón.
Una turba de pescadores de caña y de naturalistas podagreux se reunieron espantados alrededor del prodigio. Con un espíritu cazurro y relapso, procuraron por todos los medios, valiéndose de unos grandes arpones de hierro, pescar mi automóvil, parecido a un gran tiburón estancado.
Entonces surgió otra vez de la fosa abandonando su pesada carga de buen sentido y su mórbido y confortable enguatado.
Se le hubiera creído muerto, a mi buen tiburón, pero con solo una caricia sobre su lomo todopoderoso ha resucitado y hele ya corriendo con toda velocidad sobre sus aletas.
Entonces, al fin, el rostro cubierto del cieno de las fábricas, lleno de escorias de metal, de sudores inútiles y de hollín celeste, llevando los brazos en cabestrillo, entre el lamento de los pescadores con cana y de los naturalistas afligidos, dictamos nuestras primeras voluntades a todos los hombres vivientes de la tierra.

I. Queremos cantar el amor al peligro, a la fuerza y a la temeridad.
II. Los elementos capitales de nuestra poesía, serán el coraje, la audacia y la rebelión.
III. Contrastando con la literatura que ha magnificado hasta hoy la inmovilidad de pensamiento, el éxtasis y el sueño, nosotros vamos a glorificar el movimiento agresivo, el insomnio febriciente, el paso gimnástico, el salto arriesgado, las bofetadas y el puñetazo.
IV. Declaramos que el esplendor del mundo se ha enriquecido de una belleza nueva: la belleza de la velocidad. Un automóvil de carrera con su vientre ornado de gruesas tuberías, parecidas a serpientes de aliento explosivo y furioso... un automóvil que parece correr sobre metralla, es más hermoso que la Victoria de Samotrhacia.
V. Queremos cantar al hombre que es dueño del volante cuyo eje ideal atraviesa la Tierra lanzada sobre el circuito de su órbita.
Vl. Es necesario que el poeta se desviva, con ardor, con fuego, con prodigalidad por aumentar el fervor entusiasta de los elementos primordiales, su ignición.
Vll. No hay belleza más que en la lucha. No debe admitirse un jefe de escuela si no tiene un carácter recalcitrantemente violento. La poesía debe ser un asalto agresivo contra las fuerzas anónimas y desconocidas para hacerlas que se inclinen ante el hombre.
VlIl. ¡Estamos sobre el promontorio extremo de los siglos! ¿A qué mirar detrás de nosotros, que es como ahondar en la misteriosa alforja de lo imposible? El Tiempo y el Espacio han muerto. Vivimos ya en el Absoluto, puesto que hemos creado la celeridad omnipresente.
IX. Queremos glorificar la guerra—única higiene del mundo—el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las bellas ideas que matan y el desprecio a la mujer.
X. Queremos demoler los museos, las bibliotecas, combatir el moralismo, el feminismo y todas las cobardías oportunistas y utilitarias
XI. Cantaremos a las grandes muchedumbres agitadas por el trabajo, el placer o la rebeldía, las resacas multicolores y polífonas de las revoluciones en las capitales modernas: la vibración nocturna de los arsenales y de los almacenes bajo sus violentas lunas eléctricas, las estaciones ahitas, pobladas de serpientes atezadas y humosas, las fábricas suspendidas de las nubes por el bramante de sus chimeneas; los puentes parecidos al salto de un gigante sobre la cuchillería diabólica y mortal de los ríos, los barcos aventureros olfateando siempre el horizonte, las locomotivas en su gran chiquero, que piafan sobre los railes, bridadas por largos tubos fatalizados, y el vuelo alto de los aeroplanos, en los que la hélice tiene chasquidos de banderolas y de salvas de aplausos, salvas calurosas de cien muchedumbres.
Lanzamos en Italia este manifiesto de heroica violencia y de incendiarios incentivos, porque queremos librarla de su gangrena de profesores, arqueólogos y cicerones.
Italia ha sido durante mucho tiempo el mercado de los chalanes. Queremos librarla de los innumerables museos que la cubren de innumerables cementerios.
¡Museos, cementerios! ¡Tan idénticos en su siniestro acodamiento de cuerpos que no se distinguen! Dormitorios públicos donde se duerme siempre junto a seres odiados o desconocidos. Ferocidad recíproca de pintores y escultores matándose a golpes de línea y de color en el mismo museo.
¡Que se les haga una visita cada año como quien va a visitar a sus muertos llegaremos a justificarlo!... ¡Que se depositen flores una vez por año a los pies de la Joconda también lo concebimos!... ¡Pero ir a pasear cotidianamente a los museos, nuestras tristezas, nuestras frágiles decepciones, nuestra cólera o nuestra inquietud, no lo admitimos!

¿Queréis emponzoñaros? ¿Queréis podridos? ¿Qué podéis encontrar en un anciano cuadro si no es la contorsión penosa del artista esforzándose por romper las barreras infranqueables de su deseo de expresar enteramente su sueño?
Admirar una vieja obra de arte es verter nuestra sensibilidad en una urna funeraria en lugar de emplearla más allá en un derrotero inaudito, en violentas empresas de creación y acción. ¿Queréis malvender así vuestras mejores fuerzas en una admiración inútil del pasado de la que saldréis aciagamente consumidos, achicados y pateados?
En verdad que la frecuentación cotidiana de los museos, de las bibliotecas y de las academias (¡esos cementerios de esfuerzos perdidos, esos calvarios de sueños crucificados, esos registros de impetuosidades rotas...!) es para los artistas lo que la tutela prolongada de los parientes para los jóvenes de inteligencia, esfervecidos de talento y de voluntad.
Sin embargo, para los moribundos, para los inválidos y para los prisioneros, puede ser bálsamo de sus heridas el admirable pasado, ya que el porvenir les está prohibido. ¡Pero nosotros no, no le queremos, nosotros los jóvenes, los fuertes y los vivientes futuristas!
¡Con nosotros vienen los buenos incendiarios con los dedos carbonizados! ¡Heles aquí! ¡Heles aquí! ¡Prended fuego en las estanterías de las bibliotecas! ¡Desarraigad el curso de los canales para inundar los sótanos de los museos! ¡Oh! ¡Que naden a la deriva los cuadros gloriosos! ¡Sean nuestros los azadones y los martillos! ¡Minemos los cimientos de las ciudades venerables!...
Los más viejos entre nosotros no tienen todavía treinta años; por eso nos resta todavía toda una década para cumplir nuestro programa. ¡Cuando tengamos cuarenta años que otros más jóvenes y más videntes nos arrojen al desván como manuscritos inútiles!...Vendrán contra nosotros de muy lejos, de todas partes, saltando sobre la ligera cadencia de sus primeros poemas, agarrando el aire con sus dedos ganchudos, y respirando a las puertas de las Academias el buen olor de nuestros espíritus podridos, va destinados a las sórdidas catacumbas de las bibliotecas!...
Pero no, nosotros no iremos nunca allá. Los nuevos adelantos nos encontrarán al fin, una noche de invierno, en plena campiña, bajo un doliente tinglado combatido por la lluvia, acurrucados cerca de nuestros aeroplanos trepidantes, en acción de calentarnos las manos en la fogata miserable que nutrirán nuestros libros de hoy ardiendo alegremente bajo el vuelo luminoso de sus imágenes.
