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Los judíos en la Historia de España - María Elvira Roca Barea


Los judíos en la Historia de España (Extractos)
María Elvira Roca Barea
(Fracasología)

En Inglaterra, la expulsión decretada por Eduardo I en 1290 fue tan perfecta y exitosa que no hay un solo documento que mencione a un judío en Inglaterra hasta los tiempos de Oliver Cromwell. Hay fuentes documentales que prueban que desde el periodo anglosajón, esto es, el que precede a la llegada de los normandos, o incluso en tiempos de Roma, hay judíos en Britania. Pero parece que es con la llegada de Guillermo el Conquistador en 1066 cuando la comunidad judía crece y prospera en Inglaterra, y con ella el antisemitismo. Varios hitos marcan esta animadversión. En 1144, en Norwich, los judíos son acusados de haber raptado a un niño cristiano y haberlo crucificado imitando la muerte de Cristo. Este crimen ritual fue luego completado con otros adornos como el haber desangrado a la criatura y el beber su sangre. Es la primera manifestación de una acusación clásica del antisemitismo cristiano que se conoce con el nombre de “blood libel”. Las acusaciones y persecuciones se repiten en Suffolk en 1181, en Bristol en 1183, en Winchester en 1192, en Londres en 1244… En 1247, a petición de las autoridades inglesas, el papa inocencio IV encarga una investigación de estas acusaciones y encuentra que no tienen fundamento y que la persecución a que se está sometiendo a los judíos bajo la acusación de crímenes rituales es totalmente infundada. A estos delitos inventados se añaden otros como el envenenamiento de pozos, la producción de plagas o la práctica de la usura. 

Después de Inocencio IV, otros cuatro papas intervinieron en Inglaterra para hacer lo mismo que había hecho aquel sin éxito porque las acusaciones continuaron. Los judíos se transformaron en el chivo expiatorio que permitió a Eduardo I sobreponerse a los muchos problemas que tuvo en su reinado. Por lo pronto, resolvió sus dificultades financieras, porque las propiedades de los judíos pasaron directamente a la Corona. En 1278 comenzaron los ahorcamientos en masa y más de quinientas personas fueron llevadas a la Torre de Londres. Se cursa orden a todos los sheriffs de los condados para que apliquen el Decreto de Expulsión. Todos los judíos que sean hallados en territorio inglés después del día de Todos los Santos (1 de noviembre) de 1290 serán ejecutados. Solo pueden llevar con ellos sus efectos personales y todas sus propiedades pasan a la Corona (dinero, casas, tierras, etc.) Se produjo un éxodo masivo hacia el continente, aunque parece que algunas familias consiguieron camuflar su identidad y permanecieron en territorio inglés. A los judíos no les estaba permitida la conversión (es muy interesante seguir en la ‘Enciclopedia Judía’ el muy distinto tratamiento dado al antisemitismo en Inglaterra y en España. Frente a los mismos hechos, dos actitudes bastante distintas. Es un ejemplo más de cómo lo europeo general se transforma en lo español en particular). En 1655 Cromwell permitió de facto pero no de iure que algunas familias judías se instalaran en Inglaterra de la mano del rabino Menasseh Ben Israel de Ámsterdam, pero hasta 1858 los judíos ingleses no tuvieron los derechos inherentes a la ciudadanía. 

En Francia se sucedieron varias expulsiones: 1182, 1306, 1321, 1394… (el antisemitismo está presente en Inglaterra incluso cuando no hay judíos). A finales del siglo XII crece en Francia el antisemitismo. La población judía es cargada con más y más impuestos y en 1171 son quemados en Blois treinta y un judíos acusados de crímenes rituales, envenenamiento de pozos y el rosario habitual de acusaciones antisemitas. La situación de la comunidad judía va a peor durante el periodo de Felipe Augusto . Poco después de llegar al trono, el rey ordena que todos los varones judíos sean llevados a prisión y exige un rescate para liberarlos. Más tarde anula los préstamos hechos por judíos y se declara a la Corona beneficiaria de estos. Finalmente terminará confiscando sus propiedades y expulsándolos de París para, en 1198, permitirles regresar bajo pago. En el reinado de Luis IX (1226-1270) el antisemitismo no decae y se producen varios progromos en la zona occidental del reino. En 1236, el paso de los cruzados franceses por Anjou y el Poitou da ocasión a nuevas persecuciones. Muchos judíos son bautizados a la fuerza y se calcula que unos tres mil fueron asesinados. A la postre, en 1254 los judíos fueron expulsados de Francia y sus propiedades y sinagogas pasaron a la Corona. Luego, previo pago, se les permitió regresar. Este juego perverso de expulsión, confiscación de bienes y luego regreso comprado con pagos adicionales a la Corona fue practicado a menudo en Francia. 

En tiempos de Felipe IV el Hermoso, un nuevo decreto manda a prisión a todos los judíos del reino y se ordena una confiscación de bienes tan estricta que solo se les permite conservar la ropa que llevan puesta. Esto sucede en 1305. La expulsión afectó a más de cien mil personas. 

La inefable Wikipedia en francés nos cuenta que “es sobre todo gracias a los progresos de la filosofía de las Luces que la opinión (pública) tomó conciencia del absurdo de la condición (social) en que se tenía a los judíos”. Difícilmente. Hay pocos grupos intelectuales más antisemitas que les philosophes. El admiradísimo Voltaire escribió: “Por qué no habrían sido los judíos antropófagos? Habría sido la única cosa que hubiera faltado al pueblo de Dios para ser el más abominable de la Tierra”. Y sigue: “Observamos a los judíos con la misma mirada con la que miramos a los negros, o sea, como una raza humana inferior”. 