Se amotinarán alrededor de nosotros, desbordando despecho, exasperados por nuestro coraje infatigable, y se lanzarán a matarnos con tanto más denuedo y odio, cuanto mayores sean la admiración y el amor que nos tengan en sus entrañas.
Y la fuerte y sana injusticia estallará rabiosamente en sus ojos. Y estará bien. Porque el arte no puede ser más que violencia, injusticia y crueldad.
Los más viejos de entre nosotros no tenemos aún treinta años, y por lo tanto hemos despilfarrado ya grandes tesoros de amor, de fuerza, de coraje y de dura voluntad, con precipitación, con delirio, sin cuenta, sin perder el aliento, a manos llenas.
¡Miradnos! ¡No estamos sofocados! ¡Nuestro corazón no siente la más ligera fatiga! ¡Está nutrido de fuego, de valor y de velocidad! ¿Esto os asombra? ¡Es que vosotros no os acordáis de haber vencido nunca!
En pie sobre la cima del mundo arrojamos nuestro reto a las estrellas!
¿Vuestras objeciones? ¡Basta! ¡Basta! ¡Las conocemos! ¡Son las consabidas! ¡Pero estamos bien cerciorados de lo que nuestra bella y falsa inteligencia nos afirma!
–Nosotros no somos–decís–más que el resumen y la prolongación de nuestros antepasados.

¡Puede ser! ¡Sea! ¿Y qué importa? ¡Es que nosotros no queremos escuchar! ¡Guardaros de repetir vuestras infames palabras! ¡Levantad, más bien, la cabeza!
¡En pie sobre la cima del mundo lanzamos una vez más el reto a las estrellas!

Manifiesto técnico de la literatura futurista
Sentado sobre el depósito de gasolina de un aeroplano, con el vientre caliente por la cabeza del aviador, sentí la ridícula inutilidad de la vieja sintaxis heredada de Homero. ¡Violenta necesidad de liberar las palabras, sacándolas de la prisión del periodo latino! Naturalmente, como todo imbécil, tiene una cabeza previsora, un vientre, dos piernas y dos pies planos, pero jamás tendrá dos alas. ¡Apenas lo necesario para caminar, para correr algunos instantes y pararse casi en seguida resoplando!...
He aquí lo que me dijo la remolinante hélice, mientras volaba a doscientos metros sobre las poderosas chimeneas de Milán. Y la hélice añadió:
1 .- Es necesario destruir la sintaxis, disponiendo los sustantivos al azar, tal como nacen.
2.- Se debe usar el verbo en infinitivo para que se adapte elásticamente al sustantivo y no lo someta al yo del escritor que observa o imagina. El verbo en infinitivo puede sólo dar el sentido de la continuidad de la vida y la elasticidad de la intuición que la percibe.
3.- Se debe abolir el adjetivo para que el sustantivo desnudo conserve su color esencial. El adjetivo, que tiene en si mismo un carácter matizador, es incompatible con nuestra visión dinámica, porque supone una pausa, una meditación.
4.- Todo sustantivo debe tener su doble, es decir el sustantivo debe ir seguido, sin conjunción, de otro sustantivo al que está ligado por analogía. Ejemplo: hombre-torpedero, mujer-golfo, multitud-resaca, plaza-embudo, puerta-grifo.
Como la velocidad aérea ha multiplicado nuestro conocimiento del mundo, la percepción por analogía se hace mucho más natural para el hombre. Por lo tanto hay que suprimir el como, el cual, el así, el parecido a. Mejor aún, hay que fundir directamente el objeto con la imagen que evoca, dando la imagen abreviada mediante una sola palabra esencial.
5.- Abolir también la puntuación. Al suprimirse los adjetivos, los adverbios y las conjunciones, la puntuación queda lógicamente anulada, en la continuidad variada de un estilo vivo que se crea por si mismo sin las pausas absurdas de las comas y los puntos. Para acentuar ciertos movimientos e indicar sus direcciones se emplearán signos matemáticos: + - x = ( ) y signos musicales.
6.- Los escritores se han entregado hasta ahora a la analogía inmediata. Han comparado, por ejemplo, el animal al hombre o a otro animal, lo que casi equivale, más o menos, a una especie de fotografía. Han comparado por ejemplo un fox-terrier a un pequeñísimo pura sangre. Otros, más avanzados, podrían comparar ese mismo fox-terrier trepidante a una pequeña máquina Morse. En cambio yo lo comparo con el agua hirviendo. Hay en ellos una gradación de analogías cada vez más amplias y unas relaciones cada vez más profundas y sólidas, aunque muy distantes.
La analogía no es más que el amor profundo que une las cosas distantes, -aparentemente diversas y hostiles. Sólo por medio de analogías amplísimas se logrará un estilo orquestal, al mismo tiempo policromo, polifónico y polimorfo capaz de contener la vida de la materia.
Cuando en mi Batalla de Trípoli he comparado una trinchera erizada de bayonetas a una orquesta, una ametralladora a una mujer fatal, he introducido intuitivamente una gran parte del universo en un breve episodio de batalla africana.
Las imágenes no son flores para escoger y recoger con parsimonia, como decía Voltaire. Ellas constituyen la sangre misma de la poesía. La poesía debe ser una serie ininterrumpida de imágenes nuevas, sin las cuales no es más que anemia y clorosis.
Cuanto más amplias relaciones contengan las imágenes, más tiempo conservarán su fuerza de sorpresa. Es necesario, dicen, no fatigar la admiración del lector. ¡Vamos! Curémonos, más bien, de la fatal corrosión del tiempo que destruye no solamente el valor expresivo de una obra maestra sino además su fuerza de asombro. ¿Nuestros oídos demasiado entusiastas no han destruido a Beethoven y Wagner? Por lo tanto hay que eliminar de la lengua todo lo que ella contiene de imágenes-cliché, metáforas descoloridas, es decir, casi todo.
7.- No existen categorías de imágenes, nobles o groseras, elegantes o vulgares, excéntricas o naturales. La intuición que las percibe no tiene preferencias ni prejuicios. El estilo analógico es, por lo tanto, el dueño absoluto de toda la materia y de su intensa vida.
8.- Para representar los movimientos sucesivos de un objeto es necesario ofrecer la cadena de las analogías que éste evoca, cada una condensada, recogida, en una palabra esencial.
He aquí un ejemplo expresivo de una cadena de analogías todavía ocultas y sobrecargadas por la sintaxis tradicional:
¡Claro que sí!, usted es, pequeña ametralladora, una mujer encantadora, y siniestra, y divina, al volante de un invisible cien-caballos que ruge con explosiva impaciencia. ¡Oh! ¡Dentro de poco os arrojaréis al circuito de la muerte, hacia el vuelco aplastante o la victoria!... ¿Quiere que le escriba unos madrigales plenos de gracia y de color? A vuestra elección, señora... Usted me recuerda a un tribano gesticulante caya lengua elocuente, infatigable, golpea el corazón de los oyentes en círculo, emocionados... Sois, en este momento, una perforadora todopoderosa que atraviesa en redondo el cráneo demasiado duro de esta noche obstinada... Sois, también, un laminador, un tornillo eléctrico y ¿qué más? Un gran soplete oxhídrico que quema, cincela y funde poco a poco las puntas metálicas de las últimas estrellas!... ("Batalla de Trípoli").
En algunos casos será necesario enlazar las imágenes de dos en dos como balas enramadas que en su vuelo arrancan a todo un grupo de árboles. Para envolver y atrapar todo lo que hay de más huidizo e imperceptible en la materia es necesario formar tupidas redes de imágenes o analogías que se lanzarán al mar misterioso de los fenómenos. Salvo la forma tradicional, esta frase de mi Mafarka el futurista es un claro ejemplo de una tupida red de imágenes:
Toda la acre dulzura de su juventud subía por la garganta, como desde los patios de las escuelas remontan los gritos alegres de los niños hacia sus viejos maestros inclinados en los pretiles de las terrazas desde donde se ve alejarse a los barcos en la mar...
He aquí otras tres redes de imágenes:
Alrededor del pozo de la Bumeliana, bajo los olivares frondosos, tres camellos, confortablemente recostados en la arena, se relamían de alegría como viejas goteras de piedra mezclando el chac-chac de sus escupitajos con el golpear regular de la bomba a vapor que abastece a la ciudad. Estridencias y disonancias futuristas en la orquesta profunda de las trincheras de hoyos sinuosos y cantinas sonoras, entre el vaivén de las bayonetas, arcos de violines que la roja batuta del poniente inflama de entusiasmo... Es el poniente-director de orquesta quien con un gesto amplio recoge las pautas esparcidas por los pájaros en los árboles y las arpas quejumbrosas de los insectos y el crujido de las ramas y el rechinamiento de las piedras. Él es quien para en seco los tímpanos de las gamelas y de los fusiles entrechocados para dejar cantar a plena voz sobre la orquesta de los instrumentos en sordina a todas las estrellas vestidas de oro, rectas, los brazos abiertos sobre la rampa del cielo. Y una gran dama presencia el espectáculo... Ampliamente descotado, el desierto estacionario pone de relieve su seno inmenso de curvas limadas, todas barnizadas de colorete rozado bajo las gemas ruinosas de la pródiga noche ("Batalla de Trípoli").
9.- Teniendo en cuenta que toda clase de orden es fatalmente un producto de la inteligencia cauta y reservada, es necesario orquestar las imágenes disponiéndolas según un máximo de desorden.
10.- Destruir en la literatura el "yo", es decir toda la psicología. El hombre completamente deteriorado por la biblioteca y el museo, sometido a una lógica y a una sabiduría espantosa, ya no ofrece ningún interés. Por lo tanto debemos eliminarlo de la literatura y sustituirlo finalmente por la materia cuya esencia se debe alcanzar a golpes de intuición, cosa que no podrán hacer jamás los físicos ni los químicos.
Descubrir a través de los objetos en libertad y los motores caprichosos la respiración, la sensibilidad y los instintos de los metales, de las piedras, de la madera, etc. Sustituir la psicología del hombre, ya agotada, por la obsesión lírica de la materia.

Protegeos de atribuir sentimientos humanos a la materia, adivinad sobre todo sus diferentes impulsos directivos, sus fuerzas de comprensión, de dilatación, de cohesión y de disgregación, sus riadas de moléculas en masa o sus torbellinos de electrones. No se trata de expresar los dramas de la materia humanizada. Es la solidez de una plancha de acero la que nos interesa por si misma; es decir, la alianza incomprensible e inhumana de sus moléculas y de sus electrones, que se oponen por ejemplo a la penetración de un obús. El calor de un pedazo de hierro o de madera es para nosotros en lo sucesivo más apasionante que la sonrisa o las lágrimas de una mujer.
Queremos expresar en literatura la vida del motor, nuevo animal instintivo cuyo instinto general conoceremos cuando conozcamos los instintos de las diferentes fuerzas que lo componen.
Nada es más interesante para un poeta futurista que la agitación del teclado de un piano mecánico. El cinematógrafo nos ofrece la danza de un objeto que se divide y se recompone sin la intervención humana. También nos ofrece el impulso hacia atrás de un nadador cuyos pies salen del mar y rebotan violentamente por el trampolín. Finalmente, nos ofrece la carrera de un hombre a 200 kilómetros por hora. Son otros tantos movimientos de la materia fuera de las leyes de la inteligencia y por consiguiente de una esencia más significativa.
Además es necesario representar el peso (facultad de vuelo) y el olor (facultad de esparcimiento) de los objetos, cosa que ha sido descuidada hasta ahora en literatura. Esforzarse en restituir, por ejemplo, el paisaje de olores que percibe un perro. Escuchar los motores y reproducir sus disertaciones.
La materia siempre ha sido contemplada por un yo distraído, frío, demasiado preocupado de si mismo, lleno de prejuicios de sabiduría y de obsesiones humanas.
El hombre tiende a manchar con su joven alegría o con su viejo dolor a la materia, que posee una admirable continuidad de impulso hacia un mayor ardor, un mayor movimiento, una mayor subdivisión de si misma. La materia no es ni triste ni alegre. Tiene por esencia el coraje, la voluntad y la fuerza absoluta. Pertenece entera al poeta adivinador que sepa liberarse de la sintaxis tradicional, pesada, estrecha, pegada al suelo, sin brazos y sin alas, porque ella es solamente inteligente. Sólo el poeta asintáctico y de palabras desligadas podrá penetrar en la esencia de la materia y destruir la sorda hostilidad que la separa de nosotros.
El periodo latino que nos ha servido hasta ahora era un gesto pretencioso con el que la inteligencia arrogante y miope se esforzaba por dominar la vida multiforme y misteriosa de la materia. El periodo latino había por lo tanto nacido muerto.
Las intuiciones profundas de la materia, unidas una a la otra, palabra por palabra, siguiendo su nacimiento ilógico, nos ofrecerán las líneas generales de una psicología intuitiva de la materia. Ella se rebeló a mi espíritu desde lo alto de un aeroplano. Mirando los objetos desde un nuevo punto de vista, no más de cara o de espaldas, sino a pico, es decir, en síntesis, he podido romper las viejas trabas lógicas y los hilos de plomo de la comprensión antigua.
Todos vosotros, los que me habéis amado y seguido hasta aquí, poetas futuristas, seréis como yo, frenéticos constructores de imágenes y valientes exploradores de analogías. Pero vuestras tupidas redes de metáforas están desafortunadamente muy sobrecargadas del plomo de la lógica. Os aconsejo aligerarlas para que vuestro gesto inmensificado pueda lanzarlas lejos, desplegadas sobre un océano más amplio.
Inventaremos juntos lo que yo llamo la imaginación sin hilos. Alcanzaremos un día un arte aún más esencial cuando nos atrevamos a suprimir todos los primeros términos de nuestras analogías, para no ofrecer nada más que la continuación ininterrumpida de segundos términos. Será necesario, para ello, renunciar a ser comprendidos. El ser comprendidos no es necesario. Por otra parte, no lo necesitábamos cuando expresábamos los fragmentos de la sensibilidad futurista mediante la sintaxis tradicional e intelectiva.