La historia del antisemitismo en Francia puede seguirse a lo largo de los siglos hasta la Revolución francesa. Durante el reinado del Terror (1793-1794), las sinagogas fueron clausuradas y la comunidad judía volvió a sufrir nuevas persecuciones. Napoleón determinó en qué lugares de Francia podían vivir los judíos y en cuáles no, al tiempo que declaraba ilegal los préstamos concedidos por judíos, lo que ocasionó la ruina de muchas comunidades. Publicaciones y periódicos antisemitas menudean abiertamente desde comienzos del siglo XIX, como La France Juive (1886) de Eduard Drumont, que constituyó un gran éxito editorial. En medio de un creciente antisemitismo estalla el famoso caso Dreyfus, cuando el capitán Alfred Dreyfus es arrestado y condenado en 1894 contra toda evidencia. La vida de los judíos durante el siglo XX no fue fácil y durante la Segunda Guerra Mundial las autoridades francesas se encargan de aplicar las medidas antisemitas emanadas del régimen nacionalsocialista, sin que esto, al parecer, haya contaminado la historia de Francia para siempre. 

Quien se entretenga en consultar la Wikipedia encontrará que bajo la entrada “Expulsión de los judíos”, la sucedida en España ocupa muchas más líneas que las demás, y que hay en ella silencios clamorosos, como lo que atañen a las persecuciones sucedidas en territorio germánico, apenas mencionadas. Hay que ir y venir a la Wikipedia, porque constituye hoy la fuente primordial de información de Occidente y desde luego no tiene rival como herramienta de consulta para nuestros alumnos de enseñanza media. 

Hubo masacres que llevaron a comunidades judías a suicidarse en masa en tiempos de la Primera Cruzada, que volvieron a repetirse con ocasión de la segunda, si bien no se llegó a los niveles de demencia ocurridos en la primera gracias a la intervención de Bernardo de Claraval. A finales del siglo XIII, los Judenbreter masacraron a las comunidades judías de Alsacia. Ni la condena del clero católico ni siquiera la excomunión decretada por los obispos para quienes atacaran o violentaran a los judíos pudieron detener los progromos. Entre 1336 y 1339, los Judenschläger (asesinos de judíos) impusieron un régimen de terror desde Suabia hasta Alsacia.

A pesar de los millones de muertos que el antisemitismo ha provocado en Alemania, este asunto no ha sido nunca un tema preferente de la historiografía germánica previa a la Segunda Guerra Mundial. Hay cientos de persecuciones, a cual más cruenta y terrible. Las sucedidas como consecuencia de las predicaciones antisemitas del luteranismo fueron horrorosas. 

Según Robert Michel, el antisemitismo luterano, al adquirir la categoría de norma bíblica, contribuyó poderosamente a empeorar la situación de los judíos en los territorios germánicos. Su influencia puede verse desde los progromos de Berlín en 1572, cuando los seguidores de Lutero saquearon la ciudad y al año siguiente consiguieron la expulsión de los judíos de este y otros estados alemanes, situación que se reprodujo en las décadas siguientes y en distintos lugares, como explica Paul Johnson. Solo en 1612 los progromos de Frankfurt produjeron la muerte de tres mil judíos. 

Como se ve, el antisemitismo está profundamente arraigado en Occidente y en modo alguno ocupa un lugar destacado en la historia de España, a pesar del sinnúmero de publicaciones que ha generado. Hay que considerar, además, que la relación entre los judíos y España es interesante desde diversos puntos de vista porque enseña varias lecciones. Durante siglos, la presencia de judíos en España no sirvió más que para igualar español y judío y excitar el sentimiento antisemita contra los españoles. 

Pero en el siglo XIX se produce un giro radical que sitúa la expulsión de los judíos en el origen de todas las calamidades españolas, además de ser la prueba definitiva de su crueldad e intolerancia, sin parangón en Europa. Buscando causas remotas que expliquen los fracasos del presente, las élites españolas encuentran esta, que está siendo fabricada en este momento en lengua inglesa y se acogen a ella con fervor. Se trata de un procedimiento habitual de nuestras élites, el seguidismo acrítico de los temas que para la historia de España se fabrican en los departamentos universitarios foráneos. Una extraña ceguera ha impedido investigar exactamente los mismos asuntos en la casa del vecino, dando por buena siempre la versión que ese vecino ofrece de sí mismo. 

De Giner de los Ríos pasamos a Américo Castro, Márquez Villanueva y otros muchos. Una de las razones que explica el cultivo de esta sintonía es que tiene éxito fuera, gran aspiración de nuestras élites y el más claro síntoma de subordinación cultural que padece España. Va a ser muy difícil que si un estudioso español se pone a investigar el antisemitismo y sus consecuencias (o la intolerancia religiosa o el tratamiento dado a las minorías…) en los países vecinos, sea acogido allí con palmas y olivos, como aquí sí sucede. 

Parece como si España demostrara su naturaleza bárbara y cerril en no haber sido capaz de integrar las minorías mora y judía, comáis todos los demás sí lo hubieran hecho. Los ingleses no han sido capaces ni de integrar a otros protestantes no anglicanos, pero esto no les hace ni bárbaros ni cerriles. La historia de España se transforma en una incesante persecución de mudejarismo y marranismo, pero no hallamos en la historia inglesa, ni siquiera como tema remoto, interés por la presencia marginada de los irlandeses. 

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