La sintaxis era una especie de intérprete o de cicerone monótono. Es necesario suprimir este intermediario para que la literatura entre directamente en el universo y haga cuerpo con él.
Indiscutiblemente, mi obra se distingue netamente de las demás por su tremenda potencia de analogía. Su sorprendente riqueza de imágenes casi iguala su desorden de puntuación lógica. He desembocado en el primer manifiesto futurista, sintesis de un 100 HP lanzado a las más locas velocidades terrestres.
¿Por qué servirse todavía de cuatro ruedas exasperadas que se aburren, desde el momento en que podemos separarnos del suelo? Liberación de las palabras, alas desplegadas de la imaginación, síntesis analógica de la tierra abrazada por una sola mirada concentrada toda entera en palabras esenciales.
Nos gritan: " ¡Vuestra literatura no será bella! " ¡ No lograremos las sinfonías verbales de los armoniosos balanceos y de las cadencias tranquilizantes! Por supuesto. ¡Qué suerte! Nosotros utilizaremos, por el contrario, todos los sonidos brutales, todos los gritos expresivos de la vida violenta que nos rodea. Hagamos valerosamente el "bruto" en literatura y matemos por todos los sitios la solemnidad. ¡Vamos! ¡No adoptéis esos aires de grandes sacerdotes al escucharme! ¡Es necesario escupir cada día sobre el Altar del Arte! ¡Nosotros entramos en los dominios ilimitados de la libre intuición! ¡Después del verso libre, he aquí finalmente las palabras en libertad!
En esto no hay nada de absoluto ni de sistemático. El genio tiene ráfagas impetuosas y torrentes fangosos. A veces impone lentitudes analíticas y explicativas. Nadie puede renovar de un golpe su propia sensibilidad. Las células muertas están mezcladas con las vivas. El arte es una necesidad de destruirse y de esparcirse, inmensa regadera de heroísmo que inunda el mundo. Los microbios–no lo olvidéis–son necesarios para la salud del estómago y del intestino. También existe una especie de microbios necesarios para la vitalidad del arte, prolongación del bosque de nuestras venas, que se despliega fuera del cuerpo en el infinito del espacio y del tiempo.
¡Poetas futuristas! Yo os he enseñado a odiar las bibliotecas y los museos, para prepararos a odiar la inteligencia, despertando en vosotros la divina intuición, don característico de las razas latinas. Mediante la intuición venceremos la hostilidad aparentemente irreductible que separa nuestra carne humana del metal de los motores.
Después del reino animal se inicia el reino mecánico. Con el conocimiento y la amistad de la materia, de la cual los científicos solamente pueden conocer las reacciones físico-químicas, nosotros preparamos la creación del hombre mecánico de partes cambiables. Nosotros lo liberaremos de la idea de la muerte, por lo tanto de la misma muerte, suprema definición de la inteligencia lógica.

La declamación dinámica y sinóptica
Esperando el honor-placer de retornar al frente, nosotros los futuristas renovamos, aceleramos y virilizamos el genio de nuestra raza.
Nuestra actividad crece continuamente. Una gran exposición futurista de Balla en Roma. Una conferencia de Boccioni sobre su pintura futurista en el Instituto de Bellas Artes de Nápoles. El manifiesto de Boccioni como Pintor Meridional. Una conferencia de Boccioni sobre su pintura futurista en Mantua. Una conferencia-declamación sobre palabras en libertad de Marinetti, Cangiullo, Jannelli, Bruno Corra, en el Instituto de Bellas Artes de Nápoles. Las páginas futuristas de Vela Latina, dirigidas por Francesco Cangiullo. 8 veladas futuristas sobre el Arte de los ruidos y del Entonarruidos de Luigi Russolo e Ugo Piatti en casa de Marinetti.
He ofrecido a los hombres políticos la única solución del problema financiero: vender gradual y prudentemente nuestro patrimonio artístico para centuplicar la potencia militar, industrial, comercial y agrícola de Italia y aplastar definitivamente a Austria, nuestro odiado enemigo externo. Ayer, Settimelli, Bruno Corra, Remo Chiti, Francesco Cangiullo, Boccioni y yo incitamos al público florentino a la guerra mediante nuestro teatro sintético violentamente patriótico, antineutral y antigermánico. Hoy quiero liberar el ambiente intelectual de la vieja declamación estática, pacifista y nostálgica y crear una nueva declamación dinámica, sinóptica y guerrera. Mi indiscutible primacía mundial de declamador de versos libres y de palabras en libertad me ha permitido constatar las deficiencias de la declamación como se ha venido entendiendo hasta hoy.
Esta declamación tradicionalista, incluso cuando está sostenida por maravillosos órganos vocales y por los temperamentos más fuertes, se reduce siempre a una inevitable monotonía de altos y bajos, a un ir y venir de gestos que inundan reiteradamente de aburrimiento la mugrienta imbecilidad de los públicos de conferencias.
Durante mucho tiempo me he divertido seduciéndoles y conmoviéndoles, mejor y con mayor seguridad que todos los demás declamadores de Europa, introduciendo en sus obtusos cerebros las imágenes más extravagantes, acariciándoles con refinadísimos espasmos de voz, con blandura y brutalidad aterciopelada, hasta que, domados por mi mirada o alucinados por mi sonrisa, sentían la necesidad femenina de aplaudir lo que no habían entendido y no amaban.
He experimentado suficientemente la feminidad de los locos y la debilidad de su virginidad colectiva al imponer los versos libres futuristas. Los trucos más perfeccionados de la mímica facial y de los gestos servían admirablemente a las primeras formas del lirismo futurista, el cual, resumiendo todas las tendencias simbólicas y decadentes, era en cierto modo la más espasmódica y completa humanización del universo.
Lo que caracteriza al declamador tradicionalista es la inmovilidad de sus piernas, mientras que la agitación excesiva de la parte superior de su cuerpo da la impresión de una marioneta moviéndose en un teatro de títeres de feria, bajo el control invisible de sus titiriteros.
Con el nuevo lirismo futurista, expresión del esplendor geométrico, nuestro yo literario se quema y se destruye en la gran vibración cósmica, de tal forma que el declamador debe también desaparecer, por decirlo así, en la manifestación dinámica y sinóptica de las palabras en libertad.
El declamador futurista debe declamar con sus piernas como con sus brazos. Este deporte lírico obligará a los poetas a ser menos llorosos, más activos y más optimistas.
Las manos del declamador deberán manejar los diferentes instrumentos creadores de ruido. No le veremos más aletear espasmódicamente en los cerebros agitados de los espectadores. No tendremos más esas gesticulaciones de director de orquesta que riman la frase, ni los movimientos del tribuno, más o menos decorativos, ni la languidez de una prostituta sobre el cuerpo de un amante fatigado. Manos que acarician o hacen encajes, manos que suplican, manos de nostalgia o de sentimentalismo: todo eso desaparecerá en la dinámica total del declamador.
Por consiguiente, el declamador futurista deberá: 

1.- Llevar un traje anónimo (si es posible, por la tarde, un smoking), evitando todos los modos de vestir que pudieran suscitar un ambiente especial. Nada de flores en el ojal, ni de guantes.
2.- Deshumanizar completamente la voz, quitándole sistemáticamente todas sus modulaciones y matices.
3.- Deshumanizar completamente su rostro, evitando todas las muecas y todos los guiños.
4.- Metalizar, licuar, vegetalizar, petrificar y electrizar la voz, fundiéndola con la vibraciones mismas de la materia expresadas por las palabras en libertad.
5.- Tener una gesticulación geométrica, dando así a los brazos rigideces punzantes de semáforos y de rayos de faro, para indicar las direcciones de las fuerzas, o de los pistones y de las ruedas, para expresar el dinamismo de las palabras en libertad.
6.- Tener una gesticulación gráfica y tipográfica que cree sintéticamente en el aire cubos, conos, espirales, elipses, etc.
7.- Servirse de un cierto número de instrumentos elementales como martillos, tablillas de madera, bocinas de automóviles, tambores, sierras con campanillas eléctricas, para producir sin fatiga y con precisión las diversas onomatopeyas simples o abstractas y los diversos acordes onomatopéyicos.
Estos diversos instrumentos en ciertas aglomeraciones orquestales de palabras en libertad pueden funcionar orquestalmente, manejado cada uno por su ejecutor particular.
8.- Servirse de otros declamadores iguales o subalternos, mezclando o alternando sus voces con la suya.
9.- Desplazarse por diferentes puntos de la sala, con mayor o menor rapidez, corriendo o caminando lentamente, haciendo que el movimiento de su propio cuerpo colabore con el esparcimiento de las palabras en libertad. Cada parte del poema tendrá asi su luz especial y el público, siguiendo magnetizado la persona del declamador, no experimentará estáticamente su fuerza lírica, sino que contribuirá, dándose vueltas hacia los diferentes puntos de la sala, al dinamismo de la poesía futurista.
10.- Completar la declamación con 2, 3 o 4 pizarras dispuestas en diferentes puntos de la sala, sobre las cuales se deben dibujar rápidamente teoremas, ecuaciones y cuadros sinópticos de valores líricos.
11.- Debe ser un inventor y un creador infatigable durante su declamación: a) decidiendo instintivamente en cada instante el punto en donde el adjetivo-tono y el adjetivo-atmósfera deben ser pronunciados y repetidos. Como en las palabras en libertad no existen indicaciones precisas, sólo debe limitarse a seguir su olfato, preocupándose de alcanzar el máximo de esplendor geométrico y la máxima sensibilidad numérica. Colaborando asi con el autor de las palabras en libertad, lanzando intuitivamente nuevas leyes y creando nuevos horizontes imprevistos en las palabras en libertad que él interpreta.
b) Clarificando y explicando con la frialdad de un ingeniero o de un mecánico las tablas sinópticas y las ecuaciones de valores líricos que forman las zonas de evidencia luminosa, casi geográfica (entre las partes más oscuras y más complejas de las palabras en libertad) y las momentáneas concesiones a la comprensión del lector.
c) Imitando en todo y por todo los motores y sus ritmos (sin preocuparse por su comprensión), declamando las partes más oscuras y más complejas, y especialmente todos los acordes onomatopéyicos.
La 1ª Declamación dinámica y sinóptica tuvo lugar el 29 de marzo de 1914 en el salón permanente de la Exposición Futurista de Roma, Via del Tritone, 125.
Comencé por explicar al público el valor artístico y simbólico de los diferentes instrumentos onomatopéyicos. En la tota, voluminosa caracola, de la cual los niños extraen, soplando, una melopea tragicómica turquesa-oscura, he descubierto una sátira feroz de la mitología y de todas sus sirenas, tritones y conchas marinas, que pueblan el golfo pasatista de Nápoles.
El putipu (ruido naranja), llamado también caccavella o pernacchiatore, es una pequeña caja de estaño o de barro cocido cubierta de cuero, en donde se ha clavado un junco que zumba alegremente si se frota con la mano mojada; es la violenta ironía con que una raza sana y joven corrige y combate todos los venenos nostálgicos del Claro de luna.
El scetavalasse (rumor rosa y verde), que tiene por arco una sirena de madera recubierta de cascabeles y de piezas de estaño, es la parodia genial del violín como expresión de la vida interna, y de la angustia sentimental. Ridiculiza espiritualmente el virtuosismo musical, Paganini, Kubelik, los ángeles tocadores de viola de Benozzo Gozzoli, la música clásica, las salas de los conservatorios, cargadas de tedio y de una negrura deprimente.
El triccabballacche (ruido rojo) es una especie de lira de madera que tiene por cuerdas unas finas y ligeras varillas de madera, terminadas en unos martillos cuadrados, también de madera. Suena como los platillos, abriendo y cerrando las manos alzadas que empuñan los dos montantes. Es la sátira de los cortejos sacerdotales grecorromanos y de los citaristas que adornan la arquitectura tradicionalista.
A continuación declamé dinámicamente: Piedigrotta, maravillosas y conmovedoras palabras en libertad producidas por el genio hilarantísimo y originalísimo de Francesco Cangiullo, gran parolibero futurista, primer escritor de Nápoles y primer humorista de Italia. De vez en cuando, el autor saltaba hacia el piano, alternando conmigo la declamación de sus palabras en libertad. La sala estaba iluminada con pequeñas lámparas rosa que aumentaban el dinamismo del fondo piedigrotesco pintado por Balla. El público acogió con aplausos entusiastas la aparición del cortejo de la tropa enana mencionada anteriormente, erizada de sombreros fantásticos de papel de seda, y que giraba en torno a mí, mientras declamaba.
Muy admirado el vaso multicolor que el pintor Balla llevaba sobre la cabeza. Observamos en una esquina la naturaleza muerta de un torno verde bilioso de tres filósofos partidarios de Croce, sabrosa desentonación funeraria en el ambiente superluminoso de futurismo. Los que creían en un arte alegre, optimista y divinamente irreflexivo arrastraron a los indecisos. El público acompañó con la voz y el gesto el maravilloso estrépito que estallaba de vez en cuando durante mi declamación, la cual resultaba muy evidente y eficaz en su fusión con los instrumentos onomatopéyicos.
La segunda declamación dinámica y sinóptica la hice en Londres el 28 de abril de 1914, en las Doré Galleries.
Declamé dinámica y sinópticamente varios fragmentos de mi Zang tumb tumb (asedio de Adrianápolis). Encima de la mesa, delante de mí, estaban dispuestos un teléfono, unas tablillas y unos pequeños martillos que me permitían imitar las órdenes del general turco y los ruidos del tiroteo y las metralletas.
En tres puntos de la sala estaban preparadas varias pizarras a las cuales yo me acercaba alternativamente, caminando o corriendo, para dibujar de una manera efímera, con tiza, una analogía. Los espectadores, dándose la vuelta continuamente, para seguirme en cada una de mis evoluciones, participaban con todo el cuerpo prendido de emoción en los efectos violentos de la batalla descrita por mis palabras en libertad.
En una sala alejada estaban dispuestos dos grandes tambores, de los cuales el pintor Nevinson, que me asistía, extraía el estruendo del cañón cuando se lo advertía por teléfono.
El interés creciente del público inglés se convirtió en un frenético entusiasmo cuando llegué al máximo dinamismo, alternando el canto búlgaro Sciumi Maritza con el resplandor de mis imágenes y el fragor de las artillerías onomatopéyicas.

La Radia Futurista
El futurismo ha transformado radicalmente la literatura con las palabras en libertad la aeropoesía y el estilo parolibero veloz simultáneo liberado el teatro del aburrimiento mediante ilógicas síntesis sorpresa y dramas de objetos magnificado la plástica con el antirrealismo el dinamismo plástico y la aeropintura creado el esplendor geométrico de una arquitectura dinámica que utiliza sin decoración y líricamente los nuevos materiales de construcción la cinematografía abstracta y la fotografía abstracta El Futurismo en su 2º Congreso nacional ha decidido superar lo siguiente.
Superar el amor por la mujer "con un amor más intenso por la mujer en contra de las desviaciones erótico-sentimentales de muchas vanguardias extranjeras cuyas expresiones artísticas han caído en el fragmentarismo y en el nihilismo".
Superar el patriotismo "con un patriotismo más ferviente transformado así en auténtica religión de la Patria advirtiendo a los semitas que se identifiquen con sus distintas patrias si no quieren desaparecer".
Superar la máquina "con una identificación del hombre con la máquina misma destinada a liberarlo del trabajo muscular y a engrandecer su espíritu".
Superar la arquitectura Sant Ellia "hoy victoriosa con una arquitectura Sant Ellia todavía más explosiva de color lírico y originalidad en sus descubrimientos".
Superar la pintura "con una aeropintura más intensamente vivida y una plástica polimatérica-táctil".
Superar la tierra "con la intuición de los medios imaginados para realizar un viaje a la Luna".
Superar la muerte "con una metalización del cuerpo humano y la purificación del espíritu vital como fuerza mecánica".
Superar la guerra y la revolución "con una guerra y una revolución artístico-literaria decenal o vicenal de bolsillo a modo de indispensables revólveres".
Superar la química "con una química alimenticia perfeccionada con vitaminas y calorías gratis para todos".
Ahora poseemos una televisión de cincuentamil puntos para cada imagen grande en pantalla grande Esperamos el invento del teletactilismo del teleperfume y del telesabor nosotros futuristas perfeccionamos la radiodifusión destinada a centuplicar el genio creador de la raza italiana abolir el antiguo tormento nostálgico de las distancias e imponer por todas partes las palabras en libertad como lógico y natural modo de expresión.
LA RADIA, nombre que nosotros futuristas damos a las grandes manifestaciones de la radio es TODAVIA HOY a) realista b) cerrada en un escenario c) idiotizada por la música que en lugar de desarrollarse en la originalidad y variedad ha alcanzado una repugnante monotonía negra y lánguida d) una imitación excesivamente tímida del teatro sintético futurista y de las palabras en libertad por los escritores de vanguardia.
Alfredo Golsmith de la Radio de Nueva York ha dicho "Marinetti ha inventado el teatro eléctrico. Diversos en la concepción los dos teatros tienen un punto de contacto en el hecho de que para su realización no pueden prescindir de un trabajo de integración, de un esfuerzo de inteligencia por parte de los espectadores. El teatro eléctrico requerirá un esfuerzo de imaginación primero de los autores después de los actores después de los espectadores".
También los teóricos y los actores franceses belgas alemanes de radiodramas vanguardistas (Paul Reboux Theo Freischinann Jacques Rece Alex Surchaap Tristan Bernard F.W. Bischoff Víctor Heinz Fuchs Friedrich Wolf Mendelssohn etc.) elogian e imitan el teatro sintético futurista y las palabras en libertad aunque todos están todavía obsesionados por un realismo puro ya superado.

La Radia no debe ser
1) teatro porque la radio ha asesinado al teatro ya vencido por el cine sonoro.
2) cine porque el cine está agonizando a) por una temática de rancio sentimentalismo b) por un realismo aún envuelto en ciertas síntesis simultáneas c) por infinitas complicaciones técnicas d) por un colaboracionismo banalizante fatídico e) por una luminosidad reflejada inferior a la luminosidad autoemitida de la radiotelevisión.
3) libro porque el libro tiene la culpa de haber dejado miope a la humanidad implica algo pesado estrangulado ahogado fosilizado y congelado (sólo vivirán las grandes tavole parolibere luminosas única poesía que necesita ser vista).
La Radia suprime
1) el espacio o escenario necesario en el teatro incluyendo el teatro sintético futurista (acción que se desarrolla en un escenario fijo y estable) y en el cine (acciones que se desarrollan en escenas rapidísimas variabilísimas simultáneas y siempre realistas).
2) el tiempo.
3) la unidad de acción.
4) el personaje teatral.
5) el público entendido como masa juez autoelegido sistemáticamente hostil y servil siempre misoneísta siempre retrógrado.
La Radia será
1) Libertad desde cada punto de contacto con la tradición literaria y artística Cualquier tentativa de relacionar la Radia con la tradición es grotesca.
2) Un arte nuevo que empieza donde acaban el teatro el cine y la narración.
3) Magnificación del espacio No más visible ni enmarcable la escena se convierte en universal y cósmica.
4) Recepción amplificación y transfiguración de vibraciones emitidas por seres vivos por espíritus vivos o muertos dramas de estados de ánimo ruidosos sin palabras.
5) Recepción amplificación y transfiguración de vibraciones emitidas por la materia Como hoy escuchamos el canto del bosque y del mar mañana seremos seducidos por las vibraciones de un diamante o de una flor.
6) Puro organismo de sensaciones radiofónicas.
7) Un arte sin tiempo ni espacio sin ayer ni mañana La posibilidad de sintonizar estaciones emisoras situadas en diversas frecuencias horarias y la pérdida de la luz destruirá las horas el día y la noche La recepción y la amplificación destruirán el tiempo con las válvulas termodinámicas de la luz y de las voces del pasado.
8) Síntesis de infinitas acciones simultáneas.
9) Arte humano universal y cósmico como voz con una verdadera psicología-espiritualidad de los ruidos de las voces y del silencio.
10) Vida característica de cada ruido e infinita variedad de concreto-abstracto y de real-soñado mediante un pueblo de ruidos.
11) Lucha de ruidos y de diversas distancias esto es un drama espacial unido al drama temporal.
12) Palabras en libertad La palabra se ha ido desarrollando gradualmente como colaboradora de la mímica y del gesto.
Es necesario que la palabra se recargue de toda su potencia esencial y totalitaria que en la teoría futurista se llama palabraatmósfera Las palabras en libertad hijas de la estética de la máquina contienen una orquesta de ruidos y de acordes ruidosos (realistas y abstractos) que sólo pueden ayudar a la palabra coloreada y plástica en la representación fulgurante de lo que no se ve Si no desea recurrir a las palabras en libertad el radiasta debe expresarse en ese estilo parolibero (derivado de nuestras palabras en libertad) que ya circula en las novelas vanguardistas y en los periódicos ese estilo parolibero típicamente veloz destelleante sintético simultáneo.
13) Palabra aislada repeticiones de verbos en infinitivo.
14) Arte esencial
15) Música gastronómica amorosa gimnástica etc.
16) Utilización de ruidos de sonidos de acordes de armonías simultaneidad musicales o ruidosas de silencios todos con sus graduaciones de dureza de crescendo y de decrescendo que se convertirán en los extraños pinceles para pintar delimitar y colorear la oscuridad infinita de la Radia dando cubicidad redondez esférica en definitiva geometría.
17) Utilización de las interferencias entre las emisoras y del nacimiento y de la evanescencia de los sonidos.
18) Delimitación y construcción geométrica del silencio.
19) Utilización de las distintas resonancias de una voz o de un sonido para dar el sentido de la amplitud del local dónde la voz se expresa.
Caracterización de la atmósfera silenciosa o semisilenciosa que envuelve y colorea una determinada voz sonido ruido.
20) Eliminación del concepto o fascinación del público que ha padecido una influencia deformante y perniciosa por el libro. 

La guerra, la única Higiene
Futuristas, que durante más de dos años, despreciados por el Cojo y Paralizado, han glorificado el amor de peligro y violencia, hemos elogiado el patriotismo y la guerra, la higiene del mundo, estamos felices finalmente de experimentar esta gran hora Futurista de Italia, mientras la tribu asquerosa de grupos de pacifistas que mueren en los sótanos profundos del palacio ridículo en La Haya.
Recientemente hemos tenido el placer de luchar en las calles con los adversarios más fervientes de la guerra, y gritar en sus caras nuestras creencias firmes:
1. Deberían dar a todos los derechos al individuo y la colectividad, ahorrar él de ser cobardemente.
2. Dejarle ser proclamado que la palabra Italia debería prevalecer sobre la palabra Libertad.
3. Dejar a la memoria pesada de grandeza romana siendo cancelada por una grandeza italiana cien veces mayores.
Para nosotros hoy, Italia tiene la forma y el poder de un tanque de Acorazado fino con su escuadrilla de torpedero de las islas. Orgulloso de sentir que el fervor matrimonial en todas partes de la Nación es igual al nuestro, impulsamos el gobierno italiano, el Futurista por fin, ampliar todas las ambiciones nacionales, desdeñando las acusaciones estúpidas de piratería, y proclamamos el nacimiento de Panitalianismo.
¡Poetas futuristas, pintores, escultores, y los músicos de Italia! ¡Mientras la guerra dure nos van dejando a su lado nuestro verso, nuestros cepillos, scapels, y orquestas! ¡Las vacaciones rojas de genio han comenzado! No hay nada para nosotros que admirar hoy, salvo las sinfonías terribles de las metrallas y las esculturas locas que nuestra artillería inspirada moldea entre las masas del enemigo.

Programa político futurista
En el n.20 del 15 de octubre de 1913, "Lacerba" publicó " programa político futurista ", seguido de una carta del neófito futurista Papini.
El manifiesto político está dirigido a los votantes futuristas en vista de las elecciones el 26 de octubre de 1913, el primer sufragio universal masculino, se les invitaba a votar en contra de las listas clerico-moderada-liberal de Giovanni Giolitti y del católico Vincenzo Ottorino Gentiloni y contra el programa demócrata - Republicano-Socialista.
Manifiesto político futurista
"Italia soberana absoluta. - La palabra ITALIA debe dominar sobre la palabra libertad». Toda libertad, salvo la de ser piadoso, pacifista, anti-italiano.
Una flota más grande y un mayor ejército, un pueblo orgulloso de ser italiano, en favor de la guerra única higiene del mundo y por la grandeza de una Italia intensamente agrícola, industrial y comercial.
Defensa económica y educación patriótica del proletariado.
La política exterior cínica, inteligente y agresiva. -- Expansionismo colonial. -- Liberismo. -- Irredentismo. -- Panitalianismo. -- Primacía de Italia.
Anticlericalismo y antisocialismo.
Culto de la velocidad y el progreso, el deporte, la fuerza física, del coraje temerario, del heroísmo y el peligro, contra la obsesión de la cultura, la enseñanza clásica de museo, biblioteca y las ruinas. -- Eliminación de las academias y los conservatorios.
Muchas escuelas prácticas de comercio, industria y agricultura. -- Muchos institutos de educación física - gimnasia diaria en las escuelas. -- PREDOMINIO de gimnasia en el libro.
Un mínimo de profesores, muy pocos los abogados, muchos agricultores, ingenieros, químicos, mecánicos y productores de negocios.
Desautorización de los muertos, los viejos y oportunistas, en beneficio de jóvenes atrevidos.
Contra la monumentonomía y contra la injerencia del Gobierno en materia de arte.
Modernización violenta de ciudades pasatistas (Roma, Venecia, Florencia, etc.)
La abolición de la industria extranjera, humillante e incierta”. 

MANIFESTO DEL PARTIDO FUTURISTA ITALIANO
1. El partido político futurista que fundamos hoy quiere una Italia libre fuerte, que ya no esté sujeta a su gran pasado, a un extranjero demasiado amado y tolerando sacerdotes: una Italia fuera de tutela, absolutamente amante de todas sus energías y dirigidas hacia su gran futuro.
2. Italia, la única soberana. El nacionalismo revolucionario por la libertad, el bienestar, la mejora física e intelectual, la fuerza, el progreso, la grandeza y el orgullo de todo el pueblo italiano.
3. Educación patriótica del proletariado. Lucha contra el analfabetismo. Viabilidad. La construcción de nuevas carreteras y vías férreas. Escuela primaria laica obligatoria con sanciones penales. La abolición de muchas Universidades innecesarias con enseñanza clásica. Enseñanza obligatoria de oficios técnicos. Gimnasia obligatoria con sanciones penales. Educación deportiva y militar al aire libre, escuelas de coraje e Italianidad.
4. Transformación del Parlamento a través de una igual participación de industriales, agricultores, ingenieros y comerciantes al Gobierno del país. La edad mínima para la diputación se reducirá a 22 años. Un mínimo de diputados abogados (siempre oportunistas) y un mínimo de los diputados profesores (siempre retrógrados). Un parlamento removido. La abolición del Senado. Si este Parlamento racional y práctico no da buenos resultados, se abolirá para llegar a un gobierno técnico sin parlamento, un gobierno compuesto por 20 técnicos elegidos por sufragio universal. Remplazaremos el Senado con una Asamblea de control compuesto por 20 jóvenes de no más de treinta elegidos mediante sufragio universal. En lugar de un parlamento de oradores incompetentes y conducto de inválidos, moderado por un Senado moribundo, vamos a tener un gobierno de 20 técnicos entusiasmados por una asamblea de jóvenes de no mas de de treinta.
Igualdad de participación de todos los ciudadanos italianos al Gobierno. Sufragio universal igual para todos los ciudadanos hombres y mujeres. Escrutinio de las listas. Representación proporcional.
5. Reemplácese el actual anticlericalismo retórico y quietista a un anticlericalismo de acción, violento y preciso, para borrar a Italia y Roma de su teocracia medieval que pueda elegir un buen terreno donde morir lentamente.
Nuestro anticlericalismo intransigente e integral, es la base de nuestro programa político, no admite términos inequívocos o transacciones, es evidente que exige la expulsión. Nuestro anticlericalismo quiere liberar a Italia de las iglesias, los sacerdotes, frailes, monjas, de la Virgen, velas y campanas.
La única religión, es la Italia de mañana. Para ella estamos luchando y tal vez morimos sin las formas de gobierno necesariamente destinadas a la intención de seguir la medieval teocracia religiosa en su fatal caída.
6. Abolición del matrimonio. Divorcio fácil. La devaluación gradual del matrimonio por el gradual advenimiento de amor libre y del hijo del Estado.
7. Mantener el ejército y la marina en eficiencia hasta el desmembramiento del Imperio Austro-Húngaro. A continuación, la disminución al mínimo, preparación en su lugar de numerosas fotografías de funcionarios con instrucciones rápidas. Ejemplo: doscientos mil hombres con sesenta mil oficiales, cuyas instrucciones se pueden dividir en cuatro cursos trimestrales cada año. Educación militar y deportiva en las escuelas. Preparación de una completa movilización industrial (armas y municiones) para ser transportados en caso de guerra al mismo tiempo que la movilización militar. Todo listo, con el menor gasto, para una posible guerra o una revolución posible.
Debemos llevar nuestra guerra a su victoria total, a saber, la disolución del Imperio Austro-Húngaro, y la seguridad de nuestras fronteras naturales de tierra y mar, sin la cual no podremos tener las manos libres para limpiar, pulir, renovar y agrandar Italia.
Abolir el patriotismo conmemorativo, la monumentomanía y cualquier interferencia pasatista del Estado en el arte.
8. Preparación de la futura socialización de la tierra con un gran patrimonio a través de la propiedad de Pie de Obras, Empresas Públicas y la expropiación de todas las tierras baldías y mal cultivadas. Enérgica tasación de bienes hereditarios y limitación de grados sucesores. Sistema fiscal basado en impuestos directos y progresivos con la prueba plena. Libertad de huelga, de reunión, de organización, de prensa. Transformación y depuración de la Policía. Abolición de la policía política. Abolición del a intervención militar para restablecer el orden.
Justicia gratuita y magistrado electivo. El salario mínimo alto en relación con las necesidades de existencia. Máximo de 8 horas de trabajo. Paridad de igualdad en el empleo de las mujeres con el empleo masculino. Lectura justa en el contrato de trabajo individual y colectivo. Transformación de la Caridad en la asistencia y seguridad social. Pensiones a trabajadores.
La incautación de las dos terceras partes de todas las sustancias suministradas para la guerra.
9. Constitución de un patrimonio agrícola de los combatientes. Tenemos que comprar una cantidad determinada de la propiedad de tierra de Italia pagándola a precios que se fijarán con criterios especiales, y darla, con la necesaria cautela y reserva para los combatientes o, en el caso de pérdida, a las familias sobrevivientes.
Al pago de la tierra así comprados debe proporcionarlo la nación entera, sin distinción de clase, pero con distinción progresiva de la situación financiera, con donaciones voluntarias e impuestos.
El pago de los terrenos necesarios podría derrumbarse dentro de cincuenta años de despojo, por lo que la contribución de la Nación, en forma de donaciones o impuestos, sería mínima. Rientrino, en su caso, en el patrimonio agrícola de los combatientes, las tierras son expropiadas por deudas fiscales.
Todos los trabajadores manuales que han servido en las zonas de operaciones militares serían inscritos para la atención del Estado en la "Casa Nacional de seguridad para la discapacidad y la vejez de los trabajadores", con efecto a partir del primer día de su efectivo servicio. El Estado deberá pagar las contribuciones anuales durante toda la guerra. La inscripción de los militares combatientes a la "Casa Nacional" será de oficio, se colocará por parte del Estado a lo largo del período correspondiente al servicio militar, y producirá una continua retribución a cargo de los interesados durante el resto de sus vidas.
La indemnización conjunta a la concesión de medallas militares al valor será triplicada. -- El límite de edad estipulado en los cursos se hará extensivo para los veteranos en la zona de operaciones de un tiempo equivalente a la duración de la guerra. -- Para los veteranos de la zona de operaciones, cuando se le da un uso público, se subsume el servicio militar y la campaña para los efectos de antigüedad y de pensión, otorgándolo el estado, en su caso, a los pagos al fondo de pensiones durante el tiempo pasado por los militares bajo la armada .- Diez años después de la guerra, las administraciones deben cambiar los concursos libre por concursos reservados exclusivamente para los veteranos en la zona de operaciones y para mutilados de guerra físicamente capaz de servicio requerido.
10. La industrialización y la modernización de las ciudades muertas que aún viven de su pasado. La devaluación de la peligrosa e incierto industria extranjera.
Desarrollo de la marina mercante y la navegación fluvial. Alcantarillado de aguas y la regeneración de la tierra maltrecha. Puesta en valor de todas las fuerzas y las riquezas del país. Frenar la emigración. Nacionalizar y utilizar todas las aguas y todas las minas. Conceder explotación de organismos públicos locales. Los subsidios a la industria y a las cooperativas agricultoras. Protección de los Consumidores.
11. Reforma radical de la Burocracia convertida en un fin en sí mismo y en estado dentro del Estado. El desarrollo de la autonomía regional y municipal. La descentralización regional de las atribuciones administrativas y poderes de control. Para realizar cada administración ágil y práctica, la disminución en dos tercios los empleados duplicando los sueldos de los jefes de servicio y las tareas difíciles, pero no concursos teóricos. Dar a los Jefes de servicio la responsabilidad directa y la consiguiente obligación de reducir y simplificar todo. Abolir la inmunda antigüedad, en todas las administraciones, en el servicio diplomático y en todas las ramas de la
vida nacional. Premiación directa del ingenio práctico y simplificador en las invenciones. La devaluación de los títulos académicos e incremento de las iniciativas comerciales e industriales. Principio electivo de los mayores cargos. Organización simplificada para lo industrial en la rama ejecutiva.
El partido político futurista que fundamos hoy, y organizaremos tras la guerra, será claramente distinto del movimiento artístico futurista. Esto continuará en su labor de ensanchamiento y fortalecimiento del genio creativo italiano. El movimiento artístico futurista, vanguardia italiana de la sensibilidad artística, esta necesariamente siempre en antelación a la lentitud con la sensibilidad del pueblo. Por lo tanto, es una vanguardia a menudo mal entendida y con frecuencia se opone a la mayoría que no puede entender sus drogas, la brutalidad de sus expresiones polémicas y audaces saltos de sus intuiciones.
El partido político futurista en su lugar percibe las necesidades actuales e interpreta exactamente la conciencia de toda la raza en su higiénico estado revolucionario. Pueden unirse al partido político futurista todos los italianos, los hombres y mujeres de cada clase y cada edad, aunque se niegue cualquier noción artística y literaria.
Este programa político marca el nacimiento del partido político futurista invocada por todos los italianos que están luchando hoy por una joven Italia liberada del peso del pasado y del extranjero.
Apoyará este programa político con violencia y coraje futurista que hasta ahora han caracterizado a nuestra circulación en teatros y plazas. Todo el mundo sabe en Italia y en el extranjero lo que queremos decir por la violencia y el coraje